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El que maneja la plata
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El que maneja la plata

"Representa esa nueva generación de políticos en ascenso, que encierran en un solo objetivo las ambiciones políticas y de negocios. En esta campaña ha surgido como un producto de marketing, pues sus ejecutorias de terreno, en el campo del ejecutivo o del legislativo, no han sido tan relevantes".
Sinibaldi es, de cualquier manera, un tipo con dinero y con éxito en sus empresas. Agresivo en los negocios. Cabal y cumplidor, según los entrevistados que lo han tratado en ese ámbito. Un hombre, además, bien conectado por la vía familiar.
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Nos han sentado ahí, en sus oficinas personales, a que esperemos a Alejandro Sinibaldi –viene 45 minutos tarde– y mientras tanto busco algo en la habitación que me revele su personalidad. En el centro de la sala de reuniones hay una mesa grande, ovalada, de madera y vidrio, y una docena de asientos de cuero. Alrededor, apenas nada: un par de banderas, una televisión grande, plana.

Todo rectilíneo, el lugar no resulta humilde pero tampoco suntuoso. Tiene cierta elegancia pesada, plomosa. Salvo por un trofeo dorado de un ciclista en pleno esfuerzo, no hay ningún objeto destacable. Nada como los libros falsos –cajas que remedaban libros, en realidad– que había en el despacho de Otto Pérez hace cuatro años; Guerra y paz, algo de Shakespeare. A simple vista, ninguna metáfora.

No se me ocurre que en sí misma toda la sala de reuniones pueda ser la metáfora, como tampoco que lo sea toda la casa (de su propiedad, apartada del resto de asuntos del partido y blanca, no pintada de naranja como suelen estar las casas patriotas). Y me pregunto si el trofeo, a todas luces un velocista, lo simboliza o lo describe de alguna manera: tiene cuarenta años, una carrera fulgurante en los negocios y en la política, y una campaña publicitaria tan intensa, tan efervescente, que en menos de dos años lo ha convertido en el único rival que inquieta a Álvaro Arzú en la contienda por la alcaldía capitalina.

Rubén Mejía, su jefe de campaña, nos avisa: “Ya llegó Alejandro”.

Sinibaldi entra distendido, simpático y parlanchín, sin el acartonamiento de sus discursos públicos, sonriente, con el gesto que desde hace años derrite a algunas colegas en el Congreso y con el fulgor que sólo otro diputado, Christian Boussinot, su amigo del colegio, aspira a igualar. Medio a la carrera, se disculpa por el retraso, nos saluda a todos como a viejos amigos, se arrellana en uno de los sillones de cuero, se suelta los puños de la camisa y nos explica que ha estado tres horas en un programa de televisión nuevo en el que ha cocinado una pasta. (Luego, menos de una hora más tarde, tendrá que salir corriendo, con la entrevista a medias, a una actividad en Llano Largo).

–Mire, ¿y eso? –le interrumpo apuntando al ciclista con la barbilla.

–¿Esto? Ah, esto –sonríe– fue un reconocimiento por apoyar a la vuelta ciclística.

En la base, en la placa, se lee: “Grupo Emisoras Unidas / Es tiempo de la Nueva Generación. Por confiar y ser parte del mejor equipo en transmisiones deportivas. 51 Vuelta Ciclística a Guatemala”. Sinibaldi lo agarra para verlo más de cerca y lo levanta sin darse cuenta de que está mal pegado y se resbala y –uy, uy, uy– se revienta contra la mesa, y deja unos pedacitos, polvillo, esquirlas, sobre el cristal. El diputado los barre con la mano mientras ríe y dice que habrá que repararlo: se pega y como nuevo, sugiere. En ese momento no sé si acaba de terminar con el velocista o con mi metáfora.

O con la imagen de su pasado: su propaganda (los Q80 millones que sus adversarios le acusan de haber gastado en la campaña y que él cifra en una décima parte) lo ha descrito como un hombre campechano, cercano y vigoroso. En los minutos siguientes me relata una adolescencia de grandes logros atléticos. Después de una infancia pescando, nadando, cazando y correteando por la finca de Mazatenango en la que su padre, Roberto Sinibaldi Fahsen, producía un azúcar que le vendía al ingenio Palo Gordo, a los doce años se trasladó a Guatemala y pronto pasó a formar parte de las selecciones de triatlón y waterpolo del Liceo Javier.

