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Un grupo de índigenas del pueblo Satere-Mawe protestan el 3 de junio frente a una sala del Hospital Nilton Lins, construida para tratar los casos de Covid-19 de los pueblos indígenas, en Manaos (Brasil). EFE/ Raphael Alves

Redes, complejos agro-industriales y virus mortales: América Latina en el corazón de la pandemia

El tráfico ilegal de fauna silvestre lo manejan carteles criminales sofisticados y bien organizados, que también persiguen apropiarse de la naturaleza al más bajo costo.
El elevado uso de antibióticos en la crianza industrial de animales se asocia con la prevalencia de bacterias resistentes a los antibióticos.
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Redes, complejos agro-industriales y virus mortales: América Latina en el corazón de la pandemia

Historia completa Temas clave

Mariel Aguilar Støen, profesora de geografía humana de la Universidad de Oslo, analiza la evolución de la industria agroalimentaria mundial, su relación con la aparición de enfermedades zoonóticas, y cómo nos acercamos al fin de la naturaleza barata.

Redes-lateral

No todo lo que es verde es bosque

(Notas de campo)

Es un océano verde. Se extiende en el horizonte hasta donde alcanza la vista. Es todo lo que se puede ver mientras se avanza por la carretera BR-020 que conduce de Brasilia al estado de Bahía. Aparte de, por supuesto, letreros de la agroindustria y camiones cargados con productos agrícolas. La soya se expande cada vez más adentro en la sabana de El Cerrado. El Cerrado es el escenario de la aventura brasileña de la soya, una aventura que ha colocado a Brasil en la cúspide de los juegos olímpicos de la agroindustria.

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Los flexibles serán los elegidos, y de ellos será el reino agroindustrial

(Extracto de una conversación que tal vez mantuve con Saturnino Borras y sus colegas durante un encuentro académico en 2012)

Mariel: Imaginen un cultivo que pudiera tener múltiples usos, alimento humano, alimento animal, combustible, fibra, material industrial, y que esos usos puedan ser intercambiados en las cadenas de abastecimiento. ¡Imaginen las posibilidades de acumulación que eso abriría!

Saturnino: ¡Esos cultivos ya existen! La soya puede ser usada como alimento, como alimento animal o como biodiesel; la caña de azúcar como alimento o como biocombustible; el aceite de palma para alimentación, como biodiesel y tiene usos industriales. Los llamamos «cultivos-flex». Además, su rentabilidad puede potenciarse de muchas maneras, por ejemplo, como hemos visto, por cambios en los precios del mercado, cambios en los marcos de políticas regulatorias, o el avance tecnológico. Son cultivos con pocos riesgos ideales para las inversiones de capital financiero.[1]

Si COVID19 es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?

La pandemia del COVID19 parece sugerir el fin de la naturaleza barata.[2] La rentabilidad de la agroindustria descansa sobre la constante expansión de las fronteras agrícolas[3] por medio de procesos que integran naturaleza y fuerza de trabajo a los circuitos de acumulación de capital, y que implican el descubrimiento o la invención de nuevos recursos comercializables. La naturaleza «se hace» barata y accesible a través de cambios en la legislación, a través de registrarla en catastros y capturarla en mapas y clasificarla en censos, de otorgar títulos de propiedad, etcétera. Estos procesos transforman la tierra en objeto de inversión.[4] De tal manera que alguien pueda reclamar el derecho de excluir a otros del espacio físico que ocupa una parcela cualquiera de tierra y de apropiarse de las ganancias que explotarla le reditúe.   

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Puesto de manera muy simple, cuando los recursos disponibles en un lugar —agua, suelos, nutrientes— se agotan, o cuando el costo de la fuerza de trabajo crece, la extracción se mueve a otros sitios en los que se puede continuar a menor costo.

Nuevas porciones de tierra tienen que ser transformadas en objetos invertibles. Pero estas tierras nuevas nunca han existido. Transformarlas en objeto de inversión requiere «ensamblar» la tierra como recurso disponible.[5] Es decir, alinear y juntar discursos, tecnología, materialidades y relaciones.

Ensamblar la tierra afecta a diferentes actores que operan en las escalas local, regional y global: agricultores, científicos, abogados, burócratas, pueblos indígenas, corporaciones, que tienen diferentes ideas, percepciones y aspiraciones sobre qué es la tierra (su ontología), lo que se puede o no se puede hacer con ella (su asequibilidad) y la manera en que los humanos deben interactuar con ella[6].

