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Política de Estado

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Cuando mi hija mayor iniciaba su primaria, fue diagnosticada con déficit de atención. El día que nos dieron la noticia, sentimos que nos caía una guacalada de agua fría.

A pesar de que sabíamos muy poco de la enfermedad, popularmente, se decía que debía ser tratada con ritalina, esa droga maligna que embrutece a los chicos.

En esos años, hablar de déficit de atención estaba de moda y muchos niños eran mal diagnosticados.  Como nuestra hija, un montón de niños y adolescentes estaban pasando a formar un batallón de etiquetados con el maligno DÉFICIT DE ATENCIÓN. 

Les cuento esto para ejemplificar cómo en nuestros países tenemos la mala costumbre de tomar conceptos de moda con ligereza.  Normalmente, alguien en el norte elabora el concepto y nosotros, los del sur, lo tomamos sin mucho rigor.  Primero lo asumen los medios de comunicación y los académicos y después, como si fuera plaga, se va expandiendo al resto de la sociedad, o a una parte de esta, la que se informa.  Al poco tiempo, empezamos a hablar y a referirnos de conceptos que están de moda porque así nos sentimos importantes o creemos que así nos entienden mejor.

Ahora se me vienen a la mente algunos ejemplos de estos conceptos: Déficit de atención, empoderamiento, transversalización de género, etc.  Recientemente me he topado otro más, la Política de Estado.  Unos dicen que no hay Política de Estado (así con mayúscula, y todo).  Otros dicen que sí hay Política de Estado. 

Dicho así, con mayúscula y todo, suena realmente grave, como el déficit de atención, y tal pareciera que el Estado necesita algo parecido a la ritalina para recuperarse.

El concepto surge en los países desarrollados porque alguien se pregunta por qué pericos estos países en vías de desarrollo cambian la política pública cada vez que hay cambio de Gobierno.  Se hacen la pregunta porque en sus países, un cambio de Gobierno no significa un cambio en los consensos sociales establecidos y respetados por la mayoría.  Los nuevos gobernantes pueden hacer reformas (sustantivas o no), pero sin cambiar los acuerdos básicos establecidos.

Esos consensos sociales básicos son los mínimos que establece la sociedad.  Decir por ejemplo, que todos los niños deben completar la primaria, o que no puede morir ningún niño por desnutrición, o que no debe morir ninguna mujer en  un parto por falta de atención médica, o que se establecerán cuotas de participación de las mujeres en cargos públicos, o que se priorizará la protección de los recursos naturales y el medio ambiente, o que se reducirá la pobreza, u otros más.

Estos mínimos o pisos que la sociedad acuerda es lo que se llama con ligereza, Política de Estado.   Sin embargo, por usar la frase de moda, nos perdemos de ver la realidad y enfrentarla.  No es lo mismo decir que se necesita Política de Estado a decir, por ejemplo, que se necesita que el Estado se comprometa a que ningún niño esté fuera de la escuela, sin importar qué partido gobierne.

Si en vez de emplear el concepto, dijéramos con claridad cuáles son esos mínimos, quizás podríamos diagnosticar de qué padece el paciente y cuál puede ser la cura.

Si en vez de emplear el concepto, dijéramos con claridad cuáles son esos mínimos, quizá podríamos diagnosticar de qué padece el paciente y cuál puede ser la cura.
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