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¡A mí no me agarran! Estrategias y desvaríos de exfuncionarios
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¡A mí no me agarran! Estrategias y desvaríos de exfuncionarios

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Las acciones y actitudes que asumen las personas perseguidas por la justicia, con el objetivo de evadir el castigo penal y alcanzar la impunidad.

El mensaje que se ofrece con estas condiciones es que uno puede delinquir y tener una buena probabilidad de quedar impune.

El 28 de octubre del año pasado, Pavel Centeno, quien entre otras cosas era economista, trabajó en FLACSO y fue ministro de Finanzas Públicas en el gobierno del Partido Patriota, al imaginar que sería capturado por la Policía (y se debe subrayar el verbo imaginar, puesto que en realidad el operativo de allanamiento era dirigido contra otra persona) disparó a los agentes y todo apunta a que, sintiéndose capturado, se suicidó. Nómada publicó un artículo que expresa cierta duda sobre si, en efecto, Centeno se suicidó. Lo que no se puede poner en duda es que el exfuncionario actuó de forma impulsiva y arriesgada.

Bryan Jiménez, expresidente de la Federación de Futbol (Fedefut), acusado de diversos delitos en su paso por el cargo, fue capturado en un apartamento de ciudad de Guatemala, después de 40 días de estar prófugo en un estado lamentable: “Descuidado, con cabello y barba blanca, ropa deportiva, y en estado de ebriedad”.

Por su parte, la exvicepresidenta Roxanna Baldetti, se internó en el Centro Médico después de renunciar al cargo, alegando problemas del corazón e infección bacteriana (tras lo cual apareció en imágenes y videos con bolsas de McDonalds en tribunales, comida que no puede calificarse de dietética). El juez Miguel Ángel Gálvez fue a donde estuvo internada para indicarle que sería enviada a prisión preventiva, después de que expertos del Institucional Nacional de Ciencias Forenses (INACIF)  determinaran que su condición no ameritaba estar internada en ese lugar.

La magistrada de la Corte Suprema de Justicia, Blanca Stalling fue capturada después de hacer una llamada desde una abarrotería ( paradójicamente llamada La Bendición), mientras iba vestida con pants, peluca y armada con una pistola 3.80 con 17 proyectiles. De acuerdo a la información de los medios, al momento de ser detenida se resistió, apuntó a los agentes e hizo el amago de suicidarse, por lo que tuvo que ser “sometida a la fuerza” por sus captores. Unos días antes, la psiquiatra Susset Medina  le había ordenado “reposo absoluto”, así como su internamiento en un centro médico por un supuesto trastorno de ansiedad generalizado y síndrome diarreico (hay una expresión coloquial que condensa ambos trastornos, pero por respeto al lector no se escribirá).

Frente a otros casos en los que funcionarios o empresarios han sido capturados  sin que existan este tipo de estrategias o desvaríos, esta lista puede evidenciar cierto patrón sobre el cual se pueden hacer algunas observaciones.

En primer lugar, un aspecto general. No hay que pecar de ingenuos. Las personas que cometen delitos (del tipo que sea) buscan cualquier forma de evitar el castigo (la cárcel y otras posibilidades). De hecho, uno de los supuestos desde los que se actúa en casi cualquier delito es que se hará lo posible por no ser castigado y que el delito quede impune. Sorprendentemente, hay excepciones. Un referente lejano se encuentra en la historia de Claude Eatherly, el “piloto de Hiroshima”. Después de ser responsable de señalar la ciudad en la que se tiraría la primera bomba atómica, empieza a cometer pequeños delitos por los que lo capturaron. El leitmotiv aquí era la expiación de una culpa profunda.  

