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Aguilar aseguró a Plaza Pública que una cláusula del reto le impedía dar declaraciones a las prensa. Al consultarla, la Senacyt aseguró que no existe tal prohibición.

COVID19 La cura promovida por el Senacyt, en cuestión por ser potencialmente peligrosa

«Lo malo es que en medicina todo se vale, se tapan unos con otros, es fácil culpar al COVID19 por algo que pudo ser provocado»
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COVID19 La cura promovida por el Senacyt, en cuestión por ser potencialmente peligrosa

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Uno de los proyectos seleccionados del «Reto de innovación abierta COVID19» lo presentó un químico-biólogo de Quetzaltenango. Plantea crear inmunidad al procesar la sangre del mismo paciente infectado. Una experta plantea en ocho puntos los fallos de este proyecto y el potencial riesgo a la salud. El galardonado, que fue en romería por los medios hasta que aparecieron los cuestionamientos, asegura que la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología le ha prohibido dar declaraciones. La comunidad médica se está haciendo preguntas.

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El nombre del químico René Osberto Aguilar Granados fue replicado en medios de comunicación para anunciar que, en Guatemala, ya había alguien con una propuesta para encontrar el remedio al coronavirus. El proyecto titulado «Tami transfusión autóloga COVID19» trascendió cuando fue uno de los siete elegidos por la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt).

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El concurso «Reto de innovación abierta COVID19» lo lanzó la Senacyt y lo promovió la Vicepresidencia de la República. Según su web, el evento «buscó la innovación de los participantes, con la creación de productos diferentes a los existentes y que puedan ser construidos y llevados a todos los departamentos, limitando con ello el sufrimiento y transmisión del virus entre personas, en un corto tiempo». El jurado estuvo compuesto por más de 20 expertos en neumología, patología, nutrición, entre otros. Los seleccionados tendrán apoyo económico para desarrollar sus proyectos y el gobierno gestionará los recursos para ponerlos en práctica.

En un video publicado por esta secretaría, Aguilar dice que es químico biólogo egresado de la Facultad de Ciencias Químicas de Farmacia de la Universidad San Carlos y explica el proyecto en breve: «Vamos a extraer sangre del paciente infectado, la vamos a separar en sus componentes que son los glóbulos rojos y blancos, lo vamos a poner en una cámara de desinfección a un gradiente eléctrico y a temperatura óptima para que el virus desaparezca. Luego vamos a poder retransfundir al paciente infectado para que se inmunice en un término no mayor de 72 horas. Yo espero que este proyecto funcione y que de esta manera podamos frenar el COVID19 en Guatemala que tanto nos ha preocupado».

Los titulares colocaron la propuesta como un competidor en la carrera mundial para encontrar la fórmula que acabe con la pandemia mundial.

Sin embargo, Paula Castellanos, química bióloga inmunohematologa, alertó sobre su peligro potencial, y obtuvo el respaldo de colegas nacionales e internacionales, aunque la mayoría no está dispuesta a decirlo públicamente.

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Castellanos publicó un análisis en el que señala, punto por punto, por qué no se debería impulsar esta iniciativa que, según ella, atenta contra la salud. Luego, alarmada por que el gobierno promueva un proyecto que carece de base científica, le hizo llegar sus preocupaciones al ente rector de la Secretaría. Su propósito, dice, no es desvirtuar el trabajo de Aguilar, y asegura que hasta le ha ofrecido apoyo.

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Plaza Pública contactó a Aguilar, que insistió en que no dará declaraciones pues, reitera, la Senacyt le prohibió hablar con la prensa. Algo que desmiente la misma Secretaría. Durante toda la semana el químico atendió a los medios de comunicación, pero al ser consultado aseguró que el último día que pudo dar una entrevista fue el miércoles, ese día venció el plazo para socializar el proyecto.

