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Ricardo Quiñonez, alcalde capitalino desde el 2018, en la sala de la municipalidad de Guatemala, en julio 2019. Simone Dalmasso

Tambalea la estructura que heredó Ricardo Quiñónez

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Tambalea la estructura que heredó Ricardo Quiñónez

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El alcalde Ricardo Quiñónez tiene varios frentes abiertos. Uno dentro de la misma municipalidad donde ha despertado descontento de los trabajadores, otro con su mismo partido que decidió aliarse a Valor sin su visto bueno. El conflicto más grave es con los vecinos que lo han expulsado de dos zonas y ha perdido simpatizantes en lugares importantes.

La dinastía Arzú que ha estado 37 años al frente de la Municipalidad de Guatemala está tambaleando, y no es por un viento fuerte de «revolución» que sopla desde fuera. Es un cisma que está dejando ver las costuras rotas provocadas tras la muerte del patriarca Álvaro Arzú en 2018.

Ricardo Quiñónez, no goza de la simpatía ni de la fidelidad que despertaba su antecesor. Sus decisiones han llamado a la «insubordinación» de varios grupos de empleados que quieren un cambio como lo gritan los trabajadores de la Empresa Municipal de Agua (Empagua); la Entidad Metropolitana Reguladora de Transporte (Emetra); la Policía Municipal de Tránsito (PMT) y la Empresa Municipal de Transporte (EMT). Otros, en puestos administrativos, susurran la traición: no votarán por el unionismo.

La molestia se presenta en los trabajadores quienes, acostumbrados a trabajar con Arzú, tan solo le dieron el beneficio de la duda a Quiñónez; los vecinos molestos también se lo recuerdan en algunos recorridos durante la campaña.

Quiñónez ganó las elecciones municipales de 2019 con 167,021 votos. De su rival lo separaron 14,968 sufragios, siendo esta la diferencia más corta de los últimos años. En 2015 el unionismo aventajó por 123,821 votos al partido Viva, y en 2011 sacó una ventaja de 34,858 votos sobre Creo. La ventaja se ha ido reduciendo, y en la última elección la victoria fue más bien la inercia del recuerdo de Álvaro Arzú.

La cohesión de los empleados tampoco es la misma que existía cuando vivía «Don Álvaro». Desde dentro de la municipalidad no lo ven como un líder natural, más bien reprochan su carácter colérico y presuntuoso que disimula cuando llegan las cámaras.

Integrantes de la Municipalidad, bajo la condición del anonimato, explican que él era un hombre de confianza de Álvaro Arzú —fue diez años Concejal I—, pero no lo consideran su sustituto. Lo ven como un buen cuadro operativo, pero sin liderazgo. Quiñónez está casado con Dominique Wilson Arzú, hija de la hermana pequeña de Álvaro Arzú, parentesco al que muchos atribuyen la confianza de la que gozaba frente al fallecido alcalde.

Fue el mismo Quiñónez quien decidió desmarcarse de lo que consideraba un lastre para su gobierno municipal. Con un ofrecimiento único en las condiciones de retiro, «obligó» a que una parte de los empleados con más experiencia y fieles a «Don Álvaro» dejaran sus cargos, luego llevó a su equipo.

Para realizar esta investigación, Plaza Pública solicitó una entrevista con Quiñónez. El departamento de comunicación de la Municipalidad tomó el requerimiento, pero jamás dio respuesta. Los acercamientos de la prensa han sido varios, por ejemplo, el medio Ojoconmipisto solicitó el 13 de septiembre del 2021 una entrevista, pero casi dos años después no han tenido respuesta. El alcalde es reacio a dar entrevistas. También se buscó una entrevista con Álvaro Arzú Escobar y el equipo del partido Valor-Unionista. Se les llamó a su teléfono celular, se contactó con quienes llevan sus agendas, pero los mensajes fueron ignorados.

Una invitación a salir para los «arzuistas»

El 9 de diciembre del 2019, tan sólo seis meses después de haber ganado la elección, el alcalde y sus concejales cambiaron las condiciones de jubilación que regían a quienes laboraban en la comuna desde 1975, es decir, modificó los parámetros bajo los que se retirarían «los arzuistas». Esto quedó retratado en la citación a Congreso hecha a la directora de Recursos Humanos, Mónica Rubio.

