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Thelma Cabrera, 49, candidata a la presidencia por el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) posa en su casa, en el sector norte de la aldea Sibaná, Retalhuleu.

Thelma Cabrera, la lideresa que quiere cambiar el sistema desde dentro

Para el MLP, Buen Vivir que todos los habitantes del país tengan acceso a educación y salud de calidad, “sin importar si estos servicios son públicos o privados”
Esa es una gran parte de la mística del comité: una suerte de martirio secular, el creer que si por defender los derechos de los pueblos el destino es terminar en el cementerio, así sea
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Thelma Cabrera, la lideresa que quiere cambiar el sistema desde dentro

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Thelma Cabrera Pérez dice que no le tiene miedo a nada. Antes en el Comité de Desarrollo Campesino (Codeca) y ahora en el Movimiento de Liberación de los Pueblos (MLP), se muestra siempre. Va al frente con las pancartas, toma el micrófono y alienta a la lucha, lidera. Por esto, es también el blanco de las más duras críticas. Acusaciones de asociación delictiva, campañas negras, y comentarios racistas, clasistas y machistas que parecen no detenerse. Para la sociedad guatemalteca nació con tres pecados encima: mujer, indígena y pobre. Su trayectoria le ha agregado un cuarto y un quinto: defensora de los derechos de los pueblos y bandera del discurso nacionalizador de energía en una organización a cuyos miembros se les acusa de robarla, sin sentencias hasta la fecha. En este proceso electoral, la presencia de Cabrera ha causado escozor, pues el movimiento que preside migró de la calle a las urnas al convencerse de que la única manera pacífica para cambiar al Estado era jugar bajo las propias reglas de este.

Redes-lateral

Thelma Cabrera Pérez es una mujer seria.

En público.

Desde la tarima observa cuidadosamente la calle. Unas 300 personas han venido al mitin de esta mañana en Retalhuleu, una cifra inusual para una candidata que ocupa el quinto lugar de las encuestas, con un 6% de intención de voto. Son las 10 horas del día 23 de mayo y el sol ya quema, más de 30 grados, y la humedad dificulta la respiración. Ella se mantiene en su asiento. De vez en cuando se voltea a pedir agua para sus compañeros que toman fotografías o se mueven por el lugar para transmitir en vivo por las redes sociales. Cuando llega su momento de hablar, sus papás, Timoteo y Santos Victoria, a los que ella llama “mi universidad” en actos públicos, suben al escenario para verla. Luego siguen diez minutos en los que la candidata del MLP condensa la historia de la lucha campesina, las necesidades del pueblo, la desigualdad, y un plan de gobierno que pretende llegar a una asamblea constituyente popular y plurinacional.

El MLP es un partido político nuevo que aspira a trasladar adentro del Estado las batallas de Codeca. En sus primeras décadas no pensaron optar a cargos de elección popular. 2015, con las masivas manifestaciones, la caída de un Gobierno y múltiples empresarios por casos de corrupción, lo cambió todo. Codeca concluyó que se podía pelear contra un sistema hecho para que un grupo minoritario gane. En 2016 concluyeron que era necesario refundar al Estado y concebir una Guatemala plurinacional.

Todo el plan gira entorno a refundar el Estado. Aunque es un objetivo común entre los partidos de izquierda, en esta situación, el MLP ha rechazado acercarse a partidos políticos que consideran manchados por su ejercicio del poder o a organizaciones no gubernamentales que no perciben inmaculadas.

Simone Dalmasso

El Estado Plurinacional de Codeca, explica el filósofo político Marco Fonseca en su libro La idea de la refundación, «es la voluntad consensuada y expresa de todos los pueblos y sectores que conviven en un país. El Estado Plurinacional reconoce y garantiza los derechos colectivos e individuales de todos los pueblos por igual, y busca el bienestar general y la convivencia pacífica e intercultural». La «situación de exclusión, racismo y machismo insostenible» hace urgente un nuevo contrato social.

El plan de gobierno del MLP es bastante vago en sus medios pero define un horizonte político y con tradición en América Latina para esa Guatemala plurinacional: el Buen Vivir, una filosofía social con raíces en cosmovisiones indígenas que, adoptada en distintas formas por gobiernos como el ecuatoriano o el boliviano, se aleja de la idea del mercado y del individualismo como generadores de desarrollo, y coloca al individuo en el contexto de su comunidad y su entorno natural.

