Simone Dalmasso
María Isabel García, 27, enseña el desayuno de repollo con tortilla que consumió la familia, en el caserío El Centro, aldea de Tierra Blanca. Simone Dalmasso

Gota a gota: de sequías a préstamos exprés

La OMM alerta que cada década desde 1980 ha sido más cálida que la anterior y que esta tendencia continuará.
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Gota a gota: de sequías a préstamos exprés

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El cambio climático provoca cadenas que son difíciles de romper. A las sequías o las inundaciones, les sigue la pérdida de cosechas. A estas, el hambre y la desesperación. A cientos de familias solo les queda una opción: endeudar su futuro a manos de prestamistas que cobrarán, cueste lo que cueste.

De un momento a otro, las docenas de pies que se arrastraron por el suelo polvoroso, fueron obligados a acelerar. Deshidratados, agachados y sin hacer ruido, corrieron hacia el tronco de un árbol a esconderse. Instintivamente, las y los centroamericanos desesperados por sobrevivir se olvidaron del agotamiento y del calor incesante del desierto de San Antonio, Texas, que pesaba sobre sus cuerpos.

Todas sus alertas se concentraron en los sonidos. El de un motor que se acercaba, el llanto reprimido de dos niños en el grupo que amenazaba con delatarlos y un zumbido cercano que se intensificaba cada segundo.

«Había una señora con dos niños pero hicieron mucha bulla. No sabíamos que en el árbol había una colmena y nos comenzaron a atacar las abejas. En un segundo, aquel picazón a la gente. Todos comenzaron a gritar. Ahí nos agarraron», dice Rony Erazo parado entre los cafetales de Jocotán. A más de 2,300 kilómetros de donde pasaría 17 días privado de su libertad antes de ser deportado a Guatemala.


Fue hace años. Siete para ser exacto. Pero en su rostro aún resalta la decepción del 2015 bajo la visera de su sombrero blanco. Fue la tercera vez que el deseo de este agricultor de llegar a Estados Unidos para encontrar vida digna, se cortó. Fue el tercer y último intento de cruzar incluído en el precio de Q60,000 que pedía el coyote. Para pagar, Rony hipotecó la escritura de su terreno, una herencia de su abuela. Ahora le toca saldar la deuda. «No pudo pasar, terminó la oportunidad» le dijo el coyote.

«Perdí todo. Perdí mi terreno, tuve que vender todo de la casa. Nos quedamos sin nada», lamenta el hombre de 44 años.

Rony y su esposa Rosalía Gúzman se tuvieron que despedir del hogar que habían compartido durante años, donde crecieron sus seis hijos, en una aldea pequeña justo donde Jocotán colinda con Camotán. La familia que Rony esperaba sostener desde otro país porque sus cosechas ya no rindieron.

«Sembramos pero no se dio la milpa. ‘No vamos a tener comida’, pensé. Fue una obligación tomar ese camino. Le dije a mi esposa, ‘yo me voy, primeramente Dios que llegue’. Desafortunadamente no fue», lamenta con voz baja.

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Los siete años más cálidos de la historia

En 2014 el fenómeno de El Niño produjo una canícula severa y prolongada que se repitió en 2015. Empujó a las familias de pequeños productores y agricultores de subsistencia en Guatemala hacía el abismo. Dejó a Rony y su familia sin alimentos y sin productos a vender. Sin esperanza en su aldea ni en su país.

Fue solo el principio. Pese a la variabilidad del clima, entre lluvias y tormentas, canículas y sequías, que cada vez es más extrema también debido al cambio climático, a partir del 2015 inició el período más cálido jamás registrado, que hasta el momento continúa, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).


Entre 2015 y 2021 la temperatura global promedio superó con más de 1 °C a la media de los registros de 1850 a 1900, la línea base de monitoreo del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

La OMM alerta que cada década desde 1980 ha sido más cálida que la anterior y que esta tendencia continuará. Cada año la concentración de gases de efecto invernadero (GEI), que contribuye al calentamiento global y al cambio climático, incrementa. Los tres más impactantes son el CO₂, el gas metano y el óxido nitroso.

Los tres se relacionan con la quema y producción de combustibles fósiles. En el caso del gas metano, también influye la ganadería y la agricultura, especialmente el cultivo de arroz. Además, el uso cada vez mayor de fertilizantes en la industria de la producción masiva de alimentos contribuye a la emisión del óxido nitroso.

