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Capítulo 22. Encuentro en un lugar discreto. Meyer, 3 de noviembre de 1984
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Capítulo 22. Encuentro en un lugar discreto. Meyer, 3 de noviembre de 1984

Comentario: Se tiene entendido que el rector tiene voluntad de cooperar en toda medida que tienda a superar la crisis universitaria, es­pecialmente la política, para evitar un retorno del marxismo a la rectoría.
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Como un enredadera de tallo nudoso, la guerra se entrelazó con la vida. Algunos murieron asfixiados por ella. Otros supieron trepar. Esta es la historia de dos hombres, la Universidad de San Carlos y un crimen. Las vidas de Vitalino Girón, un expolicía jutiapaneco que acabó siendo uno de los últimos intelectuales del partido comunista, y del rector Eduardo Meyer se entrecruzaron en 1984, cuando el Ejército aún decidía quién podía vivir en Guatemala y quién no. Documentos inéditos hallados en el Archivo Histórico de la Policía Nacional permiten comprender la lógica de una de las últimas campañas de “control social” contra el movimiento sindical ejecutadas por la dictadura militar antes del comienzo del actual periodo democrático.

La reunión ocurrió en una casa de San Lucas Sacate­péquez, un municipio muy próximo a la capital, situado entre las montañas que dominan la gran planicie del valle de La Ermita en que se asienta la ciudad de Gua­temala. Una solitaria casa de campo rodeada de bosque de coníferas. Frente a la puerta, una fila de suburbans de vidrios polarizados parqueadas.

El rector de la Universidad de San Carlos, Eduardo Me­yer, tenía algo importante que anunciarle al jefe de la Policía, el coronel Bol de la Cruz.

Vitalino Girón y Carlos de León estaban ya ente­rrados. La huelga universitaria acababa de finalizar.

El coronel Bol de la Cruz elaboró para el alto man­do un Reporte de Actividad Policial del periodo del 22 de octubre al 4 de noviembre en el que dio cuen­ta de estos hechos con dos Casos Especiales: He­chos Violentos en Octubre y Reunión con el Rec­tor Universitario.

Hechos Violentos en Octubre:

Las dos muertes (de Vitalino Girón y Carlos de León) sin móvil visible y de autoría desconocida, ensombrecieron un poco el ambiente. La gran mayoría de la población está confusa so­bre a quién imputar la culpabilidad en estos hechos. Personas vin­culadas a la Universidad de San Carlos indican que los dos economistas fueron muertos como resultado del conflicto uni­versitario en el que tienen grandes diferencias el sector cen­trista, con el Doctor Meyer al frente, y el otro, el marxista al que pertenecían los dos fallecidos. Tal y como se presenta la si­tuación en la Universidad de San Carlos, toda acción que afecte al grupo izquierdista será imputada al Doctor Meyer, pero en vinculación con el Gobierno.

Reunión con el Rector Universitario:

El sábado 3 de noviembre, en horas de la tarde, se realizó una junta informal con el Doctor Eduardo Meyer Maldonado, rec­tor de la Universidad de San Carlos. La reunión se celebró en un ambiente amistoso y en un lugar discreto de San Lucas Sa­catepéquez. El rector, quien pidió la reunión, manifestó, en­tre otros, los siguientes temas:

-Que teme que se atente contra su vida, que ese temor au­mentó ante la muerte de los dos economistas, en vista de que ambos pertenecían a un sector que se oponía a su política, es­pecialmente en el asunto del movimiento de huelga. Que es de es­perar que sus enemigos dentro de la universidad aprovecharan esta situación para imputarle parte de las culpas por esas muertes.

-Que durante el movimiento de huelga pudo observar que los dirigentes del sindicato de trabajadores de la universidad, lle­gaban a las juntas conciliatorias haciéndose acompañar de per­sonas armadas de ametralladoras. Que esos guardaespaldas no eran policías, por lo que es lógico suponer que eran subversivos. Que esta circunstancia puede servir de base para arribar a la con­clusión que tras el movimiento de huelga universitario estaba la subversión de izquierda.

-Que está conformando en la universidad las bases estruc­turales de un movimiento organizado de carácter centrista a efecto de que cuándo él se retire, se garantice la continuidad de una política no comprometida con la izquierda, como venía su­cediendo antes de que él llegase a la rectoría. Que lo que pre­tende es que no se retorne a los tiempos del ex rector Saúl Oso­rio Paz, que orientó a la universidad hacia el marxismo.

-Que a pesar de que no comulga con el marxismo, no está en posición de declararse abiertamente en su contra, pues las con­secuencias se harían sentir de inmediato. Que esa circunstancia ha­ce que no pida una seguridad apropiada para él y su familia. Pues, esa seguridad lo delataría inmediatamente ante sus ene­migos en la universidad.

-Que no importando las consecuencias, él estima que la úni­ca forma de resolver el problema subversivo que afronta la uni­versidad es atacándolo a fondo. Que inclusive indica ser par­tidario de una intervención estatal. Que dentro de ese marco, pi­de que se investigue a los dirigentes del sindicato para llegar a establecer la identidad de las personas que se mueven tras ellos.

Comentario:

Se tiene entendido que el rector tiene voluntad de cooperar en toda medida que tienda a superar la crisis universitaria, es­pecialmente la política, para evitar un retorno del marxismo a la rectoría.

Quizás Meyer tuvo antes muchas conversaciones co­mo ésta. Es probable que la policía le hubiese pre­guntado por el movimiento de huelga cuando comenzó. Es posible que fuese él también quien, en alguna de las conversaciones que mantuvo en esos meses con la Embajada de los Estados Unidos, les informara so­bre el origen de la huelga. En un cable desclasificado por el National Security Archive del 30 de octubre, el ana­lista de la embajada señala que la Usac acababa de atra­vesar “un conflicto laboral promovido por el Par­tido Guatemalteco del Trabajo (PGT)”.

Quizás Meyer sólo dijo lo que los militares querían oír. Quizás expresó lo que pensaba. Si sus palabras fue­ron o no una sentencia de muerte, es algo que sólo un puñado de oficiales del ejército pueden explicar.

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