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Un experimento barato para limpiar el agua: lo que tres alcaldes del Corredor Seco aprendieron en México

Las plantas de tratamiento convencionales tienen una enorme desventaja: No pueden construirse cerca de áreas habitacionales por los olores y ruidos que generan.
Aunque se convencieron de que los humedales son una buena idea, los tres alcaldes enfrentan una disyuntiva. En sus municipios hay poca agua.
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Un experimento barato para limpiar el agua: lo que tres alcaldes del Corredor Seco aprendieron en México

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Tres alcaldes del área más árida de Guatemala están nerviosos. En los próximos seis meses todas las municipalidades deberán tener lista sus plantas de tratamiento primario. Algunas municipalidades las construyeron, otras solo dejaron al tiempo el cumplimiento del «Reglamento de las Descargas y Reúso de las Aguas Residuales y de la Disposición de Lodos». Este es un problema del que ya no pueden esconderse. En busca de una solución, viajaron hacia México y tienen en la mira una alternativa eficiente.

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Un estanque poco profundo, impermeabilizado, con grava o trozos de bambú en el fondo y plantas acuáticas en la superficie es la descripción más sencilla de los humedales artificiales. Parece demasiado sencillo, pero este proyecto similar a las macetas que hay en nuestras casas, es efectivo para limpiar aguas negras o residuales. A diferencia de las plantas de tratamiento convencionales, estas requieren menos mantenimiento y no consumen energía eléctrica.

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Para dos alcaldes de Chiquimula y uno del departamento de Jalapa, esta fue la primera vez que escucharon sobre este método para tratar el agua, un tema que ya no pueden postergar y menos ahora que el Cambio Climático recrudece las posibilidades de supervivencia de sus comunidades. La presentación de esta propuesta se dio en el marco del Encuentro de intercambio de experiencias sobre la gestión y la cultura del agua organizado por Mesoamérica sin Hambre, un programa de AMEXCID y FAO.

Las autoridades que viajaron fueron los alcaldes electos Melvin de León de San José La Arada, Chiquimula; Roberto Ramírez, de San José Pinula, Jalapa; y Mario Lemus, actual alcalde de San Juan Ermita.

En apariencia, el agua abunda

La radiografía del agua en Guatemala muestra, en números, abundancia. El país tiene cerca de 97,120 millones de metros cúbicos de agua, esto equivale a 38 millones de piscinas olímpicas, según la Política Nacional del Agua de Guatemala y su Estrategia, y el Instituto Privado de Investigaciones para el Cambio Climático (ICC).

Pese a la abundancia solo el 10 por ciento se aprovecha, aunque una tercera parte del total (unos 37 mil millones de metros cúbicos) está contaminado. Únicamente el 5% es tratado para ser reutilizado. Esto se agrava en el Corredor Seco, donde el agua escasa provocó que en 2019 se perdiera el 78% de maíz y el 70% de la producción de frijol.

El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) busca asesorar a los alcaldes del Corredor Seco de Guatemala, El Salvador y Honduras para que implementen alternativas ecológicas poco utilizadas, que limpien y almacenen el agua.

Este trabajo lo hacen bajo una premisa importante: las plantas de tratamiento que dependen de la energía eléctrica en poco tiempo serán inutilizables. Lo saben por experiencia: al menos la mitad de las plantas mexicanas de este tipo están fuera de operación.

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«No tiene ningún sentido generar tecnología que va a quedar abandonada. En México no operan –las plantas electromecánicas– porque los municipios no tienen dinero para pagar la energía eléctrica que requieren los procesos de saneamiento de esta tecnología. Por eso es tan importante conocer las alternativas de bajo costo como los humedales», refiere Adrián Pedroza, director general del IMTA

De acuerdo con el Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad (Iarna), el 37.5% del agua lo utiliza la industria y la agroindustria, las actividades agropecuarias y la silvicultura 31.9%, 24.82% proviene de la generación de energía eléctrica. Los hogares solo consumen un 2.3%.

Un tratamiento que opera a bajo costo

Las plantas de tratamiento tradicionales funcionan con luz eléctrica y maquinaria que requiere mantenimiento. Los humedales artificiales en cambio tienen bacterias que filtran y limpian el agua durante siete días o dos semanas. Estas plantas acuáticas se alimentan de los nutrientes que el agua trae (fósforo, nitrógeno, entre otros) y lo convierten en oxígeno. En el proceso absorben los minerales que las ayudan a reproducirse.

