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Estudiantes de una escuela primaria de Bulej, Huehuetenenango, en marzo de 2019. Simone Dalmasso

Hacer la tarea en tiempos de pandemia. ¿Cómo reducir las brechas en la educación a distancia?

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Hacer la tarea en tiempos de pandemia. ¿Cómo reducir las brechas en la educación a distancia?

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La transición obligada de un modelo presencial a un modelo a distancia supone retos que pueden ser difíciles de superar dada la desigualdad que impera en el país y, al mismo tiempo, puede ampliar la brecha en los aprendizajes.

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Está terminando la tercera semana de suspensión de clases y de otras actividades económicas que traen consigo obstáculos difíciles de sortear. Además de los problemas de salud a los que nos enfrentamos, están los relacionados con la vida cotidiana, trastocada en todos los ámbitos. Quiero hablar de dos: el educativo y sus consecuencias en el hogar.

La Unesco estima que casi el 80% de la población estudiantil del mundo está sin clases presenciales por el cierre de escuelas. En el caso de Guatemala, según datos del Ministerio de Educación, se estima que están sin asistir a la escuela 4,176, 977 personas desde preprimaria hasta diversificado. A este numero habrá que añadirle 388, 828 estudiantes en el nivel universitario.

Estamos haciendo una transición inmediata y forzosa del modelo educativo presencial hacia a un modelo virtual o a distancia. Esto implica retos no solo para las instituciones de educación, sino para los estudiantes y para quienes los cuidan y deben acompañar en su proceso de aprendizaje.

La educación virtual y a distancia implica novedades pedagógicas y curriculares, además del uso de herramientas para estar en permanente comunicación con los estudiantes.

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La estrategia de educación a distancia del gobierno ya está en marcha, sin embrago, podría resultar insuficiente dada la gran cantidad de estudiantes a los que debe atender. Por otro lado, la educación virtual, que implica tecnologías como internet y computadoras, tablets y teléfonos inteligentes con especificaciones técnicas muy precisas, resulta mucho más difícil de echar a andar, porque ni todos tienen acceso a ello, ni todos saben usarlos. Además, implica supuestos pedagógicos muy precisos.

Acá es donde la desigualdad comienza a ampliar las brechas educativas.

Disponibilidad de Internet y otros medios de información

Para que la educación virtual resulte exitosa debe comprender al menos acceso a Internet y dispositivos electrónicos, conocimiento de las plataformas disponibles y un modelo pedagógico que le dé sentido.

Solo el 17.2 % de los hogares a nivel nacional cuentan con servicio de internet. La brecha entre al área rural y urbana es de 23.8 puntos porcentuales. Los estudiantes rurales parten de una situación de desventaja.

Gráfica 1. Porcentaje de hogares con acceso a Internet. Total nacional y por área de residencia

Por desigualdad económica, la diferencia de disponibilidad entre el quintil de ingreso 4 y 5 es de casi 19 puntos porcentuales. Y en términos poblacionales, seis de cada diez personas viven en los hogares de los quintiles 1, 2 y 3 con poca accesibilidad a este recurso y, por lo tanto, con oportunidad de participar de la educación virtual.

Gráfica 2. Porcentaje de hogares con disponibilidad de Internet por quintiles de ingreso.

 

Dicho lo anterior, la estrategia del gobierno puede seguir fortaleciendo las vías de difusión a través de la educación a distancia utilizando las guías de autoaprendizaje, el radio y la televisión, que tienen mucho mayor alcance.

Tabla 1. Disponibilidad de recursos en el hogar.

  Urbano Rural Total Nacional
Radio 72.37% 55.78% 65.34%
Televisón 84.66% 51.28% 70.51%
Cable 69,88% 33,68% 54,54%
Internet 27.36% 3.52% 17.26%
Computadora 31.86% 6.86% 21.26%
 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Censo de Población y Vivienda 2018, Guatemala.