Para el partido, esto significa que todos los habitantes del país tengan acceso a educación y salud de calidad, “sin importar si estos servicios son públicos o privados”; un empleo digno; tres tiempos de comida; servicios básicos como luz, agua, y transporte a buen precio; y un medio ambiente que se mantenga por medio de una economía productiva. Esto implica, sobre todo, “armonía con la Madre Naturaleza”.

Cabrera menciona todo esto en su discurso. Lo explica de manera simple, pero con una fuerza que paraliza a todos los que están alrededor. La escuchan con emoción, con sentimiento. Ella se queda en el mismo punto del escenario. Toma el micrófono con la mano izquierda y usa la derecha para gesticular. Los únicos cambios perceptibles son el tono de voz, que sube o baja en distintos momentos, y sus gestos que, aunque siempre son serios, transitan entre la molestia, el enojo, y la esperanza.

Simone Dalmasso

Al terminar, los candidatos se bajan de la tarima para recoger basura. No hay movimientos apresurados para salir del lugar, autos lujosos y blindados, o un gran grupo de seguridad que acordone el área. Cabrera Pérez también trata de ayudar a sus compañeros, pero grupos de mujeres, adultos mayores, y jóvenes se aproximan a pedirle una fotografía o hacerle preguntas. Dos amas de casa se acercan y admiten que desconocían el proyecto político, y luego afirman que se van convencidas.

«Todo lo que dice… Usted nos entiende de verdad», le confía una.

Está emocionada de encontrar a una política que sea ama de casa, como ella. La conversación dura cerca de diez minutos y finaliza con una serie de fotografías.

Simone Dalmasso

La gente no deja de buscarla. Cabrera atiende a cada una de las personas tranquilamente. No tiene apuro. Tampoco tiene reparo en contestar con la misma fuerza con la que habló sobre la tarima. Vuelve a hablar de la desigualdad y las luchas. De elitismo y grupos que tienen cooptado al país y explotado al campesinado. A cualquiera que se le pregunte contesta que la candidata clama las verdades sin miedo. No les importan las acusaciones criminales o las campañas negras en su contra, el MLP y su organización madre, el Comité de Desarrollo Campesino. Están y van con ella, aunque nadie sabe aún cuántos son. Ella dice que el miedo lo perdió cuando se afilió a Codeca hace 26 años y se dio cuenta de que no estaba sola.

Cabrera hablará de los criollos

Originado en la periferia excluida del país, el MLP, que se define como radical (“porque va a la raíz”), ha agitado la imaginación de quienes se suman al movimiento anticolonial, antineoliberal, y antipatriarcal, pero en las últimas semanas también parece haber encontrado apoyo entre reformistas urbanos y capitalinos que quedaron huérfanos al ver cómo el sistema de corrupción se conjuró para dejar fuera a su candidata, la ex fiscal general Thelma Aldana, postulada por otro partido nuevo, el socialdemócrata Semilla.

Así, el sábado 8 de junio Cabrera llegará a la capital a dar un mitin por primera vez en la campaña. Cuando inicie su alocución, se quitará la servilleta de su cabeza a manera de saludo. Primero, hablará en mam, su lengua materna.

Dirá (la voz grave): «No me avergüenzo de mi idioma, aunque el racismo, el odio, me están atacando.»

Dirá (la voz seria): «Pero no es a Thelma, es al pueblo oprimido».  

La gente aplaudirá con fervor. De la audiencia llegarán gritos: «¡Te queremos, Thelmita!» «¡Que viva Thelma!». Los banderines se agitarán más fuerte. Las vuvuzelas resonarán en la Plaza de la Constitución.

Cabrera hablará de los criollos para quienes los campesinos han trabajado por más de 500 años en fincas de café, de algodón, de maíz, de azúcar, y más recientemente, de palma africana. «Hemos sido gobernados por empresarios, por militares, por académicos, por comediante, últimamente», dirá y hará un gesto al Palacio Nacional (construido por el dictador Jorge Ubico) que se encuentra detrás de ella. Como si fuera una metáfora del Estado Ausente o peor aún, del Estado Opaco, el edificio está cubierto con mantas negras porque, lejos de reformarlo, han decidido mantenerlo y restaurarlo.

 «Humillados, despojados, explotados, y trabajamos»

Aquella mañana de mayo, tras el mitin en Retalhuleu, Cabrera aborda un automóvil rojo con sus padres, hijo, y nieta y guía al automóvil de Plaza Pública afuera de la cabecera y por las angostas calles empinadas de la aldea Sibaná de El Asintal, lugar en el que nació, creció, y vive con su esposo.

Todos sus recuerdos más importantes están en ese espacio.

