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La élite económica de Guatemala, entre las más acaparadoras de América Latina

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La élite económica de Guatemala, entre las más acaparadoras de América Latina

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¿Es la guatemalteca una élite “rapaz” o está el sistema diseñado para beneficiarla? ¿O ambas? Las respuestas a esas preguntas es motivo de discusión. De lo que hay pocas dudas es de que se trata de una de las élites económicas más acaparadoras de la región centroamericana. Y de América Latina. Los datos lo respaldan.

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La élite económica guatemalteca es la más acaparadora de riqueza de las cuatro que se examinan en un estudio sobre desigualdad encargado por Plaza Pública, y aparece en los primeros puestos de la lista de América Latina, según otra investigación de la Universidad de La Plata (Argentina). 

Plaza Pública encomendó al economista guatemalteco Maynor Cabrera realizar un estudio para calcular la desigualdad de Guatemala, mediante la tasa de extracción, una medición alternativa de la desigualdad planteada por el exjefe de investigación del Banco Mundial, Branko Milanovic. El trabajo de Cabrera se titula “Estimación de la tasa de extracción como una medición alternativa de la desigualdad en Guatemala, El Salvador, Costa Rica y República Dominicana”.

El resultado: Los indicadores de Guatemala son los más elevados.

Milanovic, el principal creador de esta metodología para medir la desigualdad que el semanario liberal The Economist describió como “más informativa que los coeficientes de Gini”, es claro en la manera de interpretarla: “Cuando una sociedad se encuentra cerca de la máxima desigualdad posible [tasa de extracción alta], entonces la conclusión ha de ser que la élite es muy rapaz y explotadora, capaz, por fuerza o artimaña, de apoderarse del excedente completo”, dice en su libro Los que tienen y los que no tienen. “Si la desigualdad real se encuentra lejos de la máxima posible, entonces la élite es moderada, o se le ha impedido extraer una mayor parte del excedente”. (Traducción de Plaza Pública).

Siguiendo a Milanovic, se diría que Guatemala tiene el sistema mejor diseñado para que unos pocos acaparen o la élite más “rapaz” de los cuatro países estudiados: Guatemala, República Dominicana, El Salvador y Costa Rica.

Cabrera seleccionó esos cuatro países por la calidad y la comparabilidad de los datos, aunque distan de ser perfectos. Sus resultados coinciden con los de “La frontera de posibilidades de desigualdad en América Latina”, otra investigación que desarrollaron en 2017 Joaquín Serrano e Ivana Benzaquén, de la Universidad de la Plata, a partir de los métodos de Milanovic. Según sus cifras, la tasa de extracción de la élite guatemalteca es solo comparable con la de Honduras. El estudio de Serrano y Benzaquén concluye con una observación añadida: cuanto más excedente acapara la élite, más conflictividad e inestabilidad política hay en los países. Lo mismo sostiene una investigación de Milanovic: hay una relación significativa entre tasas de extracción altas y guerras civiles.

La tasa de extracción es una cifra que muestra qué parte del excedente de una economía es acaparado por la élite. El excedente es lo que sobra después de que se haya repartido lo necesario para que toda población sobreviva.

Cabrera estudió la evolución de la desigualdad de los cuatro países entre 1990 y 2014. “Guatemala —sostiene— es un país en el que los indicadores de desigualdad se han modificado poco en las últimas dos décadas. Ha habido algunas mejoras, pero pequeñas si se compara con países de la región”.

¿Y cómo está la región? Costa Rica tiene un coeficiente Gini similar (el Gini es la forma más común de medir la desigualdad), pero una élite menos acaparadora y niveles de pobreza más bajos: 30 %, frente al 50 % de Guatemala). República Dominicana cuenta con menor grado de desigualdad (Gini) y una élite menos acaparadora, y El Salvador muestra cifras más favorables para todos los indicadores.

Nuestros vecinos estudiados están mejor, y esas mejoras sí son sensibles para la población.

