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Democracia de calores en la frontera

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Cuatro años tiene aquel tranquilo episodio electoral que recuerdan todos los habitantes de Moyuta, Jutiapa: 17 votos de diferencia, sí, apenas 17 –y un recuento– bastaron para que don Magno Lemus, del Partido Unionista, ganara las elecciones de ese municipio que abarca la línea fronteriza entre Guatemala y El Salvador. Hacía unas horas atrás de aquel día, todavía sin el cómputo final, don Magno se lamentaba por la pérdida, en tanto, su oponente, Luis Lemus (el Güicho piocha), cantaba victoria con todo su partido, la Unidad Nacional de la Esperanza. El vuelco de cifras, no obstante, se dio con sólo tres mesas restantes por contabilizar; el triunfo sucedió de un tirón y como una sorpresa de último momento para todos.

La violencia electoral es la fachada conveniente que utiliza el crimen organizado, en todas sus modalidades, para llevar a cabo sanguinarios ajustes de cuentas.

Feliz, lo que don Magno no sabía era que al asumir la alcaldía –en enero de 2008– sus días estaban contados. La versión oficial cuenta que su muerte en octubre de 2009 fue a causa de un ataque al corazón. Los gestos de ceño fruncido, duda y levantamiento de hombros de algunos vecinos indican, en silencio, que es mejor ser prudente y no meterse a opinar sobre el asunto.

Antes, en junio de 2006, don Magno ya había sufrido un atentado. Una emboscada de fusiles y neumáticos reventados, al borde de la carretera que comunica a Moyuta con la aldea más desarrollada y fronteriza del municipio llamada Ciudad Pedro de Alvarado.

Allí la había librado. Allí haría una pausa en la política, pero como narran algunos allegados al partido, don Magno quería regresar. Ser alcalde, participar… ganar. Y ganó.

Catalogada por Mirador Electoral como una de las regiones de alto riesgo, no es un secreto que Moyuta sea parte del corredor sur de narcotráfico dentro de Guatemala. Lo mismo que toda Jutiapa y sus 17 municipios. La violencia electoral es la fachada conveniente que utiliza el crimen organizado, en todas sus modalidades, para llevar a cabo sanguinarios ajustes de cuentas. Muchas veces sucede a plena luz del día, y utilizan escopetas, fusiles o, como el caso de don Magno, francotiradores.

Es entonces cuando se escuchan comentarios como “lo mataron por andar en el partido”, o “es cosa del poder”. Y por eso estas fechas políticas arden. Se manchan de sangre.

A pocas horas del día de elecciones generales, es de conocimiento público que en este departamento han sucedido cosas extrañas en los últimos meses. Han quemado, bajo circunstancias sospechosas, una sede municipal de un partido político. El puesto de Gobernador Departamental se ha cambiado en al menos cuatro oportunidades. Ha caído un helicóptero, con varios diputados a bordo, encima de una vivienda humilde. Se le ha negado, “por irregularidades”, la participación a Enrique Castillo –hermano de Manolito Castillo– para competir por la alcaldía de la cabecera municipal. Y han asesinado a dos candidatos a la alcaldía en dos distintas ciudades fronterizas: San Cristóbal, en el municipio de Atescatempa; y Ciudad Pedro de Alvarado, en Moyuta.

Las ciudades municipio

Ubicado en el Suroriente de Guatemala, Jutiapa es un lugar de montañas, tupida vegetación, fincas ganaderas de grandes proporciones, calor de costa y frío de altiplanos separados apenas por minutos en carretera, y una zona llena de hombres rudos que calzan botas de piel, sombrero y pistola al cinto. (Este estereotipo es uno de los más usados como statu quo por algunos candidatos, aun si antes fuesen conocidos por el uso de bermudas y zapatillas deportivas. Algo que los hace propios del voto popular.)

Según por donde se recorra, los paisajes de las carreteras de Jutiapa se matizan con mansiones de vidrios polarizados al lado de los caminos, también el panorama se pinta cada cierto tiempo con pequeñas y ostentosas caravanas de camionetas agrícolas colmadas de seguridad y armas, o decenas y decenas de gasolineras en medio de la nada cuyos dueños son “diputados y nuevos ricos”, como comentan los lugareños.

