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En San Diego silencio, del otro lado los hambrientos
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El muro fronterizo que separa Tijuana de San Diego, entre México y USA, protegido por una malla metálica recién instalada, iluminado por la noche

En San Diego silencio, del otro lado los hambrientos

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Los primeros migrantes que llegaron a Tijuana se plantaron frente al muro y por primera vez en su travesía enfrentaron oposición civil. “Nos tiraron piedras” cuentan.
En la misma playa, más al sur, hay un pequeño campamento de migrantes mexicanos, provenientes de Acapulco también buscando recibir asilo.
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Tiempo aproximado de lectura: 7 mins

En Tijuana ya cientos de migrantes centroamericanos acampan en el Estadio Olímpico Benito Juárez, esperando recibir asilo. Están frente al muro, ese que les separa de San Diego, una ciudad estadounidense sumida en la calma, ajena a todo lo que ocurre al otro lado.

A las siete de la noche de un viernes San Diego es casi una ciudad desierta. Todo es silencio. Soledad. Como después de un aguacero. San Diego es una ciudad moderna, limpia. A un costado de la carretera hay docenas de parquímetros, en fila, todos amarillos, todos alineados, sin embargo, todos vacíos.

El olor salado a costa, envuelve toda la ciudad. En San Diego no hay bicicletas públicas. Hay, pues, scooters públicos que descansan a un costado de la calle. Sin candado y respir...

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