El demonio del gasto de funcionamiento

En Guatemala hemos adoptado como paradigma que hay dos tipos de gasto público: el “bueno”, que es la inversión pública; y el “malo”, que es el gasto en funcionamiento del Estado.
Debemos entender que hacernos más competitivos y desarrollados sí requiere más gasto de funcionamiento.

Hemos demonizado el gasto en funcionamiento, percibiéndolo como injustificado, innecesario, corrupto, como derroche o pérdida irremediable de recursos.

Los medios y varios congresistas se aprestan a denunciar y condenar, cual pecado capital, que la mayoría del gasto público se destina al funcionamiento del Estado. Sin embargo, debemos tener mucho cuidado con este juicio, porque pudiéramos estar cometiendo un grave error.

No discuto ni niego que dentro del gasto público en funcionamiento existan y ocurran anomalías imperdonables, pero no necesariamente todo el gasto de funcionamiento está mal. De hecho, la mayoría de los recursos ejecutados en estos rubros tienen propósitos legítimos y necesarios.

En el presupuesto aprobado para este año, 4/5 partes del gasto de funcionamiento es gasto en recurso humano, y solo la quinta parte restante es gasto de administración. Y este gasto en recurso humano se concentra 35% en el Ministerio de Educación, 14% en el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, 11% en el Ministerio de Gobernación, 11% para los jubilados, 4% en la Universidad de San Carlos de Guatemala, por citar solamente las asignaciones mayores a Q1,000 millones. Es decir, el 75% del gasto en recursos humano va a educación (39%), salud (14%), seguridad ciudadana (11%) y las jubilaciones (11%).

Estos datos merecen una reflexión que debe superar la percepción generada por los medios y el protagonismo político. Hace algunos días señalé la vergonzosa dejadez que supone no discutir la reforma fiscal. En mi opinión, las pérdidas por esta dejadez son humanas, al mantener o ampliar brechas insoportables en salud, educación, desnutrición y seguridad ciudadana.

Pues bien, cerrar esas brechas requiere mayoritariamente inversión en capital humano, acompañada de inversión pública en infraestructura social. Esta inversión en capital humano pasa por incrementar el gasto de funcionamiento como la contratación de más y mejores maestros, personal médico y agentes policiales civiles.

Necesitamos más inversión, pero no solo en carreteras y aeropuertos. Se trata de inversión en infraestructura social, más y mejores escuelas, hospitales y centros de salud, drenajes y estaciones de policía. Pero no olvidemos: estas inversiones implicarán un incremento en el gasto de funcionamiento del Estado, los salarios de quienes operarán las nuevas instalaciones y los suministros que requerirán.

Y esto no lo digo yo. Lo dice la experiencia de los países y sociedades que han salido adelante. Una revisión rápida de los mejores sistemas de salud, educación y seguridad muestra que fueron resultado de inversión pública en infraestructura social e incremento aun mayor en el gasto de funcionamiento. Una combinación exitosa de inversión pública en infraestructura social y en capital humano.

Así, pongamos atención a la oferta electoral con la que nos “bombardean” a diario en los medios. En mi columna anterior notaba que algunos de los candidatos han tratado el tema de la reforma fiscal, pero con cautela y cuidándose de no “meter la pata” anunciando un incremento de impuestos. Pues también pareciera que todos se están cuidando de hablar de un incremento en el gasto de funcionamiento, incluso si se trata de la urgente necesidad de más inversión en capital humano.

Creo que los ciudadanos (en la coyuntura actual electores votantes) debemos alentar a los políticos a decir que no lograremos hacernos más competitivos rebajando impuestos y repartiendo privilegios fiscales a diestra y siniestra. Sino que lo que necesitamos es una fuerza laboral más y mejor educada, más saludable y erradicar la violencia desde la raíz, en combinación balanceada con la inversión en infraestructura física y productiva.

Que para lograr esa competitividad real, necesitamos una fuerte inversión en capital humano. Debemos alentar a nuestros políticos a que en su discurso hablen de gasto público en administración y en recurso humano, y a empezar a superar el estigma del “demonio” del gasto público en el funcionamiento del Estado.

Es decir, a entender que hacernos más competitivos y desarrollados sí requiere más gasto de funcionamiento.

 

ricardobarrientos2006@yahoo.com

Ricardo Barrientos es especialista en temas de política fiscal. Fungió como viceministro de Finanzas Públicas de Guatemala en 2009-2010. Durante el período 1994-2005 se desempeñó como director y asesor técnico en la Dirección de Análisis y Evaluación Fiscal de ese mismo ministerio. Como consultor independiente ha realizando trabajos de investigación sobre política fiscal, así como sobre evaluación y seguimiento de políticas públicas. Ha publicado trabajos sobre política tributaria y análisis de la evasión tributaria en Guatemala. Fue consultor independiente para el Grupo Promotor del Diálogo para el Pacto Fiscal, responsable de cubrir el área de tributación indirecta. Realizó estudios de doctorado en Matemática en la Universidad de Barcelona, España, (2005-2006). Tiene un Certificado en Tributación Internacional de la Universidad de Harvard, Estados Unidos (2000). Es matemático en el grado de licenciado por la Universidad del Valle de Guatemala (1995).

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