Uno de estos caminos, así descritos, lleva al municipio de Moyuta. Se trata de un poblado con clima templado, fresco, instalado desde hace una centena de años en las faldas de un pequeño volcán inactivo. Es un lugar pobre, con pequeños signos de desarrollo y globalización, con apenas unas gasolineras y empresas de leche y queso. Aun así, Moyuta sorprende por figurar como uno de los municipios más importantes, de mayor aporte económico a Jutiapa, con altos índices de violencia.

“Moyuta es relevante –económica y políticamente hablando– no por ella misma, sino por una de sus aldeas”, dice uno de sus pobladores. “A Moyuta lo sostiene Ciudad Pedro de Alvarado”.

Entre estos dos poblados se percibe, a través de los comentarios que despachan sus habitantes, una especie de conflicto histórico. Un altercado o discusión que se sabe por el boca a boca, la convivencia y actitud de las personas. Desde hace varias décadas, sucede que Ciudad Pedro de Alvarado ha luchado por convertirse en un nuevo municipio, el número 18 de Jutiapa. Moyuta entonces interpela, y detiene desde su cúpula de poder, cualquiera de estas iniciativas que repercute en afirmar el conocido conflicto.

La estrategia adoptada por Ciudad Pedro, en los últimos años, ha sido una acción política. Una buena cantidad de alcaldes recientes de Moyuta han sido oriundos de la frontera, han sido pedranos. “De la costa” o “costeños”, como los llaman, en tono peyorativo, el resto de los moyutecos.

En la línea fronteriza entre Guatemala y El Salvador, en la parte más suroriente del departamento de Jutiapa, se ubica esta aldea que no tiene las características ni dimensiones habituales que uno imagina de una aldea. Con cerca de 40 mil habitantes los pedranos rebasarían fácilmente el número de asientos de un estadio grande de fútbol. La vida de la aldea es ajetreada, calurosa, y fronteriza, con la aduana guatemalteca más atestada y cercana al océano pacífico.

El comercio entre Guatemala y El Salvador se ha multiplicado por diez en los últimos quince años. Y algunos productos han cambiado. La producción y el contrabando de quesos en Centroamérica fue cambiada por cocaína. Según una investigación del medio El Faro, de El Salvador, Jutiapa es la puerta de entrada para la cocaína que viene de Colombia y pasa por Honduras y El Salvador.

A lo largo de su derruida calle principal, por ejemplo, los 300 furgones que la atraviesan cada día, de ida y vuelta, de día y noche, se topan con tres gasolineras y sus “foodmarts” llenos de aire acondicionado y puertas automáticas que reciben a los clientes con un sensor que los detecta a más de 2 metros de distancia. Además de media docena de hoteles (algunos con aire acondicionado). Restaurantes de 3 estrellas atendidos por meseros de corbatín. Institutos de computación. Y una algarabía constante de gente que se mueve, que quiere ser municipio, y que habla en voz muy baja de cómo se ha instalado el crimen organizado en la región. “Un mal con el que no nos metemos”, dicen unos. “Negocios”, dicen otros, entre dientes.

Lo cierto es que desde esta frontera se mueven muchos hilos. Recorrerla es observar una aldea nada pequeña y dar fe de su inmensidad. Sin Ciudad Pedro de Alvarado, Moyuta no sería Moyuta. Y Jutiapa perdería millones de quetzales cada día.

Candidatos antagónicos

Las dos propuestas más fuertes a la alcaldía de Moyuta para el año 2011 son dos. Proceden de la “aldea” Ciudad Pedro de Alvarado –los registros de la gobernación departamental de Jutiapa insisten en su pequeñez–. Y son, a pesar de no contar con una ideología para nada definida, antagonistas por naturaleza, “por naturaleza de negocios”, aclaran los vecinos.

La primera es una señora a la que se conoce como “doña Maritza”.

Maritza Lemus es candidata de la coalición UNE-GANA. Una mujer menuda, cuarentona, robusta, morena y de pelo castaño, hermana del fallecido Magno Lemus, cuya propuesta concreta radica en ofrecer la continuidad de los programas sociales de Mifapro y nada más.

En todo el pueblo, como conocimiento generalizado, se sabe que doña Maritza “es una mujer fuerte” y “de carácter”.

