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Apología de la lectura y de la androginia literaria
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Apología de la lectura y de la androginia literaria

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En cuestión de días conseguí un pensionado cerca de la universidad y me mudé. Dos meses después, la niña de 21 años que era entonces tuvo que volver.
“Miren, es importante que conozcan a Lucecita porque ella ha sido una gran feminista”, dijo Araujo. “Sí, Max”, contestó Luz, “pero eso ya pasó, ustedes ya no tienen esa necesidad, yo lo necesité, eran otros tiempos, pero ahora ustedes son libres”, finalizó.
Su primera habitación propia: ese espacio de silencio, reflexión y aislamiento, pero al mismo tiempo de contacto con la experiencia vital y los grandes sueños y conflictos de la humanidad: la literatura.
“La lectura y la educación, en ese orden, me permitieron encontrar temprano una primera habitación propia”
“Soy la primera hija de una familia pequeña, que pudo cubrir todas sus necesidades gracias al trabajo imparable de mi padre, un hombre que no fue a la escuela, pero aprendió a leer, a escribir y a trabajar”
“El periodismo fue una experiencia que me hizo salir de la comodidad de ver la vida desde los libros y la literatura, y me permitió darme los primeros raspones con la realidad del país”
“De la lectura, al impulso de la escritura casi no hay distancia, y temprano empecé a tratar de contar mis propias historias. Las escribía a mano y las guardaba”.
“En un país como Guatemala en el que la mayoría de la población está en desventaja en todos los órdenes, la lucha sigue siendo por el reconocimiento y la cobertura de las necesidades y los derechos de todos como seres humanos”
“El panorama que planteó (Virginia Woolf) me llevó a pensar paralelamente en Guatemala, y en las escritoras, algunas de ellas, claro está, que habían abierto aquí la ruta hacia el presente”
“…las mujeres que escriben en Guatemala siguen siendo una minoría, no digamos las que han tomado a la escritura como algo que va más allá de una simple actividad ocasional”.
“Quizá se vaya arreglando el día que la mujer decida descender al fondo de sí misma para desenredar raíces y consciente de todo ello, así como de sus fortalezas y debilidades, resista, no le haga concesiones a una sociedad injusta, establezca sus propios valores éticos y morales”
“Si alguna vez he reflexionado acerca de ser mujer, fue ya lejos de ese momento en el que me vi biológicamente alterada, religiosamente rechazada, y culturalmente obligada a albergarme en convenciones sociales que hacían que el caos volviera, en apariencia, a su orden establecido”
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Tiempo aproximado de lectura: 16 mins

Fue a orillas de un río en donde la escritora inglesa Virginia Woolf gestó las reflexiones que conforman “Una habitación propia”; fue a orillas de otro río, el Ouse, donde años más tarde quizás hizo esa reflexión final acerca de ella misma, la mujer, la guerra, la locura y la muerte con varias piedras entre los bolsillos, antes de hundirse para siempre. Hoy nos han dado la tarea de sentarnos a la orilla de nuestros propios ríos mentales para pensar acerca de ser una mujer en Guatemala, donde pareciera que solo algunas han ido emergiendo, han ido haciéndose visibles, en la medida en que se van sacando esas enormes piedras que les han metido en los bolsillos.

Guatemala es un país matrioshka, un país que en su interior alberga otra Guatemala, que alberga en su interior otra Guatemala, y así hasta llegar a la más pequeña, a la esencia, esa en la que todos son una sola: la meta que no hemos alcanzado. En ellas se reparten los ricos y los pobres; los de la provincia y los de la ciudad; los indígenas y los mestizos. Demasiada fragmentación como para hablar hoy de “la mujer” y pretender hacerle justicia a las luchas, los sueños y los conflictos que se v...

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