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“No es posible pedir amnistía a cambio de la verdad”
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“No es posible pedir amnistía a cambio de la verdad”

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En las últimas dos décadas Marcie Mersky ha estado interesada en cómo la verdad histórica puede modificar una nación. Ha enfocado su trabajo en comprender la función de las Comisiones de Verdad, no sólo desde la recopilación de datos y testimonios, sino como un punto de equilibrio, un antes y un después, para países que, como Guatemala, han alcanzado la paz luego de un conflicto bélico. “La verdad ante todo como un derecho”, dice.

No es el sistema judicial de hace unos años. Pero aun con ello, y quizá lo más relevante de las instituciones de justicia en la actualidad, es que se pudo evidenciar hasta dónde es capaz de aguantar la independencia de jueces y magistrados

En Guatemala, tras los acuerdos de paz de 1996, Marcie Mersky fue parte del equipo de investigación de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH), respaldada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Participó en la redacción del informe final y sus conclusiones, así como la coordinación de los estudios temáticos que abordaron las causas históricas del conflicto, y la documentación de los 200 mil muertos y 40 mil desaparecidos con que se saldó la guerra.

En la actualidad Mersky se desempeña como directora de programas del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ), desde donde analiza la manera en que los informes de verdad, alrededor del mundo, pueden explicar avances y retrocesos dentro de distintos sistemas democráticos. Las fortalezas y debilidades que enfrentan los países en transición, luego de un cambio político importante, al momento de reconocer y asumir la responsabilidad de lo sucedido en sus territorios. Y cómo la verdad, los informes de esclarecimiento, a través de la memoria de los sobrevivientes, reconfigura el entendimiento de la justicia para alcanzar las condiciones esenciales de reconciliación dentro de un Estado.

En marzo pasado, Mersky visitó Guatemala para participar en un foro público sobre terrorismo de Estado y sus secuelas en víctimas y sociedad, organizado por la Comisión Internacional de Juristas, el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y la Coalición Centroamericana Democrática.

¿Cómo se gestiona una Comisión para la Verdad en un país que ha sufrido un conflicto armado?

No existe una sola ruta para salir de lo que ha dejado un conflicto. Hay un sinnúmero de caminos que se pueden utilizar. El ejemplo de Guatemala, como en otros países, es que se pudo enfrentar políticamente mediante los Acuerdos de Paz. Las dos partes —Estado y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG)— lograron negociar la manera en que se enfrentarían los años del conflicto armado. La Comisión de la Verdad en Guatemala surge dentro de esta negociación, como uno de los puntos clave. En el mundo hay otros tipos de experiencias que han servido para verificar lo que ha ocurrido, e intentar encontrar una explicación luego de un conflicto. En Sudáfrica, por ejemplo, la ruta a seguir fue a través del parlamento, que creó una ley para formar una Comisión de la Verdad. Otro camino que ha sido utilizado deviene de la experiencia peruana, cuando la entidad de verificación surge bajo el respaldo de un decreto presidencial. Estas son las vías que se han utilizado para gestionar Comisiones de Verdad: una negociada entre varias partes, otra de forma legislativa, y otra desde un poder Ejecutivo.

En el caso de Guatemala, ¿por qué se estableció una Comisión de Esclarecimiento Histórico? ¿Para qué la necesitaba la URNG y el Gobierno que negoció la paz?

Antes que nada, la verificación de los hechos fue una demanda social. No sé si el Gobierno o la URNG necesitaran, de manera primordial, una Comisión de la Verdad para enfrentar lo que había sucedido en Guatemala. Para la sociedad, sin embargo, se trataba de una verdad que había sido negada, durante años y años y años. Las secuelas marcaron y aún marcan a muchas generaciones. Durante los años del conflicto, hubo una política sistemática por parte del Estado para negar cualquier atrocidad. Se negaban las masacres, los asesinatos, los desaparecidos, todo. También en los medios de comunicación, atados por la censura, se omitía lo ocurrido en muchas partes del país y cuando reportaban hechos de violencia, casi siempre se responsabilizaba a “hombres desconocidos” para evitar mencionar a las fuerzas del Estado. Una buena parte de guatemaltecos sabía quiénes eran, cómo operaba las fuerzas de seguridad, pero el Estado negaba el funcionamiento de aparatos clandestinos. A causa de ello, y de cara a las negociaciones de los Acuerdos de Paz, la demanda social estableció que era importante buscar la verdad. Se tomó en cuenta el ejemplo de otras experiencias, como el Informe Sábato de Argentina, que investigó muchos casos con profundidad, y la mesa de negociación respondió. En esa época no había mucha probabilidad de alguna persecución judicial, y la Comisión de la Verdad se veía como un pasito hacia la justicia en contra de la impunidad. El gobierno lo aprovechó para quedar bien internacionalmente, lo vio como una forma de abrir el libro, tan solo unos momentos, para después cerrarlo. Eso sería todo.

