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El «doctor» es presidente y un ex de Cacif, su ministro de economía

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El presidente electo se declaró un instrumento de Dios
Andrea Godínez
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El «doctor» es presidente y un ex de Cacif, su ministro de economía

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Historia completa Temas clave

Alejandro Giammattei Falla ha tenido un objetivo casi único los últimos 12 años, que ha perseguido con una fe dogmática: la Presidencia de la República. No le importaba ni cómo ni cuándo, pero estaba convencido de que llegaría su momento. Llegó ayer, aunque para ello necesitara un milagro. Se lo concedió una contrincante especializada en hacer presidentes a sus rivales: Sandra Torres. A Giammattei, el «doctor», como le gusta ser llamado, ahora le llamarán «Presidente»: le pusieron la banda presidencial menos de dos millones de personas. Anunció que Antonio Malouf será su ministro de economía.

Ningún dato estaba a favor de Alejandro Giammattei, salvo las encuestas.

Sandra Torres había ganado la primera vuelta, duplicando sus votos. Solo un candidato, en la historia de la Democracia guatemalteca, había logrado remontar un segundo lugar y alzarse con la presidencia: Jorge Serrano Elías. Y lo había hecho desde una posición mucho menos desventajosa. Solo un candidato había visto mermado en la segunda vuelta su número de votos con respecto a la primera: Oscar Berger. Así que por ahí tampoco había mucha esperanza. La UNE había dominado lo rural y parte de lo semirural en la primera vuelta, sin despeinarse mucho, con buenos resultados en el Congreso y la afiliación de al menos una tercera parte de los alcaldes. La UNE, el partido con más afiliados, la organización política más sólida de las últimas décadas.

Y sin embargo, ganó Giammattei.
Ganó con un partido nuevo, VAMOS, que sacó más del triple de votos que en la primera vuelta.

Simone DalmassoLa única esperanza de Giammattei quizá era Sandra Torres, su contrincante, ya vapuleada hace cuatro años por Jimmy Morales, también con un partido nuevo, FCN-Nación. Una candidata que revitalizó la mala imagen que tenía en la capital desde hace una década con recientes demandas contra la prensa y los fiscales que la investigaban por financiamiento electoral ilícito y su ausencia calculada en los debates presidenciales, mientras, para aproximarse al votante más conservador, proclive a Giammattei, adoptó un discurso que produjo náuseas en otros indecisos.

Con todo el electorado para dividírselo entre dos, apenas pudo crecer 200,000 votos.

De la debacle ni siquiera pudo salvarla la buena prensa de Carlos Raúl Morales, su vicepresidenciable.

Giammattei ganó la Presidencia en su cuarto intento, en las segundas elecciones con más abstencionismo de la democracia (57.29%).

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Un instrumento de Dios y un gabinete que empieza a tomar forma

El Holiday Inn ha sido el comando de campaña de Vamos. Cuando fue cuestionado acerca de cómo o quién costeaba los gastos hoteleros, su respuesta en tono jocoso fue: «al tarjetazo».

No fue sorpresa que ahí fueran convocados los medios para una conferencia de prensa a las 18:30 horas. Con pocas mesas escrutadas, Pedro Brolo, el futuro canciller de Giammattei, salió a hablar acerca de los fiscales y la defensa del voto. Iba acompañado del secretario general de VAMOS, Giorgio Bruni Batres, y del secretario de la organización, Camilo Dedet Casprowitz. No duró más de 10 minutos. Más personas cercanas al partido llegaban al Holiday. Algunos de ellos, el actual diputado de Fuerza y futuro ministro de Desarrollo Social, Raúl Romero Segura, y el indicado por Giammattei como ministro de Finanzas y exdiputado de CREO, Álvaro González Ricci. No estaba ahí Antonio Malouf, ex integrante del partido liderado hasta hace poco por Mario Estrada, y expresidente del Cacif y de la asociación de exportadores (Agexport). Aún faltaba un rato para que Giammattei revelara que será su ministro de Economía y se uniera a la lista de los otros que ha anunciado: en Salud, Hugo Monroy; en Agricultura, Óscar Bonilla; y en Educación, Claudia Ruiz Casasola.

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El ambiente era de euforia, de felicidad absoluta por el inicio de los conteos. Se reían, hacían comentarios contra la UNE y Sandra Torres, y algunos trataban de hacer cuentas estadísticas para ver si era posible que la contrincante les cerrara brecha.

