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Zury sonríe durante una rueda de prensa, el miércoles 13 de marzo, en Ciudad de Guatemala. EFE/Esteban Biba

Zury Ríos y la maldición del «No»

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Zury Ríos y la maldición del «No»

Tiempo aproximado de lectura: 18 mins
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Es imposible hablar de Zury Maité Ríos Sosa sin referirse a uno de los líderes religiosos y políticos más importantes de la historia política de Guatemala: su padre, mentor y guía. Bajo su sobra fue diputada en cuatro períodos consecutivos por el FRG, y en dos ocasiones anteriores (2011 y 2015), desafiando la disposición constitucional que le prohíbe postularse, se presentó como candidata presidencial; en el primer intento se retiró antes de los comicios, y en el segundo fue rechazada por los electores. Ahora va por su tercer intento, pero aún no las tiene todas consigo. De la Corte de Constitucionalidad depende que alcance su objetivo y que su rostro aparezca en la papeleta blanca en las elecciones de junio próximo.

Redes-lateral

La primera vez que Zury Mayté Ríos Sosa vivió una campaña electoral fue en 1991; tenía 22 años y aún era aprendiz de política. Dirigía la Secretaría de Relaciones Públicas del Frente Republicano Guatemalteco (FRG), el partido que recién había fundado su padre, el general golpista José Efraín Ríos Montt, y estaba casada con Jeovanny Chávez, su primer esposo.

A Chávez lo conoció años antes en la facultad de Derecho de la Universidad Francisco Marroquín, cuando estudiaba un diplomado en Estudios Políticos y Sociales. A los 19 años decidió casarse con él y abandonar los estudios universitarios por unos años. Sus padres le advirtieron que esa no sería una buena decisión, pero el carácter decisivo y fuerte de Ríos Sosa se reveló contra el «no» de su familia y lo rechazó. Desde entonces, aunque no con el mismo éxito, ha rechazado todos los «no» que encuentra por respuesta.

Nadar contra la corriente del «no» pareciera ser una de las características de la familia Ríos en sus aspiraciones por llegar al poder político del país por la vía de las urnas. Los militares le dijeron «no» a su padre al arrebatarle las elecciones presidenciales de 1974 que ganó con el respaldo de la Democracia Cristiana. Repitieron el «no» en agosto de 1983 al derrocarlo de la jefatura de Estado de facto de la que se había apropiado tras el golpe militar de marzo del año anterior. Y el «no» definitivo para que pudiera gobernar el país lo sellaron los constitucionalistas que aprobaron la Carta Magna de 1985, al prohibir la candidatura presidencial de caudillos golpistas y las de sus cuatro próximas generaciones… 

La misma lucha contra el «no» que Efraín Ríos Montt libró en las tres ocasiones que el Tribunal Supremo Electoral rechazó su candidatura presidencial, y que una vez emprendió su madre, Teresa Sosa Ávila, ocupa ahora por segunda ocasión consecutiva a Zury Ríos Montt: ser inscrita como candidata presidencial a pesar de que la Constitución del país se lo prohíbe.

Simone Dalmasso

En enero pasado echó a andar una estrategia judicial, política y de comunicación para revertir esa prohibición. Tras ser rechazada su inscripción como candidata del partido Valor por el Registro de Ciudadanos, primero, y por el Tribunal Supremo Electoral, después, Ríos Sosa pidió un amparo ante la Corte Suprema de Justicia aduciendo que se le violaba el derecho constitucional de elegir y ser elegida. Lo obtuvo en pocos días, pero los magistrados del colegio electoral apelaron la decisión ante la Corte de Constitucionalidad, para que sea esta la que en definitiva decida al respecto. La decisión del máximo tribunal podría conocerse en los próximos días.

Cada «no» recibido en este proceso ha sido respondido con vídeos publicados en sus redes sociales en los que habla del «miedo» que despierta entre quienes pretenden impedir su participación, de la «valentía» con que enfrentará las diferentes etapas legales trazadas para alcanzar su objetivo, se queja de que se hace «uso político partidista» de la Constitución, y concluye con optimismo: «Este 16 de junio, nos vemos en la urnas».

