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Menor participación electoral… y se reducirá más en la segunda vuelta
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Menor participación electoral… y se reducirá más en la segunda vuelta

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Tiempo aproximado de lectura: 6 mins
Historia completa Temas clave
  • Varios eventos electorales muestran las limitaciones de encontrar patrones en las elecciones.
  • Todos los partidos que han pasado en primer lugar en primera vuelta han ganado, con una excepción.
  • El único candidato que ha tenido menos votos en segunda vuelta que en primera es Óscar Berger: un 17.23 % menos en 1999.
  • La participación se redujo de 69.74% respecto al padrón electoral en 2015 a 61.79 %.
  • El promedio de disminución de votantes en segunda vuelta es de 11.42%.

Entre acusaciones de fraude, ineptitudes y dificultades institucionales, así como un recuento que no se termina, una comparación entre las cifras de participación del 16 de julio con el comportamiento histórico de los procesos electorales previos, puede ayudar a comprender los resultados y ser más mesurado. Hay una menor participación respecto a 2015 y es posible que la participación se reduzca significativamente en una segunda vuelta.

En estas elecciones la participación disminuyó y el abstencionismo secundario creció en relación con elecciones pasadas.

La abstención secundaria, el número de votantes que se empadronaron y no fueron a votar, creció. Otra forma de decir esto es que la participación ciudadana bajó. De un total de 5,270,489 votantes en la primera vuelta de 2015 (69.74% respecto al padrón electoral) se pasó a 5,035,945 (61.79%).[1] Fue alto el número de posibles votantes que no se empadronaron, la abstención primaria. A fines de 2018 el número de DPI sin empadronar era de dos millones. A esto habría que añadir unas 400,000 personas sin DPI. Esto puede significar que de unos diez millones de votantes potenciales, sólo votó la mitad. 

Se supone que el domingo 11 de agosto el número de votantes será menor, porque siempre es así en las segundas vueltas.[2] Si se mantiene la tendencia histórica, la participación podría ser del 50% respecto al padrón electoral, es decir, un poco más de cuatro millones de votantes.

El número de votos nulos y votos en blanco también será menor. En promedio, los votos nulos y blancos suman un 10.52% respecto al total de votos emitidos en primera vuelta y en segunda vuelta, la cifra disminuye a 4.67%. De mantenerse este comportamiento la cifra podría estar alrededor de 200,000 votos nulos y en blanco.[3]

El número de votantes por los dos contendientes será mayor que en primera vuelta. Todos los candidatos participantes han sacado un mayor número de votos, con una excepción: Óscar Berger que, en 1999, obtuvo menor número de votos en segunda vuelta que en primera vuelta.

Lo que pasó el 16 de junio

La cifra de votantes en cada elección ha variado significativamente en el período 1985-2019.

Las elecciones de 1985, las primeras del llamado “retorno a la democracia”, animaron la participación de casi el 70% de empadronados. Una cifra respetable. Luego, el interés en las elecciones fue decayendo hasta la elección de 1995, en la que únicamente participó el 47%. A partir de ese momento inició un ascenso constante que llega a 2015 repitiendo prácticamente la misma cifra que en la primera elección.[4] Sin embargo, en 2019, el interés ha decaído.

No sólo disminuye la proporción del número de votantes que participa. La cifra bruta de votantes también se reduce:

Pero, además, en esta ocasión se advierte que dos millones de DPI, sobre todo de jóvenes, no están empadronados. Eso quiere decir que el interés por votar en quienes nacieron aproximadamente entre 1997 y 2001 parece haber disminuido (el fenómeno es digno de estudio: la institucionalidad no atrajo a posibles electores o los electores jóvenes están pensando en otras cosas, como migrar). 

Siempre me ha parecido difícil entender por qué un alto número de empadronados participa en las votaciones, puesto que la cifra de apoyo a la democracia es bajo, hay un apoyo relativamente alto a soluciones no democráticas en determinadas condiciones y hay baja confianza en los partidos políticos, como lo demuestra la encuesta de LAPOP. Una mayoría de gente todavía creyó en estas elecciones, pero el entusiasmo parece ir menguando.

¿Esta disminución de votos es grave para la democracia? No hay que ser tan dramáticos. Las elecciones de 1995 fueron ganadas por Álvaro Arzú y el partido Partido de Avanzada Nacional con el menor porcentaje de votos respecto al padrón electoral y el país siguió adelante. De hecho, el gobierno de Arzú logró firmar la paz y privatizar el Estado, lo que hace pensar que la legitimidad quizás esté relacionada con otros aspectos: proyecto político, fuerzas sociales que se representan, relaciones de poder, etc.

Lo que puede pasar el 11 de agosto

¿Qué es posible esperar en términos de participación y abstencionismo en la segunda vuelta del 11 de agosto?

En primer lugar, de mantenerse la tendencia histórica, es muy probable que se reduzca la participación de votantes, como se puede advertir en la siguiente gráfica:

La reducción de la cifra de votantes entre primera y segunda vuelta oscila entre 3.92% respecto al padrón electoral en 1985 y el 13.73% en 1999. Si se elimina la cifra de 1985 por apartarse del comportamiento ulterior, el promedio de disminución de votantes en segunda vuelta es de 11.42%. Si este comportamiento se repitiera en 2019, del 61.79% de participación en primera vuelta, se podría llegar al 50.37% de participación, es decir, alrededor de 4 millones de votantes, lo que coloca la participación en un nivel inferior al de las elecciones de 2015 y 2011.

En segundo lugar, el número de votos nulos y votos en blanco también disminuye en segunda vuelta.