¿Por qué las organizaciones internacionales, como la ONU, están interesadas en establecer políticas de memoria histórica en los países que han sufrido conflictos?

Lo que se reivindica a través de la ONU es el derecho a la verdad. En cuanto a políticas de memoria, en algunos documentos de la ONU se menciona, pero no hay un reglamento, o una cuestión formal de política de memoria como derecho internacional. No lo hay. Si uno vuelve sobre los principios de la lucha contra la impunidad de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, sí se menciona el derecho a recordar, el derecho inalienable a la verdad, del derecho de las víctimas a saber. Con ello se abre una puerta importante. Pero aun así, trabajar las políticas de memoria es algo que corresponde a cada país: cómo recordar, cómo enseñarlo a lo interno de la sociedad.

¿Qué utilidad tienen los informes de esclarecimiento histórico para las organizaciones internacionales?

Hay que ser claros en que las Comisiones de Verdad se hacen para los pueblos de un país, no tanto para la comunidad internacional. Se hacen con el deseo de que el pueblo tenga acceso a una verdad sobre lo que sucedió.

A lo largo del planeta, son relativamente pocas las Comisiones de Verdad que tienen el respaldo de la ONU. La vasta mayoría han sido establecidas a partir de iniciativas nacionales, desde lo parlamentario o bien desde lo presidencial, siempre con el impulso de la demanda social. Aunque haciendo honor a la verdad, muchas veces las Comisiones de la Verdad son posibles cuando hay suficiente presión internacional. No tanto una presión directa de la ONU, eso es algo que depende un poco de cada país. La constatación de la verdad se complica cuando las Comisiones de la Verdad se imponen por intereses internacionales y se hacen sin que haya demasiada demanda social. Esas iniciativas quizá no funcionan tan bien al no responder a una demanda local. Puede haber necesidad...pero en medio de otras preocupaciones, no son prioridad.

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¿Debe un informe de esclarecimiento histórico ser utilizado como prueba judicial ante una Corte?

Los procesos para que un informe de la verdad sea utilizado como prueba documental ante la justicia suelen abarcar un periodo de tiempo muy largo. En Guatemala llevó poco más de una década para que el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico pudiera ser incluido dentro de un debate como parte de una prueba documental. Sin embargo, es importante dejar claro que la Comisión de la Verdad no fue creada con el propósito de tener una repercusión dentro de un proceso judicial. Se trataba de una necesidad social por conocer lo que había ocurrido. La idea era que la sociedad se apropiara del informe. La víctimas y luego la fiscalía han solicitado, por iniciativa propia, que este tipo de informes se utilizaran como respaldo en el momento de presentar una acusación. Su evolución fue llevarlo a eso. El propósito primordial, esencial, de la Comisión era una verificación de los hechos, documentar, e intentar dar una explicación de todo lo que ocurrió durante el conflicto.En otros países, como Perú, las Comisiones de Verdad han trabajado desde un inicio con el Ministerio Público. El sentido de esta colaboración se dio, con el respaldo de una ley, para el seguimiento individual de cada caso. La Comisión de la Verdad presentaba hipótesis, sus informes y averiguaciones, todo el compendio de sus investigaciones, ante los fiscales. Fue parte de su propósito. Luego el MP podía utilizar los resultados de la Comisión para iniciar investigaciones propias, y respaldar casos ante la justicia. En Túnez, en la actualidad, tras las revueltas que lograron derrocar a Ben Alí, se ha creado una ley de Verdad y Dignidad que estableció una cámara especial de investigación de la Verdad, con un vínculo más directo para coordinar con la fiscalía. De tal manera que, dependiendo de cada país, de cada conflicto, los resultados de las Comisiones de Verdad, se han convertido en plataformas de investigación para el Ministerio Público.

