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Edmond Mulet rechaza el contenido del reportaje "La increíble historia de Edmond Mulet y los niños que 'exportaba'"

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Edmond Mulet rechaza el contenido del reportaje "La increíble historia de Edmond Mulet y los niños que 'exportaba'"

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Señores de Plaza Pública, me refiero a la nota publicada en su medio electrónico titulada La increíble historia de Edmond Mulet y los niños que "exportaba". Les ruego difundir este derecho de respuesta en la misma forma y con el mismo afán que difundieron el reportaje original y otras notas de seguimiento a la primera.

Redes-lateral

1) Rechazo enfáticamente las acusaciones contenidas en el reportaje de que yo formé parte de una “red internacional de adopciones”. La nota tiene sesgos y omisiones, contiene insinuaciones y afirmaciones que tienden a conclusiones falsas. Empezando con el título, que habla de "exportar" niños, como si se tratara de frutas o verduras.

2) Mis acciones profesionales siempre estuvieron enmarcadas en las leyes vigentes de la época en que sucedieron los hechos y no pueden evaluarse o trasponerse a la luz de la actual legislación. Los procedimientos utilizados eran los usuales y legales en esos días. Eran muchísimos los abogados y prestigiosos bufetes que, dentro de la ley y procedimientos de hace 34 años, hacían ese tipo de trámites. Sin embargo, fui el único perseguido y acusado falsamente, todo debido a las circunstancias que se explican más abajo.

3) Nunca hubo afán de lucro, nunca se engañó a nadie, nunca se robó o estafó a nadie. Siempre actué de buena fe. Todo se hizo a la luz del día y no a escondidas. No hubo nada oscuro en los procesos de adopción. Las adopciones en que participé como notario fueron otorgadas por los padres legítimos. Entidades canadienses serias y legales calificaron a las parejas adoptantes como honorables y de situación económica holgada para asegurar el bienestar de los niños, los que han desarrollado sus vidas en condiciones muy superiores a las que hubiesen podido tener en Guatemala.

4) Muchos de los datos repartidos en el reportaje son incorrectos, como que soy Secretario General Adjunto de la ONU, que soy de familia de origen francés, que fui diputado tres veces, etc. Las afirmaciones que se hacen como "recurrió a anclajes políticos para evitar la cárcel", son tomadas de otras fuentes sin credibilidad o con agenda política; la nota dice que los niños no eran huérfanos, porque tenían mamá, cuando la ley reconoce que los niños pueden ser huérfanos de padre o de madre, o de ambos. La nota también hace una caracterización de la institución de la adopción como si fuese un delito, cuando está reconocida en la Constitución de la República y por las leyes de nuestro país.

5) Cuando se dio el caso y como cualquier ciudadano responsable me presenté voluntariamente a aclarar la acusación que interesadamente se formuló en mi contra.

6) No hubo juicio, no hubo proceso y el caso fue sobreseído por los tribunales por manifiesta falta de méritos.

El entorno político

El reportaje, que significó muchas horas de trabajo y grandes sumas de dinero, no cubrió otras facetas como el contexto político de hace más de 34 años. Lo político y lo judicial aún hoy se mezclan, no digamos en aquella época. El artículo no recuerda los días aciagos del régimen de turno cuando la angustia era profunda, el maniqueísmo dominaba el espectro político, la violencia, los actos criminales, las desapariciones forzadas, el terror en el campo y en las ciudades, causaban víctimas por docenas todos los días. Y no era solo una "guerra sucia" entre grupos subversivos y el ejército, sino conflictos armados entre la Policía Nacional, la Policía Judicial y algunas facciones dentro de las fuerzas armadas, que se disputaban controles de territorio y negocios ilegales. 

Enfrentar nuestro pasado con autocrítica y con humildad es importante y necesario. En los años 79, 80, 81, precisamente antes de que se presentara esta situación, estuve ayudando a varios padres de familia que tenían hijos en grupos rebeldes en Guatemala, a quienes perseguían, los querían matar, o secuestrar y torturar, o desaparecer. Familiares de esos jóvenes entraron en contacto conmigo para ayudarlos a alejarse de esas actividades y a salir del país. Yo no tenía simpatía ideológica con ellos, pero se trataba de salvarle la vida a jóvenes que habían caído víctimas de la polarización ideológica del momento. Dos embajadas latinoamericanas abrían sus puertas en horas de la madrugada y yo entraba en mi carro llevando a personas que yo recién había conocido. Ya antes, se habían hecho trámites, se habían dado nombres, se habían gestionado salvoconductos, pasaportes y visas. Estas acciones no pasaron desapercibidas para el régimen de la época. Yo tenía amigos en las filas del ejército que me advirtieron que tuviera cuidado. En más de una ocasión, me sugirieron que saliera del país por unas semanas, mientras bajaba la amenaza. 