La casa de sus padres queda en el sector norte. Su madre, Santos Victoria, tenía un pedazo de tierra para cosechar. El trabajo de Cabrera y su hermana mayor, Vilma, era poner a secar el café tras regresar de la escuela. Hacían eso todos los días hasta que se convirtiera en polvo. La mamá no podía ocuparse porque cortaba café en las fincas aledañas, así que el cuidado del campo de la casa era cosa de los niños. Era un trabajo arduo. Trabajar en la tierra es lo que Cabrera ha hecho toda su vida. No conoce otra profesión u oficio porque dice que no estudió el tiempo suficiente como para pensar en qué hacer con su vida. Llegó a sexto primaria, se dedicó al campo.

Nunca abandonó El Asintal, bromea cuando recibe a los dos fotógrafos y la reportera en la terraza techada de la pequeña casa de cemento.

Tiene, si mucho, cinco espacios. La cocina, el comedor, una pequeña sala de estar con una televisión, los dormitorios, y el espacio en el que transcurre la entrevista.

A la par hay estructuras similares. Pertenecen a los dos hijos de Cabrera: Edvin y Abel.

El servicio sanitario es una letrina.

Atrás hay corrales con pollos y chompipes. Un pequeño gato blanco con tonos anaranjados, Manchas, se escabulle por el terreno que llega hasta la orilla del río.

«Esta casa fue construida en 2001, es de las primeras de Foguavi (Fondo para la Vivienda). Solo fue el cajón de la casa», explica. «El resto, como el comedor, se agregó con el esfuerzo de mi familia. La cocina se construyó hace un año, pero es de mi nuera que migró a los Estados Unidos en búsqueda de trabajo».

Ahora que ya solo quedan ella y su esposo, da a entender que el espacio le parece grande. Les ha dicho a sus hijos, que ya tienen sus casas, que prefiere hacer una galera aparte, pero no la dejan.

Simone Dalmasso

En las paredes de la casa hay pósteres del MLP, Codeca, y de su esposo, que pretende la municipalidad de El Asintal. En su casa, a diferencia de en los mitines, Cabrera no transmite el mismo aire de seriedad y estoicismo. Bromea, sonríe, bromea, ríe, aunque hable de política. Cabrera, dice, no esperaba ser candidata a la presidencia. Cuenta que dejó la junta directiva de Codeca y tenía la esperanza de tomarse un respiro. Dice que la sorprendió que la asamblea del MLP la eligiera, en marzo de 2019.

Para la gente del movimiento, por otro lado, no tenía nada de asombroso. En Codeca le reconocen el trabajo, la lucha, y, sobre todo, la coherencia de obra y palabra. Ella respondió como esperaban: «Nunca le dije que no al pueblo porque a las mujeres siempre nos han dicho que no podemos, que no queremos, que no queremos asumir responsabilidades», explica antes de agregar que su conciencia está limpia, que su espacio se lo ganó, y que jamás llegó al movimiento para buscar su interés propio.

Alrededor del hogar de Cabrera, las paredes de los vecinos también tienen los colores del MLP y el volcancito, que es logo del partido, excepto por la que se encuentra en la esquina, que tiene los colores de la organización política Valor, que encabezaba Zury Ríos hasta que la Corte de Constitucionalidad le impidió competir, por ser hija de un jefe de Estado de facto.

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La candidata se define como ama de casa, trabajadora del campo, de las fincas, productora, y en esta imagen radica su estrategia para conseguir el voto: quiere que el guatemalteco la vea como alguien que viene del mismo lugar que él, y que por eso conoce sus necesidades. «Estamos humillados, despojados, explotados, y trabajamos. Hay una gran desigualdad en el país, por lo tanto hay que luchar para esos cambios estructurales», explica y cierra su idea con un suspiro.

El perfil de Cabrera es un perfil raro entre los candidatos a la Presidencia, igual que es poco común el perfil del partido que encabeza y el de su campaña. Ella es una de las pocas mujeres que pretenden el cargo; probablemente sea la única aspirante que nació pobre y que sigue viviendo en el campo y en condiciones que pocos capitalinos consideraría de clase media. Su partido es el instrumento político diseñado por uno de los movimientos sociales que más ha asustado a las élites políticas por su capacidad de movilización, resistencia y, según sus detractores, que no han ganado aún ningún proceso judicial por estos casos pese a los centenares de demandas, el robo de energía eléctrica. Un partido en el que doctrinariamente, aunque pesa, parece pesar menos su raíz indígena que su proyecto político de clase. Su campaña ha rechazado habitualmente lo que todos suelen buscar: aparecer en medios masivos y hacer un trabajo intenso en la capital; y el diseño de su propaganda en línea ha jugado con una imagen a veces pop, a veces naif, y ha estado atravesada tanto por el humor antisistema como por la épica de los pueblos en movimiento.

