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Opinión

Salcajá en la mira

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Leo elPeriódico esta mañana y en primera plana aparece la noticia que explica el intenso sonido de radiopatrullas y ambulancias ayer ya muy tarde en Quetzaltenango:

“Anoche fue asaltada la subestación de la Policía Nacional Civil (PNC) de Salcajá, Quetzaltenango, por un grupo de hombres armados con fusiles AK-47. El viceministro de Gobernación Edy Juárez informó que podría tratarse de una venganza en contra de dos de los agentes policíacos, quienes participaron en el decomiso de 1048 kilos de cocaína en Puerto Quetzal, Escuintla, el pasado 1 de junio”. Más adelante, la declaración de Gerson Oliva, director de la PNC: “No tenemos hipótesis concreta, pero estamos dándole seguimiento para ver si hay algún vínculo por la detención de los hombres armados hace tres días”.

Se describe el hecho como perpetrado por un comando fuertemente armado.  “El Gobierno informó que grupos del narcotráfico estarían detrás de la ejecución” y “no descarta imponer un estado de Excepción en el área”. Se dice, además, que escuadrones militares podrían apoyar a la PNC.

En otras palabras: seguimos a merced de la violencia y serán nuevamente las imágenes de armas, soldados y noticias de masacres las imágenes con la que crecerá mi hijo y todos los niños y niñas de este país.  No lo entiendo, de verdad:  ¿cómo es posible que “un comando fuertemente armado” ande por ahí tan campante en una noche de junio cualquiera? Ahora vendrá el rosario de justificaciones del cual ya estamos cansados:  que el narcotráfico, que los poderes paralelos, que la necesidad de más vigilancia y seguridad. Sin embargo, sabemos que allí no está la verdadera respuesta.

¿Qué explica hechos como éstos y como los que diariamente ocurren a lo largo y ancho del país? ¿Qué medidas tomar? Les aseguro señoras y señores, niños y niñas de este golpeado país en permanente crisis, que no será un nuevo estado de excepción lo que arregle absolutamente nada; no será la presencia de más soldados, de más policías. Y no serán, ciertamente las declaraciones indignadas de funcionarios del gobierno. Total, mientras nadie les toque sus cuentas bancarias pueden irse a dormir en paz, seguros que en el futuro todos olvidaremos la manera en que se aprovecharon de los fondos públicos, lo poco o nada que hicieron, sus desfalcos, sus berrinches, su absoluta falta de ética y de sensibilidad por los demás.

Pero si alguien quiere respuestas ¿por qué no explorar más a fondo?, ¿a qué y a quiénes le temen “nuestras autoridades supremas”?, ¿por qué no repasar nuestra historia y tratar de encontrar y analizar las causas del estado presente de las cosas.  Como siempre más preguntas que respuestas. Más impunidad. Más cinismo. Más miedo. Más frustración.

Y olvídense del rompopo, de los tejidos, de los balcones elaborados. Hay una nueva razón para colocar a Salcajá en el mapa de la historia.

Como siempre más preguntas que respuestas. Más impunidad. Más cinismo. Más miedo. Más frustración.
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