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familiares de William, cocinando el desayuno. Gilbero Escobar

El lugar de Totonicapán donde 7 de cada 10 padecen desnutrición crónica

En 2019, Proindeco apoyó a 4 mil familias. La de William no tuvo los 4 quetzales de pasaje para colaborar con el transporte de los alimentos, por eso no se vio beneficiada.
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El lugar de Totonicapán donde 7 de cada 10 padecen desnutrición crónica

Historia completa Temas clave
  • Santa María Chiquimula, Totonicapán, está arriba en la lista de los municipios con más desnutrición en Guatemala.
  • Willliam padece de desnutrición crónica, su familia vive con un sueldo de 1,400 quetzales mensuales.
  • Una visita al médico les cuesta Q50, el equivalente a una semana de comida.
  • La madre de William teme que, de no lograr subir el peso de su hijo, el Estado se lo quitará.

Se llama Santa María Chiquimula, donde nacen y mueren niños con las tallas más bajas del país y de Latinoamérica. Donde el agua tampoco es de calidad porque al tratarla pierde su pureza, la creencia de los comunitarios del lugar. 

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En casa de William no hay mesa ni paredes. Se come alrededor de un poyo colocado en el cuadro de cuatro por cuatro metros, rodeado por láminas de zinc. Esa mañana su familia se desayunó una sopita de fideos o, mejor dicho, agua, sal y fideos acompañada de tamalitos.

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William tiene un año y tres meses, pesa 16 libras, su talla es la de un niño de seis meses. Vive en Santa María Chiquimula, Totonicapán, el municipio donde siete de cada diez habitantes padecen desnutrición crónica y eso lo coloca en el primer lugar de esa lista del país. Lo sabe Mónica Ramos, la nutricionista del área de Salud de Totonicapán.

Para llegar a casa de William se camina por empolvadas veredas donde la siembra y los perros también están desnutridos. Ramos es testigo de los bajos ingresos de los vecinos de esta comunidad, no les alcanzan para alimentarse.

Ejemplo: Las jornadas en el campo de Benjamín Joj, son de diez horas diarias, le redondean alrededor de Q1,400 al mes. Él es el padre de William, y el pequeño es su séptimo hijo; son cuatro de su primer matrimonio y tres con su actual pareja. Los rayos de sol se cuelan por los agujeros de la lámina de zinc que caen en la cama donde todos duermen, William, sus dos hermanos y sus padres. Las familias de este municipio de Totonicapán las constituyen entre cinco y nueve hijos.

El único aparato eléctrico de los Joj es el celular que recargan en casa del vecino porque no tienen energía eléctrica. Se van a la cama con la puesta del sol y solo a veces encienden alguna vela.

Recién completaron el pago del terreno donde viven que les costó Q8 mil 500.

Tener agua es más caro

Hace 15 años el paisaje montañoso de Santa María Chiqumula se cubría de un espeso bosque, ahora solo se ve el paso de la tala inmoderada para la venta de madera o leña de los comunitarios. El agua entubada llega solo a unos pocos, la mayoría se abastece de un río cuyas aguas están contaminadas con heces fecales, menciona Elienay Navas nutricionista asignada en el municipio.

Solo algunos vecinos reciben agua entubada, la mayoría como la familia de William, no. La acarrean de fuentes poco fiables. Este es el primer período de Juan Justo Lux Carillo (2020 – 2024), como alcalde de Santa María Chiquimula. De momento no contempla proyectos para llevar agua, dice.

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Existen 135 comités de agua potable en la localidad, saben que sus ríos están contaminados, y entubarla no es barato, la instalación cuesta Q3 mil, más la cuota anual de Q60. Es una cantidad fuera del alcance de Benjamín Joj. Además, aún entubada «el agua no está clorada, culturalmente se tiene el miedo de que los químicos dañen el organismo», sabe Ramos. La familia de William se surte de agua en un pozo vereda abajo de donde viven, regresar con sus baldes llenos es una tarea pesada.

En promedio Guatemala registra 47 por ciento de desnutrición crónica infantil, según un análisis de Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (IFECI), basado en datos oficiales. En Santa María Chiquimula, Totonicapán es del 70 por ciento; por departamento le siguen Quiché, 69 por ciento, y Huehuetenango, 68 por ciento.  

Disminuir los casos de desnutrición crónica ha sido un esfuerzo pesado, describe Ramos con un listado en sus manos, es un ranking de los municipios de Totonicapán que más la padecen.

  1. Santa María Chiquimula
  2. Santa Lucía la Reforma
  3. Momostenango
  4. San Bartolo
  5. San Andrés Xecul
  6. San Francisco el Alto
  7. Totonicapán, la cabecera
  8. San Cristóbal Totonicapán

Guatemala es el país de Latinoamérica con más desnutrición infantil crónica y el sexto a nivel mundial según informes de Unicef. Niños como William conforman esa estadística.

Lo que comen

En el espacio de cuatro por cuatro metros les cabe la vida a los Joj; ahí duermen y comen junto al poyo donde cocinan. El baño, una letrina, está vereda abajo.