El espacio de las mujeres y la lucha por la energía eléctrica

Pero si algo no es Cabrera, es una neófita en la política o en espacios públicos.

Su nombre es conocido para cualquiera que haya visto medios de comunicación durante la última década. Es la mujer que va al frente de muchas marchas campesinas, la que toma el megáfono frente al Congreso, la que lidera a una organización que paraliza al Gobierno cuando exige sus derechos. Para la mayoría de los capitalinos que leen noticias, es probable que ese, y el del robo de energía eléctrica, sea el marco en el que se les aparece la imagen de Cabrera.

Pero su trayecto en lo que ella llama la defensa de los derechos se extiende más de dos décadas. Se unió al proyecto de Codeca en 1993. La conexión entre su comunidad en Retalhuleu y el comité la hizo su suegro, Basilio Sánchez, quien tras un problema con un terreno les preguntó a qué esperaban para organizarse.

El primero en unirse al movimiento fue el esposo de Cabrera, Basilio Sánchez Trieles. Pero en paralelo, las mujeres empezaron a organizarse y designaron a Cabrera como su representante. Ella no quería aceptar porque su pareja estaba al frente del grupo, pero terminó cediendo a la elección de las demás.

Cabrera pronto ganó prestigio en Codeca y con el tiempo obtuvo puestos en de la Junta Directiva, como secretaria y vicepresidenta. Sus mayores aportes se enfocaron en el Programa de Mujeres, una red que se expandió bajo su liderazgo, y el impulso del trabajo con las bases sociales en los departamentos en los que tienen presencia. Su esposo también ocupaba un puesto en la dirigencia del movimiento.

«Mi esposo me ha demostrado el respaldo que merezco como mujer. En un sistema machista y patriarcal, es posible construir otro mundo porque lo he vivido con mi familia. Mis hijos pueden hacer trabajos que hacen las mujeres. Las mujeres también pueden hacer trabajos que hacen los hombres», responde ella.

Sánchez Trieles se pasa toda la conversación sentado en una esquina. Es un hombre serio, callado. No habla con Plaza Pública durante el tiempo que dura la charla pero sonríe mientras murmura con su nieto.

Simone Dalmasso

A Basilio lo conoció a los 15 años. Él tenía 22. Se dedicaron al campo y tuvieron cuatro hijos. Para trabajar, arrendaban tierras en San Juan Zapote. Eran productores de maíz y ajonjolí. A sus hijos se los llevaron con ellos desde pequeños porque se iban al rastrojo por meses y no podían dejarlos. Los cuatro se graduaron de la escuela. Edvin y Dalila estudiaron administración. Abel y Victoria son peritos contadores. Ninguno ejerce en su área. Edvin, el mayor, es quien acompaña a su mamá a todos lados con una cámara. De pequeño, cuenta Cabrera, la acompañaba en el campo, luego en las luchas. Ahora en la campaña.

Durante los primeros años de Codeca, su trabajo se enfocó en reivindicar los derechos de los trabajadores de la Costa Sur y en demandas agrarias. Un boletín de la organización, publicado en noviembre de 2006, felicita a El Asintal, Retalhuleu, por el aniversario de Codeca en la comunidad. El texto resalta que era uno de los municipios que, en ese momento, contaba con mayor cantidad de campesinos organizados. El evento estuvo a cargo de Sánchez Trieles. La pluma de Cabrera también cuenta acerca del trabajo de la coordinadora de la Mujer y los talleres que ha impartido en temas de Derechos Humanos, participación política, género, y legislación a favor de la mujer.

Codeca también fue un brazo del partido Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Durante este tiempo, el esposo de Cabrera y su hijo ocuparon espacios en la dirigencia de la agrupación. La separación vino al tiempo que inició la lucha por la nacionalización de energía. «Yo venía de la URNG. No lo voy a negar, pero cuando vi que tiene dueño, dije que no es posible», cuenta Cabrera y subraya que se retiró porque el movimiento se quedó estancado en cómo sobrevivir.

Antes de 2011, Codeca suele aparecer en informaciones acerca de diálogos por conflictos agrarios y condiciones laborales en las fincas de la Costa Sur. Sánchez Trieles es mencionado como uno de los dirigentes principales. Ella ocupó los cargos de secretaria y vicepresidenta de la Junta Directiva del movimiento en 2009 y 2010, respectivamente.