Un comentarista me lo describió así en un correo electrónico: Sinibaldi “es un joven político–empresario que nació a la luz pública y ha crecido de la mano de Otto Pérez. Representa esa nueva generación de políticos en ascenso, que encierran en un solo objetivo las ambiciones políticas y de negocios. En esta campaña ha surgido como un producto de marketing, pues sus ejecutorias de terreno, en el campo del ejecutivo o del legislativo, no han sido tan relevantes”.

Dos formas de verlo

Hay al menos dos formas en las que la candidatura de Sinibaldi a la alcaldía capitalina son importantes no sólo para él mismo, sino para su partido.

La primera la menciona Mauricio López Bonilla, el ex teniente coronel que trabaja como jefe de campaña de Otto Pérez Molina: significa una figura “fuerte que pelea la plaza electoral más importante del país” y que favorece la impresión de que los patriotas pudieran ser el primer partido en dominar la Presidencia, la Vicepresidencia y la municipalidad desde 1996, cuando el Partido de Avanzada Nacional de Arzú lo consiguió.

La segunda la susurran en el seno de la organización: fue providencial para tenerlo lejos de Roxana Baldetti y evitar las peleas que en la pasada campaña derivaron en que dejaran de hablarse. Dos liderazgos temperamentales, exigentes, competitivos. Dos comandantes que se inclinan por las decisiones rápidas y que se sienten a disgusto en medio de procesos largos y reflexivos a los que el general Pérez Molina es más proclive. Dos individuos, en resumen, que litigaban por un mismo lugar en la organización: la sucesión, el trono. Invitado por Christian Ros a participar en el Partido Patriota desde su fundación, ahora el aspirante a alcalde ocupa el tercer lugar en la jerarquía, por detrás de los candidatos a presidente y a vicepresidenta.

Si Otto Pérez representa, como lo describen sus seguidores, “el líder inspirador” (a saber, una figura casi mítica que anima y guía a la masa de seguidores), y si Roxana Baldetti constituye “el alma del partido” (quien aglutina a la organización, quien la conoce y le da unidad, quien la dirige y tiene el carisma y la presencia necesaria en el imaginario del votante), el significado de Alejandro Sinibaldi es bastante más carnal.

O sanguíneo. Es el que sustenta a la agrupación, el que canaliza y maneja y se preocupa por los donativos, el que paga las deudas (cuando al finalizar la campaña de 2007 tenían compromisos por Q2 millones, según un asesor patriota, él fue quien logró sufragarlos).  Es, como él mismo reconoce, el que maneja el dinero. Y también, aunque veladamente, uno de sus financistas importantes. Desempeña por así decirlo un cargo similar al que sostenía en las elecciones anteriores en la UNE Gustavo Alejos, amigo suyo y de Baldetti.

En realidad quizá más que un subordinado de Roxana Baldetti sea su subalterno. Basta con escudriñar su importancia en el Congreso. Pese a contar con una infrabancada de amigos dentro de la propia bancada patriota, el papel que desempeñó en los últimos cuatro años no fue el más visible y en comparación con el de su jefa de bloque resultó bastante secundario.

Es posible que no haya razones para extrañarse de su inacción. Cuando fue necesario elegir, Sinibaldi y sus allegados prefirieron los puestos ejecutivos a los legislativos. Cuando el Partido Patriota accedió al Gobierno como parte de la Gran Alianza Nacional de Óscar Berger en 2004, Otto Pérez, más interesado en consolidar una bancada fuerte que en tener mandos secundarios, sólo pidió cuatro puestos además de su lugar como Comisionado Presidencial de Seguridad. Fueron el Instituto Guatemalteco de Turismo, la Dirección General de Migraciones, la Dirección General de Aduanas y la Portuaria. El último cargo fue para Otto Noack, un militar cercano al presidenciable patriota. Los otros tres se los repartieron así: el propio Sinibaldi fue al Inguat, su amigo y compañero de colegio y de bancada Óscar Córdova dirigió Migraciones, y su escudero, Christian Ros, Aduanas. Con la excepción del Inguat, el resto de instituciones han sido consideradas clave para los militares desde el conflicto armado interno. Por estas instituciones se sabe y se decide quiénes y qué ingresa legalmente al territorio nacional.

