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Cordón sanitario en Malacatán, San Marcos, debido al brote de casos de coronavirus ahí detectado.

San Marcos tiene una crisis propia: Productores sin mercado y autorrestricciones más duras

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San Marcos tiene una crisis propia: Productores sin mercado y autorrestricciones más duras

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En el norte de San Marcos, en San Miguel Ixtahuacán, un grupo de productores de hortalizas se quedó sin mercado, los municipios en los que vendían prohibieron el paso para evitar los contagios de coronavirus. En la costa de este departamento, en Malacatán, el mercado cerró de urgencia cuando ya habían detectado casos. En cada municipio las medidas de prevención son diferentes.

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Antes que el gobierno decidiera cerrar el país, a mediados de mayo, los líderes locales y municipales del norte de San Marcos tomaron medidas drásticas para evitar los contagios de COVID19. En Tejutla y Comitancilllo, prohibieron el ingreso de comerciantes de otras localidades.

Los tradicionales días de plaza o de mercado quedaron suspendidos. En otros municipios, como San Rafael Pie de la Cuesta, los mercados pueden funcionar, pero solo para la venta de productos esenciales.

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Eleodoro Hernández, un productor de hortalizas asentado en el caserío Sholtanán, en San Miguel Ixtahuacán, recuerda que recibieron la «invitación de no migrar a otros municipios» desde finales de abril. La prohibición, o invitación como él llama, obligó al Grupo Tres Cerros, que él preside, a regalar casi toda la cosecha de tomate que estaba destinada a los mercados de Tejutla, Comitancillo y Concepción Tutuapa, San Marcos, y otras comunidades de Huehuetenango.

Las pérdidas no están claras porque todavía no termina la cosecha. Son miles de quetzales invertidos, y todavía hay tomates, chile pimiento y cebolla que tendrán que cortar en los próximos días, aunque no haya comprador.

Los 35 productores que integran el Grupo Tres Cerros recuerdan que, en marzo, vendieron a 200 quetzales el quintal de tomate, a finales de abril lo vendieron por la mitad de ese precio. En mayo, no han vendido nada.

El gobierno ha insistido, a pesar de sus confusas instrucciones, que no han limitado el transporte de alimentos. Pero en San Marcos, las decisiones las toman los líderes de la comunidad.

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Difícil negociación

El alcalde de San Miguel Ixtahuacán, Timoteo Feliciano Velásquez Bámaca, reconoce que no hay forma de negociar con sus pares de otros municipios para que cambien su decisión.

El auxiliar departamental de la Oficina del Procurador de los Derechos Humanos, Luis Morales lo explica mejor: «Las mismas autoridades ancestrales toman sus medidas y es bastante difícil dialogar con ellos, y a veces ni los alcaldes tienen la capacidad para orientarlos o presionarlos para que las medidas no sean tan severas». Dice que los líderes comunitarios quieren impedir el retorno de migrantes desde México.

Velásquez es un alcalde electo por primera vez. Del gobierno no ha recibido «ni una mascarilla», indica, para ejemplificar su soledad ante la crisis. En una transmisión que hizo por Facebook, el 15 de mayo, les pedía a los alcaldes auxiliares que dejaran entrar a los camiones que llevan aceite, comida en general y también a los camiones de valores.

 «A ellos sí dejémoslos pasar, respetemos las medidas, por favor. El gobernador también nos ha indicado que dejemos pasar a los camiones de valores, los que transportan el pistío pues, porque necesitamos de unos centavitos. Los bancos van a atender…porque aquí en San Miguel hay un control estricto en donde solo sacan el paquete del dinero, los trabajadores y el chofer no salen del carro». Su trabajo es tratar de convencer a la autoridad comunal.

En su municipio, sin embargo, las personas abarrotan tiendas, el mercado local y los bancos, dice con desazón.  

