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La comunicación de Alejandro Giammattei se asemeja mucho a la utilizada durante la campaña electoral.

Giammattei: El personaje al centro de la emergencia

No extraña que haya convocado de inmediato a las familias más poderosas, quienes no tardaron en donar recursos para acomodar y equipar el Parque de la Industria.
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Giammattei: El personaje al centro de la emergencia

Historia completa Temas clave
  • La comunicación de Giammattei es muy similar a la utilizada durante la campaña electoral, donde él era el centro.
  • Las cadenas nacionales permiten que el Presidente transmita información pero en un ambiente controlado, donde la prensa no pueda cuestionarlo.
  • Al ser tan constante la aparición Giammattei, corre el riesgo de generar desgaste y perder atención cuando necesite transmitir mensajes que sí son importantes.
  • La comunicación refleja cómo las élites empresariales son una aliado «natural» de Giammattei.

La emergencia por el coronavirus ha expuesto a Giammattei como el protagonista de esta historia. La imagen que su administración transmite busca colocarlo como el médico, el arquitecto de hospitales, el voluntario que arma cajas de alimentos, el vocero de la crisis. Todo detrás de las cámaras de la cadena nacional, donde el riesgo a resbalar es menor.

Redes-lateral

Alejandro Giammattei, con 64 años, 20 años de campaña electoral y presidente desde hace tres meses, es ahora el personaje principal del horario estelar televisivo y redes sociales en Guatemala. No tiene hora exacta para su presentación, pero Guatemala sabe que aparecerá en algún momento de la noche, entre las 18:00 y 20:00 horas, para actualizar el avance del coronavirus en el país.

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Giammattei, a diferencia de su antecesor, está presente. Unas veces con un tono efusivo, otras con una voz sosegada. La forma en que comunica, cómo se relaciona con otros poderes y cómo se sobreexpone a los reflectores, lo colocan como el único protagonista, tanto que no hay mucha diferencia entre el candidato por el partido Vamos, y el gobernante que es ahora.

Si las primeras semanas de gobierno no fueron capaces de disipar en lo mínimo la penumbra que dejó Jimmy Morales, el coronavirus es una oportunidad y es evidente que ni él ni sus asesores políticos lo pasan por alto. 

1. El presidente al frente (de las cámaras) 

La comunicación en política es usada por las partes involucradas para alcanzar sus objetivos de poder. Decía Manuel Castells, el sociólogo español, que la comunicación del Estado siempre va a procurar poder, pues institucionaliza la estructura política y económica que ordena una sociedad. Por lo anterior todos los actos de comunicación del Presidente en el contexto del COVID19 pueden entenderse e interpretarse como actos políticos. 

Desde el 13 de marzo, cuando confirmó el paciente cero en un evento de la cooperación internacional (el Presidente dio nombre y apellido) Giammattei ha liderado por lo menos 25 mensajes en Cadena Nacional. Solo en una ocasión cedió este espacio al secretario de Comunicación de la Presidencia, Carlos Sandoval, y no a otro miembro de mayor jerarquía dentro de su gabinete. 

En tres ocasiones han hecho conferencias de prensa con convocatoria a medios: dos lideradas por el Ministro de Salud, Hugo Monroy, y una más por el vicepresidente, Guillermo Castillo, que trató temas de violencia doméstica. También realizó una videoconferencia con los miembros del gabinete económico. El Presidente ha sido abordado por periodistas en actividades públicas, a la que no se convoca a todos los medios, pero al primer intento de cuestionamiento corta o responde intolerante.

Giammattei y sus asesores en comunicación han sido selectivos con los medios y personas a las que concede entrevistas. A los entrevistadores de Canal Antigua los recibió en Casa Presidencial, en tres ocasiones ha tenido diálogos con Sonora, atendió a TV Azteca y en una sola ocasión a Emisoras Unidas. A excepción del último espacio, las entrevistas fueron más bien cómodas: en Sonora incluso le dieron la palabra a personas que querían felicitar y agradecer al presidente.

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Para Ronaldo Robles, comunicador social y periodista, la gestión de comunicación muestra que «hay una estrategia diseñada para no exponer al gobierno y al presidente a resbalones, pues todas las apariciones son controladas. Hasta antes de la crisis, el Presidente daba conferencias, pero con el pretexto del distanciamiento, ha sido inaccesible. Eso le da al gobierno la oportunidad de cometer menos errores», señala. 

