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Opinión

Leer libros para soñar

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Leer libros es una de las actividades más gratificantes para algunos de nosotros. Sin embargo, no se llega a la obtención de este placer por generación espontánea. Es, más bien, producto de una práctica cotidiana que de pronto, de tanto hacerla, se transforma en un goce y luego en una necesidad para convertirse finalmente en una forma de vida.

Y para quienes somos lectores en un pueblo como el nuestro es difícil aceptar que la mayoría de las personas, aun cuando tengan acceso a la compra de libros, no los adquieren porque no tienen el hábito de la lectura. A muchos no les gusta leer porque no lo encuentran interesante, porque no los motiva o porque no les parece relevante.

Por supuesto, la falta de lectura pronto deja sus huellas en las decisiones ciudadanas y personales. Por ejemplo, cuando se elige a las autoridades que han de representarnos, cuando se trata de luchar por los propios derechos o cuando se ve y escucha a quienes no piensan o sienten como nosotros.

Sabemos que durante décadas el Estado guatemalteco ha manejado una política para impedir que la población lea. Los privilegios de algunos dependen de la ignorancia de muchos. Por ello, para evitar que en este país se lea, los grupos en el poder han usado distintas estrategias, sobre todo económicas, para lograr sus objetivos. Solo así se explica que Guatemala sea uno de los dos países latinoamericanos en donde los libros pagan altos impuestos.

Porque, y he aquí lo importante, leer libros no solo es una forma de entretenimiento o de adquirir conocimientos específicos. Es, sobre todo, una manera de adentrarse a otros mundos, a otras situaciones y a otros personajes que viven ya igual que nosotros, ya en lugares y bajo visiones distintas. Leer implica, además, la posibilidad de analizar lo leído desmontándolo en sus estructuras más íntimas. Significa también poder relacionar lo leído con el propio mundo y con el de los demás.

Leer es, asimismo, una forma de libertad. Es una manera de protestar en contra de la ignorancia, de la injusticia, de la inequidad. Cada vez que leemos un libro, o dos, o tres, nos damos cuenta de la vida más allá de las propias fronteras de nuestra imaginación.

Sería un acontecimiento realmente hermoso que nos convirtiéramos en un pueblo que lee. Que en las redes comentáramos los libros con la frecuencia y el entusiasmo con que hablamos de otras cosas. De verdad, ahora que se está llevando a cabo la feria del libro, Filgua, sería un buen momento para apostar por nuestro derecho a soñar llevados de la mano por las palabras que habitan los libros.

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