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Estudio de Cepal: Las élites de Guatemala sostienen un modelo con poca tecnología y bajo nivel de mano de obra

(...) esta concentración de poder económico que se traduce también en gran influencia política.
Para Guatemala es sumamente importante pensar en su estrategia de inversión extranjera directa, pensar en cómo atraer la inversión de la diáspora en Guatemala.
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Estudio de Cepal: Las élites de Guatemala sostienen un modelo con poca tecnología y bajo nivel de mano de obra

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Frente a la crisis buscaron un lugar seguro, o más bien cómodo, innovar con tecnología no fue prioridad, mejorar la calidad de la mano de obra tampoco. Esta, entre otras, es una de las conclusiones a las que llega este estudio que analiza el comportamiento histórico de las élites en Guatemala y la región. En esta entrevista realizada a Hugo Beteta, director la sede subregional de Cepal en México, retrata las ventajas económicas que ha tenido Centroamérica, el papel que jugaron los grupos de poder para generar riqueza entre 1950 y 2018, y cuáles podrían ser las oportunidades creadas por las remesas.

El estudio «Patrones de desarrollo económico en los seis países de Centroamérica» elaborado por Cepal es, en palabras del entrevistado: «Un libro que no debe cerrar un debate, sino abrirlo para los jóvenes».

Beteta, a cargo de la sede subregional de Cepal para México y Centroamérica, presenta el estudio como un análisis de las luces y sombras de la región. Para lograrlo elaboraron un análisis histórico que inicia con el contraste de tres variables: los cambios en el Producto Interno Bruto (PIB) y la inversión; la transformación estructural; y la variación de la productividad laboral «con el propósito de aprender de la historia para construir un futuro con Estados que promuevan activamente el bienestar de toda su población», se lee en el documento.

El estudio repasa la región entre 1950 y 2018, y cómo las crisis afectaron a cada país. A nivel de bloque destaca, por ejemplo, que la integración centroamericana es un referente para América Latina y que en el continente no hay procesos tan consolidados como este.

En el capítulo de Guatemala, el estudio destaca que es uno de los países más diversificados en cuanto a la cantidad de productos de exportación, tanto como Brasil o México. No obstante, señala la contradicción que esto produjo, pues esta amplia gama de opciones no se reflejó en la productividad laboral, en el aumento de inversión en tecnología, innovación y tampoco incrementaron los salarios, incluso cuando las rentas marcaron un pico.

La línea del tiempo en el estudio para Guatemala está dividida en tres bloques: de 1951 a 1979, con un crecimiento relativamente rápido donde diversificaron las actividades, aunque solo dentro del tipo agrícola y sin mayor industrialización; de 1980 a 1986 marcado por el auge de una guerra que hizo decaer el PIB y las inversiones; y de 1987 a 2017 caracterizado por un modelo que mezcló el crecimiento de los servicios básicos, diversificó la moderada agricultura, y surgió un modelo industrial de maquila.

Cada cambio de época fue marcado por una crisis que obligó a las élites a reajustar sus mecanismos de producción o a re-enfocarlos, pero en cada una, la solución —acompañada por su fuerte influencia sobre las decisiones de Estado— fue guiada y adaptada por este mismo grupo empresarial, sin que esta tuviera un importante reflejo en salud, educación o innovación del país.

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A lo largo de estos 70 años, Guatemala pasó de los productos como café y banano, a producir algodón y azúcar, para luego llegar a las maquilas. Los tres grupos comparten en común que en los nuevos pueden replicar mucho del conocimiento adquirido en el anterior (know how); dependen de mano de obra de baja calificación; y no era arriesgado incursionar en ese campo. La inversión en tecnología y la capacitación de la mano de obra para operar quedó a un lado.

El capítulo concluye dibujando tres escenarios para el futuro de Guatemala: en el primero, nada cambia y todo sigue igual; en el segundo, hay una reforma, pero esta es cooptada, probablemente empujada por Estados Unidos pero es dialogada y ejecutada por la élite del país; y el tercero, explota una vulnerabilidad sistémica tan grande que obliga a la élite —esta vez sí— a negociar un nuevo sistema de producción.

Tras finalizada la presentación del libro, Beteta conversó con Plaza Pública para ahondar en las conclusiones finales y los hallazgos de Guatemala. Este es un resumen de sus comentarios.

En el apartado de Guatemala, el libro retrata el estancamiento del desarrollo, ¿podría considerarse que este es un capítulo de «por qué fracasan los países» para Centroamérica?