“Obligada a actuar de manera cada vez más prepotente por los últimos acontecimientos”, afirman algunos. Y es que hasta hace 6 meses ella no era candidata. Heredó el puesto a optar por la alcaldía de Moyuta a la fuerza –una fuerza violenta y sanguinaria– un día de febrero de este año electoral en el que un grupo de hombres, con caras de pocos amigos y fuertemente armados, descargaron, a plena luz del día, toda la potencia de sus fusiles M16 sobre el cuerpo de su hermana mayor, Mayra Verónica Lemus, en un pequeño restaurante ubicado a tan sólo unos 500 metros de la aduana y la frontera con El Salvador.

En ese entonces doña Mayra era la candidata de la UNE-GANA. Con sus 1.60 metros de estatura era  –al contrario de su hermana Maritza– una mujer de cuidado, criada en Oriente, botas de cuero y con escuadra al cinto, lista para disparar. Alguna vez se le vio regañando a sus guardaespaldas, sin nada de miedo y con la pistola desenfundada y blandida al aire. Cuando murió asesinada, las radios locales le dedicaron –las 24 horas, los 7 días de la semana– la canción La reina del sur de Los Tigres del Norte.

Aunque nadie desea aseverarlo, doña Mayra andaba en cosas proscritas, “negocios”, como contestan sin contestar todos en Ciudad Pedro.

“Eso fue algo tremendo. Su muerte fue algo personal”, explica el gobernador departamental desde hace apenas 4 meses, Miguel González, al cuestionar sobre Jutiapa como zona de conflicto a pocos días de las elecciones.

“Ajuste de cuentas”, dice el candidato por el partido Lider, Manuel León.
“Nada que ver con lo político”, indica el alcalde de Jutiapa, Lisandro Salazar.
“Ese es asunto delicado”, comenta el actual alcalde de Moyuta, Lauro Méndez.

Con sus dos hermanos muertos (Magno y Mayra) en circunstancias azarosas, e inevitablemente ligados a la política, doña Maritza ha aceptado ser la nueva candidata. Asumir una continuidad, hacerse cargo de la “política”. De momento las encuestas la ubican en segundo lugar.

La otra propuesta con mayor intención de voto en Moyuta es todavía más complicada. Roberto Marroquín, de la Unión del Cambio Nacionalista (partido de ideología “narco” según la embajada de Estados Unidos), es un muchacho de 32 años con un rostro reluciente, adornado con un bigotito, bien peinado y que encaja perfecto en el estereotipo del típico vaquero antes que político. Lo cuidan al menos 16 tipos bien armados, con escopetas y chalecos antibalas. Apareció en la palestra partidaria hace menos de un año sin saber mucho del asunto. Invirtió miles de quetzales en terminar una carretera de balastro que conduce a la comunidad Las Flores y se ganó a la gente mediante infraestructura supervisada por su personal y construida, eso sí, con su maquinaria.

Marroquín dice que es finquero. Nació en la playa de La Barrona –a media hora de Ciudad Pedro de Alvarado– donde es conocido por sus lanchas rápidas que presta a cada rato para que las personas crucen un tramo donde el puente cedió y se vino abajo por la tormenta Ágata en mayo de 2009.

“Yo heredé una herencia”, en sus palabras. Aunque las personas que conocieron a sus padres los recuerdan demasiado humildes, casi sin nada. Siente algún orgullo por haber estudiado solo hasta sexto grado de primaria. Y todo lo que ha conseguido, “ha sido con esfuerzo”.

“Así como regalé campos de futbol, así les voy a regalar su casa. Yo no estoy aquí por dinero, o por necesidad. Lo que quiero es ayudar”, dice Roberto Marroquín, sudando, a grito pelado, subido en una tarima, minutos después de haber escuchado cantar dedicaciones en forma de corridos y rancheras por parte de sus simpatizantes hacía su persona.

Su discurso es un poco raro. El sueldo de un alcalde en Moyuta es aproximadamente de Q25 mil. Y para optar a este cargo, Roberto Marroquín ha invertido (o despilfarrado obscenamente) varios millones de quetzales.

El gobernador González y otras autoridades consultadas, admiten que todos los partidos políticos estuvieron detrás de él; pendientes.

Según otros candidatos, y algunos comentaristas de la radio local, Marroquín tuvo pláticas con el Partido Patriota (PP). Pero Luis Lemus, el mismo personaje que perdió por 17 votos la alcaldía de Moyuta hace 4 años, conocido por ser parte de la cúpula que ha evitado y frenado la iniciativa de convertir a Ciudad Pedro en municipio, aconsejó a la junta directiva del PP que Marroquín era muy novato. Hoy, Luis Lemus, como candidato del PP y sin ningún indicio de intención de voto, compite contra Roberto Marroquín por alcaldía de Moyuta.

