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Monocultivo: el ingrediente secreto de la debacle venezolana
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Opinión

Monocultivo: el ingrediente secreto de la debacle venezolana

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Entre los conservadores guatemaltecos es frecuente escuchar el grito de pánico: «¡Nos estamos convirtiendo en Venezuela!».

Sin embargo, en ciertos aspectos ya fuimos como Venezuela hace mucho tiempo, y la literatura de economía clásica lo explica claramente para demostrar los beneficios de la competencia en ausencia de coacción.

Venezuela sufre la crisis de lo que en la economía clásica liberal se conoce como economía monocultivista de rentas, que siguió las estrategias del capitalismo de economía mixta. La llegada de Chávez al poder en 1999 le permitió a este utilizar la nacionalización de las principales industrias para extraer rentas del Estado, distribuirlas en programas de ayuda pública y generar empleos estatales. Por muchos años la bonanza económica de los altos precios del petróleo en el mercado internacional le permitió a Chávez continuar esta expansión, y el país superó al resto de Latinoamérica en los índices internacionales. Digna de estudio es la mejora de las condiciones humanas, de salud, de educación y de empleo, entre otros, mediante la creación de sistemas nacionales que tuvieron muchos éxitos con apoyo de la cooperación internacional.

Sin embargo, tal como la historia ha enseñado, las economías de renta que se sostienen por sistemas económicos de monocultivo fracasan. Y fracasan estrepitosamente cuando las plagas o la caída de los precios por la competitividad internacional destruyen la competitividad del monocultivo.

Guatemala, en sus casi 200 años de vida independiente, ha sido víctima de la dependencia de los monocultivos. Primero lo fuimos del café en el período del gobierno rentista del general Barrios, que a partir de la década de 1870 expropió y forzó a la industria a convertirse en productora neta de café. Por muchos años Guatemala fue uno de los principales países productores de café en el mundo, y muchas familias de millonarios de la actualidad medraron en esa época gracias a favores estatales. Los gobiernos rentistas requieren de una oligarquía con poder fáctico que los proteja y apoye para sostenerse. De lo contrario, son derrocados en corto tiempo.

Esta dinámica de monocultivos agrícolas cambió solamente a partir de 1945, cuando la emisión del Código de Trabajo le impidió a la oligarquía forzar a los pueblos indígenas a trabajar de manera gratuita y obligatoria las tierras que no eran de ellos. Así, los agricultores se vieron forzados a buscar otras industrias agrícolas intensivas, como el azúcar y la palma africana, que dependían menos de mano de obra forzada y les permitían vender sus productos a precios competitivos en el mercado. Actualmente, el 70 % del territorio nacional cultivable es utilizado para los tres grandes monocultivos: azúcar, banano y palma africana.

Afortunadamente, la inevitable modernización del país por la influencia extranjera y la llegada de capitales después del terremoto de 1976 permitieron diversificar la industria con nuevos capitales. Desde entonces, el país continuó una lenta diversificación industrial y sus exportaciones dejaron de depender de unos cuantos clientes y productos. En la década de 1980, la exportación de productos tradicionales era de un 75 % del total de las exportaciones y se componía principalmente de cultivos como café, banano, azúcar, cardamomo y algodón. Actualmente, esos cultivos representan menos del 25 % de las exportaciones y han sido reemplazados por productos de exportación como vestuario, manufacturas diversas, diversidad de frutas y vegetales, muebles y pesca y acuicultura, entre otros.

Aún falta mucho para que la modernización de nuestra economía se rebalse al resto de la población y las condiciones laborales y de vida mejoren. Hay muchas lecciones que podríamos aprender de los programas sociales ejecutados en Venezuela para mejorar las condiciones de salud y educación del grueso de la población. Muchas de esas lecciones podrían evaluarse en conjunto con instituciones en que la colaboración público-privada se mantenga sin violentar los derechos de propiedad privada y de generación de riqueza. Pero persiste el interés de que Guatemala se mantenga dependiente de unos cuantos productos de exportación y de unas cuantas fuentes de ingresos.

En Guatemala se nos viene una década complicada de desaceleración del crecimiento económico global y de incremento de la competencia de empresas extrajeras ingresando al país. Además, la crisis de las remesas y de migración será inminente mientras las políticas de países aliados como México y Estados Unidos sean hostiles para los connacionales. Del gobierno actual, ni hablar. En estos momentos de crisis nos queda explorar otros sistemas económicos y literatura extranjera que nos inspiren. Guatemala ya fue en cierto modo como Venezuela y por fortuna salió adelante, no sin antes pasar por varias luchas revolucionarias. Ahora nos toca evitar regresar a los errores del pasado, cuando unos pocos se enriquecían a costa del resto de la población.

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