Ensamblar la tierra también descansa en alinear diferentes instituciones[7]. Terra Nullius[i] dirigió el primer esfuerzo global para ensamblar la tierra a través del despojo, el genocidio indígena, el colonialismo y el imperialismo. Desde hace unos cincuenta años, las industrias extractivas (principalmente la agroindustria y muy en particular la producción de carne) han estado ensamblando tierra a lo largo y ancho del planeta.

Sin embargo, la crisis climática, y ahora la pandemia del COVID19, sugieren que los sitios de donde se pueda extraer naturaleza barata quizás ya no existan.

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Aunque no sepamos cuál será el costo en vidas humanas o en dólares de la pandemia, sabemos que ese costo será extremadamente elevado. Las zoonosis, las enfermedades transmitidas de otros animales al ser humano, no son nada nuevo. Sin embargo, durante los últimos cincuenta años, la ocurrencia de zoonosis que implican saltos entre especies silvestres y humanos se ha incrementado notablemente[8].

Cuando se rompen las barreras que separan a los seres humanos de animales silvestres, es decir cuando los seres humanos se ponen en contacto con animales con los que normalmente no se relacionan, también se ponen en contacto con sus patógenos —virus, bacterias, etcétera—. Las barreras se rompen cuando físicamente nos acercamos a la vida silvestre. Y nos acercamos a la vida silvestre cuando los bosques son talados para dar lugar a plantaciones de, por ejemplo, cultivos-flex: palma aceitera, caña de azúcar, soya.

El COVID19 se originó de un virus que normalmente tiene a murciélagos como hospederos. Pero también muchas zoonosis, como la gripe porcina y la gripe aviar, se originan de animales domésticos.

Los medios occidentales, la ignorancia racista y amarillista de los memes, Trump y otros, le han atribuido al mercado húmedo en la provincia de Wuhan y a la cultura culinaria china la culpa del brote del COVID19. Un absurdo en al menos dos dimensiones.

Primero, tendríamos que empezar preguntándonos cómo y por qué llegan a parar animales silvestres a los mercados. Detrás está el comercio ilegal de fauna silvestre, una industria con un valor aproximado de entre siete y 23 millardos de dólares anuales. Es la cuarta industria ilegal más lucrativa en el mundo después del tráfico de drogas, humanos y armas. El tráfico ilegal de fauna silvestre lo manejan carteles criminales sofisticados y bien organizados, que también persiguen apropiarse de la naturaleza al más bajo costo.

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Los mercados de fauna silvestre se caracterizan por el hacinamiento y las condiciones poco higiénicas en las que se mantiene a los animales. Y los riesgos para la salud humana asociados al tráfico ilegal de vida silvestre son significativos[9]. El comercio ilegal de vida silvestre es otro ejemplo de cómo la naturaleza barata se incorpora a circuitos de acumulación de capital.

Segundo, actualmente circula —en palabras del biólogo evolutivo, Rob Wallace— un zoológico de subtipos de influenza que pueden infectar a los humanos[10]. Uno de estos, el H1N1, presenta segmentos genómicos de cerdos de todo el mundo[11]. ¿Cómo se juntaron estos segmentos? La H1N1, por cierto, se originó en Veracruz, en un área donde se crían cerdos a gran escala.

Necesitamos examinar nuestras prácticas de producción y consumo en general, y de producción y consumo de carne en particular, para entender el costo que el fin de la naturaleza barata tiene para nuestras sociedades.

Un apetito insaciable por la carne: América-Latina y el complejo agroindustrial global

En promedio, el consumo de carne en el mundo se ha duplicado desde la década de los 60s. Hay dos correlaciones muy claras que nuestro insaciable apetito por la carne revela a lo largo y ancho del mundo. Una entre los ingresos y el consumo de carne y la otra entre la urbanización y el consumo de carne. Así, los ingresos y la urbanización en los países en vías de desarrollo son frecuentemente propuestos como las razones que explican el incremento tanto del consumo como de la producción de carne. Sin embargo, las correlaciones son inadecuadas para explicar relaciones complejas de causa y efecto, y en este caso, solo ofrecen una burda simplificación y un retroceso al tiempo en el que se pensaba que el desarrollo de los países «evolucionaba» de manera lineal descontextualizado de la historia de cada territorio y desligado de la economía política global[12].