“Manuel Baldizón ya ha tenido algún diálogo con él”, menciona el candidato de Lider, Manuel León. “Sabiendo bien que Baldizón es el nuevo presidente de Guatemala, aseguramos una estrategia política para el departamento de Jutiapa”, especula.

El gobernador, quizá a la defensa del partido que representa (UNE-Gana), hace la mejor síntesis de todos los entrevistados sobre este candidato, acompañada de una sonrisa: “Así es como empiezan los problemas…”.

La zona crítica

“Nosotros pertenecemos al crimen organizado y quiero que colabores con nosotros y si no, vas a tener problemas”. Esta fue la última amenaza que recibió, Lauro Méndez, el actual alcalde de Moyuta. De apariencia sencilla, laxo en su anatomía, y con cierto evidente cansancio en su rostro, Méndez es la persona que se hizo cargo de la alcaldía una vez que Magno Lemus había dejado de existir en 2009.

Por la amenaza recibida ya ha presentado una denuncia ante el Ministerio Público. Además, con un tono de voz débil, Méndez narra un previo atentado de muerte que sucedió el pasado febrero y a ello suma los últimos asesinatos que se han dado en contra de otros integrantes de la municipalidad, entre ellos uno de sus sobrinos.

–¿Qué opina del crimen organizado establecido en la  región de Jutiapa?

La pregunta es lanzada al gobernador departamental, Miguel González. Su gesto de respuesta inmediato es arquear grande las cejas y abrir los ojos en señal de sorpresa. Es una pregunta que, probablemente por el tamaño de la evidencia y la naturalización del asunto, no recibe a menudo.

–Bueno… es que en realidad no hemos tenido muchos problemas. Las mayores incautaciones se dan en Izabal y Chiquimula. Nuestras fronteras están limpias, a pesar de que hay puntos ciegos.
–¿Cree que existen vínculos entre el crimen organizado y la política, acá en Jutiapa?
–Es que aquí se ha politizado la violencia.
–Como Gobernación, ¿cuál el plan de seguridad para el día de las elecciones?
–Primero tenemos el apoyo de la Tercera Brigada del Ejército. Luego la PNC. El plan se focaliza en ciudades como Moyuta, Quesada, Zapotitlán, Yupilteque, Agua Blanca y Atescatempa.

En efecto, el otro aspirante a la alcaldía asesinado en una ciudad fronteriza, aparte de Moyuta, fue uno de Atescatempa. Darwín Ramírez, del partido CREO, era un jurista de apenas 26 años. Murió en San Cristóbal, una aldea en la línea fronteriza con El Salvador, a causa de un atentado con un fusil de asalto, luego de una reunión con las vecinas, el día de la madre.

Buscar la sede de su partido en Atescatempa es inútil. Ya no tiene los colores rojo, amarillo y negro de su partido; está pintada de otro color, y es una clínica médica. Los pobladores de los alrededores especulan que su muerte fue a causa del cambio de dólares que acontece en esa región fronteriza.

Torretas sobre autos pick up, caravanas del ejército en las carreteras y soldados custodiando puentes y entradas a poblaciones, a dos días de las elecciones en Jutiapa, es algo que tiene presencia.

En Moyuta y Ciudad Pedro de Alvarado es algo que se vive igual. En esta región hay 23 mil 885 empadronados. En medio de este panorama, el alcalde Lauro Méndez afirma sentir alivio de entregar el cargo de la alcaldía, “fue un gran compromiso”, dice, “principalmente con la contraloría, ya que Moyuta es una de las municipalidades con más deudas en Jutiapa”, agrega y supone que estará bien y que nada le pesará mientras espera el día de las elecciones.

“Ya estamos preparados… para cualquier cosa que nos pueda pasar”, indica el alcalde y afirma que la violencia en Moyuta es tan solo “un reflejo de todo lo que sucede a diario en Guatemala”.

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Alguna vez se le vio regañando a sus guardaespaldas, sin nada de miedo y con la pistola desenfundada y blandida al aire. Cuando murió asesinada, las radios locales le dedicaron –las 24 horas, los 7 días de la semana– la canción La reina del sur de Los Tigres del Norte.