Rubio declaró bajo juramento que quienes renunciaran antes de enero de 2020 podrían tener una jubilación del 60% de su salario, sin importar el monto. Después de esa fecha seguirían recibiendo un 60% de su salario, pero con un máximo de 10,000 quetzales. Los afectados eran quienes tenían más de 25 años en la institución y ganaban más de 16,000 mensuales. La mayoría eran jefes o directores de unidades.

Con esta «invitación» de Quiñónez se retiró el coronel Fernando Waldemar Reyes Palencia, quien fue investigado en su momento por el asesinato de monseñor Juan Gerardi. Cuando ocurrió el crimen era el jefe de la guardia presidencial, después fue nombrado jefe del comando antisecuestros del Estado Mayor Presidencial. Cuando Arzú regresó a la Municipalidad lo contrató como jefe de la Policía Municipal de Tránsito (PMT), y en los últimos meses fue Gerente de Operaciones de Emetra y alcalde auxiliar de la zona 5.

Otro cuadro «arzuista» que salió tras la propuesta fue Carlos Fernando García Díaz, ex Director de Mercados, integrante del comité ejecutivo del Partido Unionista y dirigente de los grupos para pedir el voto en las elecciones.

También se jubilaron Sandra Leticia Gordillo Cabrera, exauditora interna de la Municipalidad; Ana María Cofiño Lascoutx, quien fue secretaria de Obras Sociales de la Esposa del Presidente en el gobierno de Arzú y tenía el puesto de Directora Ejecutiva en la Municipalidad.

Uno de los extrabajadores que tenía un puesto de dirección y que dejó la Municipalidad hace unos meses señaló que: «Nosotros movíamos la maquinaria de votación con los empleados. ¿Se acuerda del plan hormiga? Nosotros éramos los encargados. Movíamos a toda la gente (empleados) para pedir el voto. No había que rogarles. Había uno que otro que ponía peros, aunque la mayoría iba hasta con alegría. Eso ya no ocurre».

El «plan hormiga» fue descubierto por la Comisión Internacional Contra la Impunidad (Cicig) en el caso por financiamiento electoral ilícito del Partido Unionista, donde se descubrió que el unionismo usó fondos públicos para movilizar a empleados y así pedir el voto para Álvaro Arzú en las elecciones de 2011 y 2015. La estrategia consistía en cubrir las 22 zonas de la capital en cuatro semanas. Para esto se dividió la ciudad en cuatro regiones identificadas así: A, R, Z, U.

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La investigación indicó que el plan era dirigido por el actual alcalde, Ricardo Quiñónez. En 2019 la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (Feci) solicitó el retiro de antejuicio por los delitos de financiamiento electoral ilícito, fraude y peculado. Según la investigación, él también era el encargado de dirigir el «Plan 8» que consistía en agasajar a los empleados cuando notaban que estaban perdiendo simpatía por el unionismo. Para esto realizaban actividades familiares y de dispersión con tal de ganarse su voluntad.

Quejas con los aumentos salariales

El retiro no era una opción para todos, beneficiaba apenas a un sector. Quienes siguieron trabajando para Quiñónez lo hicieron bajo las condiciones del pacto colectivo, un trato que, a lo interno, perciben como desigual.

Un trabajador actual que pidió el anonimato, explicó que los trabajadores ya no quieren ir y casi los obligan a participar en las actividades convocadas por la Municipalidad. «Hay chats con palabras claves como “hoy habrá almuerzo” u “hoy habrá cena”. Eso significa que habrá actividades en el día o en la noche y deben ir. Los que están contratados como 011 no desean participar. Los que tienen contratos 022, 029 o en renglón 185 —es decir contratos temporales— sí van porque les dicen que no les renovarán el contrato», explica el empleado municipal.

Según el portal de gobierno local, la Municipalidad gastó en 2022, 150.7 millones de quetzales en plazas fijas (renglón 011) y 231.9 millones en contratos temporales.