¿En qué contribuyó a la CEH el informe independiente que hizo la Iglesia católica?

El informe interdiocesano para la Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi) empezó en 1995, dos años antes de que se estableciera la Comisión para el Esclarecimiento Histórico en Guatemala. En abril de 1998, el Remhi entregó su informe. La Comisión entregó un año más tarde, en febrero de 1999, el suyo. Un esfuerzo como el del Remhi es único en el mundo, no sólo por el trabajo de campo que se realizó a nivel nacional sino por el significado de su contenido. En otros países se han dado esfuerzos paralelos de verificación, no oficiales, que aportan a la verdad, pero muchas veces se enfocan en una región, o en una característica específica de los conflictos, como género. La relación de estos esfuerzos alternativos con las Comisiones de Verdad ha sido variada, y depende mucho de la calidad con que se hayan realizado para que se tomen en cuenta. Se vuelven insumos importantes para las Comisiones de la Verdad, pues siendo honestos, son muy pocos los trabajos de verificación que empiezan desde cero. Se ha aprovechado la labor previa de otras instancias, esfuerzos anteriores, sobre todo el que proviene de personas que desean aclarar lo sucedido con su pasado. En Guatemala el trabajo del Remhi fue relevante para no empezar desde la nada, pero también se utilizó lo realizado por Famdegua (Asociación de familiares detenidos y desaparecidos de Guatemala), Conavigua (Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala), Caldh (Centro para la Acción Legal en Derecho Humanos) y el GAM (Grupo de Apoyo Mutuo). Al consultar todos estos esfuerzos fue posible crear un mapa de situación durante los años de la guerra. Se logró ubicar los lugares que sufrieron mayor represión, donde fue más feroz la acción militar. Para una Comisión de la Verdad estos esfuerzos sirven de guía, en medio de un antes y un después, para profundizar sobre lo ocurrido y para que un país pueda evaluar un mejor camino en lo jurídico.

¿Es difícil buscar la verdad en una sociedad que teme hablar de lo que ha sucedido?

La verdad siempre ha partido de lo cotidiano. En Guatemala, la verdad empezó a ser recopilada por profesionales que no tenían mucha relación con el tema de Derechos Humanos. Académicos, sobre todo, que durante sus trabajos de campo a inicios de los años noventa no podían obviar lo que había sucedido. La gente del área rural lo contaba, podría ser una plática sobre el clima, sobre el maíz, no importaba demasiado el tema que llevaba a cada persona a recordar lo que había ocurrido y lo que habían sufrido en sus comunidades. Había una necesidad muy grande por contar su historia, por dejar constancia de que algo había pasado. Los sobrevivientes de las masacres, de los desplazamientos querían confirmar, cada vez que podían, que habían pasado por tanto y que a pesar de todo estaban vivos. Era tan terrible lo que cada uno había vivido que necesitaban salir de su propia incredulidad. Constatar que en efecto habían sobrevivido.

¿La publicación del informe de la verdad significó la constatación final de lo que se había vivido?

Es arriesgado decirlo. Para cada víctima sirvió de una forma distinta. Cada uno tiene un proceso diferente. Y es una cuestión muy íntima. No obstante, el día de la presentación, sucedió algo inesperado, se dio una reacción colectiva dentro del teatro nacional: el llanto. Primero unos pocos y luego se sumaron decenas; significó una forma de reparación. Era, de nuevo, una confirmación de que lo que cada uno de ellos había vivido sí había sucedido. Era verdad y por fin se reconocía. A muchos de los que aportaron sus testimonios se les había tratado desde mentirosos hasta enfermos mentales. Después de la publicación, pudo haber habido decepción en cuanto a la profundización de los casos individuales, o la prevalencia de la angustia por los desaparecidos. Aunque una Comisión tenga la responsabilidad de llegar a lo más profundo de los casos, el tiempo para presentar resultados a veces es muy corto, y los recursos también pueden ser escasos. Pero ojo, las Comisiones de la Verdad sirven sobre todo para establecer patrones, para verificar amplios esquemas en busca de explicaciones, responsabilidades institucionales más que políticas, para que cada país tenga un punto de arranque y empezar un nuevo camino.

Pero en Guatemala la muerte de 200 mil personas no es vista como una pérdida nacional. ¿Por qué?