En las elecciones de 2015, cuando participó como abanderada del partido Visión con Valores, el repetido «no» en su aspiración solo fue a medias. Gracias a un amparo provisional que le concedió la Corte Suprema fue incluida en la papeleta presidencial, pero no logró deshacerse del impedimento constitucional. Al estar fuera del proceso electoral (quedó en quinto lugar), el amparo perdió sentido y la Corte lo dejó de lado.

La obsesión la estirpe de los Ríos con llegar al poder los ha hecho postularse a la máxima magistratura en seis ocasiones en casi tres décadas, el mismo tiempo de vida que tiene la Carta Magna. Hay quienes dicen que el artículo 186 que prohíbe optar a la Presidencia a los caudillos y a los jefes de un golpe de Estado se formuló para evitar que Ríos Montt y cualquiera de sus familiares alcanzaran el poder por medio de las urnas.

Roberto Alejos Cámbara, uno de los firmantes de la Constitución de 1985, cree que, aunque hubo constituyentes que aprobaron la redacción del artículo 186 pensando en Ríos Montt y en cualquiera que llevara su apellido, en realidad se trató de «una mala redacción». «En las demás Constituciones (las anteriores) se especificaba que la prohibición era solo para ese período y el período siguiente, pero en esta Constitución no se hizo –explica–. Está mal redactado porque no aclara que en realidad solo era para ese periodo inmediato».

Ríos Montt inició en las elecciones de 1990 la lucha por revertir esa disposición (que solo puede ser modificada por una Asamblea Nacional Constituyente). Y la tónica jurídica se ha repetido casi al calco desde entonces: el Registro de Ciudadanos y luego el Tribunal Supremo Electoral rechazaron la petición por inconstitucional. Al igual que ahora, en septiembre de 1990, la Corte Suprema de Justicia otorgó un amparo provisional, pero luego reculó, con lo que le dejó fuera de la papeleta.

Juan Callejas era uno de los asesores más cercanos de Ríos Montt durante esa época. Trabajaba con él desde 1982 y se volvió un íntimo amigo de la familia; incluso se mudó a unas casas de distancia de la residencia de los Ríos para mantener mejor comunicación.

Un mes después de obtener el amparo provisional, cuenta, la Corte Suprema dio marcha atrás. La decisión le fue atribuida a Edmundo Vásquez Martínez, entonces presidente de ese organismo. «Al doctor Edmundo Vásquez le cayó palo porque él era un hombre respetado por el tema de los derechos humanos y, sabiendo que el general no podía correr, le dio el amparo provisional y después se lo quitó».

Esa fue la primera campaña que Zury Ríos vivió de cerca. «La gozó mucho —recuerda Callejas— y al mismo tiempo la sufrió al conocer la denegatoria en la inscripción de su padre».

Veinte años antes

Zury Maité Ríos Sosa es la menor de tres hermanos, fruto de una familia a la que todas las fuentes consultadas describen en cuatro palabras: conservadora, política, militar y cristiana.

Adolfo Homero era el hermano mayor; había quince años de diferencia entre él y su hermana pequeña. Murió en 1984 en un accidente aéreo en Petén. Tenía 29 años, era capitán del Ejército y el helicóptero en el que viajaba se estrelló. Algunas versiones cuentan que la aeronave no soportó el peso y otras dicen que se trató de una embestida por parte de la guerrilla.

Enrique es el segundo hijo; también optó por la carrera de las armas. Desde 2012 enfrenta un caso por peculado; el Ministerio Público lo acusa, junto a otros militares, de robar 471 millones de quetzales del Ejército cuando era jefe del Departamento de Finanzas del Ministerio de la Defensa en 2001, durante el gobierno de Alfonso Portillo Cabrera.

Mientras sus hermanos hacían carrera militar, Zury aprovechaba el sentirse hija única.

Tras el fraude electoral de 1973, Ríos Montt fue enviado como agregado militar de Guatemala en España, cargó que ocupó durante los próximos tres años. Zury tenía cinco años, y según sus amigos, «miraba los ires y venires de su padre en Madrid, mientras él caía en la depresión y el alcoholismo».

