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Nacido como polo de concentración a principios de los años 80, Santa Avelina presenta la arquitectura típica de las aldeas modelos edificadas por el Ejército en toda el área ixilEn un rincón del patio de la escuela donde se realizó la exposición de los restos de las víctimas, cientos de prendas fueron alistadas para que los familiares reconocieran a sus seres queridos por la ropa con la cual fueron enterrados hace 35 añosJuan Cruz, 72, posa enfrente de los ataúdes de su esposa, María Cavinal, y su padre, Antonio Cruz, ambos muertos por susto a principio de los años 80En la madrugada del día del entierro, una cocinera no para con los preparativos del almuerzo, mientras su hija sigue dormida, después del desveloFamiliares y curiosos rodearon los ataúdes con los restos de las víctimas durante todo el 29 de noviembre, día en el cual se dio el proceso de reconocimiento y recomposición de las osamentas de los difuntosEl velorio de Diego Toma Sambrano, exmiembro de la patrulla de autodefensa civil, PAC, en la aldea Vichivalá. Los familiares desconocen si fue asesinado por soldados o guerrilleros en 1982 a la edad de 35 añosInés Rodríguez Toma, de 61 años, estuvo sentada por horas al lado de los ataúdes con los restos de sus tres hijos, Juan, Diego y Gabriel, muertos, respectivamente, a la edad de 10, 12 y 8 añosAna Córdova Vásquez, de 34 años, llora cerca de los restos de su papá, Pedro Córdova, y de su hermana, Ana, muertos por susto en 1982El día del entierro, cientos de familiares acompañaron los 172 ataúdes desde el centro del pueblo hasta el cementerioEn el cementerio, Tomás Cavinal Toma, de 70 años, observa el entierro. Originario de la aldea Chachamá, perdió su esposa, Rosa Ramos Córdoba, a manos del Ejército, en 1982. Después de un día de trabajo en el campo, encontró el cadáver de la mujer ahorcado y tirado en el sueloDurante el entierro, la multitud se acumuló en el cementerio de Santa Avelina, frente a los nichos donde fueron colocados los ataúdesEn la noche de los velorios, muchos restos no identificados quedaron en el patio de la escuela, alumbrados por una única vela

El reencuentro con los muertos de Santa Avelina

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Los hermanos Gabriel, Juan y Diego, de ocho, 10 y 12 años, pasaron la noche en el patio de la escuela de Santa Avelina. Sus padres tuvieron que dejarlos ahí, porque ya son ancianos y no podían cargar los ataúdes hasta la casa, para velarlos. Inés Rodríguez, la madre, tiene 61 años y custodió todo lo que pudo las tres cajas. A sus tres hijos los mató “el susto”, dice, hace casi cuatro décadas.

En realidad, lo que atacó a los niños fue una epidemia de sarampión que devastó esta aldea ixi...

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