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En su brevísimo paso por el Inguat, Sinibaldi realizó un buen trabajo a ojos del empresariado. En ello coinciden tanto el Comisionado Presidencial de Turismo de aquel tiempo, Willi Kaltschmitt, como el que era director ejecutivo de la Cámara de Turismo, Juan Pablo Nieto, pese a que la relación entre el Gobierno y la Cámara no era excelente. Se celebró el segundo encuentro nacional de turismo en el que se lanzó la política de turismo propuesta por CAMTUR, se mejoró la conectividad con vuelos internacionales directos a Guatemala (entre otros, Sinibaldi se ha atribuido el mérito de haber traído a Iberia y Kaltschmitt confirmó la gestión), se fortalecieron los centros empresariales de turismo, se superaron las metas de visitas y de recaudación y se cumplieron los objetivos, según el ex comisionado, en un 70 por ciento. Faltó, según los planes, aprobar la polémica ley de incentivos a la inversión turística (que según el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, hubiera supuesto una caída en los ingresos del Estado por el cobro de impuestos de Q2 mil 350 millones) y también convertir el Inguat en un ente con representación mixta en el que el sector privado permanece con sus mismos cuadros mientras los funcionarios rotan, débiles y desconocedores, como consecuencia de los cambios de gobierno.

Así funciona también la Junta Monetaria y según varios estudios, por ese sistema entre otras razones, existe un claro desequilibrio de fuerzas favorable al sector privado en la institución pública.

Su trabajo en el Parlamento ha sido bastante más cuestionado. En los últimos cuatro años Sinibaldi ha protagonizado algunos momentos que no lo dejan en buen lugar –algún altercado, alguna salida de tono– y le han granjeado críticas y contracampaña. Por ejemplo, hay acólitos de Arzú divulgando en estos días un video que pretende evidenciar la ignorancia de Sinibaldi en temas de administración pública, aún si el contenido mismo del video es en ocasiones erróneo.

Porque prefiero ocho años de Arzú a uno solo tuyo”

Sus otros adversarios electorales, los que llegan a los foros, Roberto González y Enrique Godoy, machacan la supuesta debilidad de su desempeño legislativo y opinan que, orgulloso como es, ahí han encontrado un filón para irritarlo.

Basta ver cómo en toda presentación pública cada vez que se refieren a Sinibaldi lo llaman, de manera táctica, “señor diputado”. Al principio lograban que se le medio descompusiera el gesto; finalmente, tras dos “señor diputado” de Roberto González, estalló en un foro, declaró que se le estaban levantando falsos sobre su absentismo en el Legislativo (en los últimos tres años, según la dirección legislativa del Congreso, se han celebrado 151 sesiones. Sinibaldi ha faltado a 55) y soltó toda la retahíla de leyes que ha impulsado y las comisiones que ha presidido: fue uno de los varios ponentes de un puñado de iniciativas de ley (diez, si el muy engañoso portal del Congreso registra bien el dato. Entre otras, tres sobre temas eléctricos, dos sobre asuntos petroleros, una para crear un fondo minero y otra para aprobar zonas francas, algunas de ellas, muy polémicas para los defensores del medio ambiente y para quienes buscan unas finanzas estatales sólidas) y encabezó la Comisión de Energía y Minas –en donde detuvo los debates que pedían más controles sobre la industria extractiva– y la de Defensa al Consumidor, una de las residuales en la negociación parlamentaria.

Además, de los cuatro candidatos principales, el patriota es el único que no tiene experiencia en la gestión municipal.