Parte del problema, pienso, es que se privatizó el dolor. Una de las tareas más importantes de los años de posguerra, en cualquier país, es el pacto social para alcanzar la reconciliación, la mayoría de las veces se lleva a cabo desprivatizando el dolor, el sufrimiento, volviéndolo colectivo. No es posible que una nación pierda 200 mil personas y no sea capaz de tener la sensibilidad suficiente para comprenderlo todo como una pérdida social, de todos. La Comisión establecía una lupa sobre estos hechos, y sin embargo, la sociedad realmente no la reconoció como su pérdida. Esta es una de las grandes tragedias como consecuencia de la guerra: la indiferencia de una nación que perdió muchas vidas, la cantidad de intelectuales que desaparecieron, la clase política que fue asesinada, los jóvenes que murieron por la guerra, los dirigentes que desaparecieron, las comunidades que dejaron de existir en los mapas. El tejido social roto. ¿Cómo explicar que el dolor fue privatizado y no tomado como una pérdida nacional en Guatemala? Sigue siendo una deuda.

¿Por qué la Comisión de Esclarecimiento Histórico encontró “actos de genocidio” y no “genocidio” directamente?

No recuerdo muy bien cómo fue toda esa discusión. Se le ha puesto demasiada importancia a esto luego del juicio por genocidio en Guatemala. En realidad, al presentar los resultados, había una argumentación de por qué se consideraba de esta manera para Guatemala. Pero no lo recuerdo. Nunca le puse demasiada atención a ello.

¿Cómo analiza el que un país como Guatemala haya podido llevar a juicio temas como el genocidio y delitos de lesa humanidad en una corte local?

Es interesante, sin duda. A nivel global, hay cada vez más interés en que las Comisiones de Verdad tengan un efecto colateral con el cual se puedan establecer amnistías. Fue lo que sucedió en 1993 en Sudáfrica y a la fecha hay problemas con los efectos jurídicos que se establecieron. Hay que comprender que buscar la verdad se convierte en una pugna política. El establecimiento de una Comisión de la Verdad, hoy en día, está marcada por los intentos de cerrar capítulos con una amnistía. En muchos países, cuando se discute la creación de una comisión de este tipo, hay una presión muy grande por parte de los poderes establecidos para la concesión de amnistía. Aunque ha sido una intención clara, no ha sido posible en muchos países. La gente que ha sufrido no quiere olvidar sin tener esperanza de justicia. En Kenya, por ejemplo, al evaluar los datos recopilados, los testimonios, la recomendación final ha sido la de no otorgar la amnistía. En Nepal también la discusión se centró en las facultades que una Comisión de la Verdad podía tener respecto a la amnistía. Pero luego de lo ocurrido en Sudáfrica, donde la Comisión otorgó amnistía, se ha establecido que debido a los actuales convenios internacionales, eso no podía suceder. Dejar absolutamente todo en impunidad. Guatemala ha sido relevante para entenderlo. No es posible pedir amnistía a cambio de la verdad.

¿La amnistía tiene efectos sobre la verdad histórica?

El ejemplo es Sudáfrica. El pacto social fue convocar para reconstruir la verdad y quién no y quién sí se acreditaba para hablar sobre los crímenes. No habría persecución penal a menos que las personas que daban sus testimonios mintieran. El pacto fue “vienes, dices la verdad, apuntamos la verdad, reconstruimos la verdad y te damos amnistía”. La mayoría de sudafricanos que buscaron la amnistía ya tenían sentencias en firme por distintos crímenes. Estaban condenados, y cuando hablaban sólo contaban una parte de la historia, sin dar información sobre otros casos o contextos. El problema más grande se dio cuando no había manera de verificar la mentira. A la fecha no se ha perseguido a nadie penalmente por mentir, lo cual llama mucho la atención. No puede ser que en más de 20 años nadie haya mentido, o alterado la verdad, ni una sola vez, así hasta concluir todo el trabajo de recuperación de la memoria. El factor que rompió la confianza en este proceso, no es tanto la amnistía sino la falta de la acción penal sobre la mentira. Hasta el momento todo ha sido muy parcial, arbitrario. Lo cual ha dejado el tema de la reparación con demasiadas insuficiencias y sin seguimiento. Y así no hay plena confianza de parte de la sociedad sobre la verdad que ha sido contada.

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¿Hubo presiones en Guatemala para pedir amnistía a cambio de la verdad?