Aun cuando es correcto señalar que el consumo de carne se ha incrementado entre las clases medias urbanas de regiones fuera de Europa y EE.UU. es un fenómeno espacialmente asimétrico, que ocurre en ciertas regiones, pero no en todas. Por ejemplo, el aumento es muy marcado en ciertos países de Asia y América Latina, así como en Sudáfrica, pero está ausente en la mayor parte de África[13].

¿Cómo explicar entonces, el incremento en el consumo y producción de la carne? Retomemos la aventura brasileña de la soya. Y la expansión desigual del capitalismo.

En menos de treinta años, Brasil pasó a ser el segundo productor mundial de soya. Este ascenso debe entenderse dentro del contexto global de la postguerra, en el cual la soya se fue convirtiendo en la fuente clave de proteína para el alimento de animales de crianza y de aceite para la industria alimentaria[14]. La soya fue originalmente domesticada en la China hace unos 5,000 años. Durante la segunda guerra mundial, la exportación de soya de China se detuvo, pero los agricultores estadounidenses empezaron a cultivarla para satisfacer la demanda nacional de aceites y lubricantes durante la guerra.

Al terminar la guerra, la soya se empezó a utilizar en la creciente industria avícola y fue convirtiéndose en el ingrediente preferido de las dietas de animales criados industrialmente. La cultivaban migrantes japoneses en el sureste brasileño para consumo familiar desde inicios del siglo XX. Pero para la década de los 1980s los científicos brasileños habían desarrollado una variedad que podía darse en áreas tropicales[15]. Para completar el despegue de la aventura brasileña de la soya fue necesario también ensamblar la tierra.

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El área con mayor potencial en Brasil era el Cerrado. Una región de 200 millones de hectáreas de matorrales naturales con irrigación natural y con patrones predecibles de lluvia. El ecosistema del Cerrado ocupa el 25 % del territorio brasileño, es la sabana más biodiversa del mundo, y está considerado un polo mundial de diversidad biológica por sus altos índices de endemismo[16].

Sin embargo, se calcula que entre el 30 y el 40 % de la vegetación del Cerrado ha sido destruida y el índice de deforestación es el doble que el de la Amazonia. La minería, hidroeléctricas, ganadería y la agroindustria son responsables de la degradación del ecosistema del Cerrado, así como de los cambios en las relaciones sociales que han forzado a millones de campesinos a migrar a las ciudades desde los años 70[17].

El gobierno brasileño había clasificado el Cerrado como un área «vacía» en los años 60, uno de los primeros pasos para ensamblar la tierra en proyectos productivos de gran escala es, a falta de la existencia de tierra disponible, construir discursivamente ciertos territorios como deshabitados[18].

Pero el Cerrado no estaba «vacío» lo ha habitado durante siglos el pueblo indígena guaraní, quienes han ido perdiendo su tierra en ciclos recurrentes de despojo durante los últimos cien años. Un fenómeno que se ha repetido en Centro América[19] y en otras partes del mundo[20].

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El gobierno puso en marcha programas de colonización, regularización de la propiedad, créditos, subsidios y excepciones fiscales en lo que se conoce como «la gran marcha hacia el occidente». Al esfuerzo de «desarrollar» el Cerrado se agregó también la construcción de infraestructura para la industrialización de la región: carreteras y ferrocarriles. La infraestructura y la tecnología verde aceleraron la ocupación del Cerrado y el despojo violento de tierras indígenas. La dictadura militar lo legitimó en los 60[21]. Hacia los 70 el gobierno facilitó las inversiones internacionales, e intensificó la investigación agrícola en el Cerrado.

La soya es el cultivo más importante del mundo en la actualidad, a juzgar por su producción, el área de tierra que se le dedica y el volumen de comercio internacional.

Desde los 60 la «frontera» de la soya se ha extendido: su producción se ha multiplicado por diez y se ha cuadriplicado el área de tierra en que se cultiva[22].

Aunque la agroindustria de Estados Unidos aún domine la producción, el comercio y la tecnología de la soya, desde los 90, la geografía política de la soya se ha transformado. El Cono Sur de América produce el 57% de las exportaciones mundiales, y solo Brasil provee el 40%.

Por otra parte, el este de Asia, que actualmente importa el 65% de la soya, es el consumidor principal desde el año 2000, cuando desplazó a Europa[23].

