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Capítulo 28. Héctor, diciembre de 2010

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Capítulo 28. Héctor, diciembre de 2010

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Como un enredadera de tallo nudoso, la guerra se entrelazó con la vida. Algunos murieron asfixiados por ella. Otros supieron trepar. Esta es la historia de dos hombres, la Universidad de San Carlos y un crimen. Las vidas de Vitalino Girón, un expolicía jutiapaneco que acabó siendo uno de los últimos intelectuales del partido comunista, y del rector Eduardo Meyer se entrecruzaron en 1984, cuando el Ejército aún decidía quién podía vivir en Guatemala y quién no. Documentos inéditos hallados en el Archivo Histórico de la Policía Nacional permiten comprender la lógica de una de las últimas campañas de “control social” contra el movimiento sindical ejecutadas por la dictadura militar antes del comienzo del actual periodo democrático.

Redes-lateral

Después de la represión nada volvió a ser igual, toda la vida de la universidad, desde la academia a la administración, los es­tudiantes y los sindicatos, todos fueron penetrados. Tuvieron el dinero y la ignorancia para comprar a medio mundo. Cuando ha­bía elecciones en la Usac de entonces, había mítines abreojos, plá­ticas importantes... ahora no, ahora es fiesta, alcohol.

Todos los familiares de víctimas quedamos con un perfil ba­jo, digamos. Yo estudiaba Derecho y estaba por cerrar. Pero a raíz del asesinato de mi hermano, dejé de interesarme por ser abogado, no quería estar en ese sistema corrupto. Creo que me voy a morir sin sentirme cómodo como persona en este país. Aquí el que no es sucio, no prospera.

Héctor Girón, hermano de Vitalino Girón.

 

 

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