Juan Carlos Zapata, director ejecutivo de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa), el tanque de pensamiento de los empresarios organizados, por medio de un correo electrónico dijo que entiende la argumentación de Milanovic, pero no la comparte: “Hay estudios de los doctores Ricardo Hausmann, Daron Acemoglu y James A. Robinson, que demuestran que lo importante en un país como Guatemala es generar mayor crecimiento económico y que esto se logra si se fortalecen las instituciones, así como si existe un enfoque en aquello que limita dicho crecimiento. Reducir la desnutrición crónica infantil, mejorar la educación, reducir la inseguridad y fortalecer la institucionalidad pública para reducir la corrupción es lo que ayudará a un país como Guatemala a generar crecimiento económico, capaz de reducir la pobreza”, señaló.

Esta interpretación, sin embargo, no se separa de las posibilidades que Milanovic tiene en cuenta, por dos motivos. En primer lugar, porque la explicación del exjefe de investigación del Banco Mundial apunta tanto a la voracidad de la élite como a la manera en que se diseñaron las instituciones político-económicas y a quién benefician. En segundo, porque la desigualdad máxima posible de una economía grande es más alta que la de una economía pequeña, pero que la desigualdad posible sea más alta no quiere decir que la real sea más alta. Por ejemplo, Costa Rica tiene una desigualdad máxima más alta que Guatemala, pero una desigualdad real más baja, porque su élite acapara mucho menos.

El economista Samuel Pérez Attias, especializado en el estudio de la desigualdad, señala también cómo se han construido las instituciones político-económicas para explicar estos hallazgos: “Lo que se observa de los resultados del estudio es producto de un estado colonialista en lo político, racista y excluyente en lo social; y extractivista, oligopólico y mercantilista en lo económico”. Además”, agrega, “de la débil institucionalidad, el secuestro de la democracia, la constante captura del Estado y cooptación de las instituciones hace que no sea una cuestión de la ‘élite’ sino de una serie de relaciones y condiciones”.

Maynor Cabrera, el autor del estudio de Plaza Pública, también ve con cierto recelo la idea de que las élites guatemaltecas sean más “rapaces” (“la búsqueda de ganancias mueve las decisiones económicas. Eso sucede en cualquier país del mundo”, señala) y busca la explicación en las instituciones político-económicas: “El esquema actual no permite incursión de nuevos actores económicos y la elite mantiene su poder. Sin embargo, como eso no genera un dinamismo económico, la extracción de rentas y defensa de cuotas de poder debe hacerse a través de proteger el mercado, no en ampliarlo. Los mecanismos de influencia política son importantes para ganar más cuota de mercado o bien para no perder la que ya se tiene”.

La influencia en las instituciones y las políticas públicas de la élite económica de Guatemala es indiscutible.

A principios de 2018, una investigación de Plaza Pública reveló que “el sector empresarial organizado de Guatemala tiene influencia real en las decisiones de Estado sobre aquellos asuntos que son de su interés. Con el apoyo del poder político (Congreso y Ejecutivo) ha asegurado ocupar una silla, con voz y voto, en al menos 58 juntas directivas, comisiones y comités de diferentes rangos en instituciones estatales que les permiten darle forma al sistema de reglas y normas que rigen multitud de transacciones y decisiones, además de acceder de manera urgente o privilegiada a información. Leyes, acuerdos y reglamentos aprobados por el Congreso, la Presidencia de la República o los Ministerios, legalizan la participación del Cacif o las cámaras empresariales en las instancias en las que se diseñan las políticas públicas del país”.

En La política de las políticas públicas, un informe publicado en 2006 por el Banco Interamericano de Desarrollo y la Universidad de Harvard, se indicó que "el sector empresarial influye en la formulación de políticas en toda América Latina, pero en ningún lugar tanto como en Guatemala. […] La capacidad de las empresas guatemaltecas para influir en el PFP (proceso de formulación de políticas) se debe a que es el sector mejor organizado del país y lo ha sido desde la época de la colonia, cuando el poder estaba en manos de los grandes terratenientes y comerciantes".

Ese año, 2006, fue precisamente el año en que las mediciones registraron la primera bajada de la tasa de extracción guatemalteca de las tenidas en cuenta en el estudio. El punto más alto fue en el año 2000, al principio del gobierno del presidente Alfonso Portillo Cabrera.

