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El tigre nicaragüense y las emociones del contrapoder

Tipo de Nota: 
Opinión

El tigre nicaragüense y las emociones del contrapoder

23 de Abril de 2018
Tiempo aproximado de lectura: 6 mins

Cuentan que el 31 de mayo de 1911, cuando el dictador mexicano Porfirio Díaz estaba a punto de abordar en Veracruz el barco que lo llevaría a su exilio en París después de haber perpetrado su último fraude —el único fallido en sus más de tres décadas de gobierno— contra el Partido Antirreeleccionista, liderado por Francisco Madero, emitió una de las frases más proféticas de las muchas harto memorables que se le atribuyen: «Madero ha soltado al tigre. Vamos a ver si puede controlarlo».

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El tigre es el pueblo, pero no cualquier pueblo: es el pueblo de las revueltas, asonadas y turbulencias, capaz de excesos y acciones imposibles de vaticinar como la Primavera Árabe, la caída del Muro de Berlín, el derrocamiento del sha de Irán en cuestión de horas, las masivas deserciones del ejército del zar que precedieron a la revolución de octubre, etc. No hubo sibila ni analista social capaz de otear los síntomas previos de estos levantamientos en un horizonte que hasta la víspe...

Los movimientos y cambios sociales los hacen los tigres, es decir, las masas viscerales.
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La rabia se ha enfocado primordialmente en los «chayopalos», antes llamados «arbolatas», los árboles metálicos gigantescos y de colores que Rosario Murillo ha sembrado en la capital.