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Sin transporte no hay siembra

Don Eleodoro Hernández y su grupo de productores tienen otra preocupación. La prohibición de transportar alimentos a los mercados la extendieron más de lo imaginado, y tampoco hay paso libre para transitar. No pueden usar vehículos para salir a comprar semillas y fertilizante, y esta es la época del año en la que siembran milpa en los cerros, a donde el agua entubada normalmente no sube. 

De esa cosecha depende el futuro alimentario de esta comunidad donde viven alrededor de 300 personas. Sholtán está ubicada a poco más de 280 kilómetros de la capital de Guatemala. Ahí las personas dependen del trabajo en el campo y de las reservas de maíz para subsistir. Hernández, dice que algunos tienen reservas para llegar hasta finales de año, otros, ya le han pedido que les preste unas libras de maíz o dinero para comprarlo.

Por eso su clamor es vital. «Necesitamos granos básicos, que nos tomen en cuenta. No podemos ir a las fincas para ganar para nuestro fertilizante o semillas. Y esto no pasa solo en esta región, hay varios municipios que están pasando por lo mismo».

La ayuda del gobierno llegará hasta mediados o finales de junio, y es no seguro que el grupo de don Eleodoro será beneficiado. 

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Los casos comunitarios en el mercado de Malacatán

El Ministerio de Salud no sabe cómo 38 personas en Malacatán, San Marcos, fueron contagiadas. A estas alturas, estos casos pueden considerarlos «comunitarios», destaca Manuel Sagastume, el jefe del Departamento de Epidemiología del Ministerio.

Las autoridades no saben si el contagio ocurrió de forma local o si alguien que viajó a México trajo el virus.

«El hecho de que estemos reportando más de 200 casos diarios sugiere otra cosa…ahora ya tenemos seguramente transmisión comunitaria en muchos lugares», destaca Sagastume.

Tampoco hay posibilidades de analizar el comportamiento del virus para buscar explicación a los contagios. El jefe del departamento de Epidemiología indica que no es posible recabar datos de las áreas de salud.

«Tendríamos que estar recibiendo información todos los días y a cada hora del comportamiento de la situación, y eso es muy difícil. La gente operativa está identificando a los contactos (de las personas que han dado positivo), toman muestras, dan las observaciones, los encuarentenan y les dan seguimiento. Como ya no son solo uno o dos casos, eso consume mucho tiempo y están más comprometidos en minimizar la propagación».

El jueves 21 de mayo, el Ministerio de Salud ordenó instalar un cordón epidemiológico en Malacatán, mientras el mercado, el Hospital Nacional –en donde falleció un enfermero– y la subsede del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), quedaron cerrados temporalmente.

El mercado fue identificado como foco de contagio. Sagastume no tiene datos para determinar por qué los municipios del norte de San Marcos tienen menos o ningún contagio, y tampoco se atreve a determinar que el cierre estricto en esas localidades haya dado mejores resultados que en otros, como Malacatán.

 

El cordón sanitario en ese municipio impide el ingreso o salida del sector urbano. La población vive un encierro obligado para evitar nuevos contagios. La usual movilidad transfronteriza también está prohibida, pero nadie controla los puntos ciegos.

Un día antes que el Ministerio de Salud tomara la decisión de cerrar el área urbana municipal, en esta localidad, ya reportaban cuatro fallecidos por el virus. El viernes, la cifra de decesos aumentó en dos personas más, pero ni el gobierno ni la comuna explicaron si eran o no otros pacientes residentes en Malacatán.

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La venta de alimentos, la atención en abarroterías, el trabajo en el rastro, siguen en funcionamiento. Sin embargo, solo está permitido el ingreso de productos agrícolas y productos y subproductos pecuarios nacionales. La comuna informó que la libertad de locomoción está restringida, y que solo puede salir una persona por familia para realizar compras y gestiones en instituciones públicas.

Las usuales multitudes quedan en una pausa obligada. 

 

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