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Los dos siglos de Marx
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Los dos siglos de Marx

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Tipo de Nota: 
Opinión
9 05 18

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Fuera del mundo académico, parece poco atractivo en esta época conversar sobre las ideas de Karl Marx, quien nació hace 200 años este 5 de mayo de 2018.

Y si tienen alguna vigencia, quizá sea porque es en el campo de la economía donde suelen contrastarse con la realidad y declararse fracasadas o irrealizables sin mayores ambages. Muy distinto a hace 50 años, cuando se dio el Mayo del 68. Ahora lo romántico no es llamar a la revolución, sino decir que esta ha muerto en cualquier lugar y en cualquiera de sus formas. Si de filosofía se trata, diríamos que estas ideas se pueden mantener vigentes como un llamado a cambiar el mundo más que a intentar interpretarlo, pero la verdad es que parecen haber mutado al plano de las utopías.

Pero, igual que los fantasmas de las Navidades pasadas, en el caso de la economía encontramos muchas veces enunciados marxistas agazapados en los pliegues de los eventos económicos, aunque puedan ser poco reconocibles, ya que, a como fueron planteados en el papel, algún cambio de forma han tenido hasta el momento de suceder, al menos siglo y medio después.

La sucesión de los ciclos económicos en el capitalismo, aun cuando esta es una teoría con más de un autor y con exquisitos intérpretes de sus causas, es uno de sus enunciados que permanecen vigentes, aunque parece que, si algún día llegara a producirse la crisis final que romperá los cimientos del sistema, esta no sería como el doblemente centenario Marx anunciaba: no sería gestada en el corazón de las fábricas, sino en el corazón de las instituciones financieras.

Sin duda, la historia le jugó trampas y le hizo burlas al gran filósofo y crítico del capitalismo. El solo hecho de que el mayor ensayo sobre el socialismo se implantara en la agrícola y feudal Rusia, y no en la industrial y capitalista Inglaterra, como él lo preveía, ya lo demuestra. Sin embargo, otra idea que podría parecer una burla histórica, que el avance de las fuerzas productivas durante el siglo XX, impulsadas por la mayor revolución tecnológica, no ha llevado a la destrucción del modo de producción, puede traer aparejada una ironía: el aumento de la composición orgánica del capital con máquinas cada vez más baratas y que producen niveles superiores de ganancia sí ha generado un aumento del ejército industrial de reserva. El desempleo ocasionado, aunado a la falta de oportunidades de desarrollo humano, tiende a crear crisis de gran magnitud en lo económico, lo humano y lo ambiental, que pueden traerse abajo no solo el modo de producción, sino el sistema y la especie.

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Mal hicieron quienes tomaron ideas marxistas y las convirtieron en dogmas, justificaron con ellas la violencia como medio para instaurar algunas de las más crueles dictaduras y sostuvieron prolongadas guerras llamadas populares para que al final, desde Vietnam hasta Guatemala, pasando por Angola y otros lugares, repitamos el estribillo de la canción que dice «total, para nada, si al regresar todo fue igual», cuando sus obras maestras, El capital y el Manifiesto comunista, fueron escritas por alguien que no atentó contra más vidas que las de cuatro de sus siete hijos y de su esposa, muertos por malnutridos y enfermos en más de un exilio.

Pero, para los economistas, en esta época en la que vivimos no pueden dejar de hacerse atractivos algunos de los instrumentos de análisis que en su época planteó. Incluso, es tiempo de darnos cuenta de que de los grandes pensadores económicos debemos tomar aquel instrumental que sea aplicable al conjunto de los fenómenos actuales pensando un poco afuera del plato. Con los modelos, los programas y las computadoras apagados un rato, la vuelta a leer y comprender doctrina es importante, más si entendemos que el mejor modelo económico es aquel que brinde la mayor cantidad de satisfactores básicos a la mayor cantidad de personas y que proteja y haga sostenible nuestro ambiente, sin más vueltas ideológicas o filosóficas. Que en su tumba de Londres haya pasado un feliz 200 cumpleaños Karl Marx.

El mejor modelo económico es aquel que brinde la mayor cantidad de satisfactores básicos a la mayor cantidad de personas [...] sin más vueltas ideológicas o filosóficas.
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