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«Yo hago chunches. Soy más chunchero que artista. Eso es lo que hago. Si no existe la palabra arte en tz’utujil, ¿por qué yo tengo que hacer arte?». Esto es lo que expresa en Gimnasia el artista de San Pedro La Laguna Benvenuto Chavajay.

Sin embargo, para un curador o crítico de arte convencional que venga de un espacio estrictamente occidental, las piezas que encontrará en la exposición Muxu’x —actualmente en Ciudad de la Imaginación— lo referirán inmediatamente al arte contemporáneo. Hay videos, fotografía, objetos reconfigurados que reconocemos inmediatamente porque vienen de nuestra cotidianidad, y todo esto nos remite a una reflexión sobre una historia personal que nos interpela e invita a pensar de manera más crítica una historia compartida en la que los chunches de Benvenuto tienen un espacio particular.

¿Chunches? ¿Arte? No solo es una cuestión de elección de términos. Es, sobre todo, una postura política frente a una tradición que para muchos —y esto a pesar de cualquier tipo de hibridez posible— sigue siendo ajena. Es el reconocimiento del vínculo que una práctica estética tiene con nuestros orígenes más que con reflexiones puramente académicas, aunque las dos cosas se encuentren y dialoguen por momentos. «… no me considero un artista decolonial. Yo soy artista tz’utujil de San Pedro, hijo del lago. Lo que yo hago es alejarme. Y si ellos me llaman artista decolonial […] pues qué bueno», nos dice Benvenuto.

Tres de las categorías centrales de los estudios decoloniales son la colonialidad del poder, la colonialidad del saber y la colonialidad del ser, esto vinculado a experiencias de vida que en Guatemala —desafortunadamente— son parte de nuestra cotidianidad: el racismo, el eurocentrismo epistémico y la occidentalización, es decir, el olvido de lo que en realidad somos o podemos ser, más allá de lo que nos han hecho creer. De ahí la necesidad de repensarnos desde un pasado que, como Benvenuto ha articulado en diferentes ocasiones, se nos presenta como futuro. Estos no son solamente términos o conceptos: parten de una historia de imposiciones y violencias que aún perduran.

Y, en cierta forma, Muxu’x nos habla de una búsqueda que va más allá de la reflexión política o de la práctica estética en sí. El término muxu’x en tz’utujil se traduce como ombligo, en el sentido del nexo que se tiene con la tierra, con los orígenes y con la comunidad. De ahí que, si para Benvenuto su práctica estética nace de una necesidad existencial de pensarse desde su ombligo, para nosotros puede ser también la invitación a escribir y vivir la historia desde nuestros propios términos.

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