En esto coincide Gustavo Berganza, comunicador y sociólogo, quien añade que la cadena es en esencia «unidireccional, (que) no permite profundizar en los temas. Como única ventaja está que se le da relevancia a la información, pero no se establece diálogo. Tienen miedo que el presidente se equivoque». Ambos señalan la contradicción de la cadena con la forma en que comunica Donald Trump, pues aunque «sea intolerante y ridiculice a los periodistas, los enfrenta» en conferencia de prensa, señala Berganza, 

María Eugenia Luarca, publicista y comunicadora social coincide en este punto, pero señala la simulación que genera la cadena, quiere mostrar que hay un «gobierno que informa abiertamente, pero en realidad no informa y no es abierto». Lo sería si respondiera a la prensa «por la cantidad de pruebas realizadas por habitante, las donaciones o por aspectos anómalos en el Ministerio de Salud», o aspectos incómodos de su gestión, enfatiza.  

Además, aún surgen brotes de comunicación de campaña electoral en sus conferencias, como cuando «cierra con el slogan que usaba en campaña (Que Dios los bendiga, pero sobre todo que Dios bendiga Guatemala) y cae en autoindulgencia», indica Luarca. El tono electoral también fue visto cuando confrontó a sus opositores, como el día que utilizó peyorativos en contra de Aldo Dávila, el diputado de Winaq que puso en duda que las muertes por neumonía no estuvieran ligadas al COVID19. La misma reacción tuvo con quienes citaron a sus ministros al Congreso, incluso con la prensa, a la que confrontó y acusó de pedir datos personales de los pacientes. 

El Presidente mantiene a los mismos asesores de comunicación que tenía en campaña: los publicistas Kif Nava y Poll Anria, a quienes una nota de Artículo 35 retrató como los gestores de estrategias de propaganda que caminan en el filo de lo ilegal, y que hasta enero no habían sido declarados en los informes de rendición de cuentas que el partido Vamos entregó al TSE, un hecho que podría encajar en el delito de financiamiento electoral no registrado. 

A pesar de lo anterior, Luarca advierte que para la audiencia general «el presidente sale e informa todos los días», a lo que agrega un nuevo tono, más afable, aunque «no permite el cuestionamiento, su tono es calmado. Ya no grita, no se niega a dar información, la esconde detrás de la cadena nacional. Eso crea un marco de control, de confianza, que justifica la ausencia de diálogo». Berganza, añade que es «convincente, demuestra seguridad y sabe proyectar empatía y confianza».

Aunque el nuevo tono y la exposición son efectivas, pueden resultar contraproducentes y agotar a la audiencia. Giammattei sale incluso para dar mensajes de dos minutos, solo para actualizar datos, que bien podría delegar en alguien más. «No usa a sus pararrayos», señala Robles. En cuanto a la exposición de imagen, Luarca dice que quita importancia al mensaje, que debería surgir si «comunica algo serio, que no pueden hacer los subalternos». Lo que hace el Presidente tiene un doble filo, dice la comunicadora. «Se muestra en control, pero añade stress verlo afuera. Si no se gestiona esta tensión puede pasarle lo de Pedro y el Lobo», enfatiza, para señalar el riesgo de que pocos lo escuchen cuando haya algo importante que comunicar.

Berganza agrega que ver siempre al Presidente cansa, pues son «los mismos gestos, la misma cadencia y discurso» la misma persona haciéndose presente en cualquier detalle de la pandemia. Además, anula al resto del equipo siendo el gran culpable o ganador el Presidente, expone. Hay una sola persona al frente. 

Luarca prevé que el gobierno mantendrá al Presidente al frente, pues su imagen «cansada, de trabajo, evita que las acciones del gobierno sean sujetas a críticas». Aun así, deberían tomar en cuenta que puede haber un rebote, y que él asume el desgaste de las contradicciones de la comunicación, cada vez más evidentes en el manejo de los mensajes. 

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2. El discurso de las contradicciones

El miércoles 15 de abril, Giammattei dijo que «sin vida no hay economía», lo dijo con un tono contundente, lo cual parecía dar prioridad a la salud y la asistencia humanitaria como cimiento para mantener activo el mercado. Solicitó a los guatemaltecos usar mascarilla y evitar sus salidas al máximo. 

Pero el domingo 19 de abril anunció una relajación en las medidas de aislamiento. Aunque advirtió que la epidemia comenzaría a crecer agresivamente, extendió por dos horas el permiso de transitar por las calles. Días después salió a aclarar que lo hacía para evitar aglomeraciones en el regreso a casa, que propiciarán el contagio de la enfermedad. 

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La medida resonó en los espacios de opinión pública por ser la ruta hacia autorizar la jornada laboral completa, a pesar de estar viviendo una pandemia. La ausencia de proyecciones, las dudas sobre propósitos y objetivos del gobierno en la gestión de la crisis resultan en mensajes poco coherentes y confusos para la población.  

Al respecto, Gustavo Berganza advierte que los significados en los mensajes del Presidente «cambian de un día para otro», con lo cual pareciera que «no hay una estrategia coherente de comunicación en la que deje claro cuáles son los mensajes clave, a excepción de la religión, de la fe» que manifiesta en cada cadena.  