En primera vuelta el mínimo de votos nulos y blancos llega a un 8.58% respecto al padrón electoral en 1999 y sube a un máximo de 14.07% en 1990. El promedio de estas cifras es de 10.52%, mientras que el mínimo de votos nulos y blancos en segunda vuelta es de 3.81% en 2011 y un máximo de 7.92% en 1985. El promedio es de 4.67%. Históricamente, el número de votos nulos y votos en blanco en segunda vuelta es mucho menor que en la primera (un poco menos de la mitad). Esto significa que de seguir este comportamiento histórico el número de votos nulos y votos en blanco podría ser de aproximadamente 200,000.

Sin embargo, dos observaciones: el voto nulo nunca ha pasado del 15% de la elección de 1985 y la relación entre votos nulos y votos en blanco ha cambiado: los votos nulos han disminuido y los votos en blanco han subido. La otra observación es que pese al intenso rechazo que genera el Parlacen, en esta elección tampoco se obtuvo más del 50% en esta papeleta.[5]

En tercer lugar, la comparación entre votos obtenidos en primera vuelta y en segunda vuelta por los candidatos que compiten, muestra que ambos incrementan los votos obtenidos.

La tabla muestra dos aspectos que son interesantes. El primero es que, con una excepción, todos los partidos que han pasado en primer lugar en primera vuelta han ganado. La excepción se produce en la elección de 1990 en la que Jorge Serrano y su partido MAS, que habían quedado en segundo lugar, logran derrotar a Jorge Carpio Nicolle y su partido UCN.[6]

El segundo aspecto es que el único candidato que ha tenido menos votos en segunda vuelta que en primera es Óscar Berger: un 17.23 % menos en 1999. Todos los demás candidatos han crecido. Usualmente, la variación es un poco más grande para el candidato que pasa en segundo lugar, pues en promedio, obtiene un incremento de 65.58%, mientras que el promedio para el candidato del primer lugar es de 48.66% de crecimiento.

Hay candidatos y partidos que crecen poco en segunda vuelta pero logran conservar cierta ventaja y ganar, como el caso de Álvaro Arzú y el PAN en 1995 o de Alfonso Portillo y el FRG en 1999. Hay ocasiones en que el crecimiento es significativo para ambos o que el segundo lugar logra acortar distancias.

Pero hay dos eventos electorales que muestran las limitaciones de encontrar patrones en las elecciones.

En 2015, Jimmy Morales y el FCN-Nación obuvieron el primer lugar frente a Sandra Torres y la UNE. El antivoto de Sandra, junto a la buena estrategia de comunicación de Morales, hizo que el crecimiento de este último fuera de un 138.73% sobre lo que obtuvo en primera vuelta y pasara de 1,152,394 votos a 2,751,058.[7] Un caso todavía más drástico fue el de Jorge Serrano Elías: el único candidato que habiendo obtenido un segundo lugar en la primera vuelta, logra remontar la diferencia y ganar con un crecimiento del 149.62%.

La sofisticada conclusión de la revisión de este comportamiento electoral es que en segunda vuelta del 11 de agosto, cualquier cosa puede pasar.

En las elecciones de 2019 Sandra Torres obtuvo casi el doble de votos que su rival Alejandro Giammattei. En 2015 obtuvo una cifra menor que Morales en primera vuelta y experimentó un crecimiento del 40% en segunda.

[relacionadapzp1]

Hay tendencias y se pueden hacer algunos cálculos con la información disponible. Pero en cada momento existe una correlación de fuerzas distinta, factores estructurales que se mueven, eventos inesperados que suceden y que alteran el panorama.

Sandra Torres tiene la fuerza de los programas solidarios en el área rural, pero una gran animadversión que se concentra en sectores urbanos. Alejandro Giammattei puede aprovechar ese antivoto y el voto de candidatos de derecha y conservadores (Edmond Mulet, Roberto Arzú, entre otros), pero no tiene algo que se parezca a un programa de gobierno.

Una combinación de mala estrategia de comunicación de Giammattei y una mala de Torres, puede inclinar la victoria a ésta última, además de otros factores como alianzas locales y pactos sectoriales.[8] Pero la situación contraria es perfectamente imaginable.

 


[1]     Los datos utilizados son provienen del TSE.
[2]     ¿Qué explicación le damos a este comportamiento? Dos posibilidades a explorar: 1) hay votantes que se abstienen por el desencanto que les produce que su candidato no haya pasado a segunda vuelta, y 2) la importancia de lo local frente a lo nacional, es decir, la elección de alcaldías tiene un peso importante para muchas personas.
[3]     Esto puede cambiar si existe una fuerte campaña por el voto nulo, aunque llevarla a cabo necesita de recursos y esfuerzos.
[4]     En el trabajo presentado por Boneo y Torres-Rivas, se ofrecen algunas explicaciones sobre el posible aumento electoral que incluyen las campañas de empadronamiento y el acercamiento de los centros de votación a los votantes.
[5]     Además, el resultado no sería el deseado. Un 50% de votos nulos para el Parlacen, no implica la disolución del mismo.
[6]     En la memoria del autor, como probablemente le pasa a personas que observamos esa elección, queda el recuerdo de la pegajosa propaganda que Serrano Elías utilizó: una canción con el estribillo “Los mismos nos quieren gobernar”.
[7]     Una cifra histórica pero que hay que tomar con cuidado. La cifra de votos que obtuvo Morales representa aproximadamente un tercio del padrón electoral. Dicho de otra forma, dos de cada tres guatemaltecos NO votaron por él.
[8]     Algo que podría suavizar el antivoto que genera Sandra Torres es la propuesta de retomar CICIG, pero no podría cumplirla, puesto que es el equivalente de colocarse la pistola en la cabeza.
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