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De la manifestación de blanco a una de colores
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De la manifestación de blanco a una de colores

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Opinión
26 04 16

Estuve allí, al menos en su llegada. Primero, como observadora, casi escéptica, o más bien sin expectativas. Luego esperé pacientemente, casi con emoción. Algo había bajo ese sol que abría de a pocos mi corazón. Y cada vez me fui sintiendo más cómoda.

Busqué en sus ojos una mirada y encontré un mensaje. Se repetía una y otra vez: «El agua es vida».

Nada más simple. Nada más profundo.

Caminé, platiqué, descansé, correteé, pregunté, me asoleé y descubrí decenas de rostros, historias y luchas.

La #MarchaPorElAgua no es primicia. Es una reivindicación milenaria a la que muchos nos hacemos sordos. La sordera se explica de distintas maneras. El origen y las consecuencias no son los mismos. Me sorprendió enterarme de que, a pesar de la magnitud, esta no fue noticia que inundó masivamente los oídos urbanos del capitalino. Es más: los medios saltaron al charco medio seco para hablar del tema ya que no hubo de otra. Al día siguiente, tipo 10 a. m., un grupo de unas 15 personas capitalinas (desconozco si luego se unieron más) caminaba con banderas de Guatemala y mensajes por el agua. Subían el columpio de Vista Hermosa en dirección al campo de Marte. Reconocí a quien encabezaba la marcha y me sorprendió que este gesto pequeño pero seguramente muy simbólico no hubiese escogido manifestarse el día anterior.

A paso apresurado llegamos frente al Congreso. El calor acentuaba ese olor a campo, a pies cansados, a sudor de mediodía.

Sí, el olor de esta manifestación era diferente. Significaba otra cosa.

Las cuadras del centro, del poder, se llenaron de colores, de sombreros, de tierra bajo las uñas y de gotas saladas rodando en las frentes.

Debo admitir que me sentí pequeña, pero nunca insignificante.

Debo confesar que no hablar ningún idioma maya fue penoso, pero nunca una barrera para comunicar.

La #MarchaPorElAgua, antes de ser un encuentro en zona urbana, fue un recorrido por Guatemala. Fue cambio de paisajes, fue agotamiento, fue esperanza, fue lucha firme de algunos para muchos. Fue cargar sobre los hombros a los pequeños luchadores que acompañaron a sus madres convencidas. Fue dejar en casa a los pequeños que no pudieron unirse. Fue también insolación, deshidratación y desmayos. Fue solidaridad que, entre otras imágenes, pude palpar con la repartición voluntaria de 5 000 platos de comida.

Frente al Congreso, con voz de quien no sabe qué esperar, el presidente, Mario Taracena, se dirigió a los marchantes desde el plenario y a través de una pantalla gigante que hacía su estreno en la vía pública al menos con ese objetivo. Entre asustado y semiconvencido, con su vozarrón, dio la bienvenida y la palabra a algunos representantes de organizaciones campesinas.

Sí se habló de la ley de aguas. También de la ley de desarrollo rural. No, la #MarchaPorElAgua no fue por eso. Esta marcha fue más allá. Esta marcha fue por el derecho y el respeto de los derechos humanos. Esta marcha fue por el agua. Esta marcha fue por la vida.

Ellos, los marchantes, volvieron como llegaron, pacíficamente. Nosotros nos quedamos aquí, ojalá cada vez más convencidos del compromiso.

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