No se puede catalogar un fracaso.

El sistema de integración más avanzado que existe en América Latina es el centroamericano. Por ejemplo, el sistema de integración eléctrico centroamericano es único en el mundo. Tal vez a nivel de la parte política siempre ha tenido muchas complicaciones, pero cuando uno va a trabajar con las entidades de integración sectorial, hay muchos ejemplos de cosas que han avanzado en materia aduanera, salud. No digamos en temas fiscales y de integración económica, entonces hay mucho de un andamiaje que tal vez no es tan visible.

Si es una de las mejores integraciones de la región; si Guatemala y El Salvador tiene las exportaciones más variadas; si en los 50s se demuestra que Guatemala generó un PIB bastante alto, ¿por qué estas grandes ventajas no se reflejaron en el nivel de vida actual?

Una explicación que sale con fuerza en los países del norte de Centroamérica, pero también en Nicaragua, es el análisis de los grupos empresariales familiares con gran peso económico y políticos, o sea, esta concentración de poder económico que se traduce también en gran influencia política.

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Cuando se empiezan a dar los cambios en la inversión extranjera, en la inserción internacional de Centroamérica, estos grupos interactúan con las grandes transnacionales. Lo hacen como socios, pero al final uno de los patrones que se ve con claridad en el caso de Guatemala, es que regresan a ocupar nichos con bajos niveles de competencia. De hecho, en la presentación se mencionó que en Guatemala no hay una Ley de Competencia, ni siquiera una institucionalidad de regulación de la competencia, como sí lo existen en otros países en Centroamérica.

Muchas veces eran nichos donde no solo funcionaba el Know How, sino el Know Who, es decir, influencias. A la vez sale el tema de la distribución funcional del ingreso, donde esta conexión entre el poder político y el económico al final inclina la cancha y hace que la distribución de los ingresos de capital siga creciendo. Al mismo tiempo se achata la distribución de ingresos que van los salarios y también la que va a los impuestos.

¿Qué pasa cuando el excedente recorta la participación de los ingresos salariales?

Hay un menor mercado interno en cada país, hay conflictividad por supuesto. Inclusive se va a mencionar que podía amenazar el propio nivel de subsistencia de las familias y eso induce masivos flujos de movilidad humana fuera de la región.

El estudio refiere constantemente el capitalismo jerárquico consolidado, ¿qué facilitó que fuera implementado en Guatemala o, visto de otra forma, por qué no hubo un freno?

Es un proceso gradual que de hecho se origina desde los 50s. En Guatemala yo creo que tuvo que ver con los niveles de inversión que han sido especialmente bajos con el resto de la región, y en parte porque son procesos de diversificación económica en un contexto de aversión de riesgo hacia actividades con muy poca innovación.

También no ha habido inversiones fuertes en investigación y desarrollo para dar saltos cualitativos, ni en lo público ni en lo privado.

Con frecuencia se habla también del tipo de influencia que tienen el sector privado organizado, pero no se habla de la muy pobre calidad del quehacer político y de la administración pública, que eso se ha ido perdiendo.

Cuando uno ve el índice de diversificación y complejidad económica de Harvard, en el caso de Guatemala la diversificación de la canasta exportadora de Guatemala es la más variada de América Latina, de hecho, es comparable con la Brasil y México, es mayor que la de Chile con gran diversificación, pero con un bajísimo nivel de sofisticación tecnológica y que no requería mano de obra altamente calificada.

Ese no requerir mano de obra altamente calificada inmediatamente quita el impulso del lado económico para una mejora en la calidad y cobertura de educación, una mejora en la calidad de la salud. De hecho, en los casos de los que necesita se prefiere mercantilizar, hay algunos centros de excelencia o de salud para que ayuden a sus cuadros gerenciales, pero la verdad que fue un gran esfuerzo diversificador y esa es una de las luces: llegó a ser más diversificado que Chile y comparable con México y Brasil, pero no con productos altamente especializadas que se quieren inversión en ciencia y tecnología y mano de obra cada vez más calificada, sino que con poca sofisticación.

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¿Por qué las élites apostaron por este modelo que requería bajo nivel de mano de obra, y no promovieron la tecnología, cuando esto hubiera podido traer mejor transformación de los productos, valor agregado y más rentas?

La explicación del libro es que es una estrategia, no para expansión internacional, sino para reducir riesgos e inestabilidad ante las vulnerabilidades políticas. El cambio tecnológico que experimentó Corea, por ejemplo, fue un proceso continuo y, desde 1960, tuvo un fuerte liderazgo estatal, pero también tuvo empresas fuertes.