En 2010, las mujeres propusieron con un plante que ella fuera la presidenta. Ganaron, y Cabrera ganaría cada elección subsiguiente hasta casi completar cinco periodos en 2019, cuando dejó el puesto. Su gestión coincidió con los años más duros de acusaciones criminales y ataques contra los líderes campesinos luego de que Codeca enarbolara la bandera de la lucha por la nacionalización de la energía eléctrica.

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El comité llegó a comunidades que tenían deudas de miles de quetzales, a pesar de que muchas casas únicamente cuentan con dos focos y un televisor pequeño. De acuerdo a la versión de las autoridades, la agrupación ayudaba a hacer conexiones directas de los postes de luz a las viviendas sin pasar por el contador eléctrico. La razón principal de la factura inflada era la alta tasa de alumbrado público que imponen algunas municipalidades sumado a algunos gastos extra de la empresa de energía Energuate. El gobierno de Otto Pérez Molina no tuvo reparos en tildar a Codeca de ser un “cáncer” para la sociedad. Enroló al Ministerio Público (MP) en su lucha, que creó una fiscalía para el hurto de fluidos bajo la administración de Thelma Aldana, la misma persona que hace unas semanas, el día en que su candidatura a la presidencia fue denegada, dijo que veía en Cabrera alguien valiente y admirable que estaba enfrentando a un sistema misógino, corrupto y racista, sin que esta última se sintiera demasiado halagada o favorecida por sus palabras. Desde entonces, hay más de 1000 denuncias por este delito, según el MP.

Según el fiscal Mario Braham, de la unidad del ministerio que investiga estos casos, el delito de hurto de fluidos, implica nada más que un juicio de faltas, y la pena es una multa. Son pocas las veces que una distribuidora de energía acusa de este delito porque prefiere negociar con las comunidades. Las denuncias llegan cuando el consumidor que no cumple con el pago es un gran consumidor de energía.

La mayoría de denuncias que reciben se dan por agresiones contra los trabajadores de la distribuidora de luz, no por el hurto de fluido, explica Braham. El 90 % de personas señaladas, continúa el fiscal, se autodenomina miembro de Codeca, pero la organización no responda por ellos.

Energuate asegura que hay 1931 expedientes activos en el Ministerio Público por hurto de energía, que entre 2012 y 2019 miembros de Codeca cometieron 864 delitos, y que tiene 42 procesos abiertos contra ellos, por estafa, coacción, amenazas, detenciones ilegales, actividad contra la seguridad de la nación, y atentado contra la seguridad de los servicios de utilidad pública.

En noviembre de 2018 se condenó a siete integrantes de Codeca por detener ilegalmente a personal de Energuate y de la Policía Nacional Civil. A Mauro Vay, uno de los fundadores del movimiento, Blanca Julia Ajtún y Mariano García Carrillo se les condenó en un inicio por estafa en grado de tentativa. Luego fueron absueltos y su detención fue declarada arbitraria por un grupo de trabajadores de las Naciones Unidas.

Los años que Vay, Ajtún, y García Carrillo enfrentaron proceso sirvieron para que Cabrera ejerciera un liderazgo en las calles. Thelma cuenta que durante ese tiempo en una de las asambleas celebradas, los compañeros expresaron su preocupación por las mujeres. No querían que fueran a la cárcel y sugirieron que no se metieran. Ellas no estuvieron de acuerdo. «Blanca (Ajtún), Vicenta (Gerónimo), y yo nos levantamos y dijimos que hay cárcel para mujeres y cárcel para hombres», dice con una carcajada. Su cara se ilumina. Está relajada, tranquila. «Perdimos el miedo. Blanca fue a la cárcel. Mauro fue a la cárcel. Gracias a la criminalización es que vamos a ir a San Marcos», agrega. La acusación frustrada fue fermento para su liderazgo.

Simone Dalmasso

Uno de los hijos de Cabrera, Edvin Sánchez, también enfrentó un proceso judicial en 2014. La Empresa Eléctrica de Guatemala, S.A (EEGSA) y la Distribuidora Eléctrica de Occidente, S.A (Deocsa) lo demandaron. Junto a otra activista de Codeca, lo acusaron de atentar contra la seguridad de servicios de utilidad pública, actividad contra la seguridad interna de la Nación e instigación a delinquir. El Tribunal de Sentencia lo absolvió. Cabrera pone estos como ejemplos de criminalización y añade que en la fiscalía de Zacapa, en el otro extremo del país, hay un grueso expediente contra ella. Plaza Pública no pudo corroborarlo.