Zury estudió en la Institución Francesa, centro educativo en el que estaban muchos de los hijos de los diplomáticos radicados en Madrid. «Para mis padres era un momento doloroso, pero para mí fue una felicidad total porque tenía el monopolio de su compañía para mí sola», contó en una entrevista con Sala de Redacción. «No tenía que compartir con nadie del partido, ni con mis hermanos ni nada. Eran míos.»

Al regresar de España, Ríos Montt se acercó a la iglesia neopentecostal Verbo y sus dirigentes lo nombraron director del colegio regentado por esta. Ahí terminó Zury sus estudios, graduándose en 1986 de Maestra en Educación Primaria Urbana. Era un colegio que manejaba una disciplina, orden y moral que daba la sensación de ser una escuela militar liviana.

Hugo Maúl Rivas estudió ahí en esa época. Aunque iba un par de años detrás, recuerda a Zury replicar esa disciplina que predicaba su padre «al pararse en el portón del colegio y no dejar entrar a quienes llegaban tarde».

Es indiscutible que Zury Ríos Sosa creció en el ámbito del poder y bajo la sombra del General Ríos Montt. A los 14 años iba con frecuencia a Casa Presidencial a visitarlo cuando él era jefe de Estado. A los 20 años era parte de la junta directiva del FRG, y a los 27 fue elegida diputada, cuando la presencia de las mujeres en el Congreso era mínima. Pero también ella ha sabido labrar su propio liderazgo. «Las bases sobre las que ella construye su imagen política fueron construidas bajo las bases de la formación doctrinaria y condicionamiento político del FRG», explica el politólogo Ricardo Barreno Arriaza.

Callejas, quien estuvo cercano al partido en los años en que Zury se empezó a involucrar en la política, cuenta que llegar a ser diputada en 1995 «no fue difícil», porque contaba ya con la plataforma construida por su padre, que convirtió al FRG en uno de los partidos más fuertes en esa época. Pero además de eso, «ella tenía pequeñas cuotas de poder; se fue ganando el espacio por ser una mujer guapa, con presencia, muy educada. Se fue construyendo ese camino al ser muy hábil”.

Dieciséis años en el Congreso

Aunque muchos proyectan la imagen de Ríos Montt en el carácter de Zury, otros le atribuyen más influencia de su madre, María Teresa Sosa Ávila, que murió el 1 de octubre de 2018, seis meses después de su esposo.

«La mamá sí despotricaba en privado; en público no», recuerda Callejas. «Pero por dentro era un volcán de ira, enojo y frustración. Me luce que Zury es igual que su madre. Yo diría que está entrenada, vivida y desarrollada sobre la escuela de lo políticamente correcto, tiene la escuela de la mamá, ella era así.»

Teresa Sosa también se involucró en la política bajo la sombra de Ríos Montt. Ella fue parte de la estrategia del general para poder optar al poder al postularla como candidata a presidenta en las elecciones de 1995. El FRG proclamó por segunda ocasión a Ríos Montt como su candidato presidencial, pero de nuevo le fue negada la petición. Tras ello optó por su esposa, que también fue rechazada, continuando con la tradición del «no». El Registro de Ciudadanos apeló al artículo 186 y agregó que la postulación de Teresa Sosa no había sido una decisión tomada en Asamblea Nacional del partido.

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Sosa Ávila, entonces, fue inscrita como candidata a diputada por el FRG. El 14 de enero 1996 asumió un escaño en el Congreso junto a su hija Zury, quien años antes ya había estado en el Palacio Legislativo trabajando como asesora del partido. Para esa época, Zury tenía 28 años y  estaba recién casada con José Fernando García Bravatti, el segundo de sus cuatro esposos, y a partir del cual todos los demás coincidieron con las campañas electorales de su padre.

García Bravatti, diputado del FRG entre 1991 y 1994, también recibió un «no» al buscar su reelección en el Congreso en las elecciones de 1995. Su candidatura fue rechazada por una denuncia en su contra por supuesta violación a la Constitución al aprobar un antejuicio contra la Corte Suprema de Justicia cuando integraba la Comisión Permanente, algo que solo puede aprobar el pleno.

Ser una mujer con firmeza, diplomacia y carácter es de las características que más repiten las personas cuando hablan de Zury. «Ella tiene carisma, cabildeo, logra adeptos a sus propuestas. Tiene firmeza, ella decía que la política no es un terreno de débiles, sino que tenemos que ser firmes a pesar de todo», dice Mirna Ponce, quien fue diputada de 2004 al 2012.

