"Yo me catalogo en el ámbito de pobreza. No en pobreza extrema, pero sí tengo algunas limitaciones"

Izabal

MIRLA NOLBERTO

Judoka e instructora de judo en la Escuela Politécnica
Puerto Barrios
Edad en el momento de la entrevista (2018)/ 33
Lugar más lejano al que ha viajado/ Kazajstán, por trabajo. Por turismo dice no conocer ni Guatemala.

Mirla, garífuna de tres hermanas y un hermano, creció a la orilla del océano Atlántico, en Puerto Barrios, Izabal. Animada por su mamá, empezó a hacer deporte a los 11 años. Pasó por el atletismo (lanzamiento de bala, de jabalina) y el basquetbol, hasta que, gracias a un entrenador cubano, conoció el judo con 17 años. “Es un deporte que demanda mucha disciplina”, dice. “Nos enseñan a derribar a nuestro contrincante usando su propia fuerza”. En 2001 se instaló en la ciudad de Guatemala. Sin teléfono ni comunicación fácil con su familia, tuvo que buscar nuevos apoyos (“a quiénes pedirles consejo, a quiénes pedirles ayuda”) en un lugar ajeno, y hacerlo propio. Su primer torneo de judo la llevó a El Salvador, en 2002. Perdió su primer combate, y sintió mucha frustración: se sabía novata, pero no había dado lo mejor de sí misma. Desde entonces, además de campeona centroamericana dos años consecutivos, ha sido bronce en una Copa del Mundo. Mirla es pobre. Eso dice cuando le preguntan: “Yo me catalogo en el ámbito de pobreza. No en pobreza extrema, pero sí tengo algunas limitaciones. Cuido de lo que tengo, que me ha costado.” Para ella, hablar de riqueza y pobreza en Guatemala es hablar de una gran desigualdad: los que no escatiman en gastos y quieren más y más y más, pese a todo lo que tienen. Y los que apenas tienen y apenas sobreviven. Ahora, a sus 33 años, tiene dos aspiraciones. La primero tiene fecha de caducidad más próxima: participar en unos Juegos Olímpicos. La segunda, en buena medida, ya la practica en la Escuela Politécnica del Ejército, donde da clases para mujeres: formarse como entrenadora.