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El mayor impacto proviene del CO₂, que en 2020 correspondía al 66 % del forzamiento radiativo (la acumulación energética que genera el calentamiento de la atmósfera), según la OMM. Desde 1750 su concentración aumentó 146 %. Además de la quema de combustibles en las industrias y el transporte, se emite en los incendios forestales.

Un futuro oscuro

Hace casi una década, los departamentos de Guatemala que formaban parte de la región conocida como el Corredor Seco eran Jutiapa, El Progreso, Baja Verapaz, Zacapa y Chiquimula, donde viven Rony Erazo y Rosalía Gúzman.

En 2013 los impactos del cambio climático ya se manifestaban en Guatemala por lo que los departamentos de San Marcos, Santa Rosa, Huehuetenango, Escuintla, Retalhuleu y Quiché fueron incluídos en el término.

Desde entonces, la situación no ha mejorado. La falta de medidas de mitigación y adaptación hará que el área que conforma el Corredor Seco siga creciendo.


«Se está extendiendo y se va a extender más porque los modelos de clima futuro muestran que la lluvia va disminuyendo, entonces para finales del siglo el Corredor Seco va a ser mucho más amplio», asegura Edwin Castellanos, miembro del IPCC y director del Observatorio Económico Sostenible de la Universidad del Valle de Guatemala.

Un área donde los pequeños agricultores también están altamente vulnerables ante las sequías y la inseguridad alimentaria, pero que aún no ha recibido mayor atención incluso pese a tener mayor densidad poblacional, es la parte norte de Alta Verapaz y El Progreso, indica Castellanos.

Señala que es importante tomar en cuenta que el Corredor Seco no solo es un concepto geográfico, sino también político.


«Hay regiones en Guatemala, que están muy afectadas, muy vulnerables y con mucho riesgo, pero que están tan lejos de todo que la gente ni siquiera se entera, menos cuando no hay caminos adecuados para llegar», dice Castellanos, quien participó como autor y coordinador en la elaboración del capítulo sobre Centro y Sudamérica en el Sexto Informe de Evaluación del IPCC .

El riesgo que el cambio climático presenta en departamentos como Chiquimula, es que por ser áreas históricamente secas, una alteración relativamente pequeña en los patrones de lluvia puede causar impactos grandes.

«Son lugares que están más cerca del umbral de crisis y el cambio climático está cambiando la temporalidad de la lluvia. En el Corredor Seco ahora deja de llover ocho meses y reciben toda el agua en cuatro meses. Es un problema de regulación, o de la temporalidad de la lluvia, no la cantidad», dice.


El experto en cambio climático propone dos acciones de adaptación urgentes para evitar crisis como la que enfrentó Rony Erazo. Almacenamiento de agua para las épocas secas, tanto para consumo humano y para cultivos, además de sistemas de riego.

Pese a ser una de las partes más secas del país, tanto en Chiquimula como en Zacapa pasan ríos caudalosos, como el Río Grande y el Río Motagua. Ambos bajan durante la época seca y se desbordan con las lluvias fuertes. Castellanos señala otro problema que aumenta la vulnerabilidad ante el cambio climático: el mal manejo de los recursos de agua.

«Los ríos están altamente contaminados y por lo tanto no se pueden usar directamente. Si solucionamos la contaminación ayudaría un montón a esa región. Hay que manejar mejor el agua que tenemos. Se podría limpiar el agua ya contaminada con plantas de tratamiento, pero es caro. Lo más barato sería no ensuciarla», dice.

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El ecosistema político global asfixia aldeas locales

«La idea era siempre ayudar a mi esposa y mis hijos. Darles comida», explica Rony.

Solo en 2021, 63,520 personas que intentaron huir de Guatemala fueron retornadas. De ellas, 1,878 eran de Chiquimula que ocupa el cuarto lugar entre los departamentos donde más personas intentan migrar.

El último intento frustrado del hombre moreno y delgado, de barbilla ancha y manos robustas con venas marcadas, de ir a Estados Unidos fue en agosto de 2015. Para cumplir con su objetivo, que su familia sobreviva, ahora es migrante en su propio país, bajo la misma dinámica perversa que le obliga a estar menos tiempo con su esposa y sus hijos para que haya más alimentos para ellos.


Consiguió trabajo en una finca de café en Esquipulas donde tiene posibilidad de ocuparse todo el año.En la época de cosecha, entre noviembre y diciembre,  gana Q40 por quintal; en la limpieza de los cafetales de enero a junio y en el abono entre julio y octubre, gana Q35 por día.

