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Joaquín Orellana o una plaza triste y el silencio de siempre
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Joaquín Orellana o una plaza triste y el silencio de siempre

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"Y hay que resaltar lo que dice (Amorales), porque es verdad, “cuando este hombre se muera, solo va a quedar una plaza triste y el silencio de siempre”".
Además, la psicopatología de la sociedad guatemalteca está basada en dos cosas: el resentimiento y la envidia.
"No era un propósito componer, sino una obsesión, a tal punto que no me dejaba dormir. La única posibilidad de liberarme un poco era expulsarla. En mí, la música fue una necesidad de expulsar".
"En el proceso que yo he tenido, la música que yo producía era literalizante. O, la literatura la sentía musicalizan".
"...Pero, poco a poco, mis obras se fueron canalizando a una tendencia ideológica. Por una parte idealista, por otra ideológica"."...Guatemala, en cuanto a música: clásica, modernista o de vanguardia, ha sido un gran estrato cultural conservador".
"El desamor que se ha producido en la marimba es resultado de que los educadores, las educadoras, y el Ministerio de Educación no han puesto énfasis en provocar ese amor. Las nuevas generaciones no tienen la culpa de prenderse de la música foránea".
"...Guatemala, en cuanto a música: clásica, modernista o de vanguardia, ha sido un gran estrato cultural conservador".
"La marimba se escucha tanto que ya termina por no oírse, pero al separarla del contexto natural queda anulado el proceso de la saturación y eso da la imagen de algo renacido, redescubierto".
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Read time: 25 mins

Compuso descomponiendo. Para crear, destruyó; y para avanzar regresó a los orígenes. Joaquín Orellana violinista, músico, inventor, a veces escritor, pero sobre todo compositor ha trascendido en Guatemala, un país donde la envidia y el resentimiento, características psicopatológicas catalogados por él mismo, hacen que, a veces, los genios sean abandonados en un taller, escondido en el fondo de un teatro, oculto en una fortaleza. Aquí, el artista reflexiona sobre su vida, la música y el arte en el país que le ha “jodido tanto la existencia”.

Entra al conservatorio con aire despistado, pequeño, medio despeinado. Se le llama, pero no escucha y pasa de largo. Se le vuelve a interceptar. Reconoce el nombre, recuerda la cita. Se dirige al ensayo de las jóvenes que al día siguiente tocarán la pieza “Evocaciones a una ignota heroína” compuesta por él para el concierto homenaje a Alaide Foppa, que quiere que presenciemos antes de la entrevista. La sala con los retablos pintados por Efraín Recinos las luces están apagadas y Verdi, Bach, L...

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