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Raro Viernes Verde
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Opinión

Raro Viernes Verde

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En la escena de la música alternativa guatemalteca, el bicho más raro es Viernes Verde.

Raro porque se trata de una banda que, a diferencia de prácticamente todos sus contemporáneos, lleva más de 24 años de carrera ininterrumpida, con una actividad intensa y, lo más importante, con impacto. Se piensa fácil, pero se trata de toda una vida dedicada a la música en un país con una industria musical carente de incentivos.

Pero no solo la longevidad separa a Viernes Verde de sus contemporáneos, también la comunidad que ha creado alrededor de su música, su visión y su forma de trabajar para fortalecer la industria musical.

Inteligentemente, luego de conquistar la capital, junto con Ricardo Andrade, Viernes Verde abrió varias plazas en el interior de la república, amplió el mercado y llevó su música a lugares donde ningún otro grupo de rock se había presentado antes. Esto ayudó a descentralizar el movimiento y a que se les abrieran los espacios a bandas locales en sus propias comunidades.

Raro porque en 1999 Viernes Verde creó el festival anual La Garra Chapina, su proyecto más arriesgado. El evento se realizó en 12 ocasiones y ha presentado a varias bandas nuevas de diferentes géneros alternativos. En este la banda asumía todo el riesgo (casi nunca contó con patrocinadores) y daba las mismas condiciones de producción a todas los grupos que se presentaban.

Asimismo, Viernes Verde gestionaba espacios en medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, para todas las bandas del festival y por supuesto les daba la misma relevancia en la publicidad del evento. No era raro escuchar que a algunos grupos les aumentaba el público después de su presentación en La Garra Chapina. Lastimosamente, muy pocos lo aprovecharon.

Raro porque Viernes Verde les da a sus fanes un lugar preponderante. No se trata de una banda que desaparezca después de un concierto. Al contrario, cuando la presentación termina, es común ver a los músicos abajo de la tarima platicando con sus seguidores, firmando discos, tomándose fotos. De ahí que haya creado una comunidad que tiene sus propios códigos y sus propias formas de expresarse.

Al final, después de 24 años seguidos de Viernes Verde, habrá personas a las que les guste su música o no, que se convenzan con su discurso o lo encuentren poco interesante, que compartan sus guasas o las sientan ridículas. Pero lo que en verdad no se puede negar es que la carrera de esta banda ha trascendido y que su aporte a la industria musical alternativa en Guatemala es invaluable.

En realidad, la escena musical sería muy rara sin Viernes Verde, ya que es esa banda que estuvo ayer sigue hoy, estará mañana y la recordaremos siempre.

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