Elia Mejía, la madre de William, ordena los leños recogidos para colocar uno encima de otro y deja un hueco para encender con un fósforo. De inmediato el cuarto se llena de humo. Sobre el poyo está la cazuela donde cocinó algo de fideos con aceite. Sirve la sopa y los fideos que flotan en un plato hondo de plástico, el desayuno del martes está listo. En ocasiones el centro de salud les entrega víveres, aceite y algunas pastas.

A William lo alimenta Elia, sus dos hermanos se esfuerzan para alcanzar el poyo y remojar el tamal en el caldito. También hubo Incaparina esa mañana. En el profundo silencio se logra escuchar el aleteo de las moscas. Para el almuerzo de nuevo hubo fideos con aceite, lo mismo en la cena. William todavía es amamantado.

Un día antes fueron al hospital de Totonicapán por su control para comprobar si ganó pesó. No le fue bien en la balanza. Elia está asustada porque pesó las mismas 16 libras, le dieron diez días para mejorar, de lo contrario la Procuraduría General de la Niñez y la Adolescencia (PGN) podría quitárselo por vulnerar los derechos del menor. Elia llora al recordar la sentencia de «sí no sube de peso, te lo vamos a quitar».

En 2016 se incluyó a Totonicapán en el llamado corredor seco. En 2019, el programa Integral de Desarrollo Comunitario (Proindeco) apoyó a 4 mil familias: 2 mil en Sana María Chiquimula y 2 mil en Santa Lucía la Reforma. La familia de William no tenía en ese momento los 4 quetzales de pasaje para colaborar con el transporte de los alimentos, por eso no se vio beneficiada entonces. El programa incluía 30 raciones de una mezcla nutritiva para cada miembro de la familia.

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El exministro de Desarrollo Social, Carlos Velásquez, durante el gobierno de Jimmy Morales, mencionó en aquella ocasión (septiembre 2019), «con estos programas se reducirá y se combatirá la desnutrición crónica, la pobreza y la pobreza extrema». A pesar de la ayuda el porcentaje de desnutrición crónica en ese lugar no ha disminuido, ha sido insuficiente y no llega a todas las familias necesitadas, dice la nutricionista del municipio.

La Defensora de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) de Seguridad Alimentaria y Nutricional, Andrea Aldana, menciona que «cada institución cuenta ya con una lista, por eso en muchas ocasiones las familias más necesitadas se quedan fuera de los beneficios de los programas».

Armando Medrano, monitor en Santa María Chiquimula de la Secretaria de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan), dice: «La ayuda de parte del Gobierno es escasa. La pobreza y la falta de empleo son determinantes del porqué el municipio padece desnutrición crónica».

El 20 por ciento de los vecinos de Santa María Totonicapán no sabe leer ni escribir.

Rescates judiciales

El departamento de Totonicapán en 2019 reportó 139 casos de desnutrición aguda según la Sesan, igual a decir tres salas de cines llenas. Ese año también murieron tres niños por ese motivo.

Santa Lucía la Reforma y Santa María Chiquimula son los municipios con las tallas más bajas. Los cerebros de sus niños tampoco se desarrollaron debido a un hongo que afecta el maíz que consumen en la región, saben las nutricionistas. Pero sus padres insisten en que es lo normal, “es nuestra raza”, le dicen a Ramos. Y los esconden, no los llevan al hospital por temor a que se los quiten por la vía judicial, como ya ocurre, cuando organizan operativos entre PNC y PGN.

En 2019 realizaron tres rescates. Dos menores con cardiopatía (malformación del corazón que se origina durante la gestación) y desnutrición crónica; el otro niño con desnutrición aguda. En Santa María Chiquimula son frecuentes los casos de cardiopatías, una consecuencia de la mala nutrición en la madre durante el embarazo, menciona Navas. 

De estos niños, sus madres se oponían a llevarlos al centro de salud u hospital, uno de los menores murió. El caso era inoperable, solo se le podía ofrecer oxígeno. «Uno de los menores que sobrevivió, cuando llegó al centro de salud estaba trabando los ojos, pensé que iba a morir en mis brazos, el padre estaba en estado de ebriedad gritaba al aire “a mi hijo nadie se lo lleva de aquí”», cuenta Navas. El menor tenía tres años estaba tan desnutrido que iba inconsciente. Con tratamiento lo estabilizaron.

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«Al menor se le dio seguimiento nutricional y es una de las historias de éxito de 2019, gracias al trabajo coordinado con las instituciones y las autoridades comunitarias del municipio», cuenta Navas. A la familia se le dio educación nutricional y alimentos a base de manía, azúcar y grasa vegetal.

Ese niño y William son de esos casos a los que Navas se enfrenta para sacar adelante. A la familia del niño, cada ida al hospital le significan Q50, la comida de una semana. Al cierre de esta nota William ganó una libra, pero aún sigue por debajo de su peso. La comida aún no llega para cocinarla en el poyo de su casa.

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