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¿El coloso dormido o un fracaso político?
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¿El coloso dormido o un fracaso político?

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La figura del abogado Estuardo Gálvez es fundamental para entender a la Universidad de San Carlos de Guatemala y cómo se gestiona el poder en esta institución pública. Ningún rector como él se esforzó por construir una plataforma política, con presencia en todo el territorio nacional, para influir en la toma de decisiones nacionales.

Entonces la función de juez no me ha atraído muchísimo, me he dedicado más a actividades académicas que a estar en una oficina resolviendo casos. Creo que es importante. Pero no ha sido mi prioridad.
El número de ingreso de estudiantes es el mismo. El número de estudiantes que permanece es el mismo. Le puedo decir que nosotros teníamos un control estricto de las actividades que le mencioné. Eso fue lo que hicimos.

Estuardo Gálvez tomó en cuenta todos los factores: estudiantes, profesores, directores de centros regionales y sus puestos en los Consejos de Desarrollo, y cursos libres para el resto de la población, para armar un proyecto que comenzó desde mediados de la década de los 90. Se dedicó 14 años en construir su escenario. Por eso cuando salió de Rectoría en 2014, se especuló que lo mejor de su carrera política se acercaba.

Dos años después y una crisis política inesperada, en febrero de 2016, su situación parecía haber cambiado dramáticamente. El sucesor de Gálvez en rectoría, el odontólogo Carlos Alvarado Cerezo, hizo todo lo posible por desligarse de su antecesor y adaptarse a los nuevos aires. En la elección a magistrados de la Corte de Constitucionalidad por el Consejo de la Universidad de San Carlos (Usac), en marzo pasado,  Alvarado Cerezo negó cualquier apoyo a Gálvez, si éste planeaba —como decían los rumores— lanzarse en esa contienda. “Ni aunque estuviera participando lo apoyaríamos, él no tiene ninguna posibilidad de quedar en el Consejo”, dijo de manera tajante previo a lanzar la convocatoria a candidatos.

Aun así, los decanos cercanos a Gálvez votaron a favor del candidato que apoyó Alvarado Cerezo (el ex decano de Derecho, Francisco De Mata Vela). Y en la votación del Colegio de Abogados, según constó en las actas de votación, su agrupación pasó a votar a favor de otro exdecano de Derecho y supuesto contrincante, Bonerge Mejía. El peso de Gálvez, pues, no se ha derrumbado.

Hasta el momento le ha servido para negociar apoyos a futuro. Algunos creen que es un cadáver político, mientras otros consideran que solo hiberna mientras a la espera de un mejor momento. Gálvez tiene su propia opinión.

La súbita pasividad

Había muchos rumores de que usted se lanzaría para magistrado de la Corte de Constitucionalidad, ¿por qué no lo hizo?

En realidad, en nuestro campo, los abogados aportamos en diferentes áreas. Yo he estado vinculado a la academia, a través de la Usac, desde hace muchos años. Yo fui decano de 2000 a 2004 y fui rector de 2006 al 2014, entonces he estado vinculado a esto. Pero en realidad, aunque yo creo que las judicaturas son muy importantes, particularmente a mí no me atraen mucho.

Desde que tenía 17 comencé a hacer pasantías en los tribunales. Como era una persona que no tenía cuello tuve que hacer dos años de pasantía, aprender el trabajo de tribunales, enseñarle a otros que llegaban a los cargos con cuello y sin experiencia, y yo me deprimía, porque les tenía que hacer el trabajo y ellos cobraban el cheque. Finalmente después de tres años me dieron una plaza y comencé a trabajar en tribunales. Allí se me presentó la propuesta de ser juez, era el paso que me correspondía, pero yo había gestionado una beca.

Entonces la función de juez no me ha atraído muchísimo, me he dedicado más a actividades académicas que a estar en una oficina resolviendo casos. Creo que es importante. Pero no ha sido mi prioridad.

Se pensó que iba a ser candidato por la Universidad...

Luego, cuando asumí como Coordinador Académico (en 2015) por el Colegio de Abogados (CANG), pensaron que fui a ese cargo para ser candidato por el Colegio.

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Muchos abogados que han tenido ese puesto, luego han logrado ser presidentes del Colegio o magistrados.

Exactamente a eso me refiero. Cuando asumí ese puesto en junio del año pasado, pensaron que iba por el Colegio y no por la Universidad. Pero nunca fue mi interés. El propio presidente del Colegio (Marco Sagastume Gemmel) me preguntó. Él me dijo que debería ser candidato de la Corte, que tenía el perfil. Pero ese no era mi interés. En realidad, no es mi prioridad ser candidato a ninguna de las Cortes.