Fue una coincidencia rara encontrarlo entre los cafetales de Jocotán. Solo regresa a su aldea cada 20 días porque trabaja bajo un modelo llamado «plan 20». Durante 20 días seguidos trabaja en la finca a cambio de Q700. Mientras está allá, recibe comida y una galera para dormir. Le dan tres días de descanso que Rony aprovecha para ver a su familia.

Desde que perdieron su terreno y su casa –la inversión en la esperanza de una vida digna– Rony, Rosalía y sus hijos han vivido en la esquinita del terreno de una tía de él, donde levantaron un cobertizo. Logran apenas sobrevivir. Del salario de Rony de Q700 hay que restarle los Q120 que cuesta el viaje de 45 kilómetros ida y vuelta entre Jocotán y Esquipulas. Los restantes Q580 tienen que alcanzar para alimentar a siete bocas, ocho cuando llega Rony.


«Casi no tengo que quedarme tanto en la casa porque de mí dependen ellos, entonces yo tengo que estar jalando el gasto para la casa. A como están las cosas ahorita, recarisimas, esos menos de Q600 que me quedan, no alcanzan para comprar maíz, frijol, azúcar, jabón, todo eso», dice.

Durante los últimos años, la desesperación de Rony, se ha convertido en la condición diaria de muchas personas en Chiquimula que dependen de la agricultura para sobrevivir en condiciones climáticas y económicas cada vez más difíciles. Un círculo vicioso.

El cambio climático disminuye la producción y deja a muchas familias sin alimentos y sin productos para vender. Pero la producción de los mayoristas también disminuye, lo que  sube el precio de los granos básicos en el mercado . Es decir, cada familia cuenta con menos autosuficiencia y menos ingresos, pero tienen que comprar más alimentos y a precios más elevados.

Solo durante 2021, el precio del maíz subió 25 % y del frijol 34 %, según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA).


Para intentar superar las dificultades que genera el cambio climático, muchos agricultores invierten más de sus recursos limitados en fertilizantes con la esperanza de cosechar suficiente. Pero es inútil, indica la ingeniera agrónoma, Ana Isabel Fión.

«La canícula es el espacio de tiempo en el que las semillas pueden desarrollarse, aún sin agua, pero como es cada vez más prolongada pierden esa capacidad de resistir a la sequía y se atrofian. Por más fertilizantes que se utilicen, ya no crecen y la cosecha no va a ser la misma», asegura.

El único remedio es el que no hay: agua. Y en el contexto de comunidades en condiciones de pobreza y pobreza extrema, los sistemas de riego no representan una opción realista.


A Fión el creciente uso de agrovenenos y fertilizantes sintéticos le preocupan por el daño a los ecosistemas y a la salud de la población. Comenta que en muchos casos, hongos como la roya pueden volverse resistentes por el sobreuso de químicos. Y hay otro elemento que le llama la atención a la agrónoma: «nuestra agricultura está basada en el petróleo. Curiosamente, todos estos productos son derivados del petróleo y se utilizan a gran escala en todo el mundo. Entonces existe una relación directa con las emisiones de gases de efecto invernadero, pero son industrias monopolizadas que no producen muchos datos», explica.

Aunque los fertilizantes químicos fueran un arma eficiente contra las sequías, para la mayoría de familias tampoco serían una opción ahora. En el último año, los precios de productos como sulfato y urea han incrementado más del 100 %.

Rusia es el productor más grande del mundo de nitrato de amonio, uno de los ingredientes principales en los fertilizantes agrícolas.

«Es un químico derivado del petróleo que se utiliza para producir un montón de fertilizantes, como urea y triple 15. El aumento del precio del petróleo a consecuencia de la guerra de Rusia, sube el precio del nitrato de amonio y de estos fertilizantes», dice Fión.

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El mercado de La Terminal

En una sinfonía de ruidos, colores y olores, de personas, motores y alimentos, la vida alrededor del mercado de La Terminal en Chiquimula sigue su ritmo cotidiano. Cada puesto de venta, tanto pequeño como grande, y con muy pocas excepciones, es manejado por mujeres. Madres con bebés, abuelas con trenzas largas y canosas.

La mayoría viene de comunidades agricultoras fuera del casco urbano, que sufren el calvario de enfrentarse a la crisis de subsistencia que genera el cambio climático, pero también condiciones de vulnerabilidad histórica. Para un grupo particular, esa batalla abrió una ventana de oportunidad.

«Las vendedoras de zapatos, ropa, tomate, vegetales, granos. Todas ahora trabajan con préstamos. Pero no es algo que se habla solo así», dice el Cobrador. No suelta el tono serio de su voz ni por un momento. Que se resguarde su nombre, su edad y cualquier característica que lo pueda identificar es el trato que pide a cambio de compartir su experiencia en el negocio ilícito de los préstamos ‘exprés’ o ‘gota-gota’.