Desde 2012 a la fecha, para desesperación de sus múltiples detractores, como el sector empresarial y diputados como Felipe Alejos, Estuardo Galdámez, y Fernando Linares Beltranena, según el Ministerio Público no ha habido condenas contra los miembros del comité específicamente por los delitos de hurto o robo de fluidos.

Desde que Codeca anunció su proyecto político, los ataques no cesaron. En el Congreso, se hacían citaciones por el tema del robo de fluidos. El 24 de abril de 2018 los diputados intentaron crear una comisión para investigar al comité el mismo día en que el grupo llegó a manifestar a la capital. Fallaron en el intento. Sandra Morán, legisladora por Convergencia, aseguró que los eventos estuvieron relacionados. En el pleno, el debate no desmintió las palabras de Morán sino que atacó la publicación en redes que hizo la diputada. Decía: «Ante la manifestación multitudinaria de Codeca los diputados del #pactodecorruptos intentaron formar una comisión de “Investigación”. Tuvo 66 votos. No pasó».

Linares Beltranena ha catalogado a Codeca y a los grupos involucrados en el tema de la lucha por la energía como «estructuras de crimen organizado». El legislador presentó una iniciativa que endurecería la condena por el hurto de fluidos. Las multas actualmente se encuentran de 200 quetzales a 3,000 quetzales. Si la situación se da con violencia, el delito cambia a robo de fluidos y tiene prisión de entre seis meses y dos años, que es conmutable. El parlamentario pretendía elevar los montos de 1,000 quetzales a 3,000 quetzales y prisión de hasta doce años, que no es conmutable.

Cabrera y otros miembros del grupo cuentan que la criminalización escaló de procesos judiciales a asesinatos y secuestros. Está el caso de Luis Marroquín, uno de los miembros de la dirigencia nacional del movimiento que fue asesinado en una librería el 9 de mayo de 2018.

Simone Dalmasso

Una semana antes, el presidente Jimmy Morales había señalado con dureza a Codeca. El mandatario dijo en un discurso del 20 de abril: «Codeca tiene más de 1,900 denuncias por una empresa que tiene inversiones norteamericanas. ¿Cómo es posible que el ente encargado de repartir justicia se haga acompañar de organizaciones con tantas denuncias en vez de investigar si estas denuncias son verdaderas?».

De acuerdo a la Unidad de Protección de Defensores de Derechos Humanos (Udefegua) en el primer semestre de 2018 fallecieron en circunstancias similares a las de Marroquín 18 líderes comunitarios y defensores de derechos humanos. Seis eran miembros de Codeca. La respuesta del ministro de Gobernación, Enrique Degenhart, fue que una de las personas falleció «porque le cayó un árbol encima». En el resto de casos las autoridades negaron relación alguna entre ellos, o móvil político.

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En sus mítines, el binomio del MLP, Cabrera y Neftalí López, pide recordar a los asesinados para que su muerte no haya sido en vano: los vivos deben continuar su lucha. Esa es una gran parte de la mística del comité: una suerte de martirio secular, el creer que si por defender los derechos de los pueblos el destino es terminar en el cementerio, así sea. Es un gran compromiso, uno que no todos los movimientos sociales se animan a nombrar públicamente ya sea porque no comulgan con la idea o porque han dejado atrás el prestigio y el espíritu de la muerte romántica.

A Codeca otras organizaciones sociales, de la izquierda tradicional y de la emergente, le achacan cierta inclinación impositiva. A veces, desacreditan a otras organizaciones con la idea de que se oenegizaron y se vendieron a las agendas de la cooperación, o de que son útiles al sistema. Otras, llegan a espacios compartidos y, autodenominados representantes verdaderos de la voluntad popular, se sienten con derecho a la última palabra. O no llegan. Sánchez, el hijo de Thelma, ríe al escuchar esto. Asegura que todos los planteamientos del grupo se hacen desde su propia realidad.

Lucía Ixchíu, activista indígena, explica cómo su experiencia la ha llevado a observar que en los movimientos indígenas existen caudillismos. Pero en Codeca, a pesar que algunas de sus figuras más fuertes y emblemáticas son hombres, el hecho de haber puesto a Thelma Cabrera como presidenciable le hace confiar en que tienen una estructura diferente. «Mauro Vay es de los fundadores, pero logró soltar y pasar. Y Mauro es Mauro en Codeca. Si fuese un caudillo o cacique, él hubiera sido el candidato a la presidencia», opina.  

