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Los pasos para robar (una historia)

Un buen ladrón tampoco debe llenar sus bolsas de todo lo que está a su alcance. Debe escoger cuidadosamente qué llevarse y qué dejar tirado, aunque haya trabajado mucho para conseguirlo.
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Los pasos para robar (una historia)

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Juan Pablo Meneses se encuentra viajando por el mundo. A pesar de eso tiene una oficina: oficinaportatil@gmail.com, y fundó una institución educativa: la Escuela Móvil de Periodismo Portátil. En breve, es un periodista portátil. Y, según él, los ladrones son los mejores para distinguir lo que es portátil de aquello que no lo es.

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Y eso es lo que Meneses piensa que debe de ser un cronista: un asaltante de bancos, desvalijador de cajas fuertes o ladrón de piezas de museo. Todo un caco. “El cronista debe buscar eso mismo: quedarse para sí con un valioso botín.” Estos y más consejos del arte de robar, los comparte en Un día con Juan Pablo Meneses, el resumen de un taller de escritura que impartió el 1 de marzo del 2006, en el marco del  Congreso de Periodismo Digital en Huesca, España. Dicho resumen será una grata experiencia para todo aquel que quiera nutrirse de la experiencia de un escritor consolidado, cuyas crónicas aparecen en medios como Clarín (Argentina), SoHo (Colombia), El Mercurio (Chile), y Etiqueta Negra (Perú).

Sus breves capítulos conforman la guía para completar el crimen o, más bien, para escribir no-ficción.  El autor da a conocer una lista de los elementos necesarios para dar el gran golpe: información (la útil y la basura), conocimiento del escenario y la capacidad de buscar soluciones. También indica que para una buena ejecución se requiere paciencia, desarrollar la capacidad de atender a los detalles y el apoyo de cómplices idóneos e imprescindibles, como los editores.

La elección cuidadosa del punto de partida distingue a un buen ladrón del mediocre. El periodista portátil considera “que la crónica se juega la vida desde la primera frase”. A manera de ejemplo, expone los lugares que él eligió como entrada para sus trabajos periodísticos.

Una vez le asignaron asistir a una carrera de Fórmula Uno, en la que posiblemente se coronaría campeón el español Fernando Alonzo. Más allá de la noticia de su victoria, le encomendaron mostrar el interior del evento. Meneses -en vez de entrevistar al claro favorito- escogió al peor corredor de la temporada y escribió: “en ese entorno, triunfalista y competitivo como pocos, hay corredores que se mueven sin recibir casi ninguna atención. Y hay un piloto, el holandés Robert Doornbos, el peor corredor de la temporada, al que le hacen tan pocas entrevistas que su propia encargada de prensa te pregunta si es cierto que quieres hablar con él.”

Un buen ladrón tampoco debe llenar sus bolsas de todo lo que está a su alcance. Debe escoger cuidadosamente qué llevarse y qué dejar tirado, aunque haya trabajado mucho para conseguirlo.

Una vez adentro y con el botín elegido comienza el segmento más vulnerable de la misión: salir sin problema. “Un trabajo limpio es cuando no se nota que hubo trabajo. A nadie, salvo a los ingenieros, les interesará un puente construido laboriosamente y con metales nobles, pero que no conduce a ninguna parte. Con la crónica  es  igual. De haber logrado dar con esa  esencia, sin que el resto se diera cuenta. De haber tocado una fibra nueva, en el cuerpo que muchos pasaron antes”, comenta el escritor.

Lejos ya del robo, Juan Pablo Meneses sugiere a los escritores luchar contra  los prejuicios que cubren el lugar hacia donde se va a hacer un trabajo. Acepta que es difícil, pero es fundamental para que la historia no sea un resumen de clichés.

En el recetario, o narración del taller, se asegura que es necesario también buscar la familiaridad y la cercanía para el lector. Ingredientes universales que más que hacer al lector sentirse cómodo, le inviten a hacerse preguntas, algo que se agradece siempre.

A manera de despedida, el periodista portátil responde la pregunta que muchos le han hecho: ¿Conviene ser freelance?  “Siempre, irremediablemente (…) digo claramente que no. No conviene, amigo. Y lo digo seriamente”. No lo dice con temor a la competencia, sino porque entiende que “el periodismo narrativo no tiene muchas gracias. Sin embargo, para quienes lo practicamos, tiene dos características muy importantes y que entran en una sola frase: te ayuda a ver el mundo de otra forma y puede cambiarte la vida”. A Meneses el periodismo narrativo le cambió la vida: lo hizo portátil.

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