Parte de los trabajadores que están contratados como 011 se niegan a participar porque no han recibido aumento real. Sólo un bono único por cumpleaños aprobado en el pacto colectivo vigente del 2019-2021. Si han laborado en la municipalidad por más de 10 años, reciben 6,000, pero si suman menos de diez años, son 3,000. El pacto laboral incluyó un «modulador de puestos», con esto se determinó quién recibiría aumento y por cuánto. «Hubo empleados de confianza de las autoridades que recibieron aumento de hasta 3,000. Mientras que para otros el aumento fue de 35 o 15 quetzales, eso molestó», agrega la fuente.

En el nuevo pacto colectivo firmado en diciembre pasado para el período 2022-2024 se mantuvieron las mismas condiciones que en el firmado en 2019. Sin embargo, este de nuevo no se reflejó en los empleados de la Empresa Municipal de Agua (Empagua), el ala de la municipalidad de Guatemala que más incidentes ha registrado y que deja ver más incomodidades internas.

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En 2021, Plaza Pública evidenció con videos la existencia de una caverna debajo de la Calzada Roosevelt, misma que autoridades de Empagua y la Municipalidad minimizaron, pero que luego corroboró la Coordinadora Nacional Contra la Reducción de Desastres. Finalmente la Municipalidad realizó los trabajos para sellar la oquedad. Ese mismo año fallecieron dos empleados de la empresa municipal mientras inspeccionaban el sistema de drenajes, otro reportaje de este medio reveló que operan sin el equipo mínimo necesario.

A esto se suma el descontento interno que es grande. «Entre diciembre de 2021 y enero del 2022 se despidieron a más de 200 empleados sin causa. Algunos a punto de jubilarse», explicó Francisco Cermeño, secretario de conflictos del sindicato de Empagua, Supragua. La empresa municipal tiene contratados bajo renglón 011 a 1,331 personas. Más 147 que están bajo el renglón 022. En los oficios de la Municipalidad se justifican los despidos por una reorganización.

En las entrañas del Unionismo

En 2018 el Alcalde Álvaro Arzú Irigoyen y su hijo Álvaro Arzú Escobar estaban trabajando para expulsar a la Cicig, y no estaban concentrados en la comuna. Quiñónez, quien era Concejal I, fue el designado para atender las tareas en la municipalidad. Sin embargo, la muerte de «Don Álvaro» cambió el mapa y se creó un vacío de poder.

Quiñónez quedó como el candidato del unionismo. Si la elección de 2019 hubiese sido una carrera, habría ganado por segundos. Quienes lo conocieron antes de 2018 dicen que su cambio fue radical, a pesar de que ganó la alcaldía por muy poco.

«Cuando fue electo cambió radicalmente porque pensó que era autosuficiente. Retiró a las personas que pudieran hacerle sombra y, por decirlo así, marcó distancia con el unionismo. Le dijo a Alvarito (Arzú Escobar) que ahora mandaba él», narra una persona que estuvo en la municipalidad hasta hace unos meses.

Roberto Arzú García-Granados, el otro hijo del exalcalde, asegura que recibió en su partido a parte de los purgados de la municipalidad, aunque prefirió no ahondar en si estos cuadros ocupan algún lugar importante en la agrupación Podemos que lo postulaba como candidato a la presidencia.

«Quiñónez perdió el rumbo. Despidió a la gente de Álvaro Arzú. ¡Despidió a todos! A él le gusta que le aplaudan los embajadores, ir a cócteles, que lo inviten a las bodas de estos grandes empresarios a quienes les da licencias sin trámites. Tiene cero liderazgo. Él por sí sólo no ganaría una elección, no tiene las posibilidades de ganar la siguiente elección», indicó.

Al inicio de este periodo municipal, Quiñónez tenía vientos favorables a su favor, inició el año 2020 con el respaldo del recién electo presidente. Alejandro Giammattei asistió a la toma de posesión de Quiñónez, fue el único alcalde al que apoyó desde el inicio.

El alcalde hizo una alianza con el jefe del Ejecutivo, algo que había aprendido de su antecesor.

Arzú Irigoyen había logrado un vínculo con el gobierno de Jimmy Morales (2019 a 2020) y, como parte de ese apoyo, dos integrantes del gabinete eran cuadros unionistas: el ministro de Gobernación, Enrique Degenhart y el ministro de Finanzas, Víctor Martínez.

