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«El problema del agua no tiene solución, nunca, en ningún país», Marco Morales, el doctor del agua

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«El problema del agua no tiene solución, nunca, en ningún país», Marco Morales, el doctor del agua

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El agua está al centro de los grandes problemas económicos, ambientales y sociales del país. Marco Morales, director de AguaInfo, S.A., repasa las faltas y oportunidades del manejo del agua en Guatemala y cómo, con un poco de voluntad política, se pueden prevenir catástrofes y mejorar la vida de millones.

Redes-lateral

Marco Morales de la Cruz, doctor en ingeniería hidráulica y medio ambiente, lleva poco más de diez años tomándole el pulso a los problemas hídricos de Guatemala. Después de estudiar cinco años en el extranjero, en 2008 formó parte del Gabinete Específico del Agua (GEA), que fue integrado por 10 ministerios, cinco secretarías de Estado, dos consejos nacionales, la red de gestión de riesgo y presidido por el vicepresidente Rafael Espada. El GEA buscaba definir, coordinar y dar seguimiento a la política pública del agua, su estrategia, programas, acciones y presupuesto.

Morales indica que si bien hubo avances —el contenido de los acuerdos ministeriales y acuerdos gubernativos, además, apunta que se solucionaron problemas puntuales— el vacío legal y el desinterés en implementar la ley del agua continúa sometiendo al país. Después de cinco años dejó el GEA, —«Te podrás imaginar que quedé cansado del gobierno; necesitaba algo diferente»—, y fundó AguaInfo, una empresa dedicada a resolver problemas hídricos para el sector privado. Adicional, Morales da charlas alrededor de la problemática del agua a colegios, universidades y empresas, donde utiliza el nombre de «El Doctor del Agua».

Simone Dalmasso

Los tres pilares del trabajo de AguaInfo, y por los que apuesta Morales para resolver el problema del agua en Guatemala, son la tecnología, la gestión social y la infraestructura verde. Pero, señala, el problema del agua es permanente. «No tiene solución, nunca, en ningún país, ni siquiera en los países desarrollados», asegura. «Siempre estamos detrás de él, tratando de alcanzarlo». Y si bien aprobar la ley del agua y poseer una infraestructura adecuada parece estar a años luz de la realidad guatemalteca, el experto asegura que con lo que está en papel hoy —iniciativas y proyectos de ley que abordan, entre otras cosas, regulación de agua potable y el correcto tratamiento de aguas residuales—  se podrían lograr avances importantísimos para el sector agua en Guatemala.

Usted inició su carrera en temas verdes, no en el sector del agua. ¿Cómo vino esa transición de lo verde a lo azul?  

Todo comienza en 1997. En ese entonces estaba estudiando manglares. Yo era agrónomo de recursos naturales. Sabía que me tenía que alejar de lo verde, de mi zona de confort y justo encontré la respuesta en lo azul, en el agua. Estaba muy cómodo y necesitaba un nuevo reto. Pero para eso tuve que salir y estudiar en el extranjero, pues acá no había ofertas académicas. Los grandes hidrólogos e hidráulicos del país han tenido que salir. Yo me fui en 2003 y volví en 2008. 

¿Qué fue lo que más le sorprendió de cómo se estaba manejando el agua en Guatemala a la hora de volver?

Desde que salí estaba escandalizado. Decidí salir porque vi que en Guatemala nadie estaba abordando la problemática del agua con el compromiso que debía. Eso me escandalizó. Quería salir para volver y trabajar en ello. Mientras estaba fuera siempre seguía informado de la situación en el país. Leía lo que pasaba. Luego, a mi vuelta, en 2008, tuve la oportunidad de formar parte del Gabinete Específico del Agua como coordinador. Ahí me tocó hacer una recopilación de la situación del agua y, francamente, bastaba con ver los diarios y ver lo publicado día a día sobre desastres, falta de gobernabilidad, contaminación, conflictividad social. La situación era evidente. Sí me sorprendió que la gente siguiera hablando de lo mismo de cuando yo me fui. “Ay, la ley del agua es importante, usted”, decían y nada más. Hablaban de los mismos problemas, pero no de cómo resolverlos.  

Supongo que no todo estaba perdido. Cuando regresó, ¿vio algún esfuerzo prometedor?

Pues el proyecto del Gabinete era uno de ellos. Se hizo un ordenamiento político e institucional, respondiendo al marco jurídico, para que las instituciones cumplieran con lo que estaba en escrito en la ley sobre el tema del agua. Este era un esfuerzo que venía desde el gobierno anterior, en 2006. Llegaron hasta el gobierno del Partido Patriota. El Gabinete al final logró implementar proyectos en municipios de Quetzaltenango y San Marcos, se descentralizó la política a través de ese programa. Se impulsaron varias leyes en torno al agua y medio ambiente. Y pudo haber hecho mucho más.

