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Una alianza antifascista: en defensa del pluralismo
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Una alianza antifascista: en defensa del pluralismo

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Opinión
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La idea no es nueva en sí. Con esta lógica, en la Segunda Guerra Mundial se pudo librar al mundo entero del avance de los poderes de muerte que se asentaron en Europa en la primera mitad del siglo XX.

Dato: el fascismo se ha venido recomponiendo en el mundo entero, ahora con nuevos nombres como nouvelle droit (nueva derecha francesa), paleoconservadurismo, alt-right, los nacionalismos étnicos blancos o etnonacionalismos y el movimiento neorreaccionario, entre otros. Se ha entronizado en Estados Unidos y avanza fuertemente en Gran Bretaña y en varios países europeos. En Brasil, el fin de semana ganó la primera ronda electoral Jair Bolsonaro, un candidato con claras tendencias fascistas. Parece que la amenaza continúa en el resto del mundo. En Costa Rica, el país más ilustrado de la región, estuvieron a punto de ganar las últimas elecciones.

En Guatemala, el fascismo ha encontrado un asidero en un pensamiento religioso fundamentalista-literalista amparado por el presidente Jimmy Morales y por exmilitares provenientes de la más sangrienta contrainsurgencia. Se ha llegado al extremo de manipular políticamente a miles de ciudadanos religiosos mediante la invención de leyes proaborto y una guerra contra la inexistente ideología de género, a censurar bandas musicales y al ridículo de solicitar que las nuevas licencias de conducir no tengan tantos colores, ya que en ellas se identifica el arcoíris, que recuerda a la bandera gay, lo que los hace sentirse amenazados. A esto se suman las propuestas de ley de antiterrorismo y otras que arguyen de modo muy laxo la represión de lo que consideran rebeliones.

Quienes encabezan estas cruzadas neofascistas son los poderes tradicionales más oscuros y corruptos, que se presentan como los apóstoles del antiterrorismo, criminalizan cualquier expresión política diferente y esperan anular, mediante el uso de la violencia de Estado, cualquier expresión de pluralismo y diferencia. Lo que realmente buscan es que todo se mantenga exactamente en las mismas condiciones previas al 2015: un régimen de captura del Estado por parte del crimen organizado y del empresariado más virulento y reaccionario, que históricamente ha puesto gobiernos a su antojo.

Nos encontramos, pues, en un momento de la política en el cual lo poquísimo que se había logrado alcanzar en la posguerra se hunde en un futuro aún más oscuro, en el que nadie tendrá derecho a disentir en lo mínimo, ya que eventualmente será considerado un nuevo enemigo interno del Estado.

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Es un momento en el que debemos defender el pluralismo en una alianza antifascista que impida que esas fuerzas que operan sobre la base de promover el odio a las diferencias queden relegadas a un papel marginal. Esta alianza, en principio, intentaría generar condiciones de posibilidad para que la participación se extienda lo más posible, de modo que todas las propuestas que hoy se orientan a crear modelos plurales (desde los reformistas hasta los refundacionales) tengan una posibilidad real de ser discutidas en la esfera pública y más probabilidades de concretarse.

Thelma Aldana inició una serie de conversaciones con distintas expresiones políticas que van desde el centro hasta la facción de la izquierda exguerrillera aglutinada en torno a la URNG. Resultó sumamente preocupante la reacción de varios reformistas que se autodenominan moderados y de otros izquierdistas autodenominados radicales, que coincidieron en el rechazo a estas conversaciones de Aldana. En este momento, un acto de urgencia política sería la superación de ese lastre de desconfianza divisiva enquistado en la buena conciencia del guatemalteco moralmente superior.

En sí, la actual propuesta de la URNG es, a mi parecer, una de las más maduras. La URNG propone básicamente tres cosas: 1) profundizar en la lucha contra la corrupción, 2) una alianza táctica en la cual las expresiones progresistas no se anulen mutuamente en el momento electoral, en el que tradicionalmente varios partidos progresistas compiten por el mismo capital de votos en los mismos lugares, y 3) la recuperación de lo establecido en los acuerdos de paz. Sencilla, viable, aglutinadora.

Entre las expresiones progresistas y pluralistas que podrían ir sumando fuerzas hay muchas variantes que, si se van solas, por su lado, poco podrán hacer. Semilla, por ejemplo, ha manejado un muy interesante y comprometido discurso de transparencia. Encuentro por Guatemala tiene ya una experiencia consolidada de participación legislativa de muchísimos años. Winaq trae una mirada que apuesta por el incremento de la participación maya en la política nacional. El Consejo de Pueblos y el Codeca han elaborado propuestas de asamblea constituyente que solo podrán ser viables mediante la acumulación de fuerzas políticas. Hay otras que no tienen una forma partidista ni aspiran a ella, pero que han hecho aportes centrales: las feministas de distintas corrientes vienen ofreciendo también propuestas de fondo de cómo podría ser otra democracia. Justicia Ya ha creado estrategias de comunicación y profundizado en sus reflexiones teóricas sobre la política y la democracia. El Grupo Intergeneracional, desde 2015, proponía estrategias con bases jurídicas que permitirían consolidar la democracia. Y, bueno, también están los reformistas, que tienen sus propuestas concretas de reforma en torno al pacto fiscal y al fortalecimiento institucional.

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El asunto es que, por sí solos, todos la tienen difícil. Juntos, aprovechando esta coyuntura, tal vez tengan un chance. Y, claro, en todas estas expresiones políticas hay dinosaurios, gente que sabemos que ha hecho cosas cuestionables y que despreciamos por uno u otro motivo. Hay quienes han estado más enquistados en el poder tras el trono. Hay quienes han tomado terribles decisiones que contradicen a sus propias bases. Una vez que hayamos asegurado que no se fue todo al caño del fascismo, retomamos nuestras viejas disputas.

Entonces, una alianza electoral antifascista que apueste por el pluralismo, que nos permita traer a la escena política las expresiones de disenso y que permita ir multiplicando las posibilidades de llevar a cabo cualquier transformación de fondo que este país necesita. No es una alianza que se centre en la personalidad específica de algún político, aunque podría ayudar el aglutinarse en torno a personalidades como la de Thelma Aldana o incluso, si a él le interesara, de Jordán Rodas (siendo sincero, me atrae mucho más este último). La idea central es defender lo poco que tenemos y desde allí ver cómo logramos crear mejores proyectos económicos y políticos.

¿Nos interesa detener el fascismo? ¿Nos interesa profundizar en el pluralismo? ¿Nos interesa incrementar las probabilidades de concretar las transformaciones políticas y económicas profundas que anhelamos? Si la respuesta es afirmativa, el reto en este momento es sumar, sumar y sumar. Generar fuerza política, detener el avance del fascismo. Tenemos que encontrar estrategias que nos permitan ampliar, no disminuir, la apertura de nuestros horizontes de posibilidad. Tenemos que pasar de lo posible a lo probable. Una alianza antifascista apuesta a eso. No pelea con otras estrategias que pueda tener en marcha cada quien por su lado. Solo se trata de pensar también en la urgencia del presente y en la amenaza real que tenemos enfrente. Se trata de que todos tengan probabilidades reales de empujar sus proyectos políticos.

En este momento, un acto de urgencia política sería la superación de ese lastre de desconfianza divisiva enquistado en la «buena conciencia» del guatemalteco «moralmente superior».
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El reto en este momento es sumar, sumar y sumar. Generar fuerza política, detener el avance del fascismo.