Cerrar

x
Menú
Facebook Facebook
Buscar
Ayuda
¿La educación nos hace libres? ¿A todos?
Ir
Opinión

¿La educación nos hace libres? ¿A todos?

redes sidebar

Día tras día, durante jornadas completas, un niño acompaña a un hombre mayor que pide limosna en la entrada del centro comercial La Pradera, en Quetzaltenango. Una lo ve sentadito, bajo el sol, jugando con pequeños objetos mientras seguramente a su lado pasan buses escolares dirigiéndose a centros educativos cuya colegiatura pagaría seguramente un mes de sobrevivencia para muchas familias en Guatemala. Colegios en los que, sin embargo, la posibilidad de que animen al pensamiento crítico y a la sensibilidad social posiblemente no es muy alta.

Ese niño seguramente no será ingeniero ni doctor. Con suerte crecerá y podrá tener algún oficio que le permita ir saliendo adelante en un país que de entrada le niega cualquier oportunidad a niños y jóvenes. Sin embargo, más tarde se le exigirá que se convierta en un ciudadano responsable. Pero también cabe la posibilidad de que se integre a una mara, por ejemplo, y en este caso pocos en la sociedad guatemalteca sabrán de sus días enteros bajo el sol, viendo cómo otras familias entran al centro comercial a comprar en Walmart o a ver una película. Con suerte, en algún momento logrará estudiar en algún centro educativo público, al que llegará hambriento y cansado cada día.

¿Quién decide qué niños pueden recibir una educación de calidad y quiénes no en este país? ¿Quién decide qué significa educación de calidad? Porque no se trata de ser bilingües o de manejar la tecnología con los ojos cerrados. Educación de calidad tendría que significar un proceso que haga de un niño una persona responsable, curiosa, reflexiva, valiente, capaz de hacer análisis profundos sobre su entorno para luego convertirse en un ciudadano que sienta repulsión por la imagen de un niño que, en lugar de ir a la escuela, se pasa todo el día bajo el sol, o picando piedras, o limpiando vidrios, o siendo explotado por otros, y negarse a aceptar esa realidad a través de acciones concretas que posibiliten cambios.

Ciertamente no es el tipo de educación que anima el Estado, al cual de alguna manera no le conviene tener un país de ciudadanos responsables y críticos. Se supone que la educación nos hace libres, pero obviamente en Guatemala se trata de una libertad condicionada, accesible solamente para algunos y muy pero muy cara.

Estoy segura de que, si el país —y hablo de todos, incluyéndonos a nosotros— invirtiera más en educación, la esperanza de cambios reales y permanentes sería mayor. Todos somos responsables. Todos pasamos todos los días al lado de niños condenados a una ciudadanía de segunda clase. Todos.

Texto
Texto