Aguilar dijo también que las bases del concurso tenían una cláusula de confidencialidad y que él debe respetarlas. Pero no solo la información de un concurso público no puede considerarse confidencial ni reservada según la Ley de Acceso a la Información Pública, sino que los requisitos del reto no contienen tal condición.

Olga Contreras, subdirectora de innovación, transferencia tecnológica y emprendimiento de la Senacyt, ratificó que tal cláusula de confidencialidad no existe y que Aguilar es libre de dar declaraciones.

Agregó que el proyecto fue seleccionado y que está en fase de validación con las entidades a cargo de cada propuesta, en este caso, el Ministerio de Salud. Serán los expertos quienes determinen los recursos necesarios para echarlo a andar, o si el planteamiento es válido.

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Ocho puntos dudosos

Paula Castellanos es la experta que analizó la propuesta seleccionada y empezó a sonar la alarma públicamente. Plaza Pública contactó a seis médicos, hematólogos y químicos, que ratifican la experiencia de Castellanos y el mérito de sus argumentos.

Aguilar afirmó que desconocía la base utilizada por Castellanos para criticar la propuesta. «Eso solo era un borrador», insistió y que aún le hace falta trabajarla. Ante la insistencia de por qué no da una entrevista, reiteró que la Senacyt no le permite dar declaraciones. «Téngame paciencia», solicitó.

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Castellanos es especialista en bancos de sangre y medicina transfusional desde hace 25 años, presidió la Comisión Directiva del Grupo Cooperativo Iberoamericano de Medicina Transfusional (GCIAMT), y la Asociación de Hemoterapia de Guatemala (AHG). Y coordina tanto la Especialidad de Inmunohematología y Bancos de Sangre de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, como el Banco de Sangre y Servicio de Medicina Transfusional del Hospital General de Accidentes del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

Su análisis partió del formulario presentado por Aguilar a la Senacyt. La carta abierta publicada por Castellanos la puede descargar aquí. Este es un resumen simplificado de los puntos señalados:

1) Logrará que el paciente active sus propias defensas

La “Tami transfusión autóloga COVID19” plantea extraer sangre del paciente, procesarla (más adelante también cuestiona este método) y luego de eliminado el virus reinyectársela al paciente.

Castellanos sostiene que desde el título el proyecto queda desacreditado. Transfusión autóloga significa extraer sangre del paciente para luego inyectársela de nuevo. Es un procedimiento recomendado para personas con un tipo de sangre poco común y que serán sometidos a una operación. Será su propio donante, pero es practicado solo si está estable y varios días antes de la intervención.

La extracción de sangre en un paciente que no está sano es completamente contraindicada, pues lo deja más débil y con menor capacidad para combatir al COVID19.

2) Estructura del virus

En el proyecto, el químico biólogo hace algunas anotaciones de las características del virus. Castellanos indica que las enzimas que cita Aguilar no son las del COVID19. «Esto lo menciono para relatar que no sabe la estructura del virus… está perdido, no sabe nada de estructura viral».

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3) La temperatura es la debilidad

La propuesta indica uno de los supuestos puntos débiles del virus: «sabemos que son que no vive a temperaturas superiores a 28°C ni tampoco vive por debajo de 2°C». Esto es falso, señala Castellanos, que añade que hasta el momento no hay consenso al respecto en la comunidad científica. En Italia comprobaron que el virus puede sobrevivir hasta los 60°C.

4) La sangre autóloga no representa riesgo

La «Tami transfusión autóloga» plantea extraer y luego inyectar sangre del paciente sin riesgo y ni tendrá ningún efecto adverso. Castellanos indica que (además de los mencionados antes) existe el riesgo de que la sangre pueda ser infectada durante el proceso de manipulación.