Pudiera pensarse que el celular puede ser una alternativa. Según el censo 2018, el 62 % de la población usa este dispositivo, pero se desconoce si cumplen los requisitos que algunas plataformas virtuales exigen. Además, para una mejor experiencia se necesitaría un dispositivo para cada estudiante del hogar, pero las condiciones socioeconómicas de Guatemala no permiten eso.

A esto, debe agregarse que es necesaria una estrategia inclusiva que integre los contenidos en los diversos idiomas indígena y garífuna del país, así como para estudiantes con discapacidad para que la brecha por condición étnica no siga ampliándose.

Capacidad de la familia para ayudar a los estudiantes

El otro problema tiene que ver con la capacidad de los familiares para ayudar a sus hijos con las actividades de la escuela. Por un lado, se requiere de conocimientos básicos de matemática, lenguaje, ciencias y otras materias a las cuales se les ha dado prioridad. Y por otro, la disponibilidad de tiempo de para trabajar con los estudiantes en casa.

Esto supone un cambio en la dinámica del uso del tiempo en el hogar que se complica si se realiza teletrabajo, pues deben combinarse este y la atención escolar de los estudiantes, sobre todo de los más pequeños. Sin mencionar a las personas que están en paro laboral y que sus preocupaciones principales son la alimentación del día a día y en donde las dificultades escolares pasan a segundo término.

En cuanto al acompañamiento académico el panorama luce complicado. Según el censo 2018, los años de escolaridad promedio en el país son de 6.2 años, y 4.5 en el área rural.  Es decir, un buen número de personas está en condiciones de ayudar a sus hijos en habilidades y operaciones básicas solamente en contenidos de primaria. Conforme se avanza en el nivel educativo se puede complicar el seguimiento del aprendizaje de los estudiantes.

Tabla 2. Promedio de grados aprobados a nivel nacional y por área de residencia.

  Urbano Rural Nacional
Promedio de grados aprobados 7.5 4.5 6.2

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Censo de Población y Vivienda 2018, Guatemala.

El análisis por quintil de ingreso en los hogares también refleja las brechas en los años de escolaridad de la población.

Gráfica 3. Años de escolaridad promedio por quintiles de ingreso año 2019.

Al mismo tiempo, el proceso enseñanza-aprendizaje comprende un expertise, un método de enseñanza que requiere el trabajo profesional de un docente. Una cosa es hacer tareas y otra muy distinta propiciar el aprendizaje.

Igualmente importante es la preparación de los docentes en el modelo de educación virtual o a distancia: requieren capacitación en el diseño de actividades y en el seguimiento al aprendizaje. Pero no hay tiempo y están trabajando más allá de sus límites. Es posible que el desconocimiento sobre educación virtual traiga una serie de complicaciones, no solo para los docentes, sino para los mismos estudiantes. Existe la posibilidad de querer compensar la ausencia en el salón de clases con tareas y actividades largas y sin sentido que lo que hacen es producir ansiedad y estrés en los estudiantes y en sus familias. Sin mencionar las instrucciones poco claras, o demasiado redundantes o bien, la saturación de información.

¿Qué nos queda?

Una vez pase la pandemia, será necesario que cada centro educativo evalúe el impacto de este fenómeno en los aprendizajes de los estudiantes con el fin de identificar, primero lo más importante, cómo están y cómo se sienten los estudiantes. Segundo, las condiciones académicas en las que regresarán a clases. De esta forma se estará en condiciones de cerrar la brecha de aprendizajes que se haya producido, tanto a nivel de aula, como a nivel de escuelas. Implica un esfuerzo enorme, pero con una estrategia bien diseñada se puede lograr. El año escolar tendrá que extenderse si es necesario, según la evaluación de impacto y las necesidades reales de los estudiantes y no por cumplir de días efectivos de clase. De la misma manera, me parece que, dadas las condiciones actuales, los planes para aplicar pruebas estandarizadas deben suspenderse.