No era un cambio tecnológico para reducir riesgos e inestabilidad ante vulnerabilidades sistémicas de las empresas, si no era una estrategia de desarrollo. En cambio, aquí lo que se vio que es que era episódico, y eran dos: enfrentar restricciones externas, y enfrentar conflictividad sociopolítica, pero solo en el grado que llegaba a amenazar la persistencia de los privilegios de las élites. Cuando eso se veía amenazado el escenario cambiaba y se abrían algunos cambios, pero eran cambios dentro del mismo ecosistema.

Por eso es que en los períodos en realidad, cuando el primer ciclo global abarca de 1950 a 1979, son casi 30 años, es una generación completa. El otro que va del 87 a 2017, ya vamos para dos generaciones y básicamente con la opción de reducir riesgos e inestabilidad ante vulnerabilidades externas y conflictividad interna. Pero una vez eso se estabiliza, se entra a un período en el cual la élite empresarial retoma un grado de control político y económico similar al que existían en etapas anteriores, pero no hay una apertura a propuestas ambiciosas de desarrollo.

Las crisis de energéticos y de energías que se vienen de repente pueden crear condiciones similares para buscar un nuevo curso de desarrollo en Guatemala. Es un escenario que se podría dar para marcar un cambio de época, podríamos debilitar las bases del capitalismo jerárquico en Guatemala y forjar un modelo de desarrollo más incluyente, con potencial de mayor crecimiento de la inversión de la economía y de productividad laboral para subir siempre las bases de un estado de bienestar de corte universalista en la línea de lo que Costa Rica logró construir en el pasado.

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Si hablamos de reacomodos cada vez que inicia una crisis, ¿las remesas podrían crear una reestructura dentro del sistema para permitir que una parte de la población ya no dependa de los sueldos bajos? O, por el contrario, ¿solamente permite un desfogue constante que llega a ser como un soporte y evita que estas vulnerabilidades crezcan?

Es un fenómeno complejo y tiene un poco de todo.

Si se aprecia el tipo de cambio eso inhibe las exportaciones, las vuelve más caras y eso hace que haya mayores riesgos. Pero también orienta a la estructura productiva hacia las importaciones, porque es más barato importar. Ahí es donde hay una mudanza también a nichos que tal vez son menos innovadores, que están más protegidos, que dependen más de la apreciación cambiaria. Es un tema que creo se debe estudiar más.

Por otra parte, las remesas reorientan al sector financiero y vuelcan el crédito hacia el consumo. La zona se convirtió en una receptora de remesas, y eso tiene cambios también importantes en la orientación de la estructura económica. Se va ajustando a esa llegada constante de dólares, pero también vienen con ideas y nuevas oportunidades.

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Nosotros mismos hemos trabajado (en Cepal) en cómo vincular esas remesas, no solo al desarrollo de microempresas, sino a las cadenas de valor y a mejorar la gobernanza y la distribución de las cadenas de valor para que quienes reciben remesas puedan vincularse por sus productos. Para Guatemala es sumamente importante pensar en su estrategia de inversión extranjera directa, pensar en cómo atraer la inversión de la diáspora en Guatemala.

Los estudios que hemos hecho revelan que hay una población significativa de inmigrantes recién llegados que vive en gran precariedad, pero hay un corte que ya lleva más de 15 años allá, tienen empresas, tienen empleados y desean invertir para jubilarse en Guatemala. Han puesto negocios, han comprado tierras, restaurantes, hoteles, etcétera. Lo que se necesita es pensar también en cómo hacer estrategia de atracción de inversión extranjera en nuestros países, y cómo movilizar esos recursos, no poniéndoles un impuestos, pero sí apalancándolos para impulsar la transformación productiva con una base mucho más sólida que lo que las propias exportaciones tradicionales y la propia inversión extranjera directa ha logrado en el pasado. Son flujos más significativos.

Es decir, ¿no tendríamos por qué caer a una nueva crisis, sino más bien orientarlo hacia un mejor utilización del recurso externo?

Estamos hablando de un modelo que está bastante agotado y lo que en el caso de Guatemala en particular es que no debemos caer en el business ussual. Tampoco caer de nuevo en una nueva ola de diversificación con baja complejidad tecnológica y sus bajos requerimientos de mano de obra calificada. Evitar crear un nuevo balance entre el Estado, el mercado y la sociedad sería, creo yo, posponer una crisis que se ha venido evidenciando en los últimos años.

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