Toda una campaña personalista de imagen lo ha dado a conocer y lo ha situado en altos niveles de aceptación que Godoy y González envidian, pero es una opinión generalizada que no le han insuflado el conocimiento necesario para hacerles frente en un cara a cara. De hecho, la sensación que tiene Rubén Mejía, el jefe de campaña y candidato a concejal primero, es que cada vez que los aspirantes que van rezagados se enfrentan a Sinibaldi buscan desacreditarlo burlándose de él. Una muestra: en Canal Antigua Sinibaldi le respondió a Godoy que si no entendía lo que era “el cambio” se lo podía dibujar más tarde cuando se encontraran en la calle. Desde entonces Godoy lleva consigo una caja de crayones para cuando se presente la oportunidad.

Godoy mismo relata, en una versión no confirmada por Sinibaldi, que hace cerca de dos meses se encontraron en Los Ranchos de la zona 10. El patriota se le acercó y le dijo con un aire de complicidad:

–¿Cuándo vas a empezar a darle riata a Arzú? Ya nos urge.

– Mirá –le respondió–, yo ya voy a empezar a echar riata. Pero va a ser a vos.

Sinibaldi reaccionó con sorpresa:

–¿Y por qué?

– Porque prefiero ocho años de Arzú –contestó Godoy– a uno solo tuyo.

Hasta el foro celebrado un día antes de esta entrevista, la idea que había dejado Alejandro Sinibaldi tanto entre los expertos como en el seno del partido y en su propio comando de campaña era la de un candidato que en el campo de las ideas no tenía mucho que ofrecer, ni forma de contestar a unos adversarios más conocedores que él.

En una contienda urbana en la que las propuestas son en general más sólidas e integrales que las de los candidatos a la presidencia, Sinibaldi se ha defendido con dificultad en las entrevistas que lo cuestionaban, pero sobre todo ha destacado por su errabundia, por sus contradicciones, y por sus insólitas promesas de implantar novedades que ya existen o que, en caso contrario, tienen un costo altísimo.

En su discurso, más que cambio, se percibían todos los vicios de la gestión municipal, pero exacerbados. En sus promesas, una forma extraña de jerarquizar: todo –la basura, el transporte, la delincuencia, el agua–, todo eran prioridades. Pero también una intrépida, voraz, necesidad de construir obras de infraestructura, sobre todo carreteras, de hacerle un segundo piso a todo.

Empeñado en vender la idea del cambio, como insinuaron sus contrincantes parecía que en realidad lo que él significa es “lo mismo, pero más”: más transmetro, más luz, más cámaras, más carreteras; y también más prepotencia.

En eso, en engreimiento, muchos no han dejado pasar la oportunidad de compararlo con Arzú. Por su tono, por sus reacciones. Lo dicen los medios de comunicación, pero también gente que ha trabajado con él y quienes lo conocieron en el Liceo Javier.

Por ejemplo, entre los últimos, el académico Carlos Mendoza y el periodista Andrés Zepeda (“Zepeda es mi amigo”, dijo Sinibaldi en la entrevista). Según ellos, esa actitud, la de superioridad, dominio, apabullamiento, es añeja en el diputado.

Mendoza lo recuerda como uno “de los prepotentes o ‘brinconcitos’ pero no tanto como Canela, Roberto Gonzalez Díaz–Durán. Éste último sí era incluso algo maníaco violento, al punto que aterrorizaba a los niños”.  Ambos “mostraban muy bien el comportamiento del macho alfa”. Sinibaldi se excusa con sencillez: “Era un colegio de hombres”.

Zepeda va un poco más allá. “Lo único que me atrevería a declarar a título personal acerca de él es que su carácter altanero, su untuosa pose y su vocación por la mano dura no son nada nuevo. Lo demás sería injusto atribuírselo sólo a él, porque cabría extenderlo en realidad a casi todos los demás candidatos: escasa preparación, demagogia discursiva, proselitismo barato (y a la vez muy caro), oportunismo, ambición, megalomanía, etcétera”.

Un equipo para las cuestiones técnicas

La escasa preparación que Zepeda atribuye a casi todos los candidatos la reconocen en el patriota en el caso de Sinibaldi. “No es un doctor en asuntos municipales”, me dice uno de los asesores más importantes. “Pero tiene un buen equipo que, como el de Arzú, es muy capaz de hacerse cargo de las cuestiones técnicas.”

–¿Quiénes lo conforman?