Hay muchas cosas que están institucionalizadas. Por ejemplo, la política de promoción del riego (que establece estrategias para desarrollar el riego en Guatemala y afectar de forma positiva la agricultura), la política de aguas internacionales, las normativas de calidad de agua para consumo humano. Todo eso proviene de lo que hicimos desde GEA.

¿Qué aprendió trabajando en el GEA?

Me dio la oportunidad de entender cómo funciona el gobierno, entender el gran vacío legal que existe alrededor del agua y de lo importante que es llenarlo. Pero por eso decidí migrar a la iniciativa privada.

¿Cómo es ese vacío legal que menciona?

La constitución manda elaborar leyes especiales. Está la ley de minería, ley de hidrocarburos, ley de áreas protegidas. Pero la única de las leyes mandadas por la Constitución que no se emitió, fue la ley del agua. Cada ley tiene su presupuesto y constitucionalidad, y al carecer de una ley se carece de una institucionalidad para brindar la seguridad jurídica al tema del agua. En la ley de electricidad, por ejemplo, hay un capitulo que sí aborda la hidroelectricidad, otra a la minería. Pero son independientes de la ley del agua. Hace falta una ley que regule el uso integral del agua, mande a hacer medición de agua, que mandate la planificación hidrológica, el plan de obras hidráulicas y mecanismos para diálogos sociales.

Millones de personas se ven perjudicadas porque no existe esta ley. Beneficia, por ejemplo, a la gente que vive de la conflictividad social, a quienes suministran agua potable a las residencias en condominios. Se necesita algo que arbitre, pues la ausencia de esta ley se resume en que ciertas regulaciones del agua funcionan o no. O sí, o no. Así de fácil.

¿Qué avances o retrocesos ha habido en el manejo del agua en Guatemala en estos 10 años desde que regresó al país?

Lo positivo es que se visualizó el desorden institucional y se brindó una herramienta de planificación alrededor de la ley, para que todos los miembros del gobierno central se ordenaran alrededor de la figura del vicepresidente, quien era el que decía, “Hacia acá vamos”. Lo que se hizo mal, y es algo que muchos gobiernos no han querido entrarle, es justamente la ley del agua. El hecho que no se apruebe la ley del agua es porque hay muchísima gente que vive de eso, que se vuelve millonaria por ese vacío legal del que hablamos.

En 2006 se promovió una ley para aguas residuales, pero no fue puesta en marcha con la fuerza que necesitaba. Se lograron varios acuerdos ministeriales. Acuerdos gubernativos que fijaron normas y parámetros para el abastecimiento del agua potable. También se avanzó en la política pública de aguas internacionales que regula cómo Guatemala va a atajar las demandas que vienen de México, El Salvador, Honduras y que en su momento vendrán desde Belice. Se generó una política pública del agua potable. Se fortaleció un sistema de vigilancia del agua, a través del Ministerio de Salud. Se levantó una red con miles de puntos de diagnóstico de la calidad del agua del país. Se buscó incentivar al Ministerio de Agricultura para fortalecer el conocimiento y desarrollo para la seguridad alimentaria y nutricional. Hay una parte de la ley del agua que sí está vigente, que se relaciona con la conservación y protección del ambiente, también la ley pro-bosque, la ley de áreas protegidas, varias leyes ambientales.

¿Qué intereses hay detrás de la negativa de aprobar una ley de aguas?

Están en todos los sectores. Te puedo contar, por ejemplo, del caso de cuando en Totonicapán se opusieron a tener un ente regulador del agua, pues sentían que iba a estar bajo el control del gobierno corrupto. Otro sector que siempre está interesado en que no exista una ley de agua, es el sector empresarial, quienes usan el agua de forma directa o indirecta en su proceso de producción. Sus negativas vienen por razones de costo; si no se mide y cobra por el agua que consumen, pueden seguir no pagando por este servicio. Finalmente, también falta un liderazgo político. No ha habido un sector político, proveniente del gobierno central o bancada del congreso, que tenga la suficiente fuerza de voluntad para liderar la institución de la ley de agua.

¿Es la iniciativa privada, la agro industria y la de alimentos las que se opone más a que se apruebe una ley del agua, o las que se verían más afectadas?

No necesariamente. La misma iniciativa privada, cuando ve que estos conflictos sociales y el mal uso del agua afecta su producción, creo que ven que no son ajenos al problema. Muchos se dan cuenta de que la regulación es necesaria. Claro hay quienes buscan seguir consumiendo sin ser regulados, pero también hay empresas que se toparon con la realidad que este consumo desmedido afecta su disponibilidad de agua.