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Menos de media hora después ya estaban el 60 % de mesas escrutadas y Vamos iba a la cabeza con casi veinte puntos de ventaja sobre la UNE.

«El doctor Giammattei dará conferencia en el tercer nivel», anunció entonces el equipo de comunicación.

Estampida de gente del partido y periodistas por las gradas.

Las personas encargadas de dar los gafetes de acreditación de prensa hacían un pequeño baile de victoria.

Arriba pidieron que los periodistas se ubicaran en las tarimas. La sala se llenó de gente del partido y personas conocidas como el diputado de Todos, Arturo Martínez Dell. Al tomar el micrófono Giammattei aseguró que había varios congresistas más. No quedó claro si hablaba de actuales o de electos por Vamos.

«¡Presidente! ¡Presidente!», gritaron desde que entró.

Alguna gente aplaudió, otra chifló, pero todos terminaron con el índice levantado mientras repetían esa palabra como si fuera una porra de partido de fútbol.

Giammattei entró acompañado de su vicepresidenciable, Guillermo Castillo Reyes. Castillo, hasta ahora director ejecutivo de la Cámara de Comercio, había ido a Huehuetenango en la mañana y parte de la tarde. Hace semanas no se le veía a la par de su compañero de fórmula, aunque él aseguró que era porque así lo habían acordado.

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En su discurso el presidente electo se declaró un instrumento de Dios y agradeció a los excandidatos del partido Visión con Valores (Viva) y Partido Humanista, Isaac Farchi y Edmond Mulet, por su apoyo en segunda vuelta. Habló acerca de sus planes, de los retos de asumir el país, y del largo proceso de transición que inicia. Cerró con su tradicional frase «¡Qué Dios bendiga a Guatemala!» e invitó a acompañarlo a la sede del partido.

«¡Presidente!», le decían una y otra vez.

En el hotel estuvo también Napoleón Rojas, el diputado de la Unión del Cambio Nacional (UCN) que se dejó ver con Giammattei en Santa Rosa hace unas semanas. Aunque él llegó después de la conferencia, cuando el presidente electo y su equipo ya habían salido a la casa de campaña.

Todas las elecciones son atípicas a su manera

Las de 2019 serán recordadas por varios rasgos: la exclusión de Thelma Aldana y Zury Ríos, la captura de Mario Estrada semanas antes de la primera vuelta, el nuevo sistema de pauta publicitaria, la abstención urbana en la primera vuelta. Pero habrá otro dato difícil de olvidar: solo 42 de cada cien empadronados fue a votar. Y de esa cifra tan pequeña se desprenden las 1.9 millones de personas que hicieron a Alejandro Giammattei Falla el próximo presidente.

La cuarta fue la vencida para el candidato de Vamos. La estrategia de crear su propio partido político le funcionó mejor que ser un invitado. Su popularidad por el caso Pavón, el posicionamiento de su nombre tras tres elecciones, la falta de motivación de los votantes para asistir a las urnas, y el antivoto de Sandra Torres parecieron crear las condiciones perfectas para la victoria de un candidato por el que no apostaba nadie hace cinco meses, cuando los tribunales aún no habían impedido que participaran Thelma Aldana y Zury Ríos.

Andrea GodínezAunque en el partido Vamos por una Guatemala Diferente desde hace semanas lo presentan como próximo presidente, ayer fue un día en el que la palabra llenó los oídos de Giammattei desde temprano.

«¡Presidente! ¡Presidente!»

Gritaron varias decenas de personas en el Liceo Guatemala a mediodía mientras el candidato emitía su voto. Algunas desde mesas de votación contiguas, otras desde las esquinas en las que esperaban a que pasara el presidenciable y el tumulto de gente que le rodeaba.

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«¡Presidente! ¡Presidente!»

Vitorearon los allegados a él y a su partido en el hotel Holiday Inn horas más tarde cuando los resultados del Tribunal Supremo Electoral (TSE) señalaban la inminente victoria. Todos, con el dedo elevado, gritaban de alegría mientras buscaban tomarse fotografías o moverse más cerca del escenario.

«¡Presidente! ¡Presidente!»