Douglas González, un importante politólogo con buen trabajo con la cooperación internacional, y… eh… eh… –piensa quince segundos–. La verdad es que no me acuerdo. Ah, también Rubén Mejía.

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En realidad, en buena medida Sinibaldi está rodeado por gente que trabajó para la candidatura de Jorge Briz en el año 2003, un ex Canciller que no hablaba inglés ni sabía de diplomacia. Rubén Mejía, un político joven que es diputado y fue el segundo de Eduardo Castillo en el ministerio de Comunicaciones; Guillermo Sosa, un ex eferregista, ex director de aeronáutica civil y sobrino de Ríos Montt; Douglas González, concejal y gerente de la Gremial de Minas, Canteras y Procesadoras de la Cámara de Industria de Guatemala; Juan Alcázar, un diputado y empresario de medios de comunicación; el abogado e hijo de Anabella de León Carlos Alberto Rodas; y Christian Ros, el diputado y su amigo leal desde la adolescencia.

Entre todas las recriminaciones que se le han hecho a Sinibaldi, nadie le ha mencionado, no obstante, ciertas imprecisiones o falsedades que ha emitido al calor de la discusión. Por ejemplo, cuando el periodista José Eduardo Valdizán le preguntó por sus méritos académicos, Sinibaldi le respondió de inicio: “Soy administrador de empresas graduado de la Landívar”.

Le hice la misma pregunta. (Sabía que Sinibaldi ha sido un alumno inconstante. En el Liceo Javier alternaba –“un poco por rebeldía”– buenas y malas notas.) Me contestó que era administrador de empresas, que había estudiado en la Universidad Rafael Landívar y que tiene especializaciones –“cursos”, corrigió de inmediato– de finanzas en Berkeley, de marketing en Harvard, y un curso de dos meses en el INCAE.

Cuando terminó, le dije que me constaba que comenzó ingeniería y no la terminó, y que tampoco se graduó como administrador de empresas. Reconoció que es cierto y adujo que por eso en sus currículos oficiales se declara que tiene “estudios” de administración, pero que ante la “presionadera” que le tenía Valdizán, podría haber dicho cualquier cosa, de forma inconsciente.

Campaña, negocios y medios de comunicación

El error no era, sin embargo, el de alguien inexperto y nervioso ante un micrófono. En los últimos dos años Sinibaldi ha vivido pegado a ellos. Su relación con los medios de comunicación ha sido fluida, y además de entrevistas y foros, ha tenido su propio programa, Hablando con Alejandro Sinibaldi, en Canal Antigua, Guatevisión, Vea canal, y TV Azteca.

Su inversión en publicidad, con gran probabilidad la más grande en la historia de las elecciones municipales (“¿y eso qué tiene de malo?”, ha replicado Sinibaldi en la televisión), la ha justificado el candidato como un asunto de aversión al suicidio: ha repetido que habría resultado irresponsable enfrentarse a alguien con el caudal electoral de Arzú sin el apoyo de una campaña pantagruélica. Y ha asegurado que está financiada por él y sus amigos y que su campaña es más barata porque le sale a precio de costo.

Sinibaldi es propietario, junto con su hermano Rodrigo, de Impresos Urbanos, que elabora todo tipo de pancartas e impresos publicitarios. Además, en la última década, ha sido socio capitalista del diputado Christian Ros en la empresa Imágenes Urbanas (Astel Guatemala Sociedad Anónima), que comenzó alquilando mupis en la zona viva y se expandió al resto de la capital con vallas y gigantografías.

La historia reciente de Imágenes Urbanas, que es la principal financista declarada del Partido Patriota ante el TSE, con Q400 mil hasta mayo, tiene ciertos puntos por esclarecer. Los suspicaces aseguraban que el Grupo Emisoras Unidas la había comprado y que el conglomerado mediático estaba apoyando a la agrupación política.

La explicación, en la que coinciden tanto Sinibaldi como Rolando Archila, gerente general del grupo, es que Emisoras Unidas adquirió una parte de la empresa (sus bienes, no sus deudas) y con ello creó en 2009 otra compañía que se llama Grupo Imágenes Urbanas. El pacto fue que el Grupo Emisoras Unidas pagaría parte en metálico y parte en especie: concedería espacios en mupis y vallas.