La soya desempeña un papel geopolítico central para el sector agroindustrial brasileño. Su cultivo es la base de la compra y propiedad de la tierra por parte de la agroindustria brasileña en otros países sudamericanos. La soya es central para expandir la influencia política y económica de la agroindustria brasileña en África, pero sobre todo para su principal socio comercial: China, y para fortalecer la posición política del sector agroindustrial en Brasil[24].

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Brasil representa un ejemplo clásico del régimen corporativo de la alimentación, estructurado por el poder y la influencia política de corporaciones agroindustriales transnacionales y las persistentes y cercanas relaciones entre el estado y el sector agroindustrial[25]. Este modelo le está dando forma a las condiciones de producción, al desarrollo de la infraestructura y a un nuevo espacio geoeconómico que une a Brasil, con Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay en una gran «República Soyera»[26]. El régimen corporativo de la alimentación también se caracteriza por su creciente multipolaridad[27].

La producción de carne de aves de corral y de cerdo se ha incrementado tanto en China como en India desde principios de los 80, pero la escala es masiva en China comparada con la India.

Además de estos países, la producción de carne ha aumentado en la otra economía socialista de mercado de la región: Vietnam[28].

Tanto en China como en Vietnam se ha observado la tendencia de sustituir agricultura campesina de pequeña escala por operaciones industriales, financiada tanto con fondos estatales como de capital corporativo privado[29]. El comercio de carne en el Este de Asia se caracteriza por las conexiones interregionales de importación y exportación, aunque también se importa carne de Brasil y los EEUU y ganado en pie de Australia[30].

Una de las características que definen la producción de carne en Asia es su dependencia de alimentos procesados para animales. Aproximadamente el 70 % de la soya para producir alimentos para animales que importa China proviene de América del Sur. Japón y Corea también son importadores de soya producida en Norte y Sur América. El flujo bilateral que ha crecido más rápido es el que conecta a Argentina y Vietnam, pero también las relaciones entre Brasil y Tailandia y entre Argentina e Indonesia se cuentan entre los flujos mayores[31].

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El monocultivo de pollos y cerdos trotamundos

Si la «República Soyera» trasciende las fronteras de una sola nación en el mismo continente, la producción de carne de cerdo y de aves de corral lo hace a nivel global.

Durante los últimos cincuenta años el consumo de aves de corral, particularmente el pollo, pasó de ser un lujo a un alimento cotidiano y se incrementó tanto en los EE.UU. y Europa como en Asia y América Latina.

Los sitios de producción también se movieron hacia otros países. El cuarto productor mundial de pollo, el Grupo CP con base en Tailandia, produce y procesa en Turquía, China, Malasia, Indonesia y los EE.UU. y produce alimento para animales en India, China, Indonesia y Vietnam. CP Group solo es menor que las firmas Tyson, Perdue y Goldskist, con base en los EEUU[32].

Entre 2005 y 2015 la producción porcina se incrementó hasta constituirse en el 42.8% de toda la carne producida en el mundo. Su producción industrial se concentra en tres clústers: América del Norte, Europa y Asia. Corporaciones chinas, europeas, estadounidenses y brasileñas, producen juntas el 84 % del cerdo mundial. De esto, China aglutina la mitad.

Este incremento en China se asocia con la transición de producción de animales en patio a producción industrial y al desplazamiento de millones de personas de áreas rurales a ciudades[33].

El mayor productor mundial de cerdo es la compañía WH Group, de capital chino, que opera en China, los EE. UU., México y Europa, e integra la crianza de cerdos, el destace y el procesamiento con la distribución de carne de cerdo y productos derivados. En 2018 WH Group destazó 48 millones de cabezas.

En 2013, WH Group adquirió la compañía Smithfield Foods, con base en los EE.UU. que era el mayor productor de cerdos y sus subproductos en el mundo. La transacción costó 4.7 millardos de dólares y supuso la mayor adquisición china de una compañía estadounidense en la historia.

Las elites empresariales chinas y el estado han trabajado concertadamente para la consolidación del sector agroindustrial tanto en términos de su potencial como motor del desarrollo rural y económico nacional como en el desarrollo de nuevas fronteras y mercados internacionales. El estado chino ha apoyado a la agroindustria en sus inversiones internacionales, tanto para establecer plantas de procesamiento, como para exportar productos agrícolas y adquirir compañías[34].