Gritaron las personas afuera de la casa de campaña del partido Vamos cuando el futuro mandatario terminó su discurso de agradecimiento con su dedo al aire y su tradicional frase: «¡Qué Dios bendiga a Guatemala!».

En el Liceo, colegio de antiguos presidentes

Giammattei había votado en el Liceo Guatemala a medio día. Un colegio que ha dado varios viejos presidentes y también al recién electo. Afuera de las instalaciones decenas de periodistas, fotógrafos, y ciudadanos lo esperaban. Dos jóvenes querían una fotografía con él porque confiaban en que podría ser un buen presidente, así que se plantaron a la par del grupo de reporteros. Una mujer pasó con su madre y le susurró algo que sonó a «por el señor que viene, Giammattei, por ese tiene que votar». La madre, una señora mayor, la detuvo y dijo que quería esperarlo. Así que aguardaron en una esquina, alejadas del grupo que en unos segundos se volvería caótico.

Por primera vez en toda la campaña le acompañaron sus tres hijos, Alejandro, Marcela, y Estéfano. Se pararon detrás de su padre, sonrientes, aunque un poco aturdidos por todas las cámaras y movimiento alrededor de ellos. Un grupo de integrantes del partido hicieron un pequeño círculo para crear un poco de espacio. Pero no fue suficiente.

Simone DalmassoLos fotógrafos se abalanzaban. Los reporteros empujaban micrófonos en donde hubiera espacio. Giammattei dio pasos lentos para evitar tropezar con cualquier obstáculo en el camino o persona en su círculo. En realidad, el camino para llegar a su mesa fue arduo y tardó un poco menos de 20 minutos. Aunque parte de la tardanza también la ocuparon las pequeñas paradas que hacía el ahora presidente electo para saludar a la gente, sonreír, posar para la cámara con niños o familias.

«¡Futuro presidente! Yo creo en usted. Yo voy a confiar en usted», gritó una mujer desde una banca.

Aplausos, la mayoría provenientes de gente del partido, aunque algunos vinieron de votantes. Giammattei se volteó para identificar a la persona que le dio su voto y la saludó efusivamente. Una niña se acercó al círculo caótico y preguntó si la dejaban tomarse una foto. Le abrieron espacio. El candidato sonrió. La niña regresó contenta con sus padres.

Así hasta llegar al espacio de las mesas. Hubo aplausos, gritos, y personas que se unieron a la masa para poder tomar fotografías. Pero Giammattei lo único que quería era espacio para poder acompañar a sus hijos a votar. Al verlo imposible, se limitó a asegurarse que encontraran su mesa y votaran antes que él.

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La gente del partido se dispersó un poco mientras el presidenciable emitía su voto. Entre las caras conocidas de Vamos estaban el Secretario General, Giorgio Bruni Batres, y la propuesta de Giammattei para canciller, Pedro Brolo. Este último también fue candidato a la alcaldía metropolitana por la agrupación, y es una de las caras visibles del empresariado joven. En las últimas semanas es una de las personas a quienes se le ha visto en múltiples ocasiones con el presidenciable. También fue quien le acompañó a la reunión con el Secretario Interno de Seguridad Nacional de Estados Unidos para hablar acerca de migración y el acuerdo para hacer a Guatemala un tercer país seguro.

Brolo fue la persona a quien la mayoría de los periodistas abordaron por su fácil acceso y disponibilidad. Cuando a Giammattei le tocó emprender su camino de regreso al automóvil, el futuro canciller se mantuvo en las afueras del círculo para poder atender a quien tuviera preguntas.

Pero el camino para regresar al vehículo también fue largo. Los integrantes del partido trataron de hacer una conferencia de prensa improvisada bajo el sol. Los fotógrafos lo hicieron difícil al rodearlo en lugar de hacer una media luna, como era la instrucción. La gente seguía acercándose al candidato. El caos iba en aumento.

«Mami, ahí está el futuro presidente y los de las noticias», le dijo una niña a su mamá antes de tirarse hacía la multitud para pedir una fotografía. Afuera, una familia esperaba al candidato. El padre logró llamar la atención de Marcela, la hija de Giammattei, quien dijo que dejaran pasar a la niña a saludar.

Se acabaron las fotos, dicen. Llega la camioneta. Los tres hijos abrazan a Giammattei, primero individualmente y luego en grupo. Se retiran. El candidato sube a su auto con los ojos llorosos, parecen lágrimas de felicidad.

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