Desde los años 90, explica, los prestamistas trabajaban con intereses entre el 5% y el 10%. Ya no es así. Conforme más personas fueron afectadas por la crisis económica y alimentaria por la pérdida de cosechas, el mercado para los prestamistas creció, siendo la única posibilidad de un préstamo para muchas personas que no cumplen los requisitos del sistema bancario. Los intereses comenzaron a subir hasta oscilar hoy entre el 25 % y el 40 %.

«El prestamista se aprovecha de la situación de vulnerabilidad de la gente», dice el Cobrador.

Son préstamos de diario. Por ejemplo en un préstamo de Q1,000 con 38 % de interés en un «plan» de 24 días, la persona tendría que pagar una cuota diaria de Q60. Si un día no se logra juntar suficiente para pagar, se distribuye el monto entre los días restantes y la cuota sube.

Las y los vendedores utilizan los préstamos para invertir en productos para vender. En muchos casos productos que antes producían. El Cobrador asegura que son astutos y que en general logran sacar su pago diario. Surgen problemas cuando alguien utiliza el capital del negocio para cubrir un gasto personal y comienza a fallar en sus cuotas.

«Uno llega, todo bien, tranquilo a pedir que la persona se ponga al día. No pasa nada, por favor póngase al día». También la segunda vez. Pero llega la tercera o cuarta vez. Y cada vez la cuota diaria sube. Entonces se ven en la necesidad de pedir un nuevo recurso. Ahí es donde se traba la gente y empiezan los problemas».


Se asegura de aclarar varias veces que cobrador y prestamista son dos personajes muy distintos, como trabajador y patrono. Así como él, los cobradores surgen de la misma pobreza en un vacío sin empleos y posibilidades.

«El cobrador no tiene la culpa, él lleva una orden. Una instrucción, porque no es su dinero», dice.

Entre los usureros o prestamistas hay de todo tipo. Desde el «señor pistudo» de la comunidad que presta a su propia gente, a veces a cambio de cosechas, hasta redes de crimen organizado, como los narcos.

Incluso ha visto comercios que venden productos agrícolas comunes (como la urea que aumentó de precio), ofrecer fiado con el 20 % o 30 % de interés, parecido a los prestamistas. Un negocio que considera más riesgoso para el cliente.

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«Ahora por el clima la misma cosecha aún con fertilizantes no alcanza. Es un tema serio».

En el mercado la efervescencia fluye sin interrupciones. Pero los cobradores «siempre andan por acá», murmura una mujer. Sin subir la mirada, otra mujer confirma que ella tuvo que sacar un préstamo, pero, dice en las mismas palabras del Cobrador, no es algo que se habla solo así.

Este Cobrador ya no se dedica a los préstamos exprés. Aunque le iba bien, no era para él, dice, sin querer dar más detalles. Garantiza que aunque algunos cobradores trabajan a «la antigua», él nunca utilizó la violencia. Se llevaba bien con sus clientes y prefería hablarles para resolver problemas con el pago. Además, la violencia le pone nervioso. Pero calcula que la mayoría de muertes en Chiquimula tienen relación con los préstamos.


«¿No va a pagar? Tiene que pagar con algo. Para el prestamista no hay pierde. El prestamista cobra porque va a cobrar. Esa es la parte negativa. Tiene una parte positiva, bueno yo lo miro de esa manera. Nadie denuncia. ¿Quién?», pregunta con una mueca detrás de la mascarilla.

David Boteo, jefe de la División Especializada en Investigación Criminal (DEIC) de la Policía Nacional Civil, afirma esa teoría. Por miedo las personas no denuncian las redes de prestamistas, ni por la usura, ni por la violencia y las amenazas que utilizan cuando alguien no puede pagar, y en muchos casos las autoridades se enteran hasta que hay una persona lesionada o asesinada.

«Siempre ha habido personas que han prestado dinero, pero estas redes son sumamente violentas. Lastimosamente tenemos esta información hasta que hay un asesinato, y alguien dice ‘es que él tenía un prestamo’», explica por teléfono.

El Ministerio Público informó que se encontraron solamente 254 denuncias en los últimos 10 años relacionadas a los prestamistas, por los delitos de coacción, usura y negociaciones usurarias.

La PNC ha conocido más casos en Guatemala, Retalhuleu, Izabal, Petén, Quetzaltenango, Chiquimula y Escuintla. Las principales víctimas son los comerciantes que venden productos agrícolas y que por tener mucha necesidad aceptan los términos, explica el comisario. Recuerda un caso particular en Escuintla de una señora que prestó Q1,000.