Un humedal es una fábrica de oxígeno que ayuda a disminuir los Gases de Efecto Invernadero (GEI), los cuales se acumulan en la atmósfera y ocasionan la retención del calor. Funcionan sin electricidad, por lo que son recomendables para zonas rurales.

La lista de beneficios en comparación a las plantas de tratamiento es extensa. No hacen ruido, no emiten olores, son ecológicas, económicas, no requieren de mano de obra calificada, resisten variaciones en la cantidad y contaminación del agua. Puede utilizarse para el riego de cultivos, para la generación de subproductos que dinamicen la economía como la plantación de ornato o su uso para crear artesanías, la acuicultura y pesca. También reduce los riesgos de enfermedades gastrointestinales una vez las aguas son descargadas a los ríos, lagos o hacia el océano. Son una alternativa aplicable a casi cualquier tipo de clima donde llueva mínimamente o donde exista neblina.

El agua residual contiene sólidos, materia orgánica como orina y heces fecales, nitrógeno, fósforo, metales y patógenos. Los humedales pueden limpiar el agua de los rellenos sanitarios, tratar desechos petroleros, mineros y agroindustriales. Pueden utilizarse en casas, comunidades o ciudades.

Un ejemplo para demostrar la eficiencia es el caso del humedal artificial de la comunidad Cucurucho, construido para proteger el Lago Pátzcuaro en Michoacán. El sistema recibe descargas de aguas residuales y desechos agrícolas.

Según datos del IMTA, este humedal logró limpiar entre el 65% y 99% de los sólidos y nutrientes en el agua tratada y desembocada al Lago Pátzcuaro. Según sus estudios, cada litro ingresado para tratar contenía en promedio 3,417,858 miligramos de coliformes fecales (originadas por las heces fecales). Después de pasar por el humedal se redujeron a 567, lo que equivale a una limpieza del 99.98%.

El nitrógeno se redujo de 79 miligramos a 10; el fósforo de 17 a 6; los huevos de helminto de 12 a cero.

El agua que sale del humedal es apta para el alcantarillado, la protección de la vida acuática, el riego de cultivos y áreas verdes.

Por el contrario, las plantas eléctricas de tratamiento secundario, que son el 90% de las que tiene México, remueven los sólidos pero no los nutrientes. Aun así, este líquido puede utilizarse para el riego.

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Las plantas de tratamiento convencionales tienen una enorme desventaja: No pueden construirse cerca de áreas habitacionales por los olores y ruidos que generan. Su beneficio principal es que pueden limpiar el recurso en ocho horas y no en una semana como los humedales, refiere Armando Rivas, experto del IMTA.

Pese a sus beneficios y bajo costo, la demanda de humedales artificiales no ha crecido. Para 2009 en México se registraban 160, hoy existen 275. En cambio, las plantas electromecánicas pasaron de 2,029 a más de 3,500 en el mismo periodo de tiempo.

Los números para Guatemala son menos alentadores. Se registran 465 plantas de tratamiento de las cuales 392 funcionan (84.30%). Cinco están pendientes de construcción y hay cuatro más en diseño, registra el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN).

Guatemala, Chimaltenango y Suchitepéquez son los departamentos que tienen más plantas de tratamiento. Las predilectas son las de lodo activado que dependen del uso de energía.

Actualmente en el país no hay humedales artificiales. El Ministerio de Ambiente consideraba que el único que existía era el de la Autoridad para el Manejo de la Cuenca del Lago de Amatitlán (Amsa), pero Manuel Cano, asesor de la misma institución, dice que solo es una laguna que estanca el agua y la filtra.

Amsa cuenta con 50 biofiltros para limpiar el agua del lago, pero el proyecto no ha tenido un impacto significativo pues, tras el tratamiento, el agua vuelve al lago para contaminarse. Más bien ha funcionado como una pequeña reserva para animales exóticos rescatados por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), asegura.

Implementarlo en Guatemala no es fácil

Pese a sus beneficios, los humedales tienen tres limitaciones para ser implementados en Guatemala. Para poder acaparar las aguas residuales del municipio todas las casas deben de estar conectadas a la red de alcantarillado, en Guatemala más del 37% de la población no lo está. También necesitan terrenos grandes para retener lo que la población consume diariamente. Por último, la aceptación social. 

En caso de no poder acceder a tierras o de existir conflicto agrario en la zona, Rivas recomienda a las municipalidades que pacten con los propietarios de terrenos privados el uso de estos. A cambio podrían cederles el permiso de utilizar el agua tratada para sus cultivos.