Robles indica que lo anterior muestra la irregularidad de sus decisiones. «Tendría que ser más firme, comentar, hacerle ver a la población las consecuencias de no mantener medidas de contención y aislamiento y a la par acciones concretas para resolverle la vida a la población. Por ejemplo, los argumentos en contra del decreto 15-2020. Pareciera que hay un grupo del gobierno que tiene conciencia de lo que hay que hacer, pero el sector económico los lleva a otro lado». A lo anterior agrega que los mensajes deberían asumir el lenguaje y formatos de las zonas rurales e indígenas del país, pues parece concentrado en comunicar para redes sociales y públicos urbanos. 

Luarca lleva su análisis a otra área: La duda respecto a los objetivos y prioridades del gobierno. «Había dos escenarios: aplanar la curva manteniéndonos en casa, o devolvernos a las calles y gestionar la crisis», expone. Aunque en primera instancia el gobierno dio señales de adoptar el primer modelo, Luarca observa que «la comunicación se mueve a la segunda opción. Puede que lo haga así porque hay números que los apoyan: la mayoría de contagiados son jóvenes con menor riesgo mortal, por lo que puede apostar al contagio escalonado para que la economía no sufra tanto. Poco a poco nos sacan a las calles: primero las mascarillas, ahora ampliar el horario, después, un retorno al horario normal de trabajo», interpreta. 

Lo desconcertante para Luarca es ese primer momento en que se apostó por la vida, y no por la economía. «¿Fue un golpe de timón? ¿O una estrategia para ganar aire? ¿Para despistar?», cuestiona.

La ambivalencia, la irregularidad de la comunicación del gobierno estaría expresando así un pulso político entre la prioridad que es proteger la vida y quienes quieren activar a toda costa la economía. Grupos que, por razones históricas, entran mejor parados a la crisis.  

3. Un mensaje con respaldo político y económico

Si todo acto es político, la visita de Giammattei al Congreso el 18 de marzo debe entenderse así, como un acto político para demostrar liderazgo. Esto ocurrió cinco días después del inicio de la emergencia, cuando asistió al Congreso para solicitar la ampliación presupuestaria con la que el gobierno atendería la emergencia ocasionada por el COVID19. «Un hecho histórico» resaltó ese día Allan Rodríguez, presidente del Congreso y diputado por el oficialista partido Vamos.

Rodríguez tenía razón, porque ningún mandatario había acudido al Congreso para requerir un incremento de fondos. Las únicas ocasiones programadas para visitas presidenciales son las sesiones solemnes y la presentación del informe anual de gobierno.

Giammattei, con solo dos meses en el cargo, no tenía necesidad de hacer esa visita. En enero, había logrado que la mayoría de jefes de bloque tuvieran una reunieran con él a inicios de año para pedirles que trabajaran en una agenda legislativa unificada.

Cuando llegó al Hemiciclo, el complicado descenso de la escalinata fue alargado por el cruce de apretones de manos, abrazos y besos, tal y como acostumbraba hacerlo en sus mítines de campaña.

Giammattei usó ese momento clave de la emergencia para figurar, revelar su buena relación con la mayoría de bancadas y emitir un mensaje que no centró solo en pedir la ampliación de recursos, sino en explicar su plan de contención de la emergencia.

Además de la construcción de infraestructura vial, habló de reparar escuelas, y, entre otras, agilizar la devolución del crédito fiscal, un beneficio para los empresarios quienes, ya era evidente, también figuran como sus aliados ante esta crisis.

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De vuelta al Congreso, el grupo que ha respaldado a Giammattei, incluso para que la bancada oficial tomara la presidencia del Congreso, está compuesto principalmente de bloques y personajes que en el periodo anterior legislaron para tener impunidad ante las investigaciones que encauzaba la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Es el mismo grupo que tuvo que dar marcha atrás luego de la crítica social por querer otorgar fondos en la emergencia para el Parlamento Centroamericano y la Asociación de Dignatarios de la Nación. Un asunto en el que el Presidente guardó silencio.

En cuanto al empresariado, está forjado como el aliado «natural» del gobernante. Hay que escarbar poco para ver el hilo que los une. En 2004, Giammattei fue parte del gobierno de la Gana, de Óscar Berger, del que luego fue candidato presidencial. Su vicepresidente, Guillermo Castillo, fue director ejecutivo de la Cámara de Comercio hasta antes de asumir.

Por eso no extraña que haya convocado de inmediato a las familias más poderosas, quienes a su vez no tardaron en donar recursos para acomodar y equipar el hospital campaña en el Parque de la Industria. Tampoco es raro el acto en donde Ricardo Castillo, a pesar de su edad que lo coloca en un grupo de riesgo ante el COVID19, estuvo presente en Casa Presidencial para firmar el acuerdo de suspender las cuotas del Instituto de Recreación de los Trabajadores (Irtra), esto como un aporte a la empresa privada ante la emergencia. Por tanto, tampoco es raro que el Presidente pose con cheques gigantes que reconocen la donación de alimentos o insumos.

