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Fallamos ayer; no fallemos mañana
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Fallamos ayer; no fallemos mañana

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Tipo de Nota: 
Opinión
7 06 18

¿Guatemala nos necesita hoy? No, nos necesita a diario.

Llueve ceniza y los corazones se abren de bondad, de solidaridad. Por los días que dure su existencia mediática, todos seremos iguales.

El volcán enterró un paisaje con otro. Y los cuerpos escondidos en ceniza son los mismos que se esconderán de la estadística.

El patrón se repite. Y a nuestra mente regresan las imágenes de eventos puntuales: Mitch, Agatha, Stan, El Cambray, terremoto en San Marcos, etc. La furia de un volcán, el grito sordo de las fisuras profundas de la tierra, la fuerza veloz de las aguas creciendo son más fuertes que nuestra propia humanidad.

El patrón se repite. Los pobres se mueren. Los pobres se mueren a diario ante nuestras narices. A los pobres los matan de hambre, de balas dirigidas, de exclusión, de abusos. Los esconden lejos, allá donde se inunda la vida, allá donde se caen los pedazos de tierra mojada, allá donde el lodo ardiendo baja para destruirlo todo.

[frasepzp1]

¿Guatemala nos necesita hoy? No, nos necesita a diario. Nos necesita solidarios, pero también ciudadanos. Nos necesita empáticos, pero también justos. Nos necesita presentes, pero también coherentes. Nos necesita informados, pero también exigentes.

Porque ayer ese barrio acomodado que discriminaba al indigente que estorbaba su cotidianidad es hoy centro de acopio solidario y mañana lo olvidará todo. Y mañana todo sigue igual. La tragedia es la misma, pero no la leemos igual. Ojo. Que la tragedia no sea puerta de entrada para el oportunismo. Qué lindo es abrir el corazón. Qué triste es no abrir los ojos.

Hoy los rostros calcinados de una operación fallida son los mártires de una lucha sorda que poco tiene que ver con flujos piroclásticos. Si seguimos optando por atender la emergencia, nunca dejaremos de ser pobres, siempre seremos blanco perfecto de tragedias evitables.

La foto gris que dejó el volcán es la misma de una vida sin educación, sin salud, sin empleo, sin comida, sin techo, sin accesos. Y la solidaridad no puede, no debe ser la ruta del cambio. No es durable. No es suficiente.

Guatemala nos necesita hoy porque ayer le fallamos. No fallemos mañana.

Hoy los rostros calcinados de una operación fallida son los mártires de una lucha sorda que poco tiene que ver con flujos piroclásticos.
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