En el congreso hay más de diez iniciativas de ley de aguas, cada una presentada por un grupo diferente, pero nadie se pone de acuerdo o se atreve a entrarle a esto. ¿Por qué?

Puede que sean más actualmente. Históricamente se han presentado unas cuarenta, tal vez. La mayoría quedan engavetadas. Yo creo que ha tenido mucho que ver con que no ha habido un consenso de las partes involucradas para empujar el tema. Y también que usualmente estas iniciativas representan un interés particular. El agua está en todos los sectores y cada uno tiene una opinión. Falta una cultura de diálogo y una referencia clara para avanzar.

Los países en donde estuvo (España, Japón, Alemania) también enfrentan grandes problemas hídricos. ¿A qué tipos de retos se enfrentó en esos lugares y cómo fueron resueltos?

Primero debemos partir que el problema del agua no tiene solución, nunca, en ningún país. Ni siquiera en los países desarrollados. Siempre estamos detrás de él, tratando de alcanzarlo. El problema del agua responde ciclos. El ciclo solar, por ejemplo, determina la cantidad y calidad de agua que posees. Eso te demuestra que hay que trabajar siempre, con mucha agua, con poca agua, o con el promedio deseado del agua. Con esa matemática puedes regular el ciclo hidrológico y garantizar las demandas. Eso hay que hacerlo permanentemente. En los países desarrollados, como en los que estuve, por ejemplo, se enfrentan a años secos, años cuando no tienen agua y tienen que ver cómo optimizan el agua de la demanda o la oferta. En esos países lo más urgente es brindarle agua a la gente. Después se enfocan en cubrir el resto de los usos. Esto se hace a través de obras hidráulicas. Ellos tienen presas, embalses, sistemas de bombeo…

Una infraestructura que nosotros estamos muy lejos de tener…

Sí, para eso falta muchísimo porque no hay institucionalidad. Los países desarrollados tienen esa institucionalidad. Otro ciclo importante son los ciclos de la intervención humana, que se realiza a través del consumo diario, la contaminación que está presente en los cuerpos de agua. Los países desarrollados han avanzado mucho en este tema. Para eso necesitamos infraestructura verde e infraestructura gris. Los bosques y los canales, tuberías, presas, sistemas de bombeo, drenajes, plantas de tratamiento. En el tema de obras hidráulicas, las pocas que sí hacen gestión del agua son las hidroeléctricas. Si querés pensar en el agua en Guatemala, tenés que considerar a las hidroeléctricas. Pero, obviamente, con conciencia social, con gobernabilidad, con diálogo. Pero como existe ese hoyo institucional, no hay quien arbitre ese consumo. Este es un tema que debemos abordar todos; los de derecha, los de izquierda, centro. Todos tenemos algo que hacer. Desde la escala empresarial hasta las asociaciones de vecinos. Hay que trabajar esas obras hidráulicas. Mejorarlas. Evitar fugas. Optimizar. Eso ya se puede a hacer. Desde el hogar. Demandar un buen servicio de agua. Averiguar de dónde viene el agua de casa. Ahorrar agua. Acá tenemos el problema de la cantidad del agua (oferta y demanda, y la infraestructura que hablamos) y de la calidad (del mal manejo de los desechos industriales y domésticos, y de aguas residuales).

Simone Dalmasso

¿Son esos —la calidad y la cantidad— los problemas más graves de Guatemala?

Sí. Sin duda. La calidad y cantidad son nuestros grandes problemas. No estamos protegidos. La contaminación determina la calidad de nuestra agua. En el tema de cantidad nos enfrentamos a sequías. Pero las sequías que deben preocuparnos son las operativas, es decir, la disponibilidad de agua en nuestros chorros a causa de una mala infraestructura. El estándar mundial dice que debes tener buena presión de agua las 24 horas al día y 365 días del año, y que deberías poder beber esa agua.

Ha mencionado que países con menos acceso a agua saben ahorrarla, por eso siempre tienen. Guatemala, a pesar de tener acceso al agua todo el año, no la sabe gestionar.

Cuando llegué a Madrid pensé que la ciudad era un desierto. Sectores de esa ciudad están catalogados como áridos o semiáridos. Pero cuando ves que tienen grifos con agua potable por todos lados, te das cuenta de lo bien que la administran. Sus sistemas hidráulicos les permite ahorrar agua. A veces creo que me ha tocado ser como Juan el Bautista: ser la voz que clama en el desierto. Yo me peleo acá con la gente que dice, “Hay mucha o poca agua” y se refieren a la lluvia. Eso es distinto. El agua de estos niveles proviene de nuestras cuencas, que son muchísimas y con acceso a abundante agua. En Madrid el ahorro del agua se debe a que el usuario paga el precio justo. Luego el gobierno administra el agua que reciben. Acá debemos establecer un sistema tarifario y cobrarle a todo mundo. Cobrarle a los que están en clase A, y subsidiar a los que se están muriendo de hambre. Y administrar el agua.