Zury fue elegida en cuatro ocasiones consecutivas como diputada por el FRG y durante ese tiempo posicionó en agenda temas relacionados a salud y género, incluso fue considerada como una diputada aliada por organizaciones de mujeres por su apoyo a Ley para la Maternidad Responsable, Ley Contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas y Ley del Sistema Alba-Keneth.

También apoyaba temas de salud pública y de acceso a servicios a poblaciones vulnerables como las personas con VIH-SIDA. Además, puso en discusión pública el derecho a los padres a decidir cuántos hijos pueden tener a través de la planificación familiar y sus diferentes métodos en una ley que se llamaba Ley de Desarrollo Social que fue aprobada en 2001.

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Presidió la Comisión de Relaciones Exteriores donde dio el visto bueno a convenios bilaterales con países amigos y rechazó otros con los que no coincidía, como el de la creación de una Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala.

La discusión se dio en 2007, último período legislativo de Zury Ríos Sosa. Como presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores dio dictamen desfavorable al apelar que varias de las disposiciones de dicho acuerdo eran inconstitucionales, esto pese a que meses antes la Corte de Constitucionalidad había fallado que esa comisión era compatible con la Carta Magna.

Walda Barrios Kleé, del Programa de Estudios de Género y Feminismos de la Facultad Latinoamericana de Estudios Sociales, conoció a Zury Ríos cuando se discutía en el Congreso la ley para la regulación de los espacios libres de humo. «Ella tuvo un papel muy abierto porque la mayoría de las personas que estábamos en esa campaña no éramos afines a ella ideológicamente y en ese sentido demostró mucha apertura», menciona.

Para Barrios, Zury Ríos demostró en sus años de legisladora una postura «clara y progresista» a favor a los derechos de las mujeres, algo que, según la investigadora, se debe a sus primeros años de estudio en Europa.

Sin embargo, fue crítica de la iniciativa de la ley de cuotas para la participación política de las mujeres, bajo el argumento de que las mujeres deben llegar por mérito propio a ocupar puestos de poder.

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Cuando el FRG hizo Gobierno con el presidente Alfonso Portillo Cabrera (2000-2004), había miembros del Ejecutivo que no compartían del todo la ideología del partido y, por consiguiente, mantenía diferencias con la hija del General. Es el caso de Édgar Gutiérrez Girón que en ese período dirigió la Secretaría de Análisis Estratégico de la Presidencia y fue ministro de Relaciones Exteriores.

Gutiérrez recuerda que en alguna de las varias ocasiones en que se reunió con Ríos Montt, cuando éste presidia el Congreso, el General le confesó: «Si las dos señoras de allá arriba (su esposa y su hija) supieran que yo me reúno con usted, me estarían linchando y criticando”. Gutiérrez no entendió la referencia y le preguntó el porqué del comentario, si lo que ambos hacían era política. «Él me dijo “sí, pero esas señoras no entienden que la política pasa por hablar entre políticos”, yo le dije que su hija era política y él me respondió que sí, pero que le ganaba la emoción».

Portillo, el FRG y el fin del partido

Ante su imposibilidad de presentarse como candidato, Ríos Montt encontró en el carismático economista Alfonso Portillo Cabrera, a su sustituto ideal. En las elecciones de 1999, el FRG alcanzó el poder político cuasi absoluto del país. El general se dedicó a presidir el Congreso con el apoyo de su hija y esposa, y a cogobernar el Ejecutivo a través de Portillo, el vicepresidente Juan Francisco Reyes López, y sus fieles aliados del partido.

A decir de Callejas, dejar que Portillo fuera el presidente fue una de las peores decisiones que tomó Ríos Montt y que le costó el quiebre del partido.

Mientras el futuro del FRG se jugaba en manos de Portillo y Reyes López, Zury Ríos se casaba por tercera ocasión. Ahora su esposo sería el abogado y empresario Roberto López Villatoro, quien pronto se convirtió en hombre de confianza de Ríos Montt y uno de los principales operadores del partido para influir en la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Desde febrero de 2018, López Villatoro se encuentra en prisión preventiva acusado de pagar sobornos para influir en la elección de magistrados de 2014.