La situación, ahora, es ésta: Imágenes Urbanas, la que representa Ros, sigue funcionando, pero es apenas un cascarón que se dedica sobre todo a revender el trabajo de Impresos Urbanos, en palabras de Sinibaldi. Grupo Imágenes Urbanas, la de los Archila, también funciona, pero por otro lado. Son empresas legalmente distintas. En Guatecompras, efectivamente tienen distinta razón social, distinto NIT y distinta dirección.

Sin embargo, según ese sitio web, dos años después de la compraventa, Grupo Imágenes Urbanas, de los Archila, e Impresos Urbanos, de los hermanos Sinibaldi, comparten todavía la misma sede, pese a que la segunda actualizó sus datos a finales de 2010: 5ª avenida 3–55 z.9.

Rolando Archila expresa que se debe a que en sus inicios compartieron local, pero ahora que ya se trasladaron es la suya la que tiene pendiente el trámite para cambiar su sede.

Derecho de llave, un tremendo plus

Sinibaldi es, de cualquier manera, un tipo con dinero y con éxito en sus empresas. Agresivo en los negocios. Cabal y cumplidor, según los entrevistados que lo han tratado en ese ámbito.

Un hombre, además, bien conectado por la vía familiar, la propia y la de su esposa: Sinibaldi, Aparicio, Saravia. Todos ellos apellidos del núcleo de la élite guatemalteca, según la investigación de Marta Casaús, que hoy lo vinculan a bancos, productores de cerveza y otra serie de negocios monumentales.

Y una persona muy conocida en el sector privado.

“Lo cual es un tremendo plus”, me asegura Mauricio López Bonilla, el jefe de campaña patriota, mientras se prepara para una explicación que le da la vuelta a la lógica habitual de las relaciones entre los funcionarios y el empresariado: “A muchos les gusta pensar si eso es bueno o malo. Yo lo veo con realismo. Es un interlocutor válido. Hay vasos comunicantes entre él y el sector privado que le dan derecho de llave y le permiten moverse en un dominio de poder que le otorga una mayor capacidad de maniobra.”

Hoy ganadero, cafetalero, publicista, en su primer trabajo en la empresa International Bonded Courier, del lobista Luis Rubio, Sinibaldi pasó rápidamente de vendedor a medio tiempo a supervisor y luego a director de mercadeo. Rubio lo recuerda así: “los ejecutivos gringos lo querían mucho porque tuvo a la estación de Guatemala como número 1 de ventas de Centroamérica y capacitó a la mayoría de directores de ventas y mercadeo de la región. Además, formó el Club de amigas de IBC. Tenía afiladas como unas cinco mil”.

La abandonó a los 23 años para fundar Arqco, la primera de un conjunto de sociedades (subcontratación de servicios de limpieza, de gestión, exterminación de plagas, expertos en química) que bajo el nombre Sincorp ha creado con sus hermanos y ha expandido por Centroamérica y México. En dieciocho años ha logrado que lo contraten para limpiar casi todos los centro comerciales de la región, y en esta firma ha congregado, según sus propios cálculos, alrededor de 14 mil empleados (6 mil en Guatemala dicesu página web), y un tan equipo gerencial de tanta confianza que le ha permitido olvidarse del día a día y asistir sólo a las juntas directivas.

A Sinibaldi lo describen como un buen gestor, exigente, con metas bien concebidas. Pese a ello, en todo este tiempo su trayectoria empresarial no ha estado exenta de alguna polémica de la que el diputado busca desmarcarse.

La más notoria tiene que ver con las supuestas estafas, descritas por elPeriódico en 2010, de la empresa Vacaciones Centroamericanas, SA (o Vacation Club of America, la propietaria de Amatique Bay y del Hotel Viva Clarion Suites).

–¿Qué relación tenía usted con esa empresa? –le pregunto.

–Mire, a mí se me ha querido meter. Pero todo lo han generado, nada es cierto.

–Pero elPeriódico publicó que usted fue presidente de la empresa.

–No, mire. Yo era sólo asesor.

–¿Y por qué hay dos demandas penales en el Organismo Judicial en su contra por estafa por este caso?

