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El malo de la película
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El malo de la película

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Pasó una hora, dos, y lo único que descubrí fue cómo se apareaban las palomas del parque y que la fuente no tenía agua.
Me asusté mucho, pensé que había gastado mi tiempo en la universidad, mi futuro como comunicador no me agradaba para nada.
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Tiempo aproximado de lectura: 18 mins

Escribir me duele y es literal. Aún no encuentro el teclado capaz de que mis palabras no suenen como piedras que se hunden en el agua. Por eso me sorprende que a veces me pidan colaboraciones escritas. Pero me cuesta decir que no. Para mí esto de escribir empezó como un error, un error parecido a cuando decido presentar mi pasaporte guatemalteco en vez del mexicano o estadounidense en un país del primer mundo. Trataré de explicarme más adelante.

Escribo sin pensar en el ritmo de las palabras, tecleo sin acordarme de si el sujeto tiene que ir antes o después del verbo. Para mí escribir es la posibilidad de contar una historia sin escuchar cómo mi voz tiembla por los nervios. Además de asmático, soy tímido. 

A pesar de esa timidez, me atreví a leer un cuento en una clase con Luis Aceituno en la universidad, en 1996. No era un cuento lo que escribí, sino una anécdota de mis trece o catorce años: espiaba a una gringa que viví...

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