En 1999, cuando ganó las elecciones, el FRG estaba en su apogeo. Pero el poder y la ambición les cobró factura. El partido se empezó a fragmentar y los casos por corrupción en el Gobierno fueron ganando titulares.

Según varias fuentes, Zury resintió todo esto y mantuvo cierto recelo contra Portillo y su equipo porque no respetaban los valores del partido cuando estaban en el gobierno.

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Lucrecia Marroquín de Palomo, exdiputada por el FRG, amiga de Zury y ahora candidata a legisladora por el partido Valor, responsabiliza de la fragmentación del partido a Portillo: «todo lo que se hablaba desde el FRG, el presidente Portillo ya no lo continuó; recuerdo que se tenía a un grupo de personas que habían trabajado con él para hacer gobierno, pero lo primero que hizo fue cambiar a esas personas».

Mirna Ponce, también exdiputada por el FRG, menciona que el entonces ministro de Finanzas, Eduardo Weymann, era el puente entre Zury Ríos, la bancada oficialista que representaba al partido, y el Ejecutivo.

Weymann y Zury mantuvieron una buena relación hasta que él murió en 2017 por un derrame cerebral. Después de ser ministro de Finanzas, se dedicó a asesorar a tiempo completo al FRG y después acompañó a Zury cuando ella se unió al partido Visión con Valores.

«Weymann era un tipo muy cordial, nunca se peleaba con nadie, pero trabajar con el licenciado Reyes (el vicepresidente Francisco Reyes) era cosa seria, porque era un hombre que quería imponer sus cosas, Weymann nos ayudaba con él», cuenta Ponce.

La exdiputada y también amiga de Zury recuerda una discusión que tuvieron con Reyes López (fallecido en enero de 2019): «una vez discutíamos un tema de mujeres y era un intransigente, nos quería echar la culpa de por qué salíamos de nuestras casas y quería proponer que el Estado nos diera dinero para que nos quedáramos en el hogar».

Aunque Reyes influía en Portillo, este tenía diferencias insoslayables con Zury Ríos, y la ninguneaba. «Portillo, que es un buen político, sentía que Zury le ganaba el pulso porque ella tenía más argumentos cuando planteaba algo. Él siempre decía “Zury y sus argumentos…”», para descalificarla, agrega Ponce.

Plaza Pública contactó a Portillo vía Whatsapp para concertar una entrevista, pero cuando se le llamó a la hora acordada y en repetidas ocasiones, no contestó.

El jueves negro

En las elecciones de 2003, Ríos Montt usó todo el poder a su disposición para ser inscrito como candidato presidencial, pero obtuvo un rotundo «no» en las urnas.

Un acto político y vandálico bautizado por la prensa como el «jueves negro» fue el detonante de la imposición de la malograda candidatura del General. El 21 de julio de 2003, durante una conferencia de prensa, Ríos Montt acompañado de Edín Raymundo Barrientos, su candidato a la Vicepresidencia, y Zury Ríos, llamaba a sus seguidores a pronunciarse por la prohibición que lo dejaba fuera de la contienda electoral, y advertía que la situación «se podía salir de control». Seria y en silencio, su hija observaba y asentía. Tres días después, el jueves 24 de julio, miles de personas que se cree que fueron acarreadas desde Quiché, las Verapaces, Jalapa, Jutiapa, ocuparon diversos puntos estratégicos de la ciudad como el Tribunal Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia y las calles aledañas al Centro Empresarial de la zona 10, donde se encontraban las oficinas del empresario Dionisio Gutiérrez Mayorga, abierto opositor del FRG.

Armados con palos y machetes y quemando llantas a su paso, los manifestantes se convirtieron inmediatamente en una violenta turba organizada bajo estrategias militares que exigía la inscripción de Ríos Montt. Después de más de 10 horas de caos y violencia, atentados contra transeúntes y periodistas, y del fallecimiento de un reportero que cubría los hechos, las turbas se dispersaron y una semana más tarde, el jueves 31 de julio, la Corte de Constitucionalidad ordenó la inscripción de la candidatura presidencial de Ríos Montt.