El aporte más llamativo ha sido el de la Fundación para el Desarrollo (Fundesa), brazo social del empresariado, que donó test del COVID19, y que ahora gestiona la adquisición de pruebas a bajo costo con resultados más rápidos que puedan ayudar a los patronos a identificar casos en los puestos de trabajo.

Giammattei ha respondido con halagos y apoyo al sector empresarial que lo respalda. Además de aplaudir los aportes, autorizó un procedimiento para que las empresas puedan suspender a sus empleados sin goce de salario. Esto alivia el pago de prestaciones por despido, mientras a los empleados ofreció un bono de 75 quetzales por día de cesantía, el sueldo mínimo diario para el sector no agrícola es de 92.88 quetzales. En este contexto la empresa privada, como dice Robles, es «una oligarquía que cobra notoriedad» a la par del mandatario.

 4. Las voces que no son escuchadas

A Robles le parece normal que el gobernante busque aliados, pero le preocupa que se queden por fuera otras voces. «Hay otros sectores que tienen visión de lo que se debe hacer en lo público, y hacia lo público hay que voltear en esta coyuntura».

El Procurador de los Derechos Humanos, por ejemplo, ha hecho recomendaciones en cuanto a la falta de equipo de protección para los médicos de los hospitales nacionales, mientras la Universidad de San Carlos pidió en un comunicado crear una campaña de comunicación en idiomas mayas para evitar la estigmatización de los guatemaltecos deportados de Estados Unidos.

Giammattei parece no escuchar. En lugar de ruedas de prensa, está cerrado en las cadenas nacionales y deja en el ambiente dudas que nadie tiene permiso de atender. A los alcaldes les ha prohibido hablar, y hay lentitud en la respuesta institucional ante los rumores.

El jueves 24 de abril, surgieron tres rumores, y solo uno fue oficialmente desmentido. El primero era un supuesto contagio en el Juzgado de Villa Nueva, en donde fue atendido un hombre que violó el toque de queda y cuyo padre ha dado positivo a la enfermedad.

La presidencia cerró la información sobre los casos. Si antes compartía pocos detalles, entre los que estaba la procedencia, origen del contagio, referencia del municipio de residencia de la persona, además del sexo y la edad, hoy solo comparte estos dos últimos. Tampoco hay referencias de los fallecidos o de quiénes son los recuperados.

Las condiciones de los hospitalizados son desconocidas, en ese ámbito surgió el segundo rumor a través de un video. En las imágenes recogidas en un teléfono y difundidas por diferentes medios, hay un grupo de hombres con ropa de hospital que exigen la captura de un policía que engrilletó y golpeó a un paciente. La grabación corresponde al miércoles 22 de abril, refleja la situación de personas deportadas de Estados Unidos recluidas en el Hospital Campaña del Parque de la Industria.

La presidencia, por medio del chat de prensa que administra el Secretario de Comunicación Social de la Presidencia, Carlos Sandoval, no respondió a las múltiples preguntas de los medios. El funcionario ha tratado de censurar a los medios, amenazando que los expulsará de un chat de Whatsapp, la única vía de información para los periodistas durante la crisis. Al viernes por la mañana, no había postura oficial sobre la revuelta que armaron los pacientes en esa instalación.

El único rumor que tuvo una respuesta gubernamental, fue el relacionado a los tres casos positivos entre personal de la Policía Nacional Civil (PNC) «no operativo», aclaró el director de la institución, Ervin Mayen, a través de un video.

Mayen sí tuvo permiso para hablar. En tanto, a los empleados del Ministerio de Salud les hicieron llegar una circular en donde les prohibían «compartir, difundir mensajes, chats, videos, imágenes, audios, entre otros, relacionados a información o desinformación en cualquier tipo de redes sociales que no sean de carácter oficial».

La falta de transparencia en esta crisis no ocurre solo en Guatemala. Por esa razón la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fijo postura al decir que «Cualquier intento de penalizar la información relativa a la pandemia puede crear desconfianza en la información institucional, retrasar el acceso a información fiable y tener un efecto silenciador en la libertad de expresión”.

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Mientras la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dijo que el público tiene derecho a ser informado. «Algunos Estados han utilizado el brote del nuevo coronavirus como pretexto para restringir la información y acallar las críticas».

Mediante un comunicado, más de 90 periodistas guatemaltecos y organizaciones aliadas expusieron la situación en la que desarrollan su trabajo. Hasta ahora no hay señales que indiquen que, dentro del gobierno, intenten cambiar el rumbo de la comunicación. En cambio, continúan con el envío de fotografías, mensajes y cadenas nacionales que contienen estrictamente solo la información que les interesa publicitar.

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