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El «rock» en tiempos de cólera, reguetón, pop, cumbia y «millennials»
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Opinión

El «rock» en tiempos de cólera, reguetón, pop, cumbia y «millennials»

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«El rock nunca va a morir porque es cultura, no moda, como esa mierda de música reguetón que vos oís». Así decía un comentario que leí en una red social.

El colérico roquero estaba equivocado. La moda del reguetón lleva más de diez años y parece no haber aminorado el paso. En Guatemala, la radio más escuchada pone precisamente este género, una radio que antes estaba dedicada al rock. «Isn’t it ironic?», diría Alanis Morisette.

Y mientras el reguetón sigue saludable, el rock está moribundo. Los medios de comunicación que más influyen en los jóvenes (y viceversa) a nivel mundial ignoran el género. Este les es completamente indiferente.

Por ejemplo, en los premios MTV del año pasado, la puerta estuvo cerrada para el rock, mientras que para el pop hubo excesos como las cinco presentaciones de Rihanna, los 15 minutos para que Beyoncé cantara todas las canciones de su disco y un inentendible monólogo de 10 minutos de Kanye West.

Algo parecido pasó en los Grammy, que este año dejaron en mute la voz de James Hetfield y pusieron de fondo una canción de Metallica mientras Megadeth subía al escenario a recibir su premio. Afortunadamente, esto último no se vio en televisión. Y cómo olvidar cuando en 2014 cortaron la transmisión mientras Trent Reznor, Josh Homme y Dave Grohl daban una épica presentación.

En Guatemala, ni hablar. El rock es ignorado por completo en las radios. Según datos de Monitor Latino, la cantidad de rock que se toca en la frecuencia modulada es ridícula en comparación con la de reguetón y pop. Además, las pocas canciones de rock que suenan tienen más de diez años de antigüedad. Y aunque la escena local es fuerte en producciones, muy poca música llega a la programación regular del medio.

A todo esto hay que sumarle factores como la enorme diversificación de subgéneros y la idiosincrasia del público roquero guatemalteco, que, aunque culpe a las radios, al reguetón, a la cumbia o a los millennials, comparte mucho de la responsabilidad, pues se cierra al hecho de que el rock ya no es el mismo y nunca lo será, dado que ha evolucionado y encontrado nuevos sonidos y exponentes.

El público roquero no paga su entrada a los conciertos, pide discos regalados, exige a sus bandas favoritas seguir haciendo lo mismo y a la vez acusa de comerciales a las nuevas bandas. Se le olvida que el rock and roll fue desde su nacimiento un género pop (popular) y por consiguiente comercial. Basta ver cuánto dinero generó Guns N’ Roses en su gira del año pasado. No se engañen. Todos quieren ser comerciales.

Los roqueros pierden de vista que el rock es libertad y, más que un conjunto de canciones que nos gustan, una filosofía, una búsqueda de nuevas experiencias musicales. El rock, como cualquier otro género, es dinámico y se encuentra en evolución permanente.

Los roqueros han fallado precisamente en transmitir a sus hermanos menores, sobrinos, hijos y demás millennials y zetas cercanos esa sed de nuevas experiencias, la cual inevitablemente los llevaría a descubrir el rock.

No es dejar en el olvido la música del pasado. Es abrazar el futuro y su enorme gama de posibilidades. Ya lo decía Lou Reed: «Creo que la vida es demasiado corta como para concentrarse en el pasado. Prefiero mirar hacia el futuro».

Larga vida al rock (espero).

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