Al menos tres fuentes ligadas al gobierno del FRG aseguran que Zury Ríos fue la responsable de dirigir las acciones violentas de ese día, «desde una casa-comando ubicada en la zona 9». Otros diputados y líderes del FRG fueron fotografiados mientras conducían a las turbas.

Este episodio recuerda a Callejas el momento en el que Ríos Montt recibió su primer «no». En 1991, el día en que la Corte de Constitucionalidad rechazó inscribir su candidatura. Estaban Ríos Montt, Harris Whitbeck Pinol y Callejas en la residencia de la zona 15.

«¿Creen ustedes que vale la pena una gota de sangre por la presidencia del país?», preguntó Ríos Montt. Al unísono, Whitbeck y Callejas le contestaron que no. El General y su partido tenía la capacidad organizativa de hacer «algo», pero en esa ocasión fue cauto.

«Creo que lo preguntó como en una consideración en su cabeza de que existía una opción. Eso hubiera sido un caos. Él tenía muchas bases, mucha estructura», dice Callejas. Pero en el «jueves negro», agrega, «creo que ahí él tal vez no fue 100 % partícipe, pero tampoco es que estuviera ajeno…».

Para ese entonces, recuerda, el liderazgo de Ríos Montt «empezó a venir en picada, el partido tenía problemas muy serios». Callejas cree que doce años después, Ríos Montt le hizo la misma pregunta a quienes tenía a su alrededor, pero que esa vez en lugar de encontrar un «no», recibió los ánimos de su yerno López Villatoro, quien cabildeaba en las cortes para lograr la inscripción de su suegro.

Pero Zury tampoco era ajena, según integrantes del gabinete de Portillo: la bancada del FRG y algunas personas del Ejecutivo habían creado una especie de grupo de comando para coordinar estas revueltas.

En noviembre de 2004, un año después de aquellas elecciones en las que Ríos Montt quedó en tercera posición, Zury Ríos Sosa se casó por cuarta vez. Esta vez con el excongresista republicano por el estado de Illinois, Jerry Weller. Los legisladores se conocieron en Guatemala cuando Weller visitó el país junto con otros tres miembros del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos. Zury Ríos y Weller se separaron tiempo después del nacimiento de Marizú, la única hija del matrimonio, en 2006.

Fundamentalismos y conservadurismos

Al preguntarle a su abogado de confianza y pastor evangélico, Jaime Hernández, qué pasaje bíblico podría definir a Zury Ríos, éste lo piensa y elige uno que no lo compromete a él ni a Zury: «Mira que te mando que te esfuerces. Que seas valiente. No temas ni desmayes, porque yo Jehová tu Dios, estaré contigo a donde fueres».

«Ella es muy esforzada, valiente y por eso así se llama el partido, Valor, porque no se quiebra por cualquier cosa y lucha por lo que anhela, siempre dentro del marco de la legalidad», dice Hernández.

Aunque durante los más de 16 años que Ríos Sosa permaneció en el FRG promovió los valores conservadores, cristianos y republicanos de los tradicionales partidos de derecha, había grupos de la sociedad civil que la miraban como una mujer conciliadora y progresista en algunos temas, sobre todo los relacionados a la mujer.

Pero eso ha quedado en pausa. En la campaña electoral actual, Zury Ríos ha regresado al discurso del FRG: pena de muerte, rechazo al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo, oposición a la educación sexual... La misma agenda regresiva y antiderechos que promueven las iglesias fundamentalistas y los grupos conservadores más radicales del país, con la excepción de la tradicional promoción de la estabilidad conyugal.

Simone Dalmasso

«Ella había sido percibida como una persona conservadora y con cierta formación ideológica, pero genuina. Ahora está liderando esas campañas contra las mujeres, cuando en su momento había sido aliada. No se sabe si lo cree o no lo cree en realidad. ¿Por qué lo hace? Si lo haces por votos no eres honesta», cuestiona la académica Walda Barrios-Kleé.

Edgar Gutiérrez la ve con mayor claridad: «Ella representa los ideales de los valores conservadores del país, preserva los valores tradicionales de Guatemala. Es una persona conservadora que tiene su nicho de voto en la propuesta de la pena de muerte, y que es el único».