Esta asunción puede tomar distintas formas: desde un cálculo racional basado en términos costo-beneficio en el caso de estructuras criminales bastante complejas, o la “sensación”/ creencia (fe, imágenes, declaraciones discursivas hechas ante bebidas alcohólicas) de que “uno” no será capturado, aspectos que no necesariamente se contradicen y pueden coincidir. En el fondo, frente a diversos eventos (como la muerte, las enfermedades o, para este caso, las capturas), hay una tendencia a pensar que “siempre le pasará al otro”, no a uno, debido a una humana y extendida posición egocéntrica

Incluso, se pueden encontrar temerarias tendencias suicidas y ciertos patrones como consumo de sustancias (alcohol, drogas ilícitas o lícitas como, por ejemplo, Xanax) que pueden hacer bastante diferente la forma en que se vive la huida ante el castigo.

Esta posición de quien delinque, tiene un correlato: la impunidad efectiva. Como se conoce, en Guatemala (y otros países) las tasas de impunidad para diversos delitos son particularmente altas. El mensaje que se ofrece con estas condiciones es que uno puede delinquir y tener una buena probabilidad de quedar impune. —Contrario a lo que se podría pensar, hay delitos que son perseguidos eficazmente. Un ejemplo clarísimo es el delito de “pánico financiero” que genera capturas inmediatas—. 

Esto corresponde a una forma de aprendizaje que se denomina “aprendizaje vicario”. En términos sencillos, se aprende a partir de lo que se observa, especialmente a partir de los castigos o refuerzos que reciben los demás a partir de sus acciones. Si observo que las personas obtienen lo que quieren y se mantienen impunes eso me sirve como lección: “pan pa’mi matate”. 

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Además, el acto delincuencial puede incluir un mecanismo de impunidad al realizarse con violencia, con amenaza de su uso o algún otro tipo de coacción.  

Mecanismos para reforzar la probabilidad de quedar impune hay muchos, sin embargo, no todas las formas son accesibles a cualquier delincuente. No es lo mismo un carterista o un miembro de una pandilla que un funcionario o empresario con muchos recursos. Es evidente que un pandillero perseguido no usa el recurso a hospitalizarse en un centro médico privado por un trastorno de ansiedad generalizado y diarrea. Las formas de impunidad son distintas también por los recursos económicos y de otro tipo con los que se cuenten.

Para los casos mencionados es evidente que la impunidad se sostiene a través de la propia posición de poder, un entramado de relaciones que apoyan o refuerzan ese poder, diversos recursos materiales y simbólicos. En términos generales, quienes tienen más recursos tienen un repertorio de maniobras más extenso que quienes tienen menos recursos. Las diferencias de clase influyen en la forma en la que la justicia actúa (la ley dice que todos somos iguales, pero es evidente que no sucede así). Internarse en un hospital o huir al extranjero disfrutando de importantes recursos (Alejandro Sinibaldi, Luis Rabbé, Erick Archila o Roberto Barreda en su momento) no está al alcance de cualquier persona. 

Un segundo aspecto interesante es la reacción que se encuentra en los ejemplos dados. Sin el más mínimo ánimo de disculparles, se debe considerar que los funcionarios o exfuncionarios capturados están sometidos a mucha presión. Aunque también existe un elemento de estrategia racional para impedir/retardar la captura, se tiene que considerar que la amenaza de ser detenido puede provocar diversas reacciones que incluyen respuestas psicosomáticas.

En este sentido, es sabido que la tensión y el estrés pueden provocar dolor de cabeza, dolor de espalda, trastornos digestivos, mayor frecuencia de resfriados y otro tipo de dolencias. A largo plazo, pueden aparecer gastritis, úlceras. También puede aparecer o darse un mayor consumo de sustancias y todo tipo de respuestas (positivas o negativas) que ayuden a afrontar el estrés. Véase el ejemplo de Bryan Jiménez que se ocultó en un apartamento y se dio a la bebida.

Lo más interesante, sin embargo, es que hasta hace un tiempo relativamente corto, los funcionarios públicos señalados de corrupción podían prever, muy razonablemente, que no serían capturados, debido a que el sistema de justicia no podría o se interesaría en llegar a ellos.