¿Pero sí tiene aspiraciones políticas?

Yo creo que Guatemala debería ser un mejor país, que debería de haber más orden, debieran de haber más oportunidades en todo el sentido de la palabra, que debería de haber mejor atención en salud, mejor seguridad pública, mejor educación pública. Creo que Guatemala podría ser mejor. Y no ha de ser fácil, solo la Universidad es difícil, imagínese cómo ha de ser lo otro. Por lo tanto, no descarto la probabilidad que pueda participar en la política.

Desde su salida de Rectoría ha bajado de perfil. ¿Por qué?

Yo ahora me he dedicado a asuntos de la universidad, a cursos libres, ciertas consultas que me pasan de rectorías, me dedico a la actividad académica en el Colegio. Creo que uno debe saber en qué momento levantar y en qué momento estar tranquilo, y yo me siento bien así como estoy.

Si comparamos la elección de magistrados de la Corte de Constitucionalidad de la Usac en 2011, cuando usted lo dirigía, se veía mucho consenso en torno suyo, y en el actual Consejo Superior se ve mucha mayor fragmentación. ¿Cómo ve este proceso?

Siempre me he preocupado por apoyar propuestas que considere sanas para el país. He apoyado a varios colegas que han sido presidentes del Colegio, varios magistrado de Cortes. He apoyado a mucha gente. Cuando apoyo a alguien trato que sea lo mejor para el país. Que sea académico y que por sobre todo no esté vinculado a crimen organizado. Pocas veces me he arrepentido...

Recuerdo el conflicto con Rodrigo Ponce Chavarría

(Risas, mientras levanta la voz) Pocas veces me he arrepentido, pero así es la vida. Cuando hace cinco años tocaba elegir a magistrado (de la CC) me decidí apoyar a un maestro que conocía por su trayectoria, un hombre que para mí era una persona que garantizaba transparencia, y apoyé a Mauro Chacón.

Y a Juan Carlos Medina Salas de suplente…

Sí, a Medina Salas también. Y no me arrepiento de haberlos apoyado. Esa fue la decisión que yo tomé. Pero cada momento es diferente. Creo que hay buenos candidatos, cada uno tiene un respaldo diferente. Y sí veo más compleja la dirección ahora.

Cómo ve la llegada de Francisco De Mata Vela, que fue su asesor jurídico y lo es del actual rector, y en general su padrino o su gran apoyo cuando usted subió a la decanatura de Derecho luego de que él dejó el puesto.

En general veo que como con otros candidatos, tienen una carrera universitaria, una trayectoria académica, pero, bueno, ya las resoluciones que han tenido en los casos que han llevado ya es otra historia, es cosa que cada quien va evaluando.

Y ahora en el Colegio apoyaron a Héctor Hugo Pérez Aguilera, igual que en 2011

En diciembre decidimos ese apoyo. Lo hicimos en 2011 en contra del candidato de la UNE (Unidad Nacional de la Esperanza), ellos tenían su propio candidato.

¿Vladimir Aguilar?

Exactamente. Ahí usted mira cómo me he movido. Me decían que era de la UNE, pero en esa ocasión teníamos una propuesta propia.

Su grupo tiene sus propios intereses.

Intereses y principios.

Tomando en cuenta esos intereses y principios, Pérez Aguilera fue muy criticado por las resoluciones que aprobó en la CC junto a Roberto Molina Barreto y Alejandro Maldonado Aguirre…

Yo apoyé en 2011 a Mauro Chacón en la Universidad, y en el Colegio a Pérez Aguilera. Y no me arrepiento de haber apoyado a ninguno de los dos. Los dos piensan diferente, pero ninguno de los dos es corrupto. Ninguno ha cobrado un centavo por sentencias y fallos, mucho menos crimen organizado.

¿Y apoyó a alguien en el Consejo Superior Universitario esta vez?

No, a nadie.

Su presencia en el Colegio de Abogados

Durante su gestión encontramos un cambio importante: un aumento de graduados en la Facultad de Derecho, que va de 200 a más de 400, y cuando entra Bonerge Mejía y luego Avidán, la gráfica sube hasta los mil graduados.

Absolutamente, absolutamente...

¿Era una política de graduar más estudiantes? ¿Eso representó un deterioro en la formación de estudiantes?  

El número de ingreso de estudiantes es el mismo. El número de estudiantes que permanece es el mismo. Le puedo decir que nosotros teníamos un control estricto de las actividades que le mencioné. Eso fue lo que hicimos.

Varios estudiantes entrevistados mencionan nombres como “ternas regalonas”, y procesos arbitrarios para graduar, y mencionan que ese crecimiento se debió a una política deliberada.

