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Pequeños triunfos y grandes desafíos
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Opinión

Pequeños triunfos y grandes desafíos

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Que la Cicig nos diga que un 25% de las fuentes de financiamiento provienen de las élites empresariales y un 25% del crimen organizado viene solamente a confirmar lo que todos ya sabíamos.

También confirma que una de las mayores implicaciones de esto es comprometer a los políticos a cumplir con demandas de toda índole, entre ellas la posibilidad de tener influencia en el nombramiento y la destitución de funcionarios. Que un organismo con amplia credibilidad lo haya sacado a luz es un triunfo. No cabe duda. También lo es que semana a semana se descubra que un funcionario más, un servidor público más, pertenece al sistema de corrupción que enriquece a unos pocos y mantiene al resto de la población de rodillas, temeroso y con un enojo permanente.

Sí, estas son pequeñas victorias que deberían darnos más fuerzas para ejercer nuestra ciudadanía de una manera más decidida y constante, ya que es de esa ciudadanía pensante, responsable y honesta de donde deberán salir las nuevas generaciones de líderes políticos, y no del basurero en el que se ha convertido el sistema político tradicional, que ya nada tiene que ver con los esquemas tradicionales de gobierno. Otra victoria, sin duda. Es decir, el hecho de que de hace varios meses para acá se empiezan a escuchar voces colectivas que demandan justicia de maneras abiertas y decididas.

Esta semana también nos enteramos con gran alegría de que, en La Puya, alcaldes comunitarios lograron que se suspendiera la licencia de construcción del proyecto minero Progreso VII Derivada, en la mina El Tambor, de la empresa estadounidense Kappes, Cassiday & Associates (KCA), Exmingua. Licencia suspendida, sí. Pero, dados los datos que la Cicig ha sacado a luz, nos preguntamos cuántos funcionarios, empresarios y elementos del crimen organizado no se beneficiarán día a día con este tipo de licencias y proyectos. Otro pequeño triunfo en este mar de impunidades, enriquecimientos ilícitos y continuas agresiones a los derechos humanos de los ciudadanos de a pie.

Esta es la democracia que vivimos. Y no nos gusta.

Lo que sí nos gusta y nos mantiene animados es la bulla alegre de los activistas, los académicos comprometidos, los artistas y los gestores culturales comprometidos que desde diversos espacios y condiciones nos siguen recordando que la esperanza hay que materializarla con actos concretos. Hace un par de semanas se inauguró el centro cultural La Casa en el centro de la ciudad de Guatemala, por ejemplo. Esta semana se llevó a cabo el congreso Pre-ALAS, y, ya en un par de semanas, en Xela se inaugurará el Festival Internacional de Poesía, organizado por la asociación Metáfora. Apenas unos cuantos ejemplos de acciones concretas que dan muestra de una sociedad que no está hecha solamente para hundir a sus semejantes, sino para animarlos a pensar de maneras distintas.

Así, entre pequeños triunfos y grandes desafíos hemos ido viviendo estas semanas, esperando que otros —los que más responsabilidad tienen— se decidan por fin a responder a demandas populares como las reformas a las leyes electorales, el juicio a los funcionarios corruptos o la devolución de todo lo que estos nos han robado por años.

Vamos por grandes triunfos y por otro tipo de desafíos.

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