Yo creo que no había una medición real de las repercusiones que tendría la verificación de la verdad. Lo que se negoció aquí fue una Ley de Reconciliación Nacional , no una amnistía. A mi juicio fue lo correcto, porque además separaba el tema de la amnistía de la Comisión de Esclarecimiento Histórico. En todo caso esto fue paradigmático. Resulta muy problemático, y muy peligroso, canjear verdad a cambio de amnistía. Separarlo todo fue lo correcto.

¿Entonces se puede hablar de independencia judicial en el contexto guatemalteco?

Es un nivel muy importante. Sin embargo la justicia, como hemos visto luego del juicio por genocidio, se ha parcializado a favor de los sectores de poder. Un juicio como el de genocidio era inimaginable hace pocos años. Únicamente para las víctimas, al lado de organizaciones como Caldh, AJR, era posible dar continuidad a estos procesos. Nadie más estaba interesado a causa de la manera en que se ha individualizado el dolor. Ni la sociedad ni los gobernantes piensan en la pérdida colectiva. Sin embargo, es importante reconocer que luego de algún porcentaje de reconocimiento por parte del Estado se han dado avances. No es el sistema judicial de hace unos años. Quizás lo más relevante de las instituciones de justicia en la actualidad es quese pudo evidenciar hasta dónde es capaz de aguantar la independencia de jueces y magistrados. Los factores de la independencia plena se vieron afectados no únicamente por cuestiones ideológicas, sino también por la corrupción, la influencia del crimen organizado.

¿Ante el funcionamiento de la justicia comisiones de postulación, resoluciones escuetas de la Corte de Constitucionalidad porque hay una imposibilidad de indignarse por parte de los ciudadanos?

Yo lo entiendo como un proceso de normalización de la violencia. Y es consecuencia del temor que llega desde el terror que produjo el Estado durante buena parte del conflicto armado. Cuando hay más de 15 muertos al día la sensibilidad se va perdiendo, ya no reaccionas con la misma emoción, con la misma indignación. El dolor te va adormeciendo, y no hay reacción ante la violencia, la corrupción, la falta de independencia judicial, no queda nada más ante el sistema que la propia indiferencia. El conflicto dejó huella, cierta indolencia y apatía, sin duda. Su origen está en el profundo desconocimiento del otro, y por lo tanto: antipatía. Es una sociedad que ha ido construyendo al otro, pero quitándole su humanidad hasta desconocerlo como igual. Ni es como nosotros ni debe tener los mismos derechos. El racismo en Guatemala sigue siendo estructural.

¿Por qué la verdad no ha podido reconciliar a los guatemaltecos?

Porque la reconciliación es mucho más compleja que la verdad. La verdad es sólo uno de los elementos para alcanzar la reconciliación. Cómo reconciliarte con alguien que de ninguna manera sientes que tiene los mismos derechos que tú tienes. Una parte básica para tener una sociedad reconciliada es tenerla construida con igualdad, al menos en los mismos derechos y ante la ley. Pero eso no ocurre y se vulnera la solidaridad entre todos. Sin eso la reconciliación es muy difícil y lo que hay es una simple aceptación del estado de las cosas o una imposición de una paz sin reconciliación.

No sabemos cuán profunda pueda ser la verdad para la reconciliación. Pero la verdad ayuda. En Sudáfrica, pese a todo, se dio una concientización de la comunidad blanca en torno al sufrimiento de la comunidad negra. Se entendieron las terribles violaciones. Se logró una mayor aceptación de la población poderosa sobre el daño que se había hecho a los sin poder. Aquí no ha sucedido. La aceptación del daño hecho es una parte importante para reconciliar, y reconocer el daño es tener consciencia de que sí ocurrió, que nadie se ha inventado la verdad de este país.

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La reconciliación es mucho más compleja que la verdad. La verdad es sólo uno de los elemento para alcanzar la reconciliación. Cómo reconciliarte con alguien que, de ninguna manera, sientes que tiene los mismos derechos que tú tienes. Una parte básica para tener una sociedad reconciliada es tenerla construida con igualdad, al menos en los mismos derechos y ante la ley.
El gobierno aprovechó la Comisión de Esclarecimiento Histórico para quedar bien internacionalmente.
Las Comisiones de Verdad se hacen para los pueblos, no tanto para la comunidad internacional