Ese lazo con Morales que le dejó Arzú tras su muerte, y la nueva alianza con Giammattei, le permitió a Quiñónez tener autonomía frente a los fieles del fallecido alcalde. Le permitió que algunos «arzuistas» dejaran la Municipalidad y se trasladaran a un puesto en el gobierno central. Entre ellos, Augusto Romeo Ponce Barrientos, quien era alcalde auxiliar de la zona 17, ex Director de Recursos Humanos y exintegrante del Comité Ejecutivo del Partido Unionista, fue nombrado como Interventor de Ferrocarriles de Guatemala (Fegua) en los últimos meses de gobierno de Morales y se mantuvo en el puesto hasta finales del 2022.

También figura el exvocero de la Municipalidad  —y ahora candidato a alcalde— Carlos Sandoval, quien pasó a ser Secretario de Comunicación Social del gobierno de Vamos por cinco meses. Después fue trasladado como Viceministro del Deporte y la Recreación del Ministerio de Cultura, donde fue cesado cinco meses después. Sandoval ya no regresó a la Municipalidad.

Con los Arzú y sus seguidores fuera de la Municipalidad, el actual alcalde conformó su equipo.

En su círculo cercano se encuentra el vicealcalde, Victor Martínez; Alessandra Gallio Abud, concejal II; el actual secretario de la municipalidad, Héctor Leonel Flores García, quien fue concejal en el período pasado; y el concejal IV, Kevin Roberto Aldana. El último de los allegados es Pedro Licinio Ruano, actual alcalde auxiliar de la zona 14 y financista de la campaña del unionismo en 2017. Ruano es investigado en el caso Caja de Pandora. En los chats recuperados por el Ministerio Público se puede mostrar cómo estaba molesto por haber sido relegado y explicaba que se iría. Antes hablaría con Quiñónez. Casi ocho años después sigue en la Municipalidad.

Quiñónez con Zury, una decisión que no fue propia

La solvencia con la que el alcalde intenta manejar la Municipalidad termina cuando se trata del control del Partido Unionista. En esa arena sus decisiones tienen menos valor.

Integrantes del partido señalan que la unión la decidió el diputado Álvaro Arzú Escobar con su grupo de confianza: Héctor Cifuentes, ex Secretario municipal y exsecretario presidencial en el gobierno de Arzú; el ex ministro de Gobernación, Enrique Degenhart; además de los diputados Lázaro Zamora; y el asesor de la bancada Unionista, Alejandro Martínez. No todos estaban de acuerdo, Quiñónez no lo estaba, pero el control político del partido no lo tenía él. Tras la realización de la asamblea en noviembre de 2021, quedó fuera del Comité Ejecutivo Nacional y relegado a ser presidente del Consejo Político, un cargo menor.

«En el conflicto incluso se llegó a pensar en dejar fuera a Quiñónez. Sonó el nombre de Isabelita (Isabel Arzú Escobar) cómo la candidata. Pero después hubo un acuerdo con el alcalde», indicó una fuente.

Después de todo ambos estaban obligados a entenderse: Quiñónez tenía el control de la alcaldía y el presupuesto para hacer campaña, mientras los unionistas tenían el control del partido. La tregua llegó. Aunque esa unión Valor-Unionista dejó víctimas en el camino, como la renuncia del diputado Enrique Montano Méndez el mismo día que se hizo pública la alianza.  «El día de hoy presenté mi renuncia irrevocable al Partido Unionista, al único partido al que he pertenecido en mi paso por la política…», publicó en su cuenta de Twitter.

Roberto Arzú García-Granados explicó en una entrevista que algunos grandes empresarios obligaron al unionismo a entenderse entre sí y con el partido Valor.  «Les impusieron que tenían que estar juntos», dijo Arzú García-Granados.

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Un exfuncionario del gobierno de Arzú, que lo acompañó en la Municipalidad, y exmiembro del Comité Ejecutivo del unionismo, explicó que las diferencias no serán ventiladas. «Harán como que todo está bien. Si ganan la alcaldía habrá una reconciliación, si no casi seguro que habrá una separación», indicó la fuente. Que cómo otros exarzuistas prefieren guardar su anonimato.

