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Por una democracia eficaz
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Por una democracia eficaz

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Tipo de Nota: 
Opinión
25 07 18

Read time: 5 mins

Una democracia eficaz deriva de un gobierno limitado en su poder, responsable ante la población y atento al resultado de sus políticas.

En su libro En defensa de la ilustración, Steven Pinker resume las tres características básicas de la democracia y subraya que las elecciones son el mejor medio para obtener y renovar un gobierno democrático, pero no son el fin último de la democracia. Un gobierno limitado asegura que la sociedad tenga un poder organizador sin que este deprede a los ciudadanos. Un gobierno responsable garantiza que los gobernantes carguen con el costo de sus decisiones y sus actos. Y un gobierno atento a sus resultados evalúa y mejora la calidad de sus políticas y el impacto de sus inversiones.

Los regímenes autoritarios, como el que hoy desangra a Nicaragua, insisten en que se pueden obtener los beneficios de la democracia sin elecciones y con permanencia indefinida. Y los manipuladores electoreros que temen al interés popular organizado pregonan que bastan elecciones para tener democracia. Como en 2015, cuando tras salir Pérez Molina se limitaron a llamar a elecciones y hasta financiaron a Jimmy Morales y a su tropel corrupto. Ambas son propuestas incompletas. El reto democrático no siempre es el mismo.

Hagamos un buen diagnóstico para saber qué hacer. En 2015 estuvimos ante un sistema político corrupto, reflejado en grado sumo por el cinismo de Pérez Molina y de Baldetti. Pero no terminaba con ellos. Tan corruptos eran Sinibaldi (que, le recuerdo, sigue prófugo) y Manuel Baldizón, tan electoreros Torres, Ríos Sosa y el eterno aspirante Giammattei. Con solo marcar una boleta no obtendríamos el resultado deseado por más que lo quisiera el Departamento de Estado y lo apañara el Cacif. Y eso lo aprovechó el FCN. Tenían razón quienes dijeron: «En estas condiciones no queremos elecciones».

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Hoy la cosa es distinta. El problema es la calidad del gobierno. Este abusa del poder, como lo hacen Degenhart en Gobernación y Arzú en el Congreso, que piensan que ser autoridad significa hacer lo que se les da la gana. Los funcionarios no responden ante la población: allí sigue Alfonso Alonso, que, por más desmanes que comete en el Ministerio de Medio Ambiente, igual permanece inmune por la complicidad del presidente. O como los tránsfugas agazapados en el Legislativo, resistiéndose a pagar con su salida las repetidas traiciones al votante. Finalmente, es un gobierno que no está atento a sus políticas: hace mal las cosas, como en la respuesta a la crisis del volcán de Fuego, incompleta y rayana en la negligencia criminal, pero que además no enmienda los errores. Aun conociendo lo que funciona, el régimen de Morales deteriora la Policía y es incapaz de evitar el retorno de la desnutrición infantil. Y con su inepta campaña contra la Cicig demuestra que no saca lección de los fracasos en las relaciones internacionales.

El corolario es que enfrentamos en adelante un reto de calidad de los candidatos. En medio de un sistema político sesgado y a través de las siguientes elecciones debemos incoar un gobierno con poder limitado, responsabilidad ante la población y atención a la calidad de las políticas. Debemos elegir gente que haga funcionar los servicios públicos, pero sobre todo que se comprometa con los cambios políticos, legales, institucionales y financieros necesarios para perpetuar un régimen democrático en la práctica, no solo de nombre.

Los candidatos y equipos políticos que apoyemos deben ofrecer esto: buscar el poder para entregarlo a la vigilancia de la sociedad. Nombrar funcionarios que, a pesar de mandar, entiendan que su permanencia está siempre sujeta a su desempeño y que deberán rendir cuentas por lo bueno y lo malo que hagan. Presentar equipos de tecnócratas y políticos (sí, ambos son necesarios) que no solo digan qué hacer, sino que expliquen también por qué es necesario, cómo lo van a hacer, con qué van a medir sus resultados y qué harán si sus iniciativas no funcionan.

Así que no nos quedemos en lo fácil de la canción, en la cara bonita o en el discurso emotivo. En los meses que vienen revisemos activamente la oferta política. Aquí le dejo mi lista mínima para hacerlo bien.

A quiénes les daría mi voto

Limitan el poder Responden ante la población Atienden la calidad de las políticas
  • Su atractivo no se basa en una sola persona conocida.
  • Abogan por fortalecer controles sobre el Ejecutivo: proponen contrapesos del Judicial y del Legislativo.
  • Su organización no se basa en caciques locales.
  • Se comprometen con la auditoría social.
  • Tienen y explican propuestas de cómo abrirán el sistema político a más gente y de forma más individualizada.
  • Garantizan con firmeza la libertad de prensa.
  • Se comprometen con acuerdos y tratados internacionales.
  • Diversifican y publican a sus financistas grandes y pequeños.
  • Explican cómo garantizan la separación entre Iglesia y Estado.
  • Retiran del mando a líderes con procesos judiciales o cuestionamientos éticos.
  • No incorporan políticos tránsfugas.
  • Se comprometen a luchar contra la corrupción.
  • No abusan del derecho de antejuicio para proteger a sus funcionarios.
  • Abogan por intereses de la mayoría, pero explican cómo escucharán, garantizarán y protegerán a las minorías.
  • Tienen y explican propuestas de reforma del servicio civil para hacerlo independiente y responsable.
  • Incluyen en su composición a candidatos que demuestran diversidad socioeconómica, de género, étnica, de preferencia sexual, etc.
  • Más que adoptar etiquetas o ideologías de bando («somos centristas», «no somos la oligarquía», «somos libertarios»), explican cómo funcionan sus propuestas («haremos esto porque…»).
  • Presentan gente con calificaciones académicas (sí, importa tener más que el bachillerato).
  • Presentan gente con experiencia en sus respectivos temas.
  • Explican cómo medirán el éxito o fracaso de sus políticas.
  • Explican qué harán ante el fracaso (que seguramente habrá más de alguno).
  • Tienen propuestas concretas para prioridades reconocidas (como desnutrición, inseguridad, sindicalismo corrupto, Ejército que depreda, baja productividad, etcétera), pero también dan respuestas coherentes en otros temas.
Los candidatos y equipos políticos que apoyemos deben ofrecer esto: buscar el poder para entregarlo a la vigilancia de la sociedad.
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