Yo le puedo decir lo que yo hice. Allí hubo calidad.

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¿Eso ayudó a que se graduara más gente?

¿Conmigo? No. Se graduaba un número razonable de graduados. Después se dio esa subida que se menciona.

A partir de 2002 surgen nuevos grupos de abogados que compiten en las elecciones internas del CANG. A mediados de los 90 las victorias eran de los abogados corporativos, los de la cúpula empresarial, pero eso cambia con su llegada. En elección de 2003 compite usted en alianza con Roberto López Villatoro en contra de esos abogados. Pierden, pero a la siguiente ganan.

En esa ocasión participó Gabriel Medrano en contra nuestra.

¿Cuál era la relación entre su grupo, Ética y Derecho, y la Facultad de Derecho?

Yo he leído varios artículos de ustedes y de columnistas que analizan muy bien lo que usted menciona. Hubo un tiempo, que fueron como unos 15 años, que el control lo tenían los llamados: “Vacas Sagradas”. Ellos no solo controlaban el Colegio, sino estamentos del Estado: cortes, cancillería. Varios expresidentes del Colegio fueron cancilleres. Era un grupo vinculado, sí, al sector privado, era una élite, que posteriormente perdieron el liderazgo. Tiene que ver con la nueva Ley de Colegiación Profesional Obligatoria...

¿La que fue aprobada cuando el Frente Republicano Guatemalteco dominaba el Congreso?

Exactamente. Recuerde que antes se votaba solamente en la capital. La ventaja de movilización la tenían ellos, por recursos económicos. Pero cuando se facilita el voto en los departamentos, entonces votan los colegas de la providencia.

¿Y esa élite no recibe votos de este nuevo electorado?

No, porque ellos no van allá. No salen de la ciudad. No los conocen. Le doy un ejemplo. Cuando apoyamos a Ovidio Parra (para representante de la Usac en la comisión de postulación de Tribunal Supremo Electoral en 2003). Como él tiene relación con universidades privadas, también lo apoyaron. Y ganamos muy bien, contra el gobierno Patriota.

A los 15 días estaba la elección de Tribunal de Honor del Colegio, sólo que allí ya no nos pusimos de acuerdo con Alternativa Independiente, con Alejando Balsells, yo hablé con él. Quería ser presidente, y quería que yo lo apoyara. Está bien, dije yo. Pero él quería la presidencia, la secretaría, vocalías, es decir, todo el Tribunal. Así ya no se podía. Entonces le dije que no, sacamos a nuestro candidato en alianza con otros grupos. Quince días después de haber ganado la elección juntos.

En esa nueva elección para Tribunal, quedamos mil votos nosotros, y ellos con 800 en la capital. Cuando vinieron los votos del resto de la república, nosotros con otros mil, y ellos como 20. Esa fue la diferencia.

En esa alianza entre usted y Roberto López Villatoro, cuando ya logran ganarle a Gabriel Medrano y los grupos que él representaba, la siguiente elección ustedes rompen alianza y compiten entre sí. Ustedes ganan. ¿Cuál era la diferencia estratégica en ganar votos?

En la mayor parte de ocasiones los dos grupos hemos competido. En pocas ocasiones la coyuntura nos ha hecho coincidir, de lo contrario estamos separados.  Tal vez una diferencia es que es López Villatoro ha estado más vinculado al sector privado, al Congreso, y en otros a las Cortes. En el caso nuestro, a instituciones académicas y del Estado. Yo no he estado vinculado a las Cortes, menos al Congreso. Por allí nos hemos movido en diferentes ámbitos.

Por número de mesa se puede saber si los que votan son abogados jóvenes o viejos, y vimos en esas elecciones de 2003 y 2005, que buena parte de sus apoyos eran de abogados recién graduados. ¿Cómo logró esa lealtad?

Por una razón simple. Yo he sido profesor. Mi relación con estudiantes ha sido lo principal. Yo le diría que fui decano y rector por los estudiantes. Mi fuerza, si usted quiere, han sido los estudiantes.

¿Hay relación entre esas graduaciones masivas y los votos?

No, porque no se graduaron conmigo.

Estudiaron con usted.

Pero se graduaron con el siguiente. No, yo diría que tal vez la relación es esa, por mi trayectoria. ¡En la academia están los jóvenes!

La decanatura entones terminó siendo un buen trampolín, o una buena base para ir por la Rectoría.

Absolutamente. Si yo hubiera hecho un mal papel como decano, no hubiera obtenido el apoyo en las elecciones. La primera elección la ganamos con un 80%, y la segunda con un 94%. 

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