Los mítines de Quiñónez como focos de protesta

Las redes sociales han mostrado lo que la televisión abierta, canales de cable y periódicos no mostraban: el rechazo de la población al alcalde Quiñónez.

En la zona 21 —que ha vivido una crisis por falta de agua— el alcalde fue confrontado por vecinos. Lo que sería una caminata por parte de Quiñónez y simpatizantes, terminó siendo un saludo a unos cuantos vecinos en una colonia cerrada, pues afuera había una manifestación esperando al alcalde para reprocharle la falta de agua y transporte colectivo. En los videos que circulan se escucha gritar a las personas: «No podemos aceptar autobuses viejos, pintados como nuevos. Es una burla para nosotros», o «el agua es un derecho, es un crimen negárnosla», y «viejo corrupto, corrupto», le gritaron en la cara.

En la zona 18 personas con cárteles de protesta también recriminaron al alcalde la falta de agua. «Tiene miedo porque el pueblo ya se dio cuenta que usted no sirve para Alcalde». Un grupo de vecinos en la colonia Las Ilusiones incluso se paró enfrente de buses amarillos que trasladaban a los simpatizantes de Quiñónez. «El alcalde sólo trae personas acarreadas. Fuera», gritaban los vecinos.

En la zona 7, vecinos de la colonia Tikal 3 se unieron y amenazaron con tapar las calles si no les daban solución a sus problemas. En la zona 15 pasó lo mismo. Vecinos le dieron un ultimátum para que distribuyera agua.

Las protestas tienen una implicación más allá del reclamo y los apuros provocados: son las zonas con las que debía congraciarse para garantizar su reelección. Así lo muestran los datos de las elecciones anteriores. De los 19 centros de votación instalados en la ciudad, en 2019 el unionismo perdió en cinco frente al partido Creo: Las zonas 7, 17, 18, 21 y 24, justo las que han liderado las protestas contra Quiñónez.

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El alcalde ganó en dos zonas populosas: zonas 1 y 5. Al unir esos votos con los obtenidos en zona 7, 18 y 21 (en estas cinco zonas se concentra el 52% de votos), el unionismo obtuvo 82,545 votos frente a 84,590 de Roberto González en los mismos centros electorales. Es decir, la ventaja fue mínima.

Sin embargo, las zonas que terminaron dando la victoria a Ricardo Quiñónez fueron las zonas 11, 14, 15, 16, donde el unionismo obtuvo un promedio del 50% de los votos, y el candidato de Creo no más del 30%. Ahí el actual alcalde logró obtener una diferencia de 14,009 votos, casi la totalidad de la diferencia que separó a Quiñónez de González.

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«Al analizar los datos se establece que Quiñónez logró que no le sacaran mucha ventaja en las zonas que perdió, pero sí logró obtener una ventaja significativa en cuatro zonas (11, 14, 15 y 16) donde logró el 50% de votos y Roberto González no. Esa fue la clave de la victoria del Unionismo», explicó el analista político, Ángel Ramírez. 

Las primeras lluvias de este año afectan más la popularidad de Quiñónez, las mismas han mostrado que el sistema de drenajes está colapsando de nuevo provocando inundaciones en calles y pasos a desniveles. Esto ha sido aprovechado por los contendientes a la alcaldía.

Las encuestas varían según quien las presente. Algunas dan una ventaja de 20 puntos a favor de Quiñónez sobre el segundo lugar, Roberto González, de Creo. Otras dan a González cuatro puntos sobre Quiñónez. Muy atrás aparece el exalcalde de Santa Catarina Pinula, Antonio Coro de la Unidad Nacional de la Esperanza, y el exvocero de la Municipalidad, Carlos Sandoval con el Partido Todos.

En la elección pasada el actual alcalde ganó con la menor diferencia de votos desde 1985. ¿Será posible destronar al Unionismo? Si la tendencia sigue, sólo la dispersión de votos parece que puede salvar a Quiñónez de ser el último representante de la dinastía Arzú después de 37 años.

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