Esto tiene diversas implicaciones, incluso, que existe un entramado cultural (normas, valores, creencias, relaciones) que todavía no ha sido desmantelado por las acciones del Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Este entramado ha sancionado las prácticas corruptas y tardará mucho (generaciones incluso) en ser modificado. 

Pero además, lleva a una observación psicosociológica importante.

El ejercicio del poder político o económico que tiene límites muy flexibles y es altamente discrecional, centrado en la propia persona (los funcionarios básicamente se acostumbraron a hacer lo que querían) y que, como parte de la cultura política guatemalteca fuertemente arraigada, se caracteriza por estar rodeado por una corte de aduladores sin que les lleguen críticas pertinentes, permite un proceso creciente de “narcisización”. Esta narcisización corresponde a un estado de experiencia en el que sólo las necesidades, creencias, gustos, propios tienen una realidad afectiva importante, mientras se va perdiendo contacto con la realidad.

Esto es lo que se observó diáfanamente con las declaraciones de Roxana Baldetti (decir que el hospital Federico Mora era “rebonito” o lo relacionado al “agua mágica” vertida en el lago Amatitlán) y que precipitaron la indignación ciudadana en la crisis política de 2015.Creo que una expresión análoga se encuentra en la conversación que mantiene Stalling con su hijo y en el que señala que las personas “son envidiosas” y que por eso les persiguen. Siempre puede ser un uso retórico, pero valdría la pena considerar que es una expresión de esta desconexión con el mundo que se produce en este fenómeno de narcisización.

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El punto es que los funcionarios acostumbrados a hacer lo que se les daba la gana y mantenerse impunes, de repente ven que su mundo (su posición, su gusto por el mando, sus pertenencias, su imagen social,) se ven fuertemente cuestionadas y corren el peligro de caer en la cárcel, lo que provoca una fuerte desorganización personal. Hay miedo, incomodidad, preocupación…

La desorganización  provocada se expresa en reacciones psicosomáticas, aumento de consumo de sustancias, intentos burdos de “disfrazarse” o reacciones violentas como las de Centeno o Stalling. (El uso de armas de fuego resulta psicológicamente de lo más interesante. Quien la adquiere, asume la posibilidad de usarla contra lo que considere una amenaza, previsiblemente otra persona armada. Se integra a un eventual asesino en la propia imaginación, observación del psicólogo y filósofo Carlos Orantes Trocolli). Estos casos se ven animados por una actitud que en el fondo se puede entender como un: “¡A mí no me agarran!”, y que muestra la desesperación que invade a quien se siente cercano al castigo. 

En conjunto, presentan un repertorio de estrategias y reacciones frente a la presión a la que se ven sometidas personas poderosas, en un momento en que hay un proceso de lucha contra la corrupción y que está teniendo resultados que no se preveían hace tan solo un par de años.

Otro efecto de la presión de ser capturado, es que estas personas pueden resultar más sinceras de lo que usualmente son y decir lo que verdaderamente piensan, no el discurso racional, calculadamente construido y, finalmente, insincero, que acostumbran usar en las declaraciones públicas. El nerviosismo y la presión los traiciona y dicen lo que en efecto sienten. Stalling, teniendo una larga trayectoria en el sistema de justicia (exdirectora del Instituto de la Defensa Pública Penal, magistrada de la Corte Suprema de Justicia), dice ante las cámaras al ser capturada que “no confía en la justicia”. Si bien puede ser otro recurso retórico, también es expresivo que compare la realidad nacional con la Alemania nazi o que se compare a sí misma con Mandela. Además de buscar despertar ciertas asociaciones con estas imágenes en la opinión pública, puede ser expresivo de esta desconexión con la realidad.

Más que verlo como una contradicción por su trayectoria, habrá que verlo como la afirmación de quien conoce a fondo el tema y sabe de lo que está hablando.

 

* Agradezco a la Dra. Dina Elías, investigadora de la URL, por la observación

 

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La desorganización provocada se expresa en reacciones psicosomáticas, aumento de consumo de sustancias, intentos burdos de “disfrazarse” o reacciones violentas como las de Centeno o Stalling