El MLP se define a sí mismo como una nueva política, alejada de los partidos franquicia habituales para obtener el poder. «Nunca un partido político se originó de un movimiento popular campesino, y menos ese partido dependió políticamente del movimiento que le dio origen», escribe Mario Roberto Morales, uno de los intelectuales orgánicos de Codeca, en una de sus columnas.

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Mauricio Chaulón, historiador y parte del equipo asesor del MLP, explica que no se puede pensar en el partido sin Codeca. Pero mientras el comité no nació para ser un instrumento político, el MLP sí. Van de la mano, comparten miembros, pero su esencia varía, subraya Chaulón. También afirma estar consciente del contexto electoral este 2019 y saben que llegar a cargos de elección popular será un proceso en el que tendrán que estar constantemente en la lucha. A él y al equipo no les importa si tienen solo un diputado en la próxima legislatura, lo que les interesa es que ese congresista represente los valores de la agrupación, que sostenga el fuerte mientras llega el resto. En Bolivia, por ejemplo, recuerda que la primera incursión del movimiento para el Estado Plurinacional puso únicamente cuatro parlamentarios. Todo se dará una elección a la vez. No tienen aires triunfalistas, dice, ni atienden a las encuestas que ponen a su candidata presidencial en un quinto lugar, con posibilidad de obtener más votos.

Desde su inicio, antes de perfilarse en las encuestas, una de las grandes preguntas sobre el MLP, como sobre todos los partidos, ha sido el origen de sus fondos. Chaulón, Vay, Cabrera y otros integrantes del MLP y Codeca explican que todo es autofinanciado. Las autoridades, en las distintas audiencias, acusan a Codeca de financiarse con cobros ilegales por la energía eléctrica que reciben las casas al desconectarlas del sistema de Energuate. Los dirigentes responden que ellos no reciben ni un solo centavo. Nadie presenta más pruebas que algunos testimonios o recibos con el sello de Codeca que la organización niega extender. Plaza Pública no conoce ninguna investigación del Ministerio Público sobre la ruta de ese dinero. A pesar que se buscaron lugares o personas en los que el comité pudiera estar recibiendo dinero por la luz, no se encontró ninguno.

Según el fiscal Braham, algunos testigos han asegurado en juicio que le pagan a Codeca por la energía. Sin embargo, la unidad de la que está a cargo no ha logrado corroborar este hecho.

Hasta ahora, a falta de fallos judiciales, todo es un asunto de convicción. Hay mucha gente convencida de que Codeca organiza y opera el robo de energía, y luego se financia cobrando por ello. Y mucha otra de que eso es un argumento para desacreditar un movimiento con visos transformadoras. Y aun otra que sostiene que, aun si fuera cierto, los verdaderos ladrones son los que han puesto al Estado a su servicio para el expolio y el control de la población indígena que, en su exclusión económica, política, jurídica, solo busca maneras de mejorar sus condiciones de vida.

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Lo que admiten es que en Codeca cada miembro da una cuota mensual de 3 quetzales. Es decir, mensualmente, pueden recaudar 60,000 quetzales si reciben el aporte de 20,000 personas. Según un estimado de Cabrera, el comité tiene entre 35,000 y 40,000 personas activas y tienen un poder de convocatoria de 100,000. Si todos hicieran la contribución, la organización podría contar con 300,000 quetzales mensuales y 3,600,000 quetzales anuales. Por otro lado, Sánchez, Chaulón y otros miembros del MLP afirman que las actividades del partido son autogestionadas y voluntarias. Cada persona invierte en su propia campaña y eventos. El informe financiero más reciente que han entregado al Tribunal Supremo Electoral habla de aportes individuales que en ningún caso superan los 3,000 quetzales, y sus ingresos ascienden a casi 245,000 quetzales.

Lo que niegan fervientemente es recibir dinero de cooperación internacional. No es raro: han desacreditado a otras organizaciones sociales por recibir fondos con ese origen. En 2017 Thelma Cabrera dijo en una entrevista con Plaza Pública que el dinero de la cooperación fue una estrategia para distraer, y que la firma de los Acuerdos de Paz fue una cortina de humo para la privatización. «Ese es un problema serio, que luego se conformaron coordinadoras para captar fondos, pero solo se recetaron salarios. Cuando no vas por esas agendas te tildan de ladrón y terrorista, que es lo que nos está pasando a nosotros», respondió en su momento. Durante la entrevista realizada para este perfil lo reiteró al decir que no se puede hablar de unidad entre grupos cuando algunos ya no salen a la calle y ahí es dónde, ella considera, está la lucha. Y sin embargo, pese a su rechazo y negación, en 2016 Vay expuso a Plaza Pública que recibieron apoyo del País Vasco, de una instancia religiosa en Austria, y de las organizaciones de cooperación internacional de Noruega y de Suiza.

