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En busca de los asesinos de mi padre
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En busca de los asesinos de mi padre

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Entonces pensé que, si lo que quería era encontrar a estas personas y encararlas, lo único que tenía que hacer era ir a una de estas entidades y ofrecerme de voluntario, ya que muchas de ellas trabajan a fuerza de voluntariado. Y así lo hice.
Fue como si mi dolor se hubiese ahogado en el dolor de todos los que habitaban ese lugar. Tampoco sentí lastima ni tristeza, solo compasión. Levanté la cabeza y vi que en la pared había un espejo. Vi mi reflejo y encontré mi respuesta.
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Ante cualquier publicación sobre derechos humanos, no falta quien responda con aquello de: “A ustedes porque nunca les han hecho daño. Ojalá se lo hagan porque ahí sí cambiarían de opinión”. Yo sé que no me están pidiendo una explicación y que yo definitivamente no les debo una, pero, por ser el autor de una publicación y porque ese tipo de comentario plantea una interrogante que además es frecuente, me permito darles una respuesta desde mi propia experiencia (que, les advierto, no será corta y que nunca cuento porque, la verdad, si mi mamá se entera de a qué me expuse, me mata).

Yo perdí a mi papá en 2008. Mi papá fue asesinado por un joven igual, supongo, que cualquiera de esos que guardan prisión en Las Gaviotas. Lo digo porque estadísticamente es 98% probable que quien asesinó a mi papá fuera un marero menor de edad.

Verán. Mi papá estaba por entrar a su casa. Regresaba del trabajo y estaba esperando a que se abriera el portón eléctrico. Yo supongo que, como él ya había sufrido un robo a mano armada, en lo que los asaltantes esperaban a que se abriera el po...

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