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Mario Lemus, alcalde de San Juan Ermita, Chiquimula, agrega una cuarta limitación: La experiencia técnica para instalar un humedal artificial.

Lemus es uno de los que más interés muestra en este sistema de tratamiento, asegura que por su cuenta inició la construcción de una planta electromecánica y reconoce que fue sin asesoría técnica, por lo que la obra tendrá que ser revisada por su sucesor. Todavía no la opera, pero siente la presión de hacerlo antes de dejarla la alcaldía en enero próximo.

«No basta solo con decir que vamos a hacer una planta de tratamiento. Las electromecánicas tienen un mayor costo para la realización y un mayor costo de operación, tanto en energía como en mano de obra calificada. Al final vamos a desperdiciar recursos para algo que no vamos a poder operar», refiere. Este es un temor que comparten los alcaldes de otros países.

Rivas afirma que la experiencia técnica es fundamental cuando se instala el humedal, pero no una vez empiece a funcionar. Antes de instalarlo «durante una semana, cada cuatro horas se toman muestras y se sacan promedios de los contaminantes del agua a tratar, para después diseñar los planos a partir de topografías y dinámicas de suelos con lo que se construye el sistema», agrega.

Para que funcione, el humedal requiere que se pode la vegetación al menos una vez al mes, limpiar las rejillas y los desarenadores (canales que detienen los sólidos más grandes). De acuerdo a cálculos de Rivas, los costos de operación son una sexta parte de lo que costaría mantener una planta electromecánica.

Un dilema: limpiar u obtener agua

Aunque se convencieron de que los humedales son una buena idea, los tres alcaldes del Corredor Seco enfrentan una disyuntiva: En sus municipios hay poca agua.

El alcalde Lemus está decidido a tratar la poca agua que les llega. Roberto Ramírez, electo para dirigir la municipalidad San José Pinula, Jalapa, dice que más urgente que limpiar el agua, es conseguirla. Su plan, cuando asuma el cargo, asegura, será perforar más pozos en su municipalidad. También dice estar interesado en los cosechadores de lluvia como un plan de respaldo. Afirma que el único problema es la escasez e imprevisibilidad de las lluvias por el Cambio Climático.

Melvin de León es el alcalde electo de San José La Arada, Chiquimula, piensa de forma similar. Tiene en la mira implementar la recolección de lluvia con ayuda del IMTA y AMEXCID. Como todavía no asume la alcaldía prefiere no contestar otras preguntas sobre cómo destinaría el presupuesto de su comuna para enfrentar este problema.

El IMTA ejecutará 7 millones de dólares en México y dará otros 7 millones de dólares a uno de países del Triángulo Norte para implementar proyectos de adaptación al Cambio Climático y la sequía.

La mancomunidad que trata sus aguas

Flores y San Benito, Petén, son dos comunidades que se unieron en 1996 para operar la Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (Emapet). Su sistema es parecido a los humedales artificiales pero sí utilizan energía eléctrica. Es un sistema híbrido.

Las lagunas de oxidación que desarrollaron tienen un sistema de bombeo de las aguas residuales que son dirigidas a un desarenador. La diferencia es que no utiliza plantas acuáticas y el agua no fluye por diferentes canales en el proceso de limpieza, sino que se queda estancada.

Tiene 12 lagunas de oxidación que limpian en un 85% el recurso en 21 días, el triple de tiempo que un humedal artificial necesita. El agua que trata puede reutilizarse para el riego, pero no para las hortalizas y tampoco para dar de beber a los animales, dice Carlos Montoya, gerente técnico de Emapet. Desembocan en un arroyo que alimenta el Lago Petén Itzá. «El principal objetivo de la empresa es cuidar la cuenca del Lago», asegura Montoya.

La empresa trata 3,500 metros cúbicos de aguas negras diariamente, equivalente a las descargas de unas 30,000 personas, o de 3,500 casas y negocios, refiere el entrevistado. Ambas comunas cobran una tasa municipal de 22 quetzales a 25 quetzales al mes por el tratamiento del agua, gastan 140,000 quetzales en la operatividad de todo su sistema.

La solución al acceso y limpieza del agua en el Corredor Seco podría dar un giro si Guatemala resulta elegido para implementar los proyectos de Cambio Climático, y recibiera los 7 millones de dólares que administrará el IMTA. Mientras tanto, la esperanza de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes pende de un hilo: el raquitismo de los presupuestos de sus comunas y la voluntad política.

 

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