Un año y medio antes del caso referido en su artículo, cuando se dio la quema de la Embajada de España, el único que dio declaraciones públicas denunciando la toma por la policía fui yo. Hay que recordar que el Ministro de Relaciones Exteriores de España llamó al Canciller de Guatemala pidiéndole que no entraran las fuerzas de seguridad a la sede de la Embajada, ya que sería una violación al principio de extraterritorialidad consagrado en la Convención de Viena. 

En esos mismos tiempos formaba yo parte de la dirigencia del Partido Nacional Renovador –PNR-, liderado por el Licenciado Alejandro Maldonado Aguirre. En sus memorias tituladas “Testigo de Testigos”, el Licenciado Maldonado Aguirre incluye un índice onomástico en donde aparecen citas referidas a este caso. En el capítulo 8 y numeral 4 del mismo libro, aparece una detallada cronología de hechos referidos a las presiones recibidas por parte del oficialismo para que nuestro dirigente y nuestro partido apoyáramos al candidato oficial. El Licenciado Alejandro Maldonado Aguirre escribió recientemente lo que sigue, autorizando que se le cite al respecto: “…el año 81 fue crucial para nuestro grupo. En esa época disgustamos seriamente al General Lucas y su grupo militar, incluyendo a la gente del PID quienes no perdonaron que rechazáramos ir con ellos en alianza y que su servidor -Alejandro Maldonado Aguirre- fuera en la planilla oficial como candidato a Vicepresidente. Sufrimos varias bajas que desaparecieron para siempre. Efecto de esa persecución fue la calumniosa acusación contra usted, que en su oportunidad yo denuncié por la prensa e, inclusive, lo hizo la Asamblea Nacional del PNR en el acto de proclamación de Escuintla. Soy testigo y lo puedo reiterar que esa denuncia fue parte de las presiones que se hicieron en nuestra contra, especialmente porque usted fue uno de los principales dirigentes que se oponían a cualquier alianza con el oficialismo y que trabajaron activamente por formar la Union Opositora”. El Licenciado Antonio Arenales Forno, en uno de los artículos publicados por ustedes, también afirma que el nunca dudó que la acusación había sido motivada políticamente.

Todos estos elementos, lo que relata el Licenciado Maldonado Aguirre, mi posición frente a la toma de la Embajada de España y mi acción humanitaria con los jóvenes arriba mencionados que salvó varias vidas, no resultaba aceptable para el régimen. El propio Viceministro de Gobernación, un hombre decente y correcto, me mandó a decir que se preparaba algo en mi contra. Otro amigo me transmitió un mensaje amenazador del Director de la Policía Chupina: “díganle a ese gallito que es mejor para él si deja de cantar….”. Un día temprano entré a mi oficina y todas las paredes estaban marcadas con huellas de mano pintadas en rojo. No habían forzado la entrada, no abrieron ni una gaveta ni un archivo, no movieron un papel ni robaron nada. Solo querían demostrar que podían entrar impunemente para dejar un “mensaje”. Pocos días después se dio este caso de judicialización de un tema político. El régimen, al ser yo presentado en el Segundo Cuerpo y en su esfuerzo de descalificación, organizó una gran conferencia de prensa amenizada con marimba (!). La Policía Judicial fue la encargada de armar toda la trama, a cargo de un inspector que, pocos meses después, se suicidó en su celda al ser acusado de asesinatos y torturas. 

Los regímenes de terror que dominaron nuestro país, cuando no podían actuar directamente en contra de sus víctimas, utilizaban otros medios para destruir, descalificar o desacreditar a sus oponentes. Aunque no pretendo estar a la altura de esos personajes, hay que recordar el asesinato de Myrna Mack y, unos años más tarde, el crimen contra Monseñor Gerardi, en ambos casos tratando de esconder el crimen político con disfraz de criminalidad común. 

En esta larga vida he tenido la oportunidad y el privilegio de hacer muchas cosas, esforzándome por ganarme la confianza y el respeto de mis semejantes, siempre sirviendo y pensado en los demás. Algo que me llena de mucha satisfacción fue el haber salvado vidas, tanto de jóvenes que habían perdido el rumbo al participar en movimientos subversivos, como el de algunos niños que, de no haber tenido la oportunidad de ser adoptados, o se hubieran convertido en niños de la calle o en delincuentes. Fue a partir de ese incidente, basado en acusaciones falsas y espurias, que se inició mi vida pública, ganando mi primera elección como diputado seis semanas después, ya que la población, al igual que la justicia, entendió que se trataba de un montaje político. 

Me queda la satisfacción de haber estado del lado correcto de la historia, o sea con las víctimas del régimen de terror de la época, y no del lado de los victimarios.

Edmond Mulet

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