–Bueno, eso es parte de todo. Eran demandas que no tenían peso porque nunca fui representante legal y por lo tanto entiendo que quedaron desestimadas.

–¿Y no es socia del negocio su familia política? Los Saravia.

–No, mire, son otros Saravia. Mi esposa es de otra rama. Está emparentada con los de la cervecería. Además, VCA es parte de otra empresa más grande, Desarrollos… –no recuerda el nombre. Es Desarrollos Hoteleros–. Pero ahí el que está metido es Gustavo Saravia, el suegro de Rodolfo Neutze, el de CREO –Rodolfo Neutze, concejal de la municipalidad y vinculado al negocio bancario es el secretario general de Compromiso Renovación y Orden, el partido que postula a Roberto González Díaz Durán.

¿Era posible que fuera sólo asesor en aquel tiempo? Fui al registro mercantil y pedí que me mostraran a quién ha representado legalmente Alejandro Jorge Sinibaldi Aparicio.

Imagen Corporativa. Hacienda Agua Negra. Constructora del Puerto. Nada.

Pregunté por los representantes de Desarrollos Hoteleros. No figuraba.

Pedí el desplegado de los de Vacaciones Centroamericanas. Tampoco. Constaban sólo dos o tres. La fecha de la creación de la empresa era 2007.

–¿Sólo esos tienen? –le pregunté a quien me atiende–. En realidad la empresa lleva funcionando cerca de quince años.

–Sólo estos. Según el registro, la compañía se creó en 2007.

Es raro, porque las demandas existen desde principios de siglo, y no es difícil encontrar en Facebook gente que se siente estafada desde aquellos tiempos. También es raro porque en una entrevista que publicó un medio salvadoreño en 2003, un joven Alejandro Sinibaldi ejercía funciones de representación y defensa de la compañía y, a tenor del cargo que le otorgaba la periodista, se presentaba como presidente (“Somos una compañía seria”, declaraba).

También es raro porque aparte de ese cargo, no hay ningún otro que justifique esta línea de su currículum: “el año 2001 al 2003 fue Director de la Fundación de Hoteleros”.

¿Epílogo o prólogo?

En poco tiempo Sinibaldi ha multiplicado su presencia y ha posicionado su imagen entre los votantes y no son pocos los que creen que lejos de ser un velocista que se ha puesto como meta la municipalidad, sus ojos miran más bien hacia el próximo gobierno. Le pregunté a miembros del Patriota cuál sería su cargo de no ganar la alcaldía. ¿Ministro de Comunicaciones? ¿Secretario Privado?

–Usted los menciona –me dice uno con complicidad.

–¿Y de esos cuál es más probable? –Y él, entre líneas:

–Él es muy cercano a Otto.

Si todo esto es cierto, si sus ambiciones están más en la próxima campaña que en ésta, lo de ahora no habría sido más que un sprint para ganar notoriedad, y por eso no importaría un pinchazo. No nos confirma que así sea, pero tampoco lo desmiente. De hecho, hace un rato le pregunto por qué en su biografía oficial menciona que dos presidentes de Guatemala, Justo Rufino Barrios y Alejandro M. Sinibaldi, son antepasados suyos. ¿Acaso se siente parte de una estirpe de mandatarios?

No es eso exactamente, me responde sin convicción. No todo el mundo tiene el privilegio de tener esos antepasados.

Lo pienso y hago, a modo de juego, un cálculo impreciso. Han pasado 176 años desde que nació Justo Rufino Barrios (lo había mirado antes en la computadora). No sé cuántos hijos tuvo y eso dificulta el asunto, pero avanzo una conjetura conservadora: una generación se renueva cada cuarto de siglo y supongamos tres vástagos por generación. 2,187. Dos mil ciento ochenta y siete descendientes de Justo Rufino Barrios o de Alejandro M. Sinibaldi a día de hoy. No son tantos, pienso, pero quizá sí demasiados para considerarlo un distintivo personal.

 

Correción: Por error se consignó que López Bonilla es un ex coronel del Ejército. En realidad, como ya se ha corregido, llegó a teniente coronel y se encuentra en situación de retiro.

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