5) Sangre fría

Aguilar propone extraer de la sangre del paciente los glóbulos blancos, rojos y plasma, los colocará «en un estado gradiente de temperatura que haga que el virus no se reproduzca si está entre 4°C y 5°C, y a esa temperatura se la va a volver a retransfundir al paciente; de tal manera que el virus que estaba en la bolsa, va a quedar muerto pero inmunológicamente activo». Castellanos asegura que inyectar sangre a tan baja temperatura podría provocar hipotermia.

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6) Irradiación

El procedimiento del proyecto establece que el plasma será irradiado, y luego expuesto a toques eléctricos para que el virus se despegue de las células. Luego lo llevará a 30°C e inyectará de nuevo al paciente.

«Es un palabrerío nulo desde el inicio», indica Castellanos. La sangre irradiada solo es usada para ciertos procedimientos, no para matar un virus. «Lo que sirve es una inactivación viral, pero es algo diferente». En cuanto a los choques eléctricos, «demuestra que no sabe qué es el proceso de irradiación».

7) Donador de inmunidad

Tres días después de que lo declaren sano, asegura el proyecto de Aguilar, podrá ser donador. El plasma y el crioprecipitado -licuado- servirá como minivacuna.

Castellanos responde que los términos utilizados sí existen, pero no para lo que él los plantea. Agrega que la extracción del plasma hiperinmune, según los protocolos científicos, debe realizarse entre 14 y 28 días después de que los síntomas desaparezcan, y no en tres como quiere Aguilar.

8) Cura en 72 horas

El proyecto promete que a las 72 horas de realizado el procedimiento el paciente quedará curado «a la hora de estornudar y juntarse con su familia va a transmitir el virus, pero no lo va a transmitir de una forma infectiva, sino que lo va a transmitir de una forma en la que de una vez podrá inmunizar a las personas que tiene a su alrededor».

Castellanos se limita a sumar una pregunta: «¿Cree que si eso funcionara existirían las vacunas?».

La jefa del Banco de Sangre del Hospital General de Accidentes del IGSS agrega que hay algo que le incomoda más que la propuesta: El hecho de que la comunidad científica guatemalteca no esté pronunciándose al respecto. Castellanos le pidió a Aguilar los nombres de sus asesores, de las personas que validaron su estudio, este respondió que no podía pues tiene una prohibición para hacerlo.

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Hasta el momento, solo el Grupo Cooperativo Iberoamericano de Medicina Transfusional (que aglomera a científicos de Latinamérica) ha manifestado respaldo público a sus cuestionamientos. Castellanos asegura que antes de buscar apoyo internacional tocó puertas de grupos y asociaciones locales. Algunas respondían que emitirían un comunicado al respecto, pero luego no ocurría nada.

Plaza Pública contactó a la Asociación de Químicos Biólogos de Guatemala y el Colegio de Farmacéuticos y Químicos de Guatemala. Ambas organizaciones aseguraron que aún debaten dar una respuesta oficial, pues el tema ha generado controversia entre sus miembros.

Alba Marina Valdez, presidenta de la Asociación, aseguró que es un punto a debatir en los próximos días.

El Colegio respondió a este medio que «como Junta Directiva consideramos que en este caso es importante resaltar el papel de la Senacyt en todo esto. Este es el ente encargado de la ciencia, la tecnología y la investigación en el país, esperaríamos que tengan un equipo de asesores y de personal científico capacitado, con la posibilidad de determinar cuándo una propuesta de esta magnitud es viable y cuándo no. Con respecto a la controversia generada, preferimos no emitir ninguna postura puesto que esto puede afectar la imparcialidad en futuros procesos en el seno del Colegio.»

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Seis fuentes, que pidieron no ser citadas, confirman que desconocen por qué la Senacyt aprobó este proyecto al que consideran sin fundamento científico. Esto ha causado división en el gremio, razón por la cual aún no hay posturas oficiales a favor o en contra.

«Lo malo es que en medicina todo se vale, se tapan unos con otros, es fácil culpar al COVID19 por algo que pudo ser provocado», concluye Castellanos.

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