«‘¿Solo mil va a querer?’, le preguntaron. Tenían una maleta llena de dinero y le ofrecieron hasta Q10,000. Cobran 30 %, a veces incluso hasta 50 % en intereses, y de repente la señora debía Q7,000 y cuando ella comenzó a reclamar ya era demasiado tarde. Ya conocían a toda la familia, llegaron a su casa. Tuvo que vender su picop que tenía, porque los intereses siguieron subiendo», recuerda Boteo.

Agrega que aunque maten a la persona que contrajo la deuda, siguen cobrando a sus familiares. Algunos al final huyen a Estados Unidos.

Igual que en otros países de Centroamérica, antes se atribuían los préstamos ilegales a redes organizadas que provenían de Colombia. Por ser un negocio que genera montos grandes de dinero, Boteo asegura que el fenómeno se agravó ya que muchos actores locales aprendieron del modus operandi, como las pandillas que operan en la capital, Mixco y en San Pedro Ayampuc. No solo el cambio climático, sino también la crisis que generó la pandemia de COVID19, ha empujado a la población hacía el abismo sin mecanismos de apoyo, exponiéndoles a más riesgos. Especialmente a las mujeres y madres solteras.

Boteo enfatiza que tiene que haber mejores oportunidades de empleo y ayuda económica, un subsidio, para evitar que las personas en su desesperación caigan en manos de esas redes.

«En los bancos no les están dando préstamos, pero algunos sí dan tarjetas de crédito. Esa es otra trampa donde hay que tener cuidado», dice.

El policía y el Cobrador coinciden en su crítica.

«El sistema financiero de Guatemala no sirve para nada. Solo le da pisto a aquel que tiene un ingreso de Q3,500 mensuales o que tiene contrato fijo en su trabajo. El interés es similar, pero piden un montón de requisitos, que muchas personas que viven de a diario no pueden cumplir y aquí no hay empleo, menos para las personas que vienen a trabajar en La Terminal», afirma el Cobrador.


Está seguro de una cosa, si no fuera un negocio rentable para todos, no existiría esa actividad. En redes sociales como Facebook, abundan los anuncios que ofrecen préstamos rápidos y fáciles sin requisitos. No solo en Chiquimula sino en todo el país.

Edwin Castellanos también enfatiza la necesidad de mecanismos de apoyo y prevención implementados por el Estado en las áreas donde cada vez más personas viven en inseguridad alimentaria, migran para huir de la pobreza o caen en redes ilícitas de préstamos para sobrevivir.

«Los agricultores en estas áreas están siendo dejados a su suerte. Hay que brindar apoyo técnico a la gente local en términos de información sobre qué variedades utilizar para tener cultivos mejor adaptados a estas condiciones cambiantes del clima. Y se tiene que hacer un esfuerzo para que esas variedades lleguen a los lugares donde se necesitan», explica.

Castellanos además sugiere apoyo financiero en casos de sequías o huracanes a través de los seguros agrícolas que ya existen, pero aún no tienen mayor alcance. Para que el seguro funcione, es clave el fortalecimiento de las instituciones públicas.

«Depende de una institución con credibilidad y un buen sistema de información climática y meteorológica para indicar en qué momento tiene que entrar el seguro, por ejemplo cuando hay una sequía. El Insivumeh en términos de presupuesto y de equipo sigue siendo bastante débil. Eso empeora con el problema de corrupción y hace que sea más difícil implementar el seguro agrícola», dice el experto.

Abandonados a su suerte

En Jocotán, Rony Erazo cruza el cafetal a pie para llegar a su aldea y pasar la noche en el cobertizo con su familia, antes de regresar a Esquipulas en la madrugada. Es su hogar, pero solo lo visita. No se puede permitir quedarse más tiempo.

En los siete años desde que fue retornado, la desesperación nunca desapareció. Tampoco el hambre o el miedo de que el próximo problema de salud de alguno de sus hijos fuera algo más grave que los remedios que recogen en el monte no puedan curar.

Solo se le ocurre una salida: volver a intentar. Esta vez sin coyotes. Escuchó en Esquipulas que el viaje ahora cuesta Q110,000 y él ya no es dueño de nada que pueda vender. «Estoy intentando aventurarme a ir solo, sin coyotes. Y tal vez trabajar en el camino. A ver si lo logro, pero es difícil porque es una aventuranza, porque como no hay plata para pagar al guía. Pero aquí no tengo descanso», dice.

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