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Ciudad de mi querer
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Tipo de Nota: 
Opinión
15 01 19

Tiempo aproximado de lectura: 2 mins

Llevo ya seis meses aquí. Pecado es que a estas alturas no haya comido yo un ceviche en un balneario con rocola. Es aquí en Escuintla donde repartí abrazos, limpié mocos de niños ajenos y pasé los calurosos mediodías anhelando un ceviche.

Mediodías. Este en particular me encuentra sentada en una silla plástica frente a la tienda del barrio, desde donde veo pasar un funeral.

«Ya no llores por mí. Yo estaré en un lugar tan lleno de luz...» en un altavoz, seguido por personas a pie que llevan sombrillas y por una larga fila de motos que despiden el duelo. Unos lloran. Otros no.

Pasa así en Escuintla. A veces se llora. Desastres naturales. Desarraigo. Pobreza. Y la temible incertidumbre. El alma es más pesada ba...

Fue en estas calles y bajo estas palmeras asoleadas donde, de tanto verla, me hice amiga de la muerte.
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