Thelma en la Plaza

A inicio de la contienda electoral, cuando la candidatura de Thelma Aldana aún se veía probable, a Thelma Cabrera se le decía que era “la otra”.

En la mayoría de los medios de comunicación pasaba inadvertida, en las encuestas la intención de voto era casi imperceptible. Al menos, para el público capitalino. El MLP supo desde el primer momento que su jugada no sería en lo urbano, sino en lo rural, aunque ningún entrevistrado sepa a ciencia cierta en qué municipios están sus fortalezas. El ámbito rural era el espacio en el que siempre habían activado. Mientras el resto de binomios aparecía semanalmente en entrevistas en periódico, radio o medio digital, Cabrera y Neftalí López se movían de territorio en territorio y rechazaban conceder entrevistas a medios capitalinos. “No se combate la hegemonía con los instrumentos de la hegemonía”, confió a Plaza Pública un miembro del movimiento.

En redes sociales la campaña es llevada a cabo por 10 comunicadores, que utilizan imágenes y herramientas gratuitas para captar audiencia. De acuerdo a una nota de Con Criterio, las interacciones en Facebook aumentaron un 79 % y en Twitter un 1,790 %. En otras palabras, los usuarios estuvieron más activos con el contenido de la cuenta del partido. En Facebook, las dos páginas del MLP tienen 3,567 y 5,513. En Twitter, el partido tiene 3,571. El medio también fue uno de los primeros en ubicar a Cabrera como el quinto lugar en las encuestas. Aunque integrantes del MLP aseguran que para ellos esto no es importante, pues no confían en las «encuestas de los criollos».

La campaña se ha enfocado en espacios rurales. Edvin, hijo de Cabrera, dice que en los territorios Cabrera y del movimiento siempre han estado presentes. No salieron solo para hacer campaña ni los buscan únicamente para votos. Están ahí porque es donde su lucha se ha desplegado, advierten.

A la capital tardaron en llegar.

Simone Dalmasso

Su primer mitin y único oficial en la ciudad de Guatemala fue el 8 de junio tuvo lugar una semana antes de las elecciones, sirvió también como cierre de campaña. Thelma Cabrera caminó por la sexta avenida tomada de la mano de su esposo durante algunas cuadras, luego tomó la bandera y junto al vicepresidenciable y la candidata a diputada, Vicenta Jerónimo, arribaron a la Plaza de la Constitución. Gritos de “¡Mi presidenta!” y “¡Qué viva el MLP!” llenaron el aire. Además de los cientos de campesinos que habían viajado desde Huehuetenango, Quiché, Sololá, Chimaltenango, y otros departamentos para verla, varios capitalinos se sumaron al evento.

Un grupo de artistas y activistas robustecieron la campaña del MLP con una serie de imágenes de la presidenciable adornadas con el eslogan Elijo Dignidad. Antes de que Cabrera llegara, se repartieron pósteres entre quienes que se tomaran una fotografía con el marco de foto que tenía la frase en letras blancas y doradas. La gente se agrupó alrededor para conseguir un cartel. El partido agradeció públicamente este apoyo durante la primera parte del mitin.

Simone Dalmasso

Cuando Cabrera se instaló en la Plaza, los organizadores pidieron que alzaran los pósteres para que el dron tomara una fotografía. Así mismo, sugirieron compartir las fotos con los hasthag #ElijoDignidad y #YoSoyThelmaCabrera.

La campaña, a ocho días de las elecciones, se había intensificado y la gente se acercaba a la tarima para verla mejor, las banderas se movían en señal de apoyo. Al final, estudiantes de la Universidad de San Carlos, la pública, le daban claveles rojos que simbolizan la lucha. Ella los levantaba en señal de agradecimiento. Al salir, la gente la rodeaba. Pero esta vez no se detenía a hablar con todos ni a tomar fotografías como sucedió en Retalhuleu. La ciudad es distinta. Más caótica. Más rápida. Cuando se fue, la gente se dispersó velozmente. Todos llevaban una imagen de Thelma bajo el brazo, y una amplia sonrisa. 

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