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Las marchas que deberían mover nuestras acciones
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Opinión

Las marchas que deberían mover nuestras acciones

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Hace apenas unas semanas la noticia de una marcha de campesinos que llegaba a la Ciudad de Guatemala a presentar una serie de demandas llenaba los espacios de muchas redes sociales.

Ahora, luego de una Semana Santa que cada quien dedica a lo suyo y de tantos eventos, noticias y aconteceres que ocupan nuestros días, tal pareciera que el olvido llega demasiado pronto, y que lo que en algún momento nos movió a la solidaridad, ahora ocupa solamente un pequeño espacio en nuestra memoria y en la de nuestra computadora.

¿Qué hacer para sostener por tiempos más largos el momentum, la energía y el compromiso de eventos como esta marcha, que no es sino parte de una serie de problemáticas humanas más amplias y profundas en Guatemala? ¿Qué hacer contra el olvido? Cada mañana leo sobrecogida los recuentos cotidianos que Raúl Figueroa Sarti hace de nuestro pasado reciente durante el conflicto armado, un recuento diario que hace que cada día me pregunte cómo todo esto fue posible, y cómo los guatemaltecos dejamos que pasara. Pero sobre todo, cómo podemos todavía seguir como si nada.

Leo las noticias que mis amigos publican en sus páginas de Facebook, en sus blogs y en otros medios. Leo los artículos de publicaciones nacionales y extranjeras y admiro la valentía de muchos que no se dejan intimidar por las posibles consecuencias. A veces son denuncias, otras son comentarios personales o investigaciones, la mayoría hechas con una indignación que viene de muy hondo y que inmediatamente nos mueve a la solidaridad. ¿Pero acaso nos estamos acostumbrando a una solidaridad mediática que pocas veces se traduce en acciones concretas?

¿Cómo lograr que los discursos pasen a ser algo más? ¿Cómo hacer que estas participaciones individuales —en la mayor parte de los casos— se conviertan en un tejido ideológico con la suficiente solidez como para ir más allá de la provocación a la reflexión? ¿Cómo lograr las movilizaciones sociales que nos curen de una vez por todas de la resignación? Una marcha de campesinos como la que acabamos de ver debió haberse convertido en algo más, debimos haberla convertido en una llamada de atención masiva, para que luego las demandas presentadas no fueran sencillamente recibidas diplomáticamente por el gobierno y nada más. ¿En qué momento regresaron los campesinos a sus hogares que no nos dimos cuenta? Fue una larga caminata hacia la Ciudad de Guatemala y seguramente el retorno fue tan arduo como la llegada. Pocos medios de comunicación social cubrieron este evento con la seriedad que merecía, y es que nos hemos acostumbrado a fabricar y a recibir las noticias de sucesos como estos como si se tratara de hechos desconectados, sin historia, sin continuidad.

Estamos hechos de discurso. Somos lenguaje. Pero esto no nos llevará demasiado lejos en este momento en un país como Guatemala, y en una condición global como la actual. Ya no tenemos excusas para no enterarnos, pues los medios sociales —sobre todo los electrónicos— traen a nosotros los hechos que suceden en los espacios más recónditos. Y sin embargo, nos rodea la banalidad, y al parecer, al final es lo que se sobrepone a nuestros discursos y los archiva en la memoria.

Estamos hechos de discurso. Somos lenguaje. Pero esto no nos llevará demasiado lejos en este momento en un país como Guatemala, y en una condición global como la actual.
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