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La producción industrial de animales se basa en procesos de selección de razas y variedades que crezcan y engorden en el menor tiempo posible, al menor costo posible y que tengan ciertas características biológicas que permitan incrementar las ganancias. Genéticamente, los animales mantenidos para la producción industrial son homogéneos. Al igual que sucede con las plantas, los monocultivos animales requieren mayor cantidad de insumos que los cultivos diversos. En el caso de los cerdos y los pollos, un elevado uso de antibióticos.

Los animales se mantienen en espacios muy pequeños, y la producción se desvincula totalmente del medio ambiente colindante. Los animales no salen a forrajear a ningún sitio, el alimento concentrado producido con soya se les proporciona muchas veces de manera mecanizada en el encierro. Son fábricas de carne y estiman el espacio donde se mantienen a los animales, no por número de animales, sino por kilogramos de carne. Esa cifra varía de 30 a 46 kilogramos por metro cuadrado. Los deshechos (heces, orina, carcasas) son fuentes de contaminación para las fuentes de agua cercanas si no se tratan adecuadamente.

El hecho de que una corporación extienda su línea de producción a lo largo y ancho del mundo (como por ejemplo CP Group y WH Group) les permite hacer ajustes rápidamente en caso de que una enfermedad brote, sin perder su espacio en el mercado.

Por ejemplo, cuando un brote de gripe aviar ocurrió en una granja del CP Group en la provincia de Heilogjiang, China, y Japón prohibió la importación de pollos de China, las fábricas del CP Group en Tailandia pudieron responder rápidamente y proveer los pollos a Japón[35].

En 2009 hubo un brote de gripe porcina (H1N1) en México. La Organización Mundial de la Salud declaró la gripe porcina H1N1 como la primera pandemia del siglo XXI. El Centro de Control de Enfermedades Infecciosas de los EEUU estima que entre 151,000 y 575,000 personas murieron por el virus H1N1. El niño mexicano de cuatro años que fue el primer infectado de H1N1 vivía en un área en la que la compañía Smithfield Foods opera ocho enormes granjas porcinas. Smithfield Foods empezó a operar en México en 1994 después de que entrara en vigor el tratado de libre comercio NAFTA.

Las fábricas porcinas como las que llegaron a México generan enormes cantidades de deshechos de heces fecales que contaminan las fuentes de agua locales. Quienes hayan estado cerca de estas granjas en Veracruz pueden dar fe que el olor pútrido que emiten se percibe a kilómetros de distancia. Los enjambres de moscas en el área son enloquecedores. Las regulaciones ambientales y sanitarias en México son más laxas que en los EEUU[36]. Los deshechos fecales pueden ser la fuente original del contagio de H1N1, también pudo haber sido contagiado por uno de los trabajadores de las fábricas[37]. Nunca sabremos con exactitud la fuente del contagio. El gobierno de México no investigó, pero sí exoneró de responsabilidades a la compañía Smithfield Foods.

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El elevado uso de antibióticos en la crianza industrial de animales se asocia con la prevalencia de bacterias resistentes a los antibióticos. No existen datos adecuados sobre el consumo de antibióticos en animales y seres humanos en los países latinoamericanos. Tampoco existen programas de monitoreo para seguir la difusión de las bacterias resistentes a antibióticos o los mecanismos que generan resistencia. Pero muchos países de la región tienen prácticas poco estrictas de prescripción de antibióticos, o no requieren receta médica[38]. Las bacterias resistentes a los antibióticos que se desarrollan en animales de crianza se transmiten también a los seres humanos. La resistencia a los antibióticos amenaza la vida de los animales y de los seres humanos, y esta resistencia se engendra en la producción industrial de animales.

Esta producción se sostiene también sobre relaciones institucionalizadas de violencia y explotación. Violencia ejercida no solo contra los animales destazados sino también contra las personas que trabajan en fábricas y granjas.

Cada año se matan 55 millardos de animales en la industria de producción de carne, aproximadamente doscientos millones cada día, ocho millones cada hora, ciento treinta y ocho mil cada minuto, más de dos mil por segundo.

Cada día, todos los días.

Las personas que trabajan en la industria de la carne trabajan en condiciones brutales, bajo regímenes de explotación y riesgos que afectan no solo su salud física, sino mental y emocional. La mayoría de los trabajadores en las destazadoras estadounidenses son inmigrantes latinos expulsados de sus territorios[39].

En México, la industria porcina se presentaba como una que crearía millones de empleos, pero la realidad es muy diferente. Al final, desplazó a los agricultores que criaban en sus patios.