¿Cuál es el sector más afectado por el mal manejo del agua en Guatemala?

Yo creo que todos somos afectados por igual. El agua está en la base del desarrollo económico, ambiental y social del país. Como no hay una gobernanza eficaz, el agua, o la falta de agua está afectando a todos. Actualmente el agua no contribuye al desarrollo del país. Seis millones de guatemaltecos no tienen acceso a un sistema de saneamiento básico para eliminar excretas y basura. Tres millones no tienen acceso a agua entubada. No hace falta mucho esfuerzo para ver que hay que trabajar para mejorar la situación de todos. Primero, claro, debemos asegurar que el agua llegue a todas las casas, todo el tiempo. Segundo, tratar las aguas residuales.

¿Cuál debería ser el primer paso para contrarrestar los grandes problemas hídricos del país?

Se necesita, primero, sensibilizar a la gente, que se contagien de la idea que sí podemos mejorar el país. Creo que la gente no ha visto el relajo en que vivimos, no entienden qué tan cerca estamos del colapso. Primero, debemos obtener una respuesta sensible de las personas. Segundo, debemos luchar por que se apruebe la ley del agua, para que eso entre en el discurso político y en la agenda de los candidatos este año. “¿Van a aprobar la ley del agua o no?” Así de directos debemos ser. Tercero, aprovechar la institucionalidad que ya está. Mientras se aprueba la ley del agua, que se cumpla con lo que ya tenemos. Con lo que ya está escrito le pegás al agua potable, al tratamiento de aguas residuales.

¿Qué tan cerca estamos del colapso?

Este colapso al que me refiero, ocurre en varios niveles. Nivel puntual, local, municipal, etc. Desde ya tenemos que lidiar con conflictos entre comunidades, muertos por la problemática del agua, aprovechamiento del recurso; estas son situaciones permanentes y colapsos a su nivel. Tenemos los conflictos entre azucareros y bananeros, conflictos con hidroeléctricas, se estima que hay tres millones de personas sin acceso a agua potable, seis millones sin acceso a saneamiento; y no es que el resto tengamos agua de calidad. No tenemos tratamiento de aguas residuales o desechos sólidos. Esos son colapsos a punto de estallar. Pero, como todos colapsos, responden a ciclos. Estallan y luego regresan a su estado previo.

¿Hemos llegado ya a un punto de no retorno?

En algunos casos, sí. Recuerdo que recibí información de que en el basurero, hace muchos años, cuando no había nada de regulación, empresas y hospitales tiraban desechos químicos y médicos en una zona en específico. Ese sector alcanzó problemas radioactivos. Tan pronto supe de eso, pensé «eso es irreversible». Recuerdo que estuvimos a nada de tener un conflicto internacional con Honduras, por cómo contaminábamos sus playas. Este tipo de conflictos son desastrosos. Hubo otro posible conflicto con México. Por eso yo prefiero hablar de la crisis como una crisis instalada.

Considerando las actuales situaciones, ¿qué podría pasar en un corto y mediano plazo?

A corto plazo, en mayo, después de las primeras lluvias del año, vas a ver el acarreo de basura en el Lago Amatitlán. Vas a ver recortes del agua potable. Hace unos días escuché a un hombre decir que a su casa, en Mixco, le llega agua dos veces por semana, cada vez por tres horas. Vamos a ver cómo este problema se agudiza o generaliza. Especialmente ahora con la construcción de más residenciales, más pozos, más población y más demanda, y hay menos regulación, menos fuentes de agua alternativa, menos reúso, menos tratamiento.

Pero, después de todo, esto también es un tema de supervivencia de la especie, ¿no?

Se habla del agua para la producción de alimentos, para la salud, o para el desarrollo humano desde el punto de vista de consumo. Pero va más allá. Hablamos de los ecosistemas, de la flora y fauna, o de cualquier tipo de especie. Sí, es el sustento de la vida y representa la supervivencia de la especie. Claro, es el sustento de la productividad económica. Si le quitas el agua a cualquier empresa, esta colapsa. Así de fácil. No solo hablo de la agro industria, o de una embotelladora; hablo del sector turístico, de las oficinas, centros recreativos, call centers, etc. Pero la base de todo esto, es la conservación del medio ambiente y el bienestar humano: nuestra supervivencia.

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