Zury dejó el escaño que ocupaba en el Congreso en 2011, para intentar participar como candidata presidencial del FRG. Pero renunció a la campaña que había iniciado, pese a que no estaba oficializada su candidatura, aduciendo que no tenía fondos para cubrir los gastos.

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Tras la desaparición del FRG, en las elecciones de 2015 se alió con el pastor Harold Caballeros, entonces líder del partido Visión con Valores, y fue su candidata presidencial. Aunque superó a medias los «no» legales, recibió un contundente «no» en las urnas al quedar en la quinta posición.

Tras la muerte de su padre, el 1 de abril de 2018, Zury Ríos regresó a la contienda electoral; lo anunció apenas tres días después del fallecimiento del General, en un video en el que fija su postura contra el aborto, a favor de los valores familiares, la vida y la pena de muerte.

Con una imagen más suave, no solo por el cabello que antes era más oscuro —también en su maquillaje y en el vestuario, más tendientes al negro— ahora la candidata del partido Valor tiene como preferencia colores conservadores para los políticos como el azul y blanco, y a veces rompe el esquema con el rojo.

«Los políticos suelen vestirse con tonalidades asociadas al partido que representan», explica la asesora en imagen, Haydeé Archila. «Según la psicología del color, el blanco denota unidad, es femenino, es noble pero también se puede asociar a la debilidad. Es posible que Zury lo utilice como sinónimo de nuevos comienzos, de rendición: quien no quiere o no puede seguir peleando ondea una bandera blanca, que significa que se rinde buscando el diálogo y la paz.»

La dosificación de su imagen contrasta con su carácter fuerte y su gesticulación, que no logra separarse del recuerdo vivo de cómo era Efraín Ríos Montt.

Según Archila, en las campañas pasadas y cuando era diputada, Zury Ríos tenía un aspecto duro e inaccesible, algo contraproducente para un político, pero «su look actual es más suave, sus facciones se han rejuvenecido, quizá para dejar atrás la herencia pública que le dejó su padre».

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Entre las personas de confianza que rodean a Zury Ríos, están los abogados que acompañaron al General en el juicio por genocidio en 2013, Luis Rosales y Jaime Hernández.

Hernández, que también es pastor evangélico, conoció a la familia Ríos en 2014, cuando un amigo en común lo recomendó para que integrara el equipo de abogados del General. Ríos Montt lo entrevistó personalmente y le dijo que todo sería a través de su hija. «Dios me ha dado la oportunidad de conocer sus virtudes, es una mujer muy humana, muy correcta, trabajadora, preparada. Conoce el Estado, sabe lo que quiere, tiene la preparación y las virtudes que Dios le ha regalado porque además habla cinco idiomas», dice Hernández.

Tras la muerte de Ríos Montt, Hernández y Rosales decidieron seguir acompañando a Zury en su camino hacia la presidencia y son ellos quienes asesoran al partido jurídicamente en los temas relacionados con su candidata.

Valor, el partido que la postula, «carece cuadros políticos con experiencia», destaca el politólogo José Carlos Sanabria, y sus dirigentes son poco conocidos. Esa agrupación surge de las cenizas del Partido Libertador Progresista, y no cuenta con ideario ni programa de gobierno. Lo más cercano a una propuesta es la que ambiguamente esboza Lucrecia Marroquín de Palomo, candidata a diputada y amiga personal de Zury: «El FRG fue un partido político que reafirmó lo que es la república y en Valor estamos tratando de velar porque se cumpla la Constitución».

Pese a ello, Zury Ríos es una de las tres candidatas a la presidencia con mayor intención de voto para las elecciones de junio, según diversas encuestas publicadas por la prensa. Se trató de obtener el plan de gobierno del partido Valor en varias ocasiones, pero su equipo de comunicación no respondió a las solicitudes.

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Nota: Zury Ríos Sosa no quiso hablar con Plaza Pública para este artículo. Durante dos meses se le intentó contactar a través de amigos y del vocero de su partido, Luis de León, quien adujo «agenda llena» y que «el Tribunal Supremo Electoral nos tiene en la mira sobre cualquier acción que se considere como “promoción” de imagen, entre ellas dar entrevistas». Se intentó contactar a Bravatti y a los demás ex esposos de Ríos Sosa por diferentes medios, pero no se logró comunicación con ninguno de ellos.

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