Si la pregunta es el futuro ¿hay alguna respuesta?

El Centro de Control de Enfermedades Infecciosas ha clasificado 16 tipos de influenza como particularmente peligrosos. De estos, 11 pertenecen al grupo H5 y H7, es decir que han sido transmitidos de aves de corral a humanos. 37 de los últimos 39 contagios de estos virus ocurrieron en lugares en los que operan fábricas de carne de pollo[40].

Entre la pandemia de la gripe española H1N1 (1918-1920) y la de la gripe asiática H2N2 transcurrieron cuarenta años. Entre esta última y la de la gripe de Hong Kong (1968-1968), diez años. Entre el VIH (1981) y la de la fiebre porcina H1N1 (2009) transcurrieron veintiocho años. Entre la del H1N1 y la del ébola (2014) cinco. Entre el ébola y COVID19 (2019), cinco. La próxima pandemia está ya cocinándose. Es sólo cuestión de tiempo, de eso no hay duda.

En 2018, un grupo de investigadores calculó que los costos de una pandemia de la severidad de la gripe española podrían elevarse a 500 millardos de dólares anuales. Las mayores pérdidas económicas ocurrirían en países de bajos o medianos ingresos[41]. El Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud estiman el costo en tres trillones de dólares, y creen que la región más afectada del mundo será el sur de Asia y el África subsahariana[42]. Las poblaciones vulnerables, en particular los pobres, sufrirán de manera desproporcionada por no tener acceso a servicios de salud ni ahorros.

COVID19 llegó y aún no sabemos cuál será el costo de esta pandemia, pero sin duda transformará la economía mundial[43].

La geografía económica de la producción de carne nos ayuda a entender las relaciones que conectan a América Latina con otras regiones del mundo en los circuitos de acumulación de capital. Es en estos circuitos que también circula el COVID19.

COVID19 no es un desastre natural: surge de cambios en la economía y la geografía políticas en marcha desde el fin de la segunda guerra mundial.

La economía global prioriza el crecimiento económico basado en el consumo sobre el bienestar de las personas y la naturaleza. La acumulación de deshechos y material tóxico es una barrera para continuar la estrategia de expandir las fronteras para apropiar nuevos recursos[44].

Nuestra propia sobrevivencia, postCOVID19, dependerá de las formas en que imaginemos nuevas relaciones sociales, incluidas las relaciones económicas, y nuevas relaciones animales, incluidas con animales no humanos[45]. Nuestra sobrevivencia depende de relaciones que son mayores y más complejas que la economía y que implican virus que pueden aniquilarnos si no los dejamos en paz.

El fin de la naturaleza barata está aquí, y nos está matando.

 

Este es uno de los textos seleccionados para formar parte de la compilación que el Instituto de Investigación y Proyección sobre Dinámicas Globales y Territoriales de la Universidad Rafael Landívar y Plaza Pública elaborarán sobre el COVID19.
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[i] Terra nullius significa “tierra que no pertenece a nadie”. El término fue acuñado al inicio de las cruzadas en la bula papal “Terra Nullius” del Papa Urbano II en 1095. La bula permitía a los príncipes y reyes europeos “descubrir” o reclamar cualquier tierra ocupada por pueblos no cristianos en cualquier parte del mundo conocido o por conocer. En 1452 la política fue extendida por el Papa Nicolás V. El término significa el derecho de los cristianos de posesión y propiedad sobre el territorio y excluye de ese derecho a los no cristianos. La bula inspiró la “Doctrina del Descubrimiento”, una de las ideologías detrás de las expediciones de Cristóbal Colón en 1492. Terra Nullius y la tesis de las fronteras han estado implicadas en la expansión de los imperios ingleses y españoles. Los territorios declarados Terra Nullius eran también declarados territorios “vacíos” y los nativos no eran considerados aptos de poseer la tierra. Por lo tanto, quedaba disponible para que se la apropiaran los europeos. Terra Nullius no es solo un término legal, también es un proyecto cultural. La alienación de las prácticas culturales, ya sea en la agricultura, la música o el arte, permitió también la proclamación de la tierra como desprovista de memoria, herencia cultural, historia y por lo tanto de civilización. Terra Nullius es una idea cultural de “naturaleza pura” en la que los pueblos indígenas no pertenecen a la misma categoría humana que los europeos. Por lo tanto, la civilización europea era la primera en arribar a dichas tierras (Nayar 2015)
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