Sandy Revolorio

Estos resultados de Guatemala tienen algo de rareza en el contexto regional. Según Serrano y Bezaquén, en la década del 2000 “la mayoría de los países experimentó una considerable disminución de la tasa de extracción, a excepción de Guatemala (donde parece haber aumentado), Costa Rica, República Dominicana y México (donde el cambio no fue significativo)”. Los cálculos de Cabrera si muestran cierta reducción, pero coinciden en que Guatemala es uno de los países con las élites más acaparadoras.

La tasa de extracción en copas

Una analogía común para entender la tasa de extracción: Primer cuadro: una pirámide de copas, tres en la base, dos en el medio y una sola en la cima. El contenido de una botella de vino se vierte en la copa de arriba hasta derramarse y llenar primero las dos que la sostienen y estas las tres de la base. Una manera gráfica de ilustrar la teoría del rebalse como solía explicarla Simon Kuznets, el Premio Nobel de Economía (1971). Eso en un mundo ideal.

¿Qué pasa en la vida real? Sigamos con la misma alegoría: hay tres cuadros con la misma imagen, en el primero, la copa en la cima se hace grande; en el segundo más grande y en el tercero todavía más grande hasta capturar la mayor parte del contenido de la botella. Esa copa grande es la captura de los excedentes del proceso productivo (las ganancias) que realiza la élite económica, y las copas de abajo son el resto de la población, que recibiría apenas el mínimo (los salarios) para saciar su sed. Si se compara esa situación con la desigualdad actual, o sea, qué tan cerca está la desigualdad de una situación de inequidad máxima. Y eso ilustra la tasa de extracción.

Sandy Revolorio

La tasa de extracción es una herramienta que Milanovic ha utilizado para hacer análisis históricos de la desigualdad y comparar la actualidad con tiempos coloniales, pero también para explorarla en conflictos civiles posteriores a 1960. Con ello ha demostrado que, aunque la desigualdad medida por el Gini ha crecido desde entonces, las élites coloniales eran más acaparadoras que las actuales en países como Kenia, India o Nueva España, por ejemplo, en donde llevaron “el arte de la explotación”, como dice el economista, a sus límites.

Dado que no encontró registros fiables más antiguos, Cabrera analizó un cuarto de siglo y notó que no ha habido grandes cambios en los países estudiados: se mantienen semejantes tanto los niveles de desigualdad como la tasa de extracción. Algunas economías han tenido mejoras sensibles, pero no es el caso de Guatemala.

“En el año 1990 el ingreso per cápita de Guatemala, El Salvador y República Dominicana era muy similar y se situaba por debajo del de Costa Rica. Para el año 2017 ha habido cambios importantes: mientras el Producto Interno Bruto per cápita de Guatemala y El Salvador se multiplicaba por 2.5 durante esos 17 años, el de Costa Rica se multiplicó por 3.3 y el de República Dominicana lo hizo por 4.5”, recoge el estudio. Es decir, las economías de Costa Rica y República Dominicana se expandieron de forma acelerada. Guatemala y El Salvador, no.  

La economía nacional careció de dinamismo.

Aunque no se encontraron estudios que midan la innovación en Guatemala, algunos indicadores confirman lo que Cabrera sugiere. El Global Entrepreneurship Monitor señala Pérez Attias, indica que la mayoría de los nuevos emprendimientos utilizan fondos propios o fondos de familiares, lo que sugiere el riesgo o falta de acceso a financiamiento formal. “No creo que la innovación per sé esté vulnerada, sin embargo, las barreras para aplicar esa innovación son grandes, lo que puede sugerir un obstáculo a la misma”, explica Pérez Attias. El economista cree que existen algunas estructuras en materia fiscal y legislación que favorecen a algunas industrias en detrimento de otras emergentes, como aranceles proteccionistas. “Ventajas competitivas creadas, así como institucionales implican dificultades a las Pymes (pequeñas y medianas empresas) para competir. El contexto institucional en el que se desenvuelve la economía, ha permitido la captura del Estado (por parte de la élite económica tradicional), y sus prácticas mercantiles impiden el surgimiento de nuevos mercados”, remata.

Benedicte Bull, profesora de la Universidad de Oslo que se especializa en desigualdad, élites y desarrollo en América Latina, publicó un artículo en Plaza Pública titulado “¿Quién gobierna? (y ¿cómo?)”, en el que asegura que “los grandes grupos multisectoriales que ya dominan en Centroamérica son menos innovadores que empresas individuales. El descubrimiento contradice los resultados de otras partes del mundo donde los grupos multisectoriales son más innovadores. La explicación que encontramos nosotros es que aquí los grandes grupos diversifican en vez de innovar: invierten en nuevos sectores que prometen ganancias rápidas en vez de invertir con fuerza para crecer en un sector”.

Según Cabrera, “Guatemala encaja con el cuadro de bajo crecimiento económico y poca innovación, que motiva más a la búsqueda de rentas por todo tipo de grupos, las ‘elites’ no serían la excepción y obviamente son las que más tienen que perder”.

Una medición ¿para todos?

La tasa de extracción propuesta por Milanovic es un enfoque de análisis que trasciende el coeficiente Gini, una medida muy utilizada para medir la desigualdad sobre todo variables monetarias tales como acceso a los ingresos, al consumo.

Gustavo Arriola Quan, coordinador del Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, conoce bien de estas mediciones. Ve con buenos ojos la discusión alrededor del tema, pero tiene un reparo con esta modalidad. Lo que Milanovic hace son comparaciones de la desigualdad tomando en cuenta el desempeño de la economía, lo cual funciona en países con muy alto desempeño económico. Y Guatemala no se encuentra entre esos países.

“La crítica que nosotros hacemos es que la desigualdad de los ingresos no alcanza para explicar las múltiples facetas de la desigualdad que hay en países como Guatemala donde es necesario medir la pobreza y la desigualdad multidimensional. Es necesario medir otros muchos factores: acceso a la tierra, a la educación, al poder político… la participación del salario en el ingreso nacional ha llegado a poco menos del 30 %”, enumera.

Esto último se confirma en el estudio Prosperidad, ¿en el atasco?, de Fernando Valdez Gordillo, investigador de la Universidad Rafael Landívar. Entre 2001 y 2012 el porcentaje del PIB que va a los rentistas aumentó de 38.2 % a 41.4 %. La situación no ha sido la misma que para los trabajadores, el salario se redujo en esa década: del 33.4 % al 30 %, pese a que hubo un ligero incremento de 0.2 puntos porcentuales en 2009, y un incremento adicional de 0.1 % se registró en 2012. 

La tasa de extracción, pues, para medir la desigual en Guatemala es como una talla pequeña de zapatos. Se queda corta. La desigualdad de los ingresos no alcanza para explicar las múltiples facetas de la desigualdad.

Si se tienen en cuenta los niveles de concentración de la tierra, de poder político, y acceso a la educación de calidad, es probable que los niveles de desigualdad sean incluso mayores de los registrados hasta ahora. De hecho, el país tampoco sale bien librado de esa medición, el coeficiente de Gini para la distribución de la tierra es el más alto de Centroamérica (0.84) y Costa Rica tiene el más bajo (0.67), recoge el estudio “Desterrados: tierra, poder y desigualdad en América Latina”, de Oxfam.

“Puede ser un ejercicio muy útil para fines académicos o ejercicios econométricos, pero para medir la desigualdad hay que ir mucho más allá, el enfoque de la tasa de extracción es solo una aplicación del coeficiente de Gini”, añade Arriola.

El economista Pérez Attias no echa en saco roto el concepto de máxima desigualdad potencial (del que se deriva la tasa de extracción), al considerarlo una herramienta de análisis innovadora que permite hacer lecturas de la desigualdad desde otra perspectiva: la de qué medida del excedente acaparan las élites.

En estos días, el Gobierno de Guatemala prepara, con asesoría de la inglesa Universidad de Oxford, un primer informe sobre pobreza multidimensional, pero de momento no ha integrado el abordaje de la reducción de las desigualdades en su agenda política. Este es un buen año para revisar los programas de gobierno, sobre todo porque está en la hoja de ruta de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas.

 